Seminario Permanente

Economía, Ética y Teología (II)

 

El Seminario permanente del Foro "Ignacio Ellacuría" ha proseguido su trabajo de investigación sobre la temática "Economía, Ética y Teología" iniciada en el año anterior. Casi todas las sesiones del seminario estuvieron dedicadas al estudio, análisis y crítica de obras recientemente publicadas sobre esta materia.

La Izquierda y el Cristianismo (Primera sesión)

La primera sesión del Seminario estuvo centrada en el libro de R. Díaz Salazar, La Izquierda y el Cristianismo (Madrid: Taurus 1998). Al contar con la presencia del autor se le plantearon, en primer lugar, algunas cuestiones introductorias sobre sus pretensiones y motivaciones al escribir esta obra y después se destacaron tanto los aspectos más interesantes como los más problemáticos del libro en un gran debate abierto sobre el tema. Al comienzo de este Informe-3 se hace una presentación amplia de las tesis sostenidas en el libro.

Para Rafael Díaz Salazar este libro es el resultado de la influencia del sujeto colectivo en el que él se ha socializado. Es parte importante de la cultura en la que ha evolucionado y el producto de la relación con las personas y colectivos del medio social en el que se ha movido. El libro es el resultado de su experiencia y de su formación dentro del movimiento obrero y de su ambiente cristiano. Por ello el libro refleja una identidad vertebrada en torno a la militancia.

Según Díaz Salazar el sujeto militante obrero cristiano es un sujeto interesante e inédito. De aquí el propósito general de su obra: intentar analizar, desde el punto de vista sociológico, la aportación de los cristianos a la oposición a la dictadura y el apoyo de éstos al movimiento obrero. Entre sus motivaciones personales él mismo destaca su dimensión autobiográfica, su interés por la generación de militantes mayores, sus convicciones cristianas y la lucha por el socialismo. De sus convicciones teóricas principales subraya, por una parte, la fuerza de lo espiritual en la configuración de la mentalidad y de la identidad de los sujetos, pues es el espíritu el que mueve a las personas (Sombart: El burgués) y, por otra, el argumento weberiano de que la política es un factor que está más allá del racionalismo y, en este sentido, necesitamos del espíritu para su realización (M. Weber: La ética protestante y el espíritu del capitalismo). Por último entre sus experiencias políticas claves se refiere a la necesidad de la refundación de la izquierda, la caída del bloque soviético, el final del partido comunista italiano y el fracaso del frente sandinista.

Al analizar las posiciones de los partidos de la izquierda europea se puede apreciar que se están viendo seriamente afectados por la consolidación de las posturas liberales-conservadoras y están perdiendo la radicalidad que los identificaba. Parece que el liberalismo está fagocitando al socialismo. De aquí la necesidad de renovar y refundar la izquierda desde unas nuevas bases. Para ello es preciso considerar la inviabilidad de la reconstrucción de la izquierda teniendo sólo en cuenta la ideología. Por tanto hay que crear una nueva cultura política que tenga en cuenta nuevas mentalidades y nuevos sentimientos ético-sociales. Es aquí donde el cristianismo puede hacer su gran aportación.

Lo que pretende Díaz Salazar es intentar provocar un debate en el seno de la izquierda. Se trata de plantear un trabajo intensivo desde otra dimensión del quehacer político. Para ello considera importante que la izquierda adopte el discurso y la praxis de los cristianos y de su cultura. Quizás no se pueda crear una cultura alternativa, pero sí se puede ir creando una pequeña contracultura, en la cual sean puntos prioritarios:

- La importancia de la relación entre nuestro hacer público y nuestra privacidad, pues es un problema grave la escisión entre práctica política y cultura moral.

- La realidad del subproletariado como problema decisivo para el futuro del sindicalismo.

- La pobreza, especialmente en el Cuarto Mundo y en los países del Sur.

Algunas cuestiones que se suscitaron merecieron nuestra atención en el debate subsiguiente. En primer lugar, se habla siempre de la aportación a la izquierda desde el cristianismo originario o desde el cristianismo de liberación. Se constata que éstos no son hoy grupos sociológicamente mayoritarios y no se puede hablar de una cultura cristiana. ¿Cuál es la identidad social de los creyentes? ¿De qué modo la evolución de lo religioso hoy se integra en los planteamientos del autor? ¿Hacia dónde camina la sociedad desde el punto de vista religioso?

Para Díaz Salazar el cristianismo originario y de liberación no se plantea como una fuerza numérica. Es verdad que el Evangelio en su sentido profundo se instala en grupos reducidos. También es verdad que en general hoy se está dando un proceso de privatización de la religión con la consiguiente pérdida de ese carácter público que impulsa a la transformación de la realidad. Pero si miramos a nivel internacional vemos que los grupos cristianos comprometidos, participativos y testimoniales son grupos más importantes de lo que puede parecer a simple vista. Actualmente son muchos los partidos de izquierda que se están abriendo a estos grupos cristianos: la extrema izquierda italiana, los verdes alemanes, e incluso el partido laborista inglés. No se puede decir que ha desaparecido ese sujeto que, desde su fe, critica el orden social existente. Ese sujeto está ahí, aunque tenga problemas y sufra contradicciones. En muchos casos la presencia pública de los grupos cristianos y su participación en la esfera política, cultural o social, depende mucho de las condiciones de la Iglesia Local donde se ubiquen. Además, la Iglesia también está participando en los movimientos contraculturales. No se puede entender que movimientos no institucionales puedan ser los que aporten las bases para la refundación de la izquierda. Sólo el cristianismo entendido sustantivamente es quien lo puede hacer.

La siguiente cuestión abordada fue la imposibilidad de sostener un proyecto político de izquierda sin una nueva cultura. ¿Hay en el sistema signos que permitan hablar de un agotamiento del mismo y que puedan convertirse en el sustento de nuevas propuestas culturales?

Todo lo que tenemos es producido y lo que es producido puede ser destruido. Se trata, por consiguiente, de reflexionar y ver quiénes han de realizar esta labor, desde qué supuestos, y cómo lo van a hacer. Es importante crear y fomentar grupos promotores de iniciativas ciudadanas, y que lo que hagan atraviese la vida de la ciudad. Es fundamental estar atentos a los agentes de generación de una nueva ciudadanía, que están haciendo propuestas a favor de otro concepto de progreso. Estas propuestas son instrumentos valiosos para ir construyendo una sociedad alternativa. Es posible una contracultura desde ámbitos modestos y cercanos: aprovechar determinadas condiciones y crear redes alternativas de comunicación, sintonizando así con otras sensibilidades. Se pueden dar pequeños pasos en el caso de emisoras de radio, que se extienden cada vez más en pueblos y barrios, así como los canales locales de TV (en EE.UU. hay una experiencia de "objeción a la TV" muy interesante). Educación, prevención, potenciación, desarrollo, etc... son conceptos básicos sobre los que apoyar una acción transformadora. Es preciso atender a los principales agentes de socialización: familia, grupos de amistad, medios de comunicación, centros de enseñanza, etc... Es necesario intervenir políticamente en la familia porque ésta tiene un poder decisivo en la transformación social. También es necesario crear un nuevo pacto familia-escuela, en donde se fomente la corresponsabilidad educativa. Desde los distintos ámbitos hay que hacer posible una educación para la compasión.

Quedaron pendientes otras cuestiones planteadas, como la del centramiento de la izquierda, o la necesidad de buscar las contradicciones del sistema dada la cuasi-independencia de la economía respecto al poder político. Pero como no hubo tiempo para más Díaz-Salazar concluía con un aforismo para la resistencia activa en favor de la dignidad humana: esto no tiene arreglo, pero nosotros no tenemos arreglo si no intentamos arreglarlo.

Economía y Ecología (Segunda sesión)

La sesión se inició con la intervención de Julia Martínez, que desarrolló y explicó los puntos fundamentales del contenido de los textos que con anterioridad nos había hecho llegar [Miguel Angel Esteve Serna, Julia Martínez Fernández y Luis Ramírez Díaz, "Ecología global y desarrollo sostenible en el tercer mundo", 30 págs. mss.; José Manuel Naredo, "Cuantificando el capital natural. Más allá del valor económico", Economía Política, 16 (1998) 31-58]. Dos puntos fundamentales guiaron el debate: la idea global de crecimiento y el papel de la economía como herramienta para comprender y solucionar los problemas actuales.

El crecimiento ilimitado es un hecho histórico en el mundo occidental y se ha considerado como un axioma incuestionable del desarrollo económico, casi como una "ley natural": a mayor crecimiento económico corresponde un mayor desarrollo y por lo tanto una mejora en la vida de todos, incluyendo la de los países más pobres. Pero esta creencia es una falacia. En los años '70 y '80 se empezaron a plantear los límites del crecimiento económico y surgieron numerosos estudios que cuestionaban la idea de un crecimiento indefinido ("Los límites del crecimiento" del Club de Roma, el Informe Carter, etc...) Todos estos análisis mostraban la imposibilidad de un crecimiento continuado y sostenible en un mundo finito.

Pero nuestra cultura actual ha interiorizado tanto esta noción de crecimiento continuo que se ha convertido en un imperativo necesario y, para algunos, deseable. El sistema económico imperante, basado y sostenido por esta lógica, está generando serios problemas sociales y medioambientales e injustas desigualdades económicas.

Desde la Revolución Industrial y con el incremento de la población estamos asistiendo a un deterioro sistemático del medio ambiente y al agotamiento ecológico de nuestro planeta, debido al acceso generalizado a las energías fósiles, el carbón y el petróleo. Se trata de energías baratas pero no renovables y finitas. Los estudios ecológicos nos muestran que el ritmo de extracción de los recursos naturales no renovables y los niveles de contaminación son alarmantes. Son por tanto los principales condicionantes que nos exigen poner límites al crecimiento, al modelo de producción y consumo de los países ricos. Actualmente, a pesar de que parezca algo natural, la fase de crecimiento en estos países se puede considerar como una anomalía histórica, pues las señales de sus límites alertan sobre la crisis global del ecosistema:

* El agujero de la capa de ozono. La reducción progresiva del ozono hace -entre otras cosas- que la tierra se vea desprotegida ante los efectos de los rayos ultravioletas, lo que pondría en peligro la vida humana y la de otros animales.

* El cambio climático. Su causa es la gran contaminación producida por la actividad humana (utilización de combustibles fósiles como el petróleo y el carbón) que está influyendo en un aumento de la temperatura por el efecto invernadero.

* Pérdida de la biodiversidad. Parece que la acción del hombre está acelerando el ritmo de desaparición de numerosas especies, lo que pone en peligro la riqueza y la estabilidad de la vida.

Estos problemas son de una gran complejidad. Hay multitud de factores y de interacciones que hacen difícil discernir cuáles son las causas y los efectos reales. A veces los efectos son retardados e invisibles a primera vista, pero pueden ser mucho más peligrosos. El sistema es tan complicado que, por ejemplo, aunque a partir de ahora ya no se emitieran más gases tóxicos a la atmósfera, el agujero de la capa de ozono seguiría aumentando por la inercia del sistema.

Se dice con mucha frecuencia que la superpoblación y la pobreza son las causantes de los problemas medioambientales. Esto se dice normalmente desde los países del Norte, cargando así las responsabilidades a los países del Sur. Pero aunque esto pueda ser cierto en algunos casos concretos, lo que los hechos indican es que el modelo de producción y consumo de los países occidentales hace insostenible la situación. La idea de crecimiento global es una falacia. No podemos pensar que las economías más pobres pueden desarrollarse y crecer según nuestro modelo económico, ni se puede pretender que toda la humanidad viva al ritmo de consumo de los países ricos. La deuda externa sería ridícula si la comparáramos con la deuda ecológica que se produciría. Por ello nace la propuesta de trabajar en el sentido de un desarrollo sostenible para poder así hacer frente a la situación de pobreza de la mayoría de la población del planeta y hacer frente a los problemas ambientales. La tarea que hay que afrontar es la de desarrollar de forma ecológica a las tres cuartas partes de la humanidad. Hay ya iniciativas desde el Tercer Mundo ("ecologismo de los pobres") que demuestran que el medio ambiente no es un lujo para los países del Sur. Se están proponiendo ideas para reducir el comercio internacional (equidad ecológica) y sobre todo reducir nuestros niveles de crecimiento. Pero ¿cómo reaccionamos los individuos ante la idea de que tengamos que reducir nuestro nivel de vida si queremos realmente solucionar los problemas medioambientales y de pobreza en el mundo? 

* * * *

La evidente interrelación entre sistema económico, ecología y pobreza, fue el eje que guió la reflexión posterior. Se destacó la necesidad de adoptar una perspectiva global e interdisciplinar.

* Una cuestión planteada se refería a la búsqueda de fuentes de energía alternativas (solar, eólica) y a la posibilidad de que el mercado se vea obligado a reaccionar con el progresivo agotamiento de las fuentes fósiles actuales, lo que favorecería las salidas al problema.

Está claro que aparecerán nuevas energías alternativas que podrán sustituir a determinados recursos energéticos escasos. Pero el verdadero problema no es sólo el agotamiento de los recursos naturales, sino el de la creciente contaminación. Además el sistema económico es brutalmente injusto. Los avances tecnológicos no pueden servir de coartada para suavizar o minimizar las contradicciones que conlleva el sistema. Estos problemas no se podrán solucionar solamente con aportaciones y avances en el campo de la tecnología. Exigen, ante todo, respuestas éticas y un nuevo orden económico.

* Es evidente que la aportación de soluciones a los problemas medioambientales pasa necesariamente por un orden económico más justo y equitativo. Pero por otro lado, la cultura actual en donde "todo es posible", "todo es realizable", no acepta los límites que se exigen, quizás porque la experiencia de finitud de las cosas no está lo suficientemente interiorizada. De aquí que el problema medioambiental no sea sólo de carácter económico, sino que tiene un claro matiz cultural y aquí radica una de las mayores dificultades que hay que afrontar. El reflejo de todo esto se ve en las generaciones más jóvenes, que suelen rechazar cualquier tipo de planificación o control sobre las cosas ("pereza constitutiva"). En general a los jóvenes les cuesta mucho vivir con límites. La solución pasa por interiorizar un nuevo estilo de vida, individual y colectivo, y para ello se debe ganar la batalla no sólo económica, sino también cultural, ética, e ideológica.

* A pesar de que la cuestión ecológica tiene un fuerte eco en los medios y se ha extendido un ecologismo departamental en las administraciones públicas, está muy lejos de ser suficientemente atendida. Seguimos creciendo a nivel de consumo de recursos y generando con ello grandes cantidades de residuos. No es cierto que hoy se pueda producir el doble con la mitad de recursos. Esta es una idea compleja y discutible. La relación entre lo que se comercializa y lo que se necesita para hacerlo sigue en aumento. Para aportar soluciones viables tendríamos que reformar todo nuestro sistema de producción y de consumo. Se trataría de reformular los presupuestos en que se basa nuestra economía. Pero nos encontramos con que esta forma de reconducir la economía ha encontrado apoyo en una parte importante de la economía (entendida como ciencia). ¿Hasta qué punto la economía puede escapar a la lógica del sistema? ¿desde qué presupuestos económicos se pueden justificar los deseos e intereses de las mayorías en las sociedades ricas? ¿tiene la economía medios y modelos que aporten soluciones viables a los problemas fundamentales?. Es necesario no demonizar en bloque a la economía y mirar con más detenimiento los esfuerzos que están realizando muchos economistas por desarrollar modelos ecológicamente viables. ¡¡No todos los economistas son neoliberales!!

Quizás habría que recordar a Aristóteles, que definía la economía como la ciencia encargada de la administración de la casa. Le daba por tanto una consideración moral positiva, frente al concepto de crematística, de búsqueda desenfrenada del beneficio. En nuestra sociedad la Economía parece que no está cumpliendo bien con esta función de gestión que hablaba Aristóteles. En cualquier caso no sería adecuado partir de una antinomia Economía / Ecología. Esto invalidaría los supuestos ecológicos que se pudieran ofertar. Las propuestas ecologistas sólo pasarán de ser catálogos de buenas intenciones para cumbres internacionales cuando afronten el problema de la operatividad, es decir, de su traducción a criterios económicos. En esta línea se orienta el artículo de Naredo. Lo que la ecología reivindica es una ciencia económica que no esté tan desarraigada de los problemas ambientales y sociales como estamos constatando, una ciencia que tenga en cuenta las interacciones entre economía, ecología y pobreza.

* Se planteó también por qué un determinado sistema económico convierte en externalidades determinados factores como los ambientales. ¿Por qué la contaminación o el agotamiento de algunos recursos naturales no son contabilizados como costos de producción? Es necesario meter "correctores" en el sistema económico que tengan en cuenta los costes ambientales y los costes humanos. La situación reclama ya nuevos tipos de producción, de gestión, de organización.

* Por otra parte es necesario clarificar y diferenciar conceptos. No se está haciendo un buen uso de los términos crecimiento (término cuantitativo) y desarrollo (término cualitativo); incluso se usan indistintamente. Se dice que los países más pobres deben "crecer" económicamente para obtener determinados niveles de "desarrollo". ¿Qué es lo que tienen en cuenta los indicadores económicos para definir el desarrollo? ¿es el PIB el que refleja de una manera fiel la riqueza de un país?

Para definir claramente estos conceptos necesitamos no sólo la perspectiva económica, sino también una perspectiva cultural, ética. Por ejemplo, el concepto de "desarrollo sostenible" es incompatible, desde este punto de vista, con la lógica capitalista.

* Sorprende que en el discurso sobre Ecología - Economía no aparezca para nada la palabra capitalismo. ¿No le preocupa al ecologismo el tema de la sociedad capitalista?

El sistema capitalista funciona sobre el supuesto del crecimiento indefinido y esto, como hemos visto, es incompatible con la idea de desarrollo sostenible. El capitalismo, con su sistema de producción y consumo, está poniendo en peligro la supervivencia de la humanidad. Las consecuencias evidentes son que el planeta está cada vez más deteriorado y cada vez hay más pobres y excluidos.

* Para eliminar todos estos problemas necesitaríamos reformas estructurales, que implicarían necesariamente reformas culturales. Son necesarias nuevas normas de producción y consumo, tanto a nivel colectivo como individual. No se trataría de perder calidad de vida, sino de controlar la cantidad y la calidad del consumo, aunque esto repercutiera negativamente en la lógica del sistema capitalista. Si los consumidores rebajáramos nuestros niveles de consumo, ya se encargaría la economía de encajar la nueva situación. Uno de los grandes problemas de nuestra sociedad es que el consumismo está muy interiorizado en todos nosotros. Para corregir estos hábitos son necesarias actuaciones que sobrepasan las de la economía; serían conquistas a realizar desde la política, el derecho, la educación, la producción cultural. Pero la situación es compleja, sólo nos damos cuenta de que hay que reformar nuestros hábitos de consumo cuando nos topamos de lleno con los límites (catástrofes), cuando experimentamos personalmente las consecuencias nefastas del mal funcionamiento del sistema.

Cualquier propuesta de actuación no será nada si no va unida a la creación de condiciones prácticas que hagan posible su realización. ¿Cómo se operativizan a nivel práctico todas las propuestas que se plantean en las grandes Cumbres? Vemos que muchas veces los mecanismos correctores recaen sobre todo en las conciencias individuales y no sobre las colectivas. Por ejemplo, se intenta concienciar al ciudadano para un consumo de agua responsable, pero no se controla institucionalmente este consumo a nivel de grandes empresas. En cualquier caso toda actividad que reaccione contra cualquier situación de injusticia tiene sentido. Las iniciativas del Comercio Justo o algunas campañas organizadas por las Asociaciones de Consumidores contra poderes económicos y financieros privados (Nestlé, Kelme, etc...) ayudan a modificar algunos supuestos; así como el intentar formarnos como ciudadanos responsables, con valores ecológicos y solidarios que nos lleven a querer mejorar con nuestras pequeñas/grandes acciones los problemas de nuestro mundo.

Necesidades y orden económico (Tercera sesión)

En la tercera sesión del Seminario se debatieron algunas cuestiones sobre el tema Necesidades y orden económico. Como punto de partida sirvieron dos textos, uno de Emilio Martínez, Introducción al tema "necesidades básicas y orden económico", y otro elaborado por José Antonio Zamora, Necesidades y orden económico, sobre la base del libro de Jorge Riechmannn: Necesitar, desear, vivir. Sobre necesidades, desarrollo humano, crecimiento económico y sustentabilidad, Madrid, Los libros de la Catarata, 1999, 2ª Ed.

Uno de los puntos con que empezó el debate fue sobre el tema de la objetividad o subjetividad de lo que entendemos por necesidad. ¿Resulta posible distinguir entre necesidades verdaderas y falsas sin legitimar con ello una imposición coactiva? Es probable que todos respondamos que sí, que hay necesidades básicas que pueden ser universalizables a pesar de las evidentes diferencias culturales de las personas de todo el mundo. Para identificar las "necesidades básicas", hay que diferenciarlas de los deseos y preferencias individuales. Necesario es aquello que, cuando falta, sufrimos un daño objetivamente comprobable. Las necesidades básicas serían los factores objetivos indispensables para la supervivencia y la integridad psicofísica de los seres humanos. Doyal y Gough consideran la salud física y la autonomía personal como las dos necesidades básicas, objetivas y universales, puesto que son condiciones previas de toda acción individual en cualquier cultura. "Necesidades intermedias" serían las que contribuyen a la satisfacción de las necesidades básicas en todas las culturas. Las necesidades intermedias según Doyal y Gough son: 1. Alimentos adecuados y agua limpia, 2. Alojamiento adecuado para la protección frente a la intemperie, 3. Ambiente de trabajo sin riesgos, 4. Medio físico sin riesgos, 5. Atención sanitaria adecuada, 6. Seguridad en la infancia, 7. Relaciones primarias significativas, 8. Seguridad Física, 9. Seguridad económica,10. Enseñanza adecuada,11. Seguridad en el control de natalidad, el embarazo y el parto.

Hay, en cambio, otras necesidades que desde una perspectiva ética resultan inmorales, o al menos moralmente reprobables, al no poder generalizarse a todos. Surge entonces otra pregunta: ¿podemos universalizar las razones o criterios -ya sean religiosos o filosóficos- que nos llevan a establecer estas necesidades? Esto sería lo deseable pero de hecho, por ejemplo, la defensa de la dignidad del ser humano ha sido cuestionada históricamente, aunque ahora nos parezca algo inalienable. A veces los hechos nos demuestran que los procesos reales donde los sujetos construyen sus referentes éticos pueden fracasar incluso de modo masivo. La fuerza de la razón se debilita ante algunos desastres de la humanidad.

Todos recordamos la pirámide de Maslow en donde se establecían las necesidades del individuo en términos de jerarquía, ya que, según él, cuando la persona ha satisfecho una necesidad básica, otra necesidad superior ocupaba su lugar; así hasta llegar a las necesidades de autorrealización que se encuentran en el nivel más alto. Pues bien, parece que lo que está ocurriendo en nuestra sociedad actual es que nos estamos quedando estancados en niveles más bajos de necesidades y no terminamos de dar el salto a otros niveles superiores.

No podemos negar que los cambios políticos y sociales, y el crecimiento económico nos han llevado, entre otras cosas, a que nuestra salud sea considerablemente mejor, a tener una mayor esperanza de vida o a una mayor liberación de nuestra vida privada. Pero a pesar de todo esto tenemos la sensación de que no se han hecho verdaderos progresos humanos. Observamos que una adaptación generalizada (fenómeno de masas) a la civilización del consumo nos está llevando a perder integridad moral y social. De esta situación se está alimentando el sistema capitalista para poder crecer y perpetuarse.

Hace treinta o cuarenta años en nuestro país había pobreza pero también había menos marginalidad y exclusión de lo que hay hoy en día. Teníamos una cultura de la dignidad dentro de nuestra situación de precariedad que nos hacía vivir determinadas carencias sin frustraciones. Actualmente la necesidad de comprar y poseer nos deja siempre insatisfechos, por lo que se crea un círculo vicioso. Pero lo preocupante de la situación es la normalización de la misma, lo cual nos lleva a pensar que habrá pocas probabilidades de que se deseen y generen grandes cambios.

Nuestra sociedad de mercado está extendiendo su lógica a todo el mundo, haciendo que fracase la adquisición de autonomía de los sujetos. Es necesario distinguir claramente entre necesidades y sus satisfactores. Mientras que las necesidades básicas son finitas, pocas, clasificables, universales y objetivas, la manera o los medios utilizados para la satisfacción de las necesidades cambian a través de los tiempos y de las culturas. La relación de los satisfactores con las necesidades es la de los medios con los fines. La sociedad productivista/consumista se caracteriza, entre otros rasgos, por la confusión constante, deliberada e incesante entre fines y medios. En realidad, la mayoría de cosas que hemos acabado por considerar necesidades no son tales, sino meros "satisfactores instrumentales" destinados a satisfacer las auténticas necesidades. Éstas son mucho más variadas que los satisfactores ofrecidos en los mercados, y mucho más invariables histórica y geográficamente de lo que se ha supuesto. Lo que ha variado a lo largo del espacio y del tiempo son los satisfactores, no las necesidades humanas. Habría que sacar a la luz el elenco real de necesidades autodeterminadas, pues no se trata de reprimir necesidades (al contrario, debemos bucear en nuestro interior para descubrir cuáles tenemos realmente). Se trata de discutir y cambiar "satisfactores".

Pero, de hecho, las masas están "eligiendo" la escala de valores consumistas, lo cual nos está llevando a considerar verdaderas necesidades lo que son meros "satisfactores". El sistema cuenta para ello con una herramienta muy eficaz: la publicidad. Ésta intenta "enganchar" a las masas mediante la seducción, el placer, la distracción, potenciando una determinada cultura y mentalidad.

Se planteó también la posibilidad de encontrar síntomas de saturación en el sistema de tal forma que se pudieran ofertar "satisfactores" alternativos. No hay duda de que tendríamos que pasar por una auténtica revolución cultural para obtener resultados en este sentido, y esto exige un tejido social que no existe. Por ejemplo estamos viendo cómo nuestras ciudades se llenan de espacios de ocio que están reproduciendo los esquemas consumistas, y todo esto, bajo una apariencia de tolerancia ("ofrecemos lo que el consumidor reclama"), está permitido acríticamente por todos los agentes sociales. La industria del ocio es tremendamente manipulativa, se dirige sobre todo a las emociones, al sentimiento, sin apelar para nada al razonamiento intelectual. Y es aquí donde se están formando nuestros jóvenes, los sujetos que serán en un futuro los que supuestamente tengan que decidir propuestas alternativas de vida.

Es muy difícil que ante este panorama se pueda producir un cambio cultural a gran escala que cambie nuestros valores y creencias y afecte a nuestros hábitos cotidianos. La incorporación a esta cultura y su aceptación generalizada complica la labor educativa. Las dos principales agencias socializadoras, como son la familia y la escuela, e incluso la Iglesia, encuentran serias dificultades para avanzar en este sentido. Lo único que nos queda es intentar, en los espacios que podamos, potenciar el aspecto crítico de la cultura para poder distanciar de alguna manera al educando de una asimilación pasiva.

La familia nuclear está sirviendo de apoyo al sistema consumista. Las formas comunitarias de vida son más ecológicas y económicamente más rentables, pero hoy ya no podemos volver a esos modelos de familia tradicional en el que varios miembros conviven en un mismo espacio. ¿Es posible desarrollar modelos comunitarios alternativos que no estén sustentados por vínculos de sangre? ¿cuáles podrían ser estos nuevos vínculos? Aún a sabiendas de las dificultades, los riesgos y las debilidades prácticas de estos posibles modelos alternativos de vida, consideramos fundamental la tarea de poder imaginarlos y descubrirlos para tener, al menos, una visión esperanzada de futuro. 

Ecologistas en Murcia (Cuarta sesión)

En sesiones anteriores hemos ido constatando los principales problemas medioambientales que tiene nuestro mundo; hemos reflexionado sobre sus causas y sobre los distintos frentes implicados: economía, tecnología, cultura, sociología, etc...; también hemos comprobado la evidente relación que existe entre el sistema económico actual, la ecología y la pobreza en el mundo. Ante la magnitud y complejidad de estos temas la presencia de los representantes de dos colectivos ecologistas sirvió para profundizar nuestra reflexión y enriquecer nuestro debate. En esta ocasión contamos con la presencia de Juan Antonio Conesa, de Ecologistas en Acción, y de Gustavo Ballesteros, de ANSE.

Juan Antonio Conesa nos habló de Ecologistas en Acción. Se trata de una ONG para la defensa del medio ambiente que agrupa a más de 300 grupos ecologistas formando una confederación de ámbito nacional. En un futuro muy próximo quieren incorporar a esta confederación al grupo de Portugal.

Las actividades que realizan tienen sobre todo un marcado carácter reivindicativo: denuncian legal y públicamente todas aquellas actividades que suponen un atentado contra el medio ambiente, realizan estudios de impacto ambiental y presentan alternativas concretas en muchos campos donde desarrollan su actividad.

Para poner en funcionamiento todas sus actividades se organizan en comisiones especializadas (de energía, de economía, de consumo, de espacios naturales, etc...), con un responsable a la cabeza, que junto con los directivos forman la "comisión técnica" que decide los distintos aspectos de las principales actuaciones del grupo. Como en muchos casos se tienen que tomar decisiones inmediatas por los problemas que surgen a diario y no todas se pueden llevar a la "comisión técnica", se realizan reuniones semanales donde se exponen los problemas que van surgiendo, ideas, iniciativas y pautas de actuación. Por el carácter radical de las actividades del grupo, las relaciones que tienen con la Administración y con el mundo empresarial son bastantes negativas según su propia valoración. Por ejemplo, no tienen ningún representante en el Consejo Asesor de Urbanismo, ni en el Consejo Asesor de Turismo, cosa que consideran conveniente. Aunque sí tenían representación en el Consejo Asesor de Medio Ambiente, surgieron problemas y lo abandonaron por propia decisión. Por otro lado, valoran como un logro importante tener actualmente un representante dentro del Consejo del Agua de la Cuenca del Segura.

Las denuncias que el grupo lleva a cabo se presentan normalmente en la Consejería de Medio Ambiente, en el SEPRONA (Servicio de protección de la naturaleza de la guardia civil), en el Ayuntamiento donde se comete la infracción y en otras Consejerías.

Ecologistas en Acción tiene muchos expedientes abiertos en la Administración, aunque ésta parece que les da escasa salida. La tramitación resulta más rápida cuando el tema concreto aparece en los medios de comunicación, por lo que suelen utilizarlos para este fin. Aunque la Administración actúa muy poco contra los que infringen la ley del medio ambiente, sí lo hacen de forma contundente contra los grupos ecologistas que suelen estar más controlados sobre todo en sus manifestaciones públicas. Esto les parece, cuanto menos, algo muy singular puesto que la Ley de Protección del Medio Ambiente fue una ley muy consensuada por todos los grupos políticos y lo único que ellos reivindican con sus actuaciones es que al menos se cumpla dicha ley.

Por su parte, Gustavo Ballesteros nos habló del grupo ANSE (Asociación de Naturalistas del Sureste), que se fundó en 1973 y nació con la finalidad de defender la naturaleza y el medio ambiente en las provincias de Murcia, Alicante y Almería. Funcionan con delegaciones por zonas, aunque en Almería no tienen todavía ninguna presencia. Este grupo se dedica más a lo que se conoce como "ecologismo social", por lo que sus actuaciones van más encaminadas a responder a objetivos de tipo técnico, divulgativo y educativo (actividades de educación ambiental en la casa forestal de El Sequén).

La problemática actual es tan grave que se ven desbordados por las continuas demandas, y como es imposible abarcarlo todo suelen establecer prioridades y seleccionar sólo aquellas campañas que van a ser capaces de sacar adelante o que también por cualquier motivo resultan de un interés especial a los miembros del grupo. Algunos ejemplos en los que están centrando su atención son:

-La contaminación marina del Mar Menor: por ejemplo, se está analizando la estrecha relación entre las desaladoras y la reciente proliferación de medusas.

-El tema de Escombreras.

-Protección de las aves: Murcia es la única región de Europa que incumple los criterios de la normativa comunitaria de zona de protección de las aves. Se ha llevado la demanda ante los tribunales de la U.E. y se ha conseguido que se acepte esta demanda contra el Estado español.

Por su manera de actuar y de enfocar los problemas, vemos que Ecologistas en Acción y ANSE son dos grupos que se complementan mutuamente, lo cual supone un enriquecimiento para el movimiento ecologista regional y para la sociedad en general.

*******

En el debate se constataba que muchas veces se "exige" a los grupos ecologistas que aporten soluciones viables a los problemas que más nos afectan por unos u otros motivos. Aunque ellos tienen, como es lógico, sus opiniones y sus opciones para los temas más candentes, nos recuerdan que es la Administración la que tiene el deber de dar soluciones pues dispone de los técnicos adecuados para ello y además invierte grandes sumas en estudios de viabilidad que muchas veces defienden intereses ajenos al problema. En muchas ocasiones los problemas medioambientales dependen de decisiones económicas y políticas que están defendiendo determinadas opciones valorativas que no tienen que ver con las alternativas más ecológicas.

Es evidente que hay una falta de concienciación de los grandes grupos políticos en estos temas y que las leyes con las que funcionamos están bajo mínimos. Pero al mismo tiempo se constata -y esto es preocupante- una falta de conciencia de responsabilidad ciudadana. Nuestra sociedad actual ha creado una mentalidad ecologista de demanda, pero hay una falta de disponibilidad real para implicarse y defender los temas ambientales. Hay mucha solidaridad de demanda, pero poca solidaridad de oferta. Se percibe un gran contraste entre la enorme sensibilidad para denunciar situaciones de deterioro del medio ambiente y la poca preocupación social por la intervención en el mismo. Aún no hemos asumido ni social ni culturalmente que lo ecológico es un valor vital.

La crisis ambiental no es un problema sólo nuestro, de un grupo, de una zona, es un problema global que afecta a todos y es necesaria la superación de esa mentalidad particularista que nos lleva a luchar sólo por lo que nos afecta personalmente. Es preciso considerar el medio ambiente desde la perspectiva de la globalidad. Y aunque las actuaciones puntuales son necesarias y aconsejables -a pesar de que a veces nos dejen con una sensación de insatisfacción e impotencia- éstas deben de ir acompañadas por proyectos educativos y de concienciación social si queremos conseguir objetivos globales y a largo plazo. También sabemos que el mero conocimiento o la mera información sobre problemas concretos no es suficiente por sí mismo para generar compromisos serios y eficaces en la defensa del medio ambiente. Para una mayor implicación y actuación cívica tenemos que trabajar no sólo con la dimensión cognitiva de los problemas, sino también con la afectiva y la social, para poder así transformar conductas y comportamientos cotidianos. Entendemos pues que es de vital importancia la educación ecológica para aspirar, no sólo a resolver aquellos problemas que nos afectan particularmente, sino para cambiar hacia un nuevo estilo de vida que sea más respetuoso con nuestro entorno natural y al mismo tiempo con los demás.

La Democracia Económica (Quinta sesión) 

En la reunión celebrada el día 19 de Febrero debatimos sobre los cuatro primeros capítulos del libro de David Schweickart: Más allá del capitalismo, (Colección Presencia Social, 18), Sal Terrae, Santander, 1997, 516 págs. José Cervantes presentó lo más destacado de este libro para comenzar el debate.

David Schweickart propone su tesis de una forma rotunda: "Dado que existe una alternativa al capitalismo no sólo viable, sino claramente superior, el capitalismo no tiene ya justificación válida alguna, ni económica ni ética." (pg. 31). Por ello propone la Democracia Económica como sistema socialista alternativo al capitalismo y al modelo socialista soviético de concentración antidemocrática del poder. La Democracia Económica se caracteriza por la propiedad social de los medios de producción, la autogestión democrática de las empresas por parte de los trabajadores, una economía de mercado regida por la ley de la oferta y la demanda con beneficio para las empresas (no para los capitalistas) y por un control social de las inversiones.

A partir de aquí, el autor nos muestra los errores, engaños y deficiencias del capitalismo como doctrina y como praxis. Para desenmascarar los falsos argumentos en que hasta ahora se han basado los defensores encomiastas del capitalismo, evalúa las razones dadas dividiéndolas en dos categorías: argumentos comparativos y argumentos no comparativos.

Los argumentos no comparativos afirman que el capitalismo es justo, ya que satisface un criterio particular de justicia. Nos encontramos pues en esta categoría con diversas consideraciones:

1- El producto marginal como contribución. El error de este argumento radica en dar por supuesto que aportar capital es una actividad productiva. La definición de producto marginal como "contribución" es inadecuada a la hora de mostrar cómo la distribución capitalista cumple con la norma ética de contribución.

2- La contribución capitalista como actividad empresarial. Se dice que el capitalista aporta innovación como actividad empresarial. Sin embargo, dicha aportación no puede dar lugar a una "remuneración perpetua", pues como ya hemos visto aportar capital no es una actividad productiva. No podemos confundir empresario con capitalista, pues no son la misma cosa.

3- El interés como preferencia temporal. El capitalista se lleva una remuneración (recompensa) por hacer algo que no requiere ni riesgo ni actividad empresarial. Pero según ellos se aporta algo esencial a la producción que es el tiempo. El capitalista en lugar de consumir ahora, lo hace más tarde aportando el tiempo que hace posible incrementar la producción. Pero vemos que la motivación última del capitalista típico es la acumulación, no el consumo.

4- El interés como retribución por la espera. Se justifica diciendo que este interés que se recibe es la retribución por esperar, el sacrificio que se realiza por aplazar el consumo. Pero el capital no es producto de una espera; la espera no es idéntica al ahorro del capitalista; ni la espera ni el ahorro son necesarios para la producción.

5- El beneficio como remuneración por el riesgo. El capitalista arriesga su dinero, y por eso merece recompensa. Pero el principio de justicia al que se invoca es falso, pues las reglas del juego no son justas, desde el momento en que no todos pueden jugar. Además hay que añadir que el capitalismo es un juego de suma positiva, es decir, se gana más dinero del que se pierde.

6- El capitalismo, justo porque es justo. La teoría de justicia es inapelable para la defensa de nuestra realidad capitalista, pues las consecuencias que está generando este sistema son totalmente injustas.

Schweickart indica la posibilidad de una organización alternativa: La Democracia Económica. Después de explicar cuál sería su estructura básica (autogestión de los obreros, un mercado restringido e inversión socializada) hace una comparación con criterios económicos y políticos con el modelo capitalista del "Laissez-Faire" y con el Capitalismo Progresista.

El modelo de Democracia Económica es una síntesis dialéctica de teoría y práctica, resultado de los debates de organizaciones económicas alternativas, de los datos empíricos sobre formas organizativas del trabajo y de la historia de diversos experimentos realizados tras la segunda guerra mundial. Las experiencias concretas de base son el modelo yugoslavo de socialismo participativo autogestionario, la reconstrucción milagrosa de Japón y el desarrollo de las cooperativas de Mondragón en el país vasco.

Parece importante y valiosa no sólo la crítica y evaluación que el autor realiza a los contenidos del capitalismo, sino también la propuesta alternativa al capitalismo neoliberal que supone la Democracia Económica. Quizás las experiencias reales en que se basa el autor para plantear su teoría no se pueden ver actualmente como modélicas. En cualquier caso no podemos negar una valoración histórica positiva para el ejemplo de Yugoslavia, a pesar de todo lo ocurrido recientemente y, aunque las Cooperativas de Mondragón actualmente siguen una dinámica agresiva y expansionista, todavía defienden los criterios de justicia interna que las caracteriza, si bien para poder sobrevivir en una economía de mercado hayan tenido que jugar con las reglas del juego imperantes.

Coincidimos en aceptar que los argumentos que utilizan los defensores del capitalismo no sirven para justificarlo. Nuestra opinión se sustenta principalmente en elementos éticos, pero nos preguntamos si tenemos suficientes criterios económicos que nos ayuden a comprender los problemas en toda su dimensión.

Pese a todo, es inevitable también considerar todo el asunto desde el otro punto de vista. Por ejemplo, hemos analizado y aceptado que aportar capital no es una actividad productiva; que el propietario en realidad no se entrega a ninguna actividad, lo más que hace es autorizar el uso de sus bienes. Cabría añadir aquí que hay que hacer una distinción entre el término empresario y el de capitalista. A veces se confunden y se equiparan pero no son la misma cosa, aunque en algunos casos coincidan. Mientras que el capitalista no aporta nada -o, como dice el autor, que para la producción no se necesita una clase de personas cuya función sea aportar capital-, el empresario sin embargo sí realiza una actividad, un trabajo, en el que emplea sus conocimientos, su tiempo, su salud, etc...

El problema que vemos en los planteamientos alternativos de organización económica que Schweickart propone no es el de su viabilidad técnica o teórica, sino la complejidad de su ejecución, de sus praxis. ¿Queremos o no queremos cambiar el sistema? ¿queremos poner el bien común por encima de los intereses particulares? Para llegar a la Democracia Económica lo más importante es la parte ideológica de identificación con unos valores y una forma de vida. Es aquí precisamente donde se encuentran las principales resistencias y la realidad dominante es que nos hallamos sometidos e indefensos ante el capitalismo más feroz. Resulta alarmante, por ejemplo, todo lo relacionado con el capitalismo financiero, con el tema de las empresas virtuales (por ejemplo: la operación Terra).

Parece necesaria la creación de organismos locales, nacionales e internacionales que pongan control a los fondos de inversión, si bien es verdad que este tipo de controles correctivos se tendrían que aplicar también a otros muchos temas como la organización laboral, los mercados de producción, los productos petrolíferos, etc...

¿Cómo crear el marco político necesario para hacer viables propuestas alternativas a nivel local, estatal y mundial?. El poder político es cada vez más débil y está perdiendo su autoridad. La posibilidad de control por parte del poder político de las grandes multinacionales, por ejemplo, es prácticamente nulo; el control que puede haber es ficticio. Falta organización política frente al liberalismo económico. Se está funcionando a nivel político con modelos anacrónicos, pues se están moviendo fuera del tiempo que marca la economía, y por esto no está sirviendo nada de lo que se hace.

Si la política está debilitada, igualmente débil es el ánimo general con que nos enfrentamos a todo esto. Por ejemplo, muchos viven la actual campaña electoral en España con indiferencia y apatía. Los políticos para su propaganda todo lo basan en el crecimiento económico, y convierten sus ideas en verdades dogmáticas ("España va bien"), pero... ¿realmente a quién beneficia este crecimiento económico? ¿cómo repercute en el bienestar de la población? Lo que es patente es que a pesar de este crecimiento económico la diferencia entre ricos y pobres cada vez es mayor, y se hace muy poco o nada por evitarlo.

Schweickart nos señala posibles alternativas. En primer lugar en necesario organizarse y trabajar conjuntamente desde distintos frentes: asociaciones, ONGs, medios de comunicación, sindicatos, etc..., pues dada la complejidad de los problemas no podemos afrontarlos de forma aislada.

Uno de los caminos es la creación de organismos participativos de carácter político y socioeconómico con control internacional. Si echamos la vista atrás vemos que han surgido organizaciones (Las Naciones Unidas, por ejemplo), movimientos, iniciativas, que dentro de sus deficiencias e incluso de sus fracasos, han dado algunos resultados o han servido al menos como paliativos de algunas cuestiones importantes. En cualquier caso servirán como testimonio de lucha por la construcción de una sociedad más justa.

Libertad, Igualdad y Democracia Económica (Sexta sesión)

En esta reunión proseguimos el debate sobre el resto de los capítulos del libro de David Schweickart: Más allá del capitalismo. Ramón Gil Martínez presentó estos capítulos. En ellos Schweickart desarrolla toda una defensa de la Democracia Económica (D. E.) comparándola con el modelo capitalista en los valores como de la libertad, la igualdad y la democracia, y concluyendo que la D.E. es una opción ética claramente preferible para la realización de estos valores.

Es muy interesante observar cómo la libertad y la democracia han sido cuestiones que se han utilizado como argumentos en contra del socialismo y al mismo tiempo se han enarbolado para defender y justificar el sistema capitalista. En realidad ningún sistema tiene tanta capacidad como el modelo capitalista para condicionar al hombre y someterlo acríticamente a las reglas del juego económico. Difícilmente podemos decir que el sistema económico actual esté al servicio de la libertad, la igualdad y la democracia, a pesar de todas las argumentaciones en este sentido. Se está utilizando la teoría para encubrir la realidad, pues los resultados que está dando el sistema son claramente contrarios a los principios que sirven para su justificación. Por poner un ejemplo: es descarado observar cómo las grandes multinacionales tienen vía libre para instalarse en países del Tercer Mundo sin respetar mínimamente los derechos laborales y humanos de los que allí viven, y además sin la menor consideración respecto al medio ambiente, de modo que ¿de qué libertad y democracia se puede hablar?

Los razonamientos de Schweickart llegan a la conclusión de que:

1. El capitalismo coarta las libertades sobre todo de los que menos tienen.

2. El capitalismo crea grandes e injustas desigualdades.

3. Estas desigualdades socavan la democracia y la convierten en algo vacío de contenido.

Por todo ello el autor propone que la D.E. es un modelo no sólo alternativo sino claramente más eficiente y justo. Hay razones para pensar que este nuevo sistema cooperativo nos llevaría a una mayor realización personal y a una mayor calidad de vida, al poder flexibilizar el tiempo y la organización del trabajo, pues supondría más tiempo libre e incluso una mayor cualificación profesional. Y por último, con las medidas adoptadas desaparecerían los capitalistas y por tanto también las especulaciones financieras y la acumulación masiva de dinero. Todos estos aspectos son decisivos para considerar que la D. E. es una alternativa económica y éticamente superior al capitalismo.

Schweickart añade también que la D. E. es una alternativa viable, es decir, que el cambio hacia la D.E. no sólo es deseable sino también posible. Es quizás aquí donde se encuentran las mayores dificultades y resistencias. El autor hace una clara comparación entre el sistema capitalista y la D.E., y después analiza y demuestra que esta última es una alternativa mejor. La primera observación que se puede hacer es que Schweickart hace todo el razonamiento desde modelos teóricos. Tanto el Laissez-Faire como la D.E. son modelos teóricos que difícilmente se pueden corresponder en su totalidad con la realidad. No se puede eludir un cierto escepticismo ante la propuesta bastante idealista de la D. E.

Se apunta que sería más acertado hacer planteamientos -por qué no, también idealistas- de por dónde podrían ir las vías de transformación partiendo de un análisis de lo que está ocurriendo en nuestra sociedad, de los procesos que se están dando y de las contradicciones que conllevan. Tal vez sería más conveniente, de cara a la viabilidad del cambio, analizar nuestra realidad, buscar y descubrir alternativas, modelos diferentes que nos lleven a transformar el "orden" existente. No se puede negar que Schweickart ha presentado realidades sugestivas de actuación económica y social que han dado resultado, como es el caso del socialismo de Yugoslavia y las cooperativas de Mondragón, pero la cuestión es si estos ejemplos son lo suficientemente significativos como para que se puedan generalizar y hacer extensibles a la realidad de hoy. Por ello resultan muy importantes los interrogantes que se abren ante el modo y el proceso de transición hacia la D.E.: ¿es posible hoy en día el socialismo real? ¿cómo se inserta en un mercado libre la D.E.? ¿es posible crear y mantener esa D. E. en una parte localizada del mundo? ¿tiene el capitalismo la propiedad de autocorregirse? ¿tendría que ocurrir un desastre económico generalizado para llevarnos a los cambios necesarios? ¿cómo activar la conciencia colectiva sobre las ventajas económicas y sociales que ofrece este nuevo modelo? ¿cómo hacer para que surjan movimientos o agentes sociales que se identifiquen con este ideal y puedan llevar a cabo el cambio deseado?...

Son éstas demasiadas preguntas como para poder compartir en todo el optimismo de Schweickart. Ciertamente sabemos que cualquier realidad social no es natural sino que es construida y por tanto puede ser modificada. El problema es que la mayoría de la gente piensa y funciona como si la realidad no pudiera ser de otra manera, y más cuando el modelo que se le ofrece le proporciona cierta "seguridad" y "estabilidad", y esto es bastante determinante. Nuestra cultura ha creado unos modelos antropológicos adaptados a la sociedad de mercado, esto quiere decir que el hombre actual tiene unas señas de identidad muy características, donde el individualismo es una de las notas más específicas.

Otra crítica significativa a la perspectiva desplegada por Schweickart es que no tiene en cuenta las cuestiones de género, siendo las diferencias entre el hombre y la mujer en el ámbito del trabajo muy relevantes de cara a dilucidar el modelo de sociedad que se pretende. ¿Qué relación hay entre el sector productivo y el sector reproductivo? Tampoco se atiende en su propuesta a los grupos marginales como los inmigrantes, que son el Tercer Mundo dentro del Primer Mundo.

Un gran problema es que la tendencia dominante hoy día es la de no cuestionar el actual desarrollo económico, sino todo lo contrario. Tenemos varios ejemplos: hay muchísimas personas que invierten en bolsa pequeñas cantidades de dinero y obtienen pequeños beneficios; toda esta gente está de acuerdo con el sistema y no quiere que se deslegitime su situación actual porque de alguna manera se sienten como copropietarios de las empresas en las que invierten su pequeño capital, aunque su participación real en ellas es totalmente nula. Por otro lado quieren hacernos pensar que las medidas económicas que se están desarrollando se orientan de forma prioritaria hacia el objetivo del pleno empleo y argumentan constantemente que esto es posible manteniendo el actual crecimiento. Pero ¿se puede aspirar realmente al pleno empleo desde el capitalismo? Nuestra respuesta es que no. Una vez más descubrimos las contradicciones del sistema, puesto que éste necesita que no haya pleno empleo precisamente para subsistir y mantener el equilibrio.

Ciertamente no puede decirse que el ambiente actual sea un estímulo para realizar tareas en común y para hacer movilizaciones a favor de utopías. Más bien creemos que es posible que las personas se rebelen ante situaciones límite que le afecten personalmente de forma negativa, por lo cual si el capitalismo abocara a una crisis estructural esto sería suficiente como para provocar una reacción social y facilitar el compromiso con un proceso de transformación. Pero por otro lado también es verdad que hay quienes estiman que las crisis debilitan a los sujetos del cambio en vez de fortalecerlos. En cualquier caso parece muy difícil que los individuos cambien, incluso después de haber diseñado modelos alternativos y de haberlos experimentado. El sistema capitalista ha supuesto, entre otras cosas, tal debilitamiento de las estructuras comunitarias que ha conducido a la individualización de la sociedad. Cualquier propuesta de construcción de un nuevo sujeto tendría que pasar antes por unos medios educativos que actualmente no están concienciados para asumir y dar respuestas a nuevos desafíos.

Schweickart dice que es posible que un país pueda dar el paso y acceder a la D.E. Otra cuestión es que si el capitalismo es globalizador, las respuestas también tienen que ser globales y es aquí donde surgen las grandes limitaciones. Para empezar harían falta nuevos movimientos políticos y sindicales, con marcos internacionales y referentes locales. Sería fundamental la articulación de políticas económicas internacionales que regulasen todos los procesos económicos, y deberían de partir en primer lugar desde los países ricos, que son los que controlan al fin y al cabo el sector económico. Pero, ¿el poder económico estaría por la labor? ¿no hay poderosos grupos de interés que lo impedirían?

Algunos opinan que el cambio va a venir por necesidad. Por ejemplo, la explosión demográfica va a suponer en un futuro próximo una situación para todos insostenible. Pero como ya hemos apuntado el problema es de sujetos, de acciones colectivas. Desde el Tercer Mundo no podemos prever el surgimiento de sujetos revolucionarios, y el Primer Mundo, con su característica insensibilidad, no quiere asumir los cambios necesarios y mucho menos rebelarse para reivindicar los intereses de los que no cuentan.

La presentación por parte de Schweickart de un modelo alternativo constituye un trabajo necesario y un gran avance hacia ese horizonte utópico.

Alternativas al liberalismo económico (Séptima sesión)

En esta sesión el debate giró en torno al contenido de dos libros, el de Alain Touraine: ¿Cómo salir del liberalismo? (Paidós, Barcelona 1999) y el de Luis de Sebastián: El rey desnudo. Cuatro verdades sobre el mercado (Trotta, Madrid 1999). Juan Carlos García Domene expuso los aspectos más destacados de ambos.

La cuestión inicial de la que parte Alain Touraine es: En el estado de cosas actual ¿mantiene la sociedad la capacidad para el cambio a través de ideas, conflictos y esperanzas? Ante el pesimismo generalizado mantenido desde distintas instancias (política, economía, cultura) de que no hay otra realidad más que la posible, Touraine intenta dar una visión esperanzada para el cambio social. Su tesis se basa en tres puntos fundamentales:

- La mundialización de la economía no disuelve nuestra capacidad para la acción política.

- Las clases más desprotegidas no actúan sólo en contra de la dominación sino más bien reclamando ciertos derechos, sobre todo culturales. Hay una conversión de movimientos de rechazo a movimientos de afirmación.

- El orden institucional es poco eficaz si no actúa siguiendo los valores de igualdad y solidaridad.

Según el autor, la amenaza no viene tanto por la mundialización de la economía como por el actual capitalismo financiero. Es esta libertad en los movimientos de capitales lo que destruye nuestros referentes nacionales y regionales, y atenta contra los principios básicos de convivencia. Y sucede que para poder escapar a esta situación de capitalismo salvaje reconoce cuatro formas posibles de salida, aunque el autor sólo acepta como válida la cuarta de ellas:

1. Republicanismo: sería un atrincherarse en las instituciones (identidad nacional).

2. Populismo: se tiene como base en todo el discurso teórico a los más pobres pero no se hace nada en la práctica en favor de ellos. Se podría comparar con las democracias "blandas" de Hispanoamérica.

3. Mundialización: se trataría de aceptar las reglas del liberalismo económico e intentar ser los ganadores.

4. Vamos a aceptar la actual situación pero a partir de ella y desde dentro buscar alternativas posibles.

El autor piensa que hay un cierto espacio político de actuación entre el mundo económico y el personal. Y es desde aquí, desde donde los nuevos actores sociales que están surgiendo dentro de los movimientos culturales, podrán recuperar nuestras posibilidades de actuación si se les deja cierta autonomía. Parece que Touraine atribuye un papel a los nuevos movimientos sociales frente al estado e incluso al mercado que no se corresponde con la debilidad que él mismo constata.

El autor se levanta no especialmente contra el liberalismo, sino contra todos aquellos que lo critican desde un posicionamiento derrotista. A veces sucede que personas valiosas, que están criticando y luchando contra el sistema, ofrecen en su discurso una descripción de la realidad tan negra y desesperanzada que parecen no dar cabida a ninguna posibilidad de cambio. Quizás sea porque hay gente que, para comprometerse en la acción y darle un sentido a su lucha, acentúa los rasgos negativos de la realidad, en cambio otros necesitan formular la utopía para ilusionarse y comprometerse.

Touraine plantea que el paso por el neoliberalismo es doloroso y necesario. Dice que el Estado del Bienestar genera a la larga estructuras poco eficaces y al mismo tiempo injustas. El Estado con su actitud acaba creando sectores privilegiados, por lo que reforzar el Estado sería reforzar privilegios injustos. De esta situación nos ha sacado el tránsito neoliberal. Pero aquí nos preguntamos: ¿cómo se resuelve el tema de los privilegios? Cuando se desmontan los logros sociales de los trabajadores con empleo, ¿es en favor de los que carecen de empleo, de los más desfavorecidos? ¿O no es más bien a favor de una élite que es minoritaria? (por ejemplo el caso de Telefónica).

El autor habla de control social de la economía, que no quiere decir control estatal. Y es aquí donde encuentra el protagonismo de los nuevos movimientos sociales que él llama movimientos culturales. Pero ¿son estos movimientos capaces de hacer convivir y de coordinar el progreso social con el realismo económico? Enfrentarse a la globalización económica exige prácticas políticas, económicas, culturales y sociales de tal magnitud y complejidad, que nos parece difícil que puedan llevarlas a cabo estos movimientos culturales. Touraine se apoya en movimientos que parecen tener poca capacidad para ejercer un control social del mercado y sustituir de alguna manera el papel del Estado. De modo que el término "control social", que Touraine emplea frente a los defensores del Estado del Bienestar (y en connivencia con los defensores neoliberales del Estado mínimo) y contra los defensores del Mercado como instancia autorregulada, queda prácticamente vacío de contenido.

La globalización económica está en una nueva fase. En la última década observamos que realmente ha disminuido el comercio internacional y lo que ha aumentado ha sido la expansión del capital a través de mercados financieros que no conocen fronteras. ¿Quién va a tener la fuerza movilizadora para controlar esto? ¿estos movimientos culturales? ¿los inmigrantes, los "sin papeles", los "sin techo"?.

Un punto fundamental de la discusión siempre se centra en las dimensiones ideales del Estado. Unos piensan que existe demasiado Estado, otros que hace falta más Estado para llevar a cabo determinadas políticas sociales. Touraine habla de Menos Estado / Menos Mercado, pero ¿esto qué quiere decir? ¿qué quiere decir exactamente cuando propone un control social de la economía? ¿quién lo va a realizar? ¿cómo teniendo menos fuerza el Estado se van a hacer cosas que el mercado, desde luego, no garantiza? ¿quién se va a acordar de las políticas sociales? ¿quién va a ser el actor que le diga al mercado dónde están los límites? Aunque por el título del libro parece que se nos van a ofrecer algunas respuestas, vemos que las explicaciones del autor son claramente insuficientes y muy parciales.

Las preguntas siguen surgiendo: ¿Pueden estos movimientos culturales dar respuestas a todos los problemas que se están planteando? ¿cómo pasar de estos movimientos, un tanto fragmentados, a movimientos de actuación política? Hay una cuestión: la economía globalizada está creando estructuras muy separadas que fomentan la privacidad y no generan identidad social. Se han roto muchas de las instancias intermedias que había en la sociedad civil porque ésta se ha descompuesto, por lo que es difícil que se puedan tomar iniciativas económicas, políticas y culturales que sirvan a todos los ciudadanos. Se ha abandonado la cultura comunitaria.

El Estado ha perdido claramente poder, pero lo que quizás sí es cierto es que los movimientos tradicionales (sindicatos, partidos políticos...) están abriéndose a los problemas que nos afectan gracias al refuerzo y la actuación de los nuevos movimientos sociales, que desde la modestia de sus medios y desde su propia debilidad, hacen por ejemplo, de conciencia colectiva, denuncian situaciones, cuestionan la realidad... No es una lucha meramente política la que llevan a cabo -aunque ésta es fundamental- sino más bien cultural; están luchando por la identidad, por la dignidad.

Quizás los nuevos movimientos sociales no sean una alternativa tan clara como la ve el autor. Las posibilidades de cambio han de venir por la vía política y también jurídica, y por lo que se está haciendo parece que éstas no pueden garantizar por sí solas salidas dignas y justas para todos.

El mercado dejado a su propia lógica sólo genera desigualdad, injusticia, pobreza. La actual situación requeriría un sistema de instituciones de control con representación internacional. Necesitaríamos instancias críticas permanentes en todos los Estados y representativas de la ciudadanía mundial, sobre todo de los intereses de los más pobres y desfavorecidos. Sin estas y otras medidas, el mercado mundial tiene un poder destructivo tal que está ya haciendo peligrar la dignidad de vida de la mayoría. Son imprescindibles instituciones políticas que apuesten por otro orden económico y social, y que generen y lleven a la práctica estrategias protectoras que garanticen la convivencia entre los pueblos.

Sin embargo, las instituciones políticas ya creadas como la ONU o el Banco Mundial nos dejan un tanto confundidos y perplejos. ¿Por qué ahora el Banco Mundial está tan preocupado por la pobreza? ¿qué hay detrás de los actuales cambios en los distintos cargos en la ONU?

Nos parece que un sistema de gobierno participativo y mundial es algo bastante idealista. Lo único que se puede hacer es poner parches aquí y allá para contener las consecuencias más explosivas de las crisis y que la actual situación no se desmadre. Y esto es, al fin y al cabo, aceptar el sistema y la dificultad del cambio. En cualquier caso y mientras no llega una alternativa viable, hemos de seguir apostando por los valores y opciones que creemos necesarios para la construcción de un mundo más justo y humano.

Por su parte, Luis de Sebastián en su libro, El rey desnudo, Cuatro verdades sobre el mercado "trata simplemente de desmitificar al nuevo mesías, de quitar a este rey de pacotilla los falsos ropajes, mantos capas, joyas y armaduras con que el neoliberalismo dominante le ha vestido para dar cobertura a la orgía del capitalismo financiero internacional. Pretende dejarle desnudo a la vista de todo ser humano bien pensante y bien sentiente. Desnudarle no es condenarle a muerte sino mostrar lo que tiene debajo de lo que aparenta" (p. 20). Y las cuatro verdades que el autor propone en los cuatro primeros capítulos de su libro son:

1.El mercado es un instrumento inventado por los hombres para su provecho y el de la sociedad.

2. La idea que nos hace creer en la supremacía del mercado libre es injustificada e ideológica.

3. El mercado necesita un entorno legal y ético para ser útil a la sociedad.

4. Existe una alternativa al modelo de economía de mercado que ahora tenemos.

El autor opina que no se trata de cargarse el sistema, sino de tratar de ponerle correctivos, de tal forma que se pueda encauzar la actividad económica para que sirva a objetivos sociales. El mercado dejado a su libre albedrío puede terminar con las ventajas para las que fue creado, por lo que es necesario la aplicación de límites a través de correctivos éticos; éste necesita un entorno civilizador ético y legal para que sea eficaz.

Tras reconocer el fracaso del socialismo soviético, el autor propone un socialismo alternativo (socialdemocracia), basado en la democracia y la libertad, y apoyado en un gran impulso político y social, en un gran consenso y en la voluntad general de aceptar sacrificios. Y aquí notamos, de nuevo, la vuelta a planteamientos demasiado idealistas, porque por ejemplo, ¿qué ha hecho el PSOE en España? ¿ha intentado sustituir la sociedad capitalista por una realmente socialista?

Al final del cuarto capítulo el autor presenta unos desarrollos posibles que permitan "mutar el sistema capitalista" aunque no siempre para un modelo mejor. Estos desarrollos son: 1. La propiedad de las empresas pasa a los trabajadores (no estaría resuelto el problema si no se mira al bien común, y no sólo al bien de los propietarios); 2. La separación de la propiedad y la administración (si los administradores fueran funcionarios públicos honestos se garantizaría el bien común); 3. La planificación centralizada de naturaleza privada; 4. La creciente manipulación y dominio sobre los mercados; 5. La gran concentración empresarial; 6. Los avances de la tecnología; 7. La ingeniería financiera.

Cada comunidad elabora sus códigos jurídicos para defender los derechos colectivos e individuales de sus miembros y algunos opinan que desde aquí pueden venir las alternativas, bien con la aplicación de la ley que ya existe o bien creando nuevas leyes. Pero el sistema económico ha creado un orden jurídico determinado que es totalmente insuficiente e ineficaz para abordar determinados planteamientos. Necesitaríamos una gran fuerza para cambiar este orden legal y además una concreción práctica eficaz a través de acciones políticas.

El Futuro del Capitalismo (Octava sesión)

Esta sesión estuvo dedicada al estudio y debate de los libros de I. Wallerstein: Futuro de la civilización capitalista (Icaria, Barcelona 1997) y Lester C. Thurow: El futuro del capitalismo (Ariel, Barcelona 1996). José Antonio Zamora fue el encargado de presentarlos.

Los dos libros que discutimos a continuación -a diferencia del de David Schweickart, que hace propuestas de alternativas teóricas/utópicas- realizan más bien un trabajo de tipo analítico, es decir, su interés no está tanto en hacer propuestas concretas como en preguntarse qué está pasando. Ninguno de los dos libros son propositivos, no desarrollan alternativas desde un punto de vista teórico. Ambos hacen hincapié en las contradicciones del sistema y en las dificultades que éste tiene para encontrar salidas. Thurow plantea su tesis desde una visión muy estadounidense; Wallerstein por su parte es más universal y la plantea desde una izquierda más marxista.

En El futuro de la civilización capitalista, Wallerstein hace un balance negativo del sistema capitalista puesto que observa que este modelo está generando, cada vez más, desigualdad, exclusión y pobreza. Esto queda confirmado por Thurow, que nos ofrece cifras muy significativas: por ejemplo, se observa que la economía en EE.UU. ha crecido en los últimos años, pero las desigualdades también. El poder adquisitivo del sector más amplio de la población ha disminuido de forma cuantiosa: desde 1973 hasta 1992, el salario de los trabajadores sin tareas directivas ha bajado en un 23%, en contraste con los salarios de los puestos más altos que han crecido considerablemente.

Wallerstein hace un balance de la civilización capitalista en el que constata que los defensores del sistema han indicado que éste, al aumentar la eficiencia de la producción, aumenta la riqueza colectiva de forma espectacular. Y aunque esa riqueza se distribuye de forma poco igualitaria, hay más que suficiente como para asegurar a cada uno que recibirá por encima de lo que hubiera sido posible bajo otros sistemas históricos anteriores. Sin embargo, Wallerstein se detiene en cuatro cuestiones básicas —salud y sanidad, lucha contra el hambre, guerras civiles, guerras entre Estados y/o pueblos— y considera el conjunto del sistema-mundo capitalista, para mostrar que la civilización capitalista sólo ha dado soluciones parciales a estas cuestiones y lo ha hecho de forma muy desigual. Si bien es verdad que ha mejorado la calidad de vida individual por el crecimiento del consumo, la mayor movilidad individual o la educación, también es cierto que estos mismos aspectos sólo están al alcance de una parte de la población. En la civilización capitalista el porcentaje total de los estratos sociales privilegiados ha crecido de forma significativa. Para esa gente, el mundo que conocen es mejor en su conjunto que el que cualquiera de sus correspondientes conoció con anterioridad. Están, ciertamente, mejor en lo material y en términos de salud, oportunidades y libertad frente a las constricciones arbitrarias impuestas por pequeños grupos dominantes. Si están mejor psicológicamente es algo que queda abierto a la discusión, pero tal vez no estén peor. Pero para las personas del otro extremo del espectro, entre el 50 y el 85 por ciento de la población mundial no privilegiada, el mundo que conocen es casi ciertamente peor que el que cualquiera de sus correspondientes conoció con anterioridad, a pesar de los cambios tecnológicos y están más, no menos, sometidos a constricciones arbitrarias desde el momento en que los mecanismos centrales llegan más lejos y son más eficientes. Encima, cae sobre ellos lo más duro de los diversos tipos de malestar psíquico al tiempo que lo más recio de la destructividad de las «guerras civiles».

Wallerstein observa tres contradicciones básicas cuya tensión creciente está determinando las perspectivas de futuro del capitalismo:

1- Dilema de acumulación: Para maximizar los beneficios y por tanto la acumulación, es preciso lograr un relativo nivel de monopolio en la producción. Pero los monopolios y los beneficios elevados llaman a la competencia. Esta tensión entre la necesidad de monopolizar y su carácter autodestructivo explica la naturaleza cíclica de la actividad económica capitalista y da razón de la subyacente división del trabajo entre productos centrales (altamente monopolizados) y productos periféricos (altamente competitivos) en la economía-mundo capitalista.

La acumulación y la eliminación de la competencia está generando fases regresivas y de desequilibrio. Estas fases son cada vez más prolongadas y por tanto más difíciles de superar. Se podrían intentar medidas de ajuste, como rebajar los costes de producción e incrementar la demanda, pero éstas son dos medidas que se contraponen. La primera medida genera paro y precarización del trabajo y por tanto pérdida del poder adquisitivo, por lo que parece difícil que se pueda así incrementar la demanda. El dilema de la acumulación tiene pues difícil solución.

2- El dilema de la legitimidad política: El sistema necesita y genera la desigualdad para poder mantenerse y por otro lado al sistema democrático se le exige generar políticas igualitarias para poder legitimarse. La crisis del Estado del Bienestar responde a la contradicción entre estas dos cuestiones ¿Hasta cuándo podremos mantenerla?

3- El dilema de la agenda geocultural: El sistema se ve obligado a potenciar el individualismo, pero este individualismo fomenta la competición de todos contra todos de forma particularmente virulenta, ya que legitima esta competición no para una reducida élite sólo, sino para toda la humanidad. ¿Mediante qué mecanismo se ha podido dominar esta contradicción? Sobre todo haciendo énfasis, simultáneamente, en dos temas opuestos: el universalismo que representa la homogeneización moral de la humanidad, por un lado, y la práctica del racismo y el sexismo, que diferencia a las personas según jerarquías biológica o culturalmente definitivas. El modo en que cada una de estas prácticas contiene a la otra es lo que siempre ha hecho posible usar la una contra la otra: usar el racismo-sexismo para impedir que el universalismo avance demasiado en la dirección del igualitarismo; y usar el universalismo para impedir que el racismo-sexismo avance demasiado en la dirección de un sistema de castas que inhibiría la movilidad de la fuerza de trabajo que tan necesaria resulta para el proceso de acumulación capitalista. Lo que ha comenzado a suceder es que las dos prácticas, en lugar de contenerse la una a la otra, han comenzado a moverse de forma cada vez más alejada.

Wallerstein concluye que el sistema-mundo capitalista ha entrado en una crisis sistémica y se pregunta... ¿hacia dónde caminamos?. Nos dirigimos hacia un tiempo de desórdenes masivos tanto locales como regionales y mundiales, hacia un tipo de desórdenes que serán mucho menos estructurados y, por tanto, menos contenidos de lo que lo fueron las guerras mundiales germano-estadounidenses del siglo XX y las guerras de liberación nacional que vinieron después de aquellas.

El autor recurre al tema de la identidad como una de las respuestas plausibles a la crisis (reforzamiento de identidades sobre todo en los países del Sur). En cuanto a los países del Norte, el autor ve tres posibles salidas: 1) Una es una especie de neofeudalismo que reproduciría de un modo más equilibrado el desarrollo de los tiempos de desorden: un mundo dividido en soberanías parceladas, de regiones considerablemente más autárquicas, de jerarquías locales. 2) Otra sería una especie de fascismo democrático, que implicaría una división del mundo en dos estratos, casi dos castas, una de las cuales, la de arriba, incorporaría tal vez a un quinto de la población mundial. Dentro de este estrato podría haber un alto nivel de distribución igualitaria. El restante 80 por ciento se mantendría por la fuerza en la posición de un proletariado trabajador totalmente desarmado. 3) La última podría ser un orden mundial más radicalmente generalizado, muy descentralizado y altamente igualitario. Esta salida parece la más utópica, pero no tiene por qué ser desechada.

Se concluye que el sistema está abocando a una crisis que él mismo no podrá solucionar. Los recursos habituales que hemos visto en este siglo, por los dilemas y las contradicciones internas y ecológicas que suponen ya no se pueden seguir utilizando. Las respuestas deberán venir desde fuera y dependerá de que los movimientos antisistémicos puedan generarlas.

En cuanto al libro de L.C. Thurow: El futuro del capitalismo, desarrolla el mismo tema remontándose al comienzo de la revolución industrial y constatando desde entonces no ha habido ningún sistema económico, excepto el capitalismo, que haya demostrado su eficacia en cualquier lugar. Pero, según parece, las verdades eternas del capitalismo - crecimiento, pleno empleo, estabilidad financiera, aumento real de los salarios, permitir que el mercado fije sus alternativas - están desapareciendo al mismo tiempo.

En la actualidad, el mundo se halla en un período de "marcado equilibrio" que ha sido provocado por los movimientos simultáneos de cinco placas tectónicas económicas. Al final surgirá un nuevo desafío con nuevas normas que requerirán nuevas estrategias. Algunos de los jugadores de hoy se acomodarán y aprenderán a triunfar en este nuevo desafío. Habrá quienes comprenderán el movimiento de las placas tectónicas económicas. Ellos se convertirán en los depredadores-últimos-de-la-cadena-alimentaria, los individuos, las empresas o las naciones «más fuertes». Históricamente, ellos serán considerados como el equivalente económico de los mamíferos. Los que sucumban lo serán de los dinosaurios.

Thurow se fija en los procesos que, a ritmo vertiginoso, están cambiando la faz económica de la tierra: el aumento de las desigualdades en casi todos los rincones del planeta, la caída de los salarios reales para la inmensa mayoría, la reducción de la magnitud de las empresas, el surgimiento de un proletariado lumpen, las dificultades crecientes para la viabilidad económica de la familia, el declive de las clases medias y la diferenciación de los sistemas sociales (EEUU, UE, Japón) con manifestaciones visibles diferentes.

Una placa tectónica económica es el fin del comunismo que está provocando la integración de la población de los países comunistas en el mundo capitalista, en el cual, sin embargo, se producirá una profunda reconfiguración del mundo económico. La segunda placa está marcada por el hecho de que las industrias inteligentes creadas por el hombre no precisan ya de unas localizaciones predeterminadas por una idoneidad natural, de modo que quien tiene el poder económico tendrá la posibilidad de crear, desplazar y organizar el producto inteligente que determine su lugar de emplazamiento. La tercera placa corresponde a las grandes transformaciones demográficas: el crecimiento de la población mundial, el envejecimiento y los movimientos migratorios. Otra placa es la desaparición de las economías nacionales en aras de una economía global. La quinta placa es la aparición de un mundo multipolar sin un poder hegemónico.

Estas fuerzas tectónicas están modificando drásticamente la distribución de los ingresos y de la riqueza. Aquellos que vieron el perfil económico de la Tierra en 1970 no reconocerían la topografía que presenta en 1995. Los cambios en la distribución del poder adquisitivo en los próximos veinticinco años serán incluso más dramáticos. El fin del comunismo (placa económica uno) está empujando hacia el viejo mundo capitalista grandes cantidades de mano de obra barata y bien educada del segundo mundo e, indirectamente, al derrumbarse la credulidad en la teoría de la sustitución de las importaciones y el cuasi socialismo, está creando enormes dotaciones de mano de obra de salarios muy bajos y sin cualificar del tercer mundo. La emigración (placa económica tres) está empujando hacia el primer mundo a muchos obreros decididos, con energía, pero no cualificados. Las nuevas tecnologías (placa económica dos) están generando un cambio en la utilización de la cualificación en las tecnologías de la producción, tanto en trabajos administrativos como en fábricas. Lo que se necesita hacer para compensar estas fuerzas (inversiones masivas en la cualificación de los individuos) está siendo desafiado por los más mayores (placa económica tres). Una economía global (placa económica cuatro) está embutiendo el factor de equiparación de precios en la ecuación del salario del capitalismo y obliga a los salarios a bajar. Sin un poder hegemónico (placa económica cinco) no hay una locomotora económica que arrastre el tren económico del mundo, el crecimiento se ralentiza y se crea un contexto donde los salarios pueden caer y propagar esta caída de forma generalizada.

Thurow coincide con Wallerstein en decir que el sistema no tiene recursos para paliar las contradicciones que él mismo está generando. Se prevén grandes terremotos que van a ir minando la legitimidad de todo el sistema. Pero el peligro no está tanto en que el sistema se colapse, sino en su estancamiento. Desde luego todo esto conduce al pesimismo. Vemos cómo en los últimos años las desigualdades crecen cada vez más y parece que las medidas que se intentan adoptar no establecen precisamente un orden más justo.

Es evidente que en la situación actual para crecer se necesita cada vez emplear menos trabajadores -el trabajo ya no es un elemento clave para aumentar los beneficios- y éstos ven disminuido su poder adquisitivo, por tanto ven reducida su capacidad de consumo. Esto siempre ha provocado ciclos regresivos, pero lo que ocurre ahora es que estos ciclos son cada vez más largos y más graves, por lo que la recuperación será más lenta. Por otro lado el fin del comunismo está suponiendo una oferta de mano de obra más cualificada y más barata que está creando mucha más precarización en el trabajo en los países occidentales y esto está produciendo serias alteraciones en el sistema.

Todas estas contradicciones están propagando, entre otras cosas, el caos y el desgobierno en muchos países (Latinoamérica). La clave está en ver cómo esta desgobernabilidad se puede convertir en antagonismo, cómo podría esta situación originar una oposición con ideas creadoras. Tal y como se nos presenta la realidad pueden ocurrir dos cosas: o caminamos irremediablemente hacia una situación caótica o nos encontrarnos con el nacimiento de nuevos sujetos políticos capaces de enmendar estas contradicciones.

En la actualidad el papel de los partidos políticos deja bastante que desear. Todos sabemos que las decisiones políticas están muy condicionadas por las medidas económicas, y aunque a simple vista parezca que hay una alternancia política, esto es falaz. Hay modos pero no modelos; hay cambios pero no hay alternativas.

Parece que falta una conciencia social de lo que está ocurriendo, porque si no, ¿cómo se explica la sensación de contento general de la sociedad española con el actual sistema (resultados electorales)? En EE.UU. la legitimación del sistema en las urnas puede tener una explicación y es que solamente vota un 30% de la población, que curiosamente coincide con la parte de la sociedad más beneficiada por el sistema. Pero ¿y aquí?

Quizás lo que la juventud actual está reflejando con sus actitudes, en muchos casos violentas, sea una respuesta a este sistema que no deja espacio para la libertad, la igualdad, la justicia, etc... Este ambiente nada deseable puede generar posiciones de atrincheramiento (neofeudalismo), o por otro lado, puede ser un incentivo para intentar buscar caminos políticos de transformación y compromisos con nuevas respuestas personales y colectivas.

Percibir y comprender los mecanismos y las consecuencias nefastas del sistema e incluso ver la necesidad de un modelo alternativo es un primer paso aunque no es suficiente. No podemos quedarnos en términos sólo de deseo, de exigencia ética. Si el sistema por sí mismo está creando contradicciones tan insostenibles en el tiempo que ellas mismas puedan ser generadoras de posibles alternativas, entonces tendremos que plantearnos una forma activa de generación de sujetos políticos capaces de buscar salidas.

La regulación del sistema capitalista (Novena sesión)

En esta reunión el debate empezó con el planteamiento del capítulo VIII del libro de Samir Amin: Miradas a un medio siglo. Itinerario intelectual 1945-1990 (IEPALA-CID / Plural editores, Madrid 1999), realizado por José Antonio Zamora.

El capítulo está dedicado a la teoría de la regulación, a cómo han intervenido a lo largo de la historia los poderes políticos (Estado) en la creación de mecanismos de regulación que han servido para paliar las consecuencias que el sistema capitalista ha ido generando. Una contradicción que considera el autor esencial es la que nace de la oposición capital-trabajo. De ella se deriva la tendencia a la sobreproducción y su reverso, el subconsumo, ambas realidades asociadas al desequilibrio entre el crecimiento de la productividad y el crecimiento de los salarios reales. Gracias a la innovaciones tecnológicas y a la ampliación de mercados se ha conseguido salir de las fases de recesión o estancamiento, que en realidad han sido más bien crisis de sobreproducción. Dicho de otra forma, vemos cómo el sistema por sí mismo se ve abocado al crecimiento (aumento de la productividad y por tanto aumento de la producción) lo que provoca saturación en los mercados, y esto genera fases de expansión y fases de recesión. Pero la forma más importante de regulación se deriva de la oposición centro-periferia, que es la que ha permitido mantener una distribución más o menos estable en el centro, mientras en la periferia aumentaba la desigualdad con el desarrollo.

En el capítulo se analizan detenidamente dos fases del capitalismo. La primera comprende desde la revolución industrial hasta los años 20; la segunda es el periodo fordista. El papel del Estado-Nación ha sido fundamental tanto en la 1ª etapa como en la 2ª. Son los planteamientos políticos -no sólo los económicos- los que han ayudado a regular las contradicciones del sistema, es decir, son los Estados los que han permitido al capitalismo mantenerse y no hundirse en sus propias contradicciones.

Ante esto se plantea una cuestión: ¿qué conflictos surgen con la atenuación de ciertas contradicciones? Es importante destacar el hecho de que la regulación en el centro implica el subdesarrollo de las periferias. En un primer momento el centro avanza, entre otras cosas, por el trasvase injusto de materias primas de los países de la periferia; en una segunda etapa, se sigue con el abuso anterior y además se añade el agravante del traspaso de capitales (no sólo los directos generados en el Tercer Mundo, sino también los que provienen de la deuda externa). Últimamente se suele escuchar que las periferias no constituyen un mercado esencial ni para las exportaciones de los centros ni para la inversión de sus capitales, los centros podrían arreglárselas sin las materias primas procedentes de las periferias. Esto es demagogia.

Resultan significativas las distintas concepciones de lo que se entiende por crecimiento y progreso. ¿Qué modelo de desarrollo se propone a los pueblos del Tercer Mundo? En muchos casos se está haciendo referencia a la integración de estos países en la economía del centro, pero nos olvidamos que se hace a través de formas políticas de dominación, a costa de sus recursos y de su dignidad. Incluso se puede constatar en muchos países de Latinoamérica, que se están reproduciendo los mismos modelos de los países ricos, que dentro de las periferias también hay centros.

Mientras tanto, las consecuencias nefastas del sistema capitalista las están sufriendo, sobre todo, los países del sur. Los países pobres se hunden cada vez más, pero cada vez más se justifica nuestra forma de vida. La lógica del sistema nos lleva a situaciones cuanto menos irónicas (por clasificarlas de alguna manera): por ejemplo, en los últimos años los peruanos han perdido claramente poder adquisitivo y sin embargo el Banco Mundial ha felicitado a Perú porque sus indicadores económicos habían mejorado.

Con todo ello, se pregunta el autor: ¿hasta cuando podrán mantenerse los mecanismos de regulación que siempre han existido? Se piensa que la fórmula encontrada en el sistema del Estado del Bienestar, la fórmula postbélica, ya no tiene viabilidad, por lo tanto ¿qué va a pasar a partir de ahora? Son éstas preguntas de difícil contestación.

Es muy complicado actuar en contra de los intereses de los poderosos económicamente. Los estados están muy presionados por los capitales, por las nuevas tecnologías, por el comercio mundial y por tanto presentan una gran debilidad a la hora de recuperar el control de la situación o de plantear cambios en el sistema. Los ricos van a proteger sus intereses y además tienen el poder y los medios para poder hacerlo.

¿Podemos esperar que el estado desempeñe un papel significativo dentro del capitalismo? ¿las decisiones políticas pueden cambiar el sistema? Llegados a este punto el pesimismo es general.

¿Será la presión que venga de la periferia la que provoque el cambio? Es patente que los más pobres no pueden pensar demasiado en la posibilidad del cambio porque su preocupación fundamental es cómo subsistir cada día. ¿Pueden entonces los movimientos populares del centro ser una alternativa? Nos parece que acciones como las de Seattle son necesarias, pero sería demasiado ingenuo pensar que pueden tener una eficacia política determinante. Ni siquiera desde los partidos de izquierdas o desde la propia Iglesia parece que se intente luchar eficazmente por superar la realidad. Hay como una adaptación generalizada: ya no se protesta, ni se denuncia, ni nos comprometemos, ni nos apasionamos... Desde el centro nos volvemos cada vez más espectadores, justificamos moralmente este mundo y nos adaptamos con una pasmosa facilidad.

Está claro que nos falta una clara conciencia política y social. Y aunque nos parece que estamos muy lejos de solucionar los problemas, no dejan de surgir propuestas de acción que serían muy deseables. Algunos ejemplos de estas propuestas son: la creación de una especie de Asamblea Internacional de defensores de los pueblos de toda la tierra, que pueda proteger y potenciar los intereses de todos, especialmente de los más pobres. Se ve necesaria la creación de instituciones supranacionales que sean auténticamente representativas, que estén al servicio realmente de todos los países y que puedan servir de mecanismo de control a los abusos cometidos. Un control democrático de las decisiones podrá al menos poner freno a las injusticias que se están cometiendo. Pero ¿qué posibilidades tenemos de que pueda hacerse algo así?

Junto con el autor nos inclinamos a pensar en una situación futura de cierto caos. Parece que nos encontramos ante un gran desafío que nos invita a descubrir nuevas posibilidades de transformación. Quizás sea ésta una oportunidad para la reflexión, para tomar conciencia, para crear actitudes. Quizás sea ésta una etapa de combate cultural.

Resumen realizado por: José Cervantes Gabarrón