MESA REDONDA

Voluntariado: ¿alternativa o coartada?

(13 de enero 1999)

 

 

Los procesos de globalización y mercantilización han marcado el desarrollo del sistema durante la segunda mitad del siglo XX, dejándonos como herencia un tejido social raído y desilachado, un Estado del Bienestar progresivamente desarticulado y una gran multitud de excluidos, explotados o desterrados del mundo feliz de la economía de mercado.

Este proceso se ha visto acompañado -de forma especial en las sociedades occidentales- por el nacimiento de una brecha cada vez mayor entre los denominados movimientos tradicionales (partidos y sindicatos prioritariamente) y una sociedad civil que ha dejado de sentirse representada por ellos y ha dejado de creer en ellos como vehículo válido para la transformación social.

Frente a todo ello, el voluntariado se ha mostrado como una de las pocas fuerzas con capacidad creciente de acción y de movilización. Dados su valor y su importancia -hoy incuestionables- no podemos dejar de plantearnos cuál está siendo su incidencia real, cuáles sus aportaciones, cuáles sus limitaciones, cuáles sus retos y cuáles sus encrucijadas. Ha llegado el momento de preguntarnos si se puede hablar de voluntariado en general o si hay varios voluntariados, de reflexionar sobre el tipo de cultura de la solidaridad que están generando, de ver si por encima de la atención a lo urgente se están elaborando propuestas de construcción de un nueva sociedad más justa, sin descargar al Estado de sus responsabilidades sociales. ¿O tal vez estamos exigiendo a los nuevos movimientos lo que otros no han sido capaces de ofrecer?

Tomando como punto de partida estos interrogantes, el Foro Ignacio Ellacuría organizó el 13 de marzo de 1999, en el Salón de Actos de la Consejería de Medio Ambiente, Agricultura y Agua, una mesa redonda con el título "Voluntariado: alternativa o coartada". En ella contamos con la presencia de Enrique Falcón (profesor de Lengua y Literatura, miembro de la Comunidad de Vida Cristiana Ignacio Ellacuría y del Voluntariado Claver), Ángel Montes del Castillo (profesor de Antropología Social en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Murcia, miembro de Intermón y de COPECU) y José Manuel Palazón (profesor de Química Inorgánica de la Facultad de Químicas de la Universidad de Murcia, militante CCOO y uno de los impulsores de la Fundación Paz y Solidaridad). Aunque también estaba prevista la presencia de Roberto Barceló Vivancos (Presidente de la Plataforma para la Promoción del Voluntariado de la Región de Murcia) incidencias de última hora le impidieron estar entre nosotros.

La mayor parte de las aportaciones se desarrollaron en una línea coincidente, por lo que ofrecemos un resumen unificado tanto de las intervenciones de los participantes como del debate posterior. 

Las ONGs son en este momento la expresión más clara de la sociedad civil. El auge de la participación no es algo que haya caído del cielo. Algunos señalan la influencia decisiva que han tenido los medios de comunicación en este florecimiento, ya que al contar cada vez más las desgracias del Tercer Mundo han ayudado a fomentar actitudes solidarias, incitando a la regeneración social. Pero probablemente la causa principal resida en la crisis del sistema político, una crisis que se ha manifestado en la desafiliación respecto a las instituciones de representación social y política más importantes (partidos, sindicatos) y en la desconfianza generalizada hacia el sistema jurídico. Sin embargo, lejos de provocar la muerte de la sociedad civil, esta crisis la ha impulsado a buscar otras formas de participación. La presencia de los ciudadanos en las ONGs, independientemente de la cantidad y calidad, es la punta del iceberg de una sociedad civil que quiere estar presente y activa en la vida social y en la vida política de un modo diferente. Por eso, los nuevos movimientos sociales pueden ser nuevas escuelas de formación cívica y de participación social y política, y no sólo en el terreno de la cooperación al desarrollo.

El voluntariado no puede ni debe ir solo. Si podemos hablar de posibilidades de transformación social por parte del voluntariado debe ser necesariamente en coordinación con otros movimientos sociales. Para ello, las ONGs deben preguntarse adónde van, y la respuesta a esta pregunta implica necesariamente la introducción de un discurso político en su práctica. Las ONGs deben incidir en los mecanismos generadores de la desigualdad y asumir posiciones explícitamente políticas. Esto no quiere decir que puedan sustituir a los partidos o sindicatos; los ámbitos de acción son diferentes. Por su parte, el sistema político necesita revitalizarse dejándose invadir por las propuestas de transformación social que nacen en la sociedad civil y que se canalizan actualmente a través de los nuevos movimientos sociales.

La proliferación de ONGs es síntoma de la vitalidad de la sociedad civil, pero produce dispersión y confusión en la acción social, así como dificultades a la hora de formular alternativas globales. El boom de la participación implica una diversificación ideológica y política. No podemos ya hablar de voluntariado, sino diversas modalidades de voluntariado, a veces muy antagónicas entre sí. En el bosque de los nuevos movimientos sociales hay historias, procedencias y prácticas distintas, y es el análisis de estas prácticas -su incidencia en los mecanismos globales del sistema- lo que nos permite discernir.

Pero la gran debilidad de los movimientos sociales a la hora de formular alternativas emancipatorias globales no reside sólo en esta pluralidad. La extendida falta de análisis hace que se privilegie la atención a los problemas inmediatos en detrimento de la perspectiva política de dichos problemas. Hace falta en el seno de estos nuevos movimientos un debate profundo sobre nuestro propio país -origen de la cooperación, sobre los países destinatarios de la ayuda y sobre las acciones de cooperación y sus efectos en las poblaciones que las reciben.

Por otra parte, éste es un problema que no afecta sólo a los nuevos movimientos sociales. Nos hemos quedado sin un modelo de cambio social de la realidad. Estamos en gran minoría ante las fuerzas que dominan el planeta, acumulando cada vez más y empobreciendo a la gran mayoría. Ante esto, en muchas ocasiones sólo podemos actuar dando respuestas parciales a problemas parciales. Ahora bien, debemos preguntarnos si los problemas parciales a los que estamos dando respuestas parciales son cuestiones clave del sistema. En este sentido, no es lo mismo apadrinar a un niño que apoyar una iniciativa de comercio justo. 

El voluntariado actual necesita dar un tercer paso. El voluntariado asistencialista está hoy medio superado -en los países desarrollados al menos- y nos estamos acercando a un voluntariado de carácter promocional, que intenta promover la autonomía de las personas y colectivos. No está tan claro que se haya dado el tercer paso, el que va de la promoción de las personas a la transformación de las estructuras que producen la marginación de las personas. Este debe ser el nuevo frente de trabajo.

Los nuevos movimientos sociales están sujetos a dos graves peligros. El voluntariado -o los voluntariados- surgieron al principio como una iniciativa gratuita, voluntaria y propia de la sociedad civil, pero hoy están siendo rondados por otros agentes sociales: el Estado y el mercado. De la presión del primero surgen los riesgos de la institucionalización y la normalización. El Estado está regulando la acción voluntaria y convirtiéndola en sustituta del papel social que él debería desempeñar, al tiempo que la promociona eliminando de ella la gratuidad en su sentido más subversivo. En lo que atañe al mercado, los valores defendidos por las ONGs han sido absorbidos por él transformándose en materia económicamente rentable. Los bancos y grandes firmas comerciales se han dedicado a apoyar al voluntariado, invistiéndose de cara a sus clientes de lo que inspira la acción de éste (solidaridad, justicia, ...).

Además de éstas, hay otras trampas que se encierran en el propio interior de los nuevos movimientos: el eficacismo, la intervención sin ningún tipo de análisis, la división entre la actividad voluntaria y el estilo de vida personal, el iluminismo, el acriticismo, el "todo vale, todos valen", el paternalismo, la descoordinación, el personalismo, la compensación de carencias afectivas, el actuar como tapagujeros del sistema... No todo son bondades si uno mira hacia dentro. 

Las ONGs afrontan hoy una encrucijada con respecto a sus modelos de gestión y organización. La flexibilidad organizativa y la participación directa en la toma de decisiones han sido dos de las características más atractivas e identificativas de estos movimientos. Sin embargo, su crecimiento les ha llevado a plantearse la dicotomía entre un acercamiento al modelo de organización empresarial, con las consencuencias que eso tendría en su gestión, o el mantenimiento de un carácter de grupo informal. Los defensores de la primera opción opinan que ésta significaría una acción más eficaz; los segundos critican la burocratización que acarrearía.

Este tipo de decisión afecta asimismo al perfil del personal que debe gestionarlas -voluntario vs. contratado-. Valdría la pena recordar que gran parte del prestigio de las ONGs en España está ligado al carácter altruista y no salarial de su actividad y que, muy a menudo, las relaciones salariales terminan deteriorando ese carácter. No obstante, el crecimiento implica la necesidad de una cierta estructura, y ésta tal vez demande un determinado número de asalariados para el desempeño de actividades concretas. La cuestión no tiene una respuesta fácil, pero lo que sí está claro es que la gratuidad es una de las principales señas de identidad de estas organizaciones y debe seguir presidiéndolas.

Otra de sus señas de identidad que debe salvaguardarse es la independencia con respecto a las instituciones públicas y empresas, aunque se pueda colaborar con ellas cuando se produzca una confluencia de fines. Con ello entramos directamente en el terreno de la financiación: ¿debe ser exclusivamente propia o recurrir a fuentes externas? Algunos defienden que no hay que temer al uso de fondos públicos, ya que éstos en principio no tienen por qué tener ninguna connotación partidaria y es la propia sociedad civil que los genera la primera interesada en que haya una gestión óptima de los fondos de cooperación. En la práctica, esta afirmación nunca está tan clara. El dinero público y el dinero privado se conceden según intereses concretos, y hay que discernir hasta qué punto el depender de ambos afecta a la independencia de las ONGs. 

Las relaciones de los nuevos movimientos sociales con los medios de comunicación han sido siempre ambivalentes. Por el momento, los medios han tratado bastante bien a las ONGs. Han sido un altavoz que las ha potenciado, y hoy existe una cierta dependencia de éstas con respecto a ellos para hacer masivo su mensaje solidario. Sin negar este extremo, no debemos olvidar que los medios son empresas ligadas a proyectos políticos y económicos en los que prima la rentabilidad de una u otra clase. Si en algún momento las ONGs dejan de ser informativamente rentables, la atención hacia ellas cesará. Por otro lado, esta atención depende muchas veces de contactos personales, o de la saturación o carencia de noticias en el momento. La estrategia de limar el lenguaje agresivo y altisonante de otras épocas ha sido beneficiosa hasta ahora. Aun así, sería deseable que esto no conduzca a vaciar de contenido la radicalidad de las propuestas sociales y políticas de los nuevos movimientos sociales. Quizá debamos iniciar una búsqueda de nuevas alternativas de comunicación al margen de los intereses y presiones de los medios establecidos.

El hecho de que partidos y sindicatos estén creando sus propias ONGs fue el único punto en el que se expresaron opiniones más diferenciadas. Para algunos miembros de la mesa, ésta no es una buena noticia, ya que puede suponer el intento de controlar políticamente el potencial civil que representan los nuevos movimientos sociales y existen muchas posibilidades de que se reproduzcan en ellas los vicios organizativos e ideológicos de los movimientos tradicionales, en especial en lo que afecta a la democracia interna. Para otros, el internacionalismo ha sido siempre consustancial al movimiento obrero, y además el ámbito de actuación de este tipo de ONGs no es el de la ciudadanía sino el de los trabajadores. En el caso concreto de la Fundación Paz y Solidaridad de CCOO, se trata de intercambiar experiencias a nivel intersindical e identificar objetivos que permitan unificar fuerzas en un programa común destinado a generar un nuevo modelo de producción y consumo, válido para todo el planeta. Su gran reto actual es fomentar la solidaridad internacional no tanto entre las estructuras de los sindicatos como entre los trabajadores desde sus puestos de trabajo. A pesar de esta diferenciación de ámbito, en la práctica este tipo de organizaciones han terminado funcionando como una ONG normal, con la salvedad de que en ellas existe un predominio de liberados o trabajadores pagados y poco trabajo desempeñado por voluntarios.

Por último, todos coincidimos en que no se puede tener una ciudad limpia si uno no comienza por limpiar su propia casa. Defender el Estado del Bienestar en España también es ayudar al Tercer Mundo. Si consentimos que el modelo privatizador y propiciador de unas relaciones basadas en la beneficencia se extienda entre nosotros estaremos contribuyendo al empeoramiento de la situación de los más desfavorecidos. El racismo, el sexismo, el militarismo, el capitalismo deben combatirse fuera y dentro de nuestras fronteras.

Resumen realizado por: María José Lucerga