PROGRAMA 2001-2002

NACIONALISMOS, MULTICULTURALIDAD E INMIGRACIÓN

 

 

La sociedad europea es una sociedad muy compleja tanto desde el punto de vista económico, como desde otros puntos de vista (político, cultural, social, etc.). El modelo de convivencia democrático constituye el marco en el que las sociedades occidentales afrontan sus tensiones y conflictos de todo tipo y buscan una realización efectiva de los derechos civiles, políticos, sociales y culturales de todos los ciudadanos. Una de las cuestiones más importantes que tienen planteadas las sociedades democráticas modernas se refiere a qué es capaz de dar fuerza vinculante al acuerdo que sustenta la asociación de los ciudadanos. A esta cuestión se han dado muchas respuestas, desde el cálculo de utilidad al consenso alcanzado en condiciones de libertad e igualdad, pasado por la afirmada objetividad de la ley moral o el derecho natural. Sin embargo, la relación entre la institución del mercado y su lógica estratégico instrumental/maximizadora de beneficios, los requerimientos de legitimidad racional derivados del sustento consensual del orden social democrático en el Estado de derecho y la existencia de un pluralismo (voluntarismo) de concepciones de la vida feliz o vida buena en un mundo "desencantado" presenta tensiones y conflictos de los que está poblada la historia de las sociedades modernas. En la actualidad esta problemática se ve agudizada por dos fenómenos de hondo calado: el resurgir de los nacionalismos y de las identidades culturales asociadas a proyectos políticos, por un lado, y la presencia de inmigrantes con características étnicas, culturales y religiosas diferentes a las nuestras.

Si interesa mirar hacia el mito "Nación" es quizás porque ha supuesto, en su vinculación con el Estado moderno y posiblemente en contradicción con los principios que éste establece, el vehículo más importante para asegurar la lealtad de los ciudadanos y la integración solidaria de los mismos a pesar de los efectos desintegradores de la lógica del mercado. La nación se define como comunidad territorial, lingüística o cultural portadora de valores y sentido; posee raíces y crea vínculos poderosos entre sus miembros, capaces de sustentar las exigencias más absolutas, como el sacrificio de la propia vida; enmarca y, en cierto sentido, trasciende la voluntariedad y la absoluta libertad de opción del individuo autónomo al crear identificaciones potentes que superan la mera adhesión a un código legal que regula la libertad y la equidad entre iguales. La identidad que encuentra expresión política en el marco legal de sujetos libres y jurídicamente iguales se corresponde con la del individuo abstracto que actúa en el mercado bajo condiciones de competitividad y movilidad. Pero al igual que el ámbito doméstico acoge lo personal, lo emocional, el cariño y la sexualidad, y desborda los límites marcados por un entramado de derechos y deberes formales, la misma retórica del nacionalismo —"madre patria", "lengua materna", etc.— revela que la nación acoge en el espacio social las emociones y deseos excluidos de las esferas económica, jurídico-administrativa y técnico-científica y concita un altruismo y un sacrificio de sí mismo capaces de contradecir los propios intereses.

Las espacios políticos constituidos por los Estados-nación modernos se ven doblemente cuestionados por los procesos de globalización económica y por las reivindicaciones de las minorías nacionales en su interior. Los primeros exigen la formación de estructuras políticas cada vez mayores y la delegación de asuntos hasta ahora definidores de la soberanía administrada por los Estados-nación. Por su lado, los nacionalismos sin Estado exigen una expresión política acorde con unos límites étnicos, culturales, lingüísticos, etc. definidos por las fuerzas políticas que los lideran. Las tensiones y conflictos se ven agravados frecuentemente por el problema de la violencia.

Por otro lado, la presencia de grupos étnicos con rasgos religiosos y culturales diferentes a los del país receptor, que se ha convertido en un fenómeno social de suma importancia a causa de la inmigración, pone a prueba la actitud de tolerancia oficialmente proclamada pero frecuentemente ausente. La cuestión de las posibilidades de una cultura mestiza o de una convivencia pacífica en la diversidad cultural se está volviendo cada vez más acuciante. Las políticas que está desplegando la Unión Europea frente a la inmigración, al establecer de hecho diversos grados de ciudadanía, excluyen de la participación plena en el marco democrático a las personas extracomunitarias y promueven una discriminación incompatible con dicho marco y los principios políticos que lo informan. Por esta razón, dichas políticas están poniendo manifiesto la ambivalencia y las carencias de la cultura democrática de los países europeos. Los mecanismos sociales, políticos y jurídicos que excluyen a los inmigrantes del reconocimiento pleno de la ciudadanía convierten simultáneamente a quien es objeto de esa exclusión en "no-persona", a pesar de todas las declaraciones de los derechos del ser humano, pues en la medida en que éstos se configuran como derechos de los ciudadanos de un Estado, establecen un vínculo entre nacimiento o vida natural y comunidad política que problematiza automáticamente la identificación entre ser humano y ciudadano con derechos.

Por todo esto resulta necesario reflexionar, debatir y proponer una nueva forma de realización de la ciudadanía que de respuesta a reto que plantean los nacionalismos y la inmigración a las sociedades democráticas occidentales. Se trataría de buscar modelos políticos para el multiculturalismo. Los temas y la bibliografía que se tratarán son:

 

I. NACIONALISMO: APORTACIONES A SU INTERPRETACIÓN

 

II. NACIONALISMOS VASCO Y CATALÁN

 

III. LA SOMBRA DE LA NACIÓN: EL EXTRANJERO

 

IV. XENOFOBIA Y RACISMO

 

V. UNIVERSALIDAD Y DIFERENCIA

 

VI. MULTICULTURALIDAD Y SUS CRÍTICAS

 

VII. RELIGIÓN Y NACIONALISMO

 

VIII. EL CRISTIANISMO EN EL MARCO DEL PLURALISMO CULTURAL Y RELIGIOSO

INFORME SOBRE LAS SESIONES DEL SEMINARIO