Seminario

K. LOACH: CINE Y EXCLUSIÓN SOCIAL

Juan Carlos García Domene

 

 

Entre el 24 de octubre del año 2000 y el 6 de febrero de 2001, durante seis sesiones, se desarrolló este curso con el objetivo de ofrecer las obras recientes más representativas del director cinematográfico Ken Loach descubriendo así las posibilidades que ofrece el cine como vehículo de denuncia política, conciencia social, comunicación de ideas y producto cultural más allá del mero entretenimiento y el consumo, sin traicionar sus propias reglas técnicas. La filmografía de Loach mira a las víctimas de la crisis del estado del bienestar contando historias tomadas de la vida real que no ignoran a otras víctimas que llegan a Europa como inmigrantes o refugiados políticos. Es una mirada radical sobre una generación de obreros que se convierten en perdedores y excluidos. En sus películas se contempla íntegramente la galería de los actores de esa crisis: parados, mujeres, emigrantes, ideologías, partidos, sindicatos, etc. Se proyectaron en este curso cinco películas. La primera de ellas fue Lloviendo piedras (1993), cuyo tema central gira sobre el desempleo de los mayores de 40 años y que sirvió para detectar cómo las seducciones del consumo son iguales (o mayores) para los más desfavorecidos. La segunda película proyectada se titula Laydibird, laydibird (1994) donde se pone de manifiesto la ineficacia de los servicios sociales y una dramática mirada sobre la mujer marginada que lleva siempre la peor parte en cualquier crisis. La tercera película proyectada fue Tierra y Libertad (1995) donde se evoca la actual crisis de la izquierda a partir de una revisión —para algunos discutida— de la Crisis ideológica en la Guerra de España. Ken Loach en su particular relectura de la Guerra Civil plantea como tema de fondo la posibilidad revolucionaria. En la cuarta sesión, en la que se proyectó La Canción de Carla (1996) se evocó la revolución sandinista, siempre desde ojos occidentales británicos de los años 90. En la última sesión vimos Mi nombre es Joe (1998) volviendo a temas actuales como el desempleo y sus compañeros de camino, el alcohol y la droga.

A partir de este autor inglés nacido en 1936, de clase obrera, director de teatro y de amplia producción televisiva, accedemos a un cine independiente netamente europeo y genuinamente británico, aunque muy alejado de los fastos imperiales y de réplicas americanas. Su cine es cine de autor, "cine de clase, más que cine político". Es un cine realizado con escasos medios, instrumento para contar historias. A pesar del origen televisivo de su producción se sitúa más allá del sentimentalismo, del victimismo o del efectismo del docudrama o del reallity-show televisivo. Es verdadero cine, de contenido sin dramatismos: en ocasiones con finos rasgos de humor tan reales y paradójicos como la vida misma. Tiene una radical dependencia de la vida real de la gente, en especial de los excluidos: lenguaje, localizaciones, ritmo narrativo, improvisación. El contexto sociopolítico de estas películas son las clases trabajadoras, jóvenes y desarraigados en la época del desamparo que el ultraliberalismo provocó en la Inglaterra de Margaret Thatcher. Sus temas básicos son la explotación de los obreros por los propios obreros, la ineficacia del sistema socioeconómico y político y de la política social, el desempleo y la disidencia política y refugiados. Este director mira con realismo a las víctimas del sistema y con radical desconfianza a las instituciones tradicionales (ideologías, partidos, sindicatos, etc.) de defensa de la clase trabajadora. En esta mirada tienen una cabida decisiva el amor, la ternura y la familia como "lugares de la dignidad"; también cabe en esta mirada un respeto razonable a la tradición religiosa abiertamente comprendida.

Los temas del cine de Loach son siempre dramáticos, pero no exentos de toques de humor. No es el genial humor británico -sutil, estudiado y ajeno al mundo mediterráneo- sino el humor de la propia vida del que no tiene nada que perder. Se reviven situaciones que divierten a través de una técnica perfecta y que hacen pensar más allá de la pura diversión. A su vez, es importante leer su cine desde la tradición dramática que recrea los mitos en lo cotidiano. Esta virtud, algo posmoderna, le hace muy comprensible hoy. No es un discurso intemporal, genérico y por ello irreal; sus personajes son vecinos nuestros. Sus películas parecen documentales, son didácticas a veces en exceso, pero ¿no es la acción de mostrar una forma de enseñar y no es el ejercicio de ver una forma de aprender? Su filmografía está marcada ideológicamente. Sin pudor. No se oculta que es un cine radical, de izquierda social más que de izquierda política. No viene mal que alguien se atreva a explicitar un mensaje político cuando todo el mundo cuenta -implícitamente- su propia visión política aunque quiera pasar inadvertida. No vendría mal desmantelar el apolítico mensaje de las comedias juveniles norteamericanas, o del supuestamente descomprometido cine de la factoría Disney o de Spielbrerg o de los premios Oscar, o César, o Goya, o de festivales de renombre como Cannes o Venecia. Todo el mundo cuando hace cine -o cuando actúa a diario- lo hace con significación política. Lo que sucede es que muchos autores no quieren hablar de política porque están muy a gusto en el mundo que viven. Todo les parece bien, o al menos no tan mal, porque han renunciado a la utopía y ya casi rozan sus pequeños sueños burgueses. Ken Loach, con maestría, hace ver que los pobres, aun cuando pobres, no son ángeles y que una buena parte de la explotación que sufren los obreros es causada, paradójicamente por los propios obreros. Desvela que también los más pobres, los que no llegan a fin de mes e incluso roban para comer, se dejan seducir por el consumismo envolvente. Este director denuncia el sistema en su núcleo más duro y lo hace porque es ineficaz ensañándose en la denuncia de la política social británica.

En cada una de las sesiones, tras introducir y enmarcar la película y proceder a su proyección se planteó un forum que siguió habitualmente el mismo planteamiento. En primer lugar dar la palabra a los participantes del curso comentando la impresión general ante la película de todos los asistentes. En segundo lugar, se abordó la perspectiva cinematográfica: recuperar el guión, comentar la interpretación, y descubrir el tratamiento técnico del tema a partir de la fotografía, la música, y de otros aspectos técnicos del filme. Por último, se trabajó la perspectiva temática en función de los objetivos del curso. Entre los materiales facilitados para el desarrollo de las sesiones se ofreció la ficha de la película con la sinopsis, algunas críticas publicadas en revistas especializadas, la secuencia aproximada de la película, una guía para el forum y bibliografía.

Los objetivos del curso se han cubierto favorablemente y la opinión de sus veinte participantes nos permite pensar que se trata de un cine verdaderamente radical, pero digerible y comprensible por las más jóvenes generaciones.¿Por qué no usar el cine, por tanto, como medio de exploración para pensar la realidad, para conocer otros mundos posibles y como salida para la realidad más cercana?