Seminario Permanente

Economía, Ética y Teología (I)

 

El Seminario Interno del Foro "Ignacio Ellacuría" está llevando a cabo un programa de trabajo sobre la temática ECONOMÍA, ÉTICA Y TEOLOGÍA, que se desarrolla durante dos cursos hasta el año 2000. Excepto la primera sesión, que se dedicó a la discusión de los análisis de I. Zubero sobre los Nuevos Movimientos Sociales, el resto de sesiones abordaron algunos de los temas del mencionado programa. 

Movimientos Sociales y Alternativas de Sociedad (Primera sesión)

La primera sesión del seminario permanente se dedicó al estudio y debate del libro de Imanol Zubero, Movimientos Sociales y Alternativas de Sociedad (Edit. HOAC, 1996). Al contar con la presencia del autor, fue él mismo quien hizo una breve introducción.

Cuando la fuerza moral y política del proyecto socialista parece difícil de recuperar es necesario cuestionarnos sobre el nuevo sujeto histórico imprescindible para cualquier proyecto de transformación social. Y quien asuma la opción solidaria se convertirá en el nuevo sujeto histórico. Parece que hoy en día esta reivindicación cultural de la solidaridad está en la base del nacimiento y auge de los nuevos movimientos sociales.

Correspondería por tanto a los movimientos sociales convertirse en nuevos agentes transformadores, liderando la expansión de una nueva cultura y favoreciendo la participación de las gentes. Tendrían así una doble tarea fundamental, desenmascarar el intento de naturalización de la realidad a la que estamos asistiendo y descubrir nuevas posibilidades de cambio dentro de la realidad social (lo que en el libro se describe como lo inédito viable). La principal aportación de los movimientos sociales a la tarea de la transformación de la realidad social es fundamentalmente de índole cultural. En la actualidad no existe posibilidad alguna de poner en marcha una práctica emancipatoria significativa si no es sobre la base de una previa tarea de transformación cultural. Pero crear cultura no es crear teorías, sino construir realidades. Desarrollar visiones de la realidad no es edificar superestructuras ideológicas, sino preparar el terreno sobre el cual luego unos proyectos políticos y económicos puedan enraizar y otros no. Reivindicar y extender valores no es refugiarse en el moralismo, sino crear las condiciones de posibilidad de una nueva sociedad. Quien rehuya participar en el debate cultural que hoy está planteándose en nuestras sociedades estará renunciando a la posibilidad de hacer nacer una cultura alternativa de la matriz de la cultura dominante. Y sin esa cultura alternativa, todo intento de transformación social acabará por reproducir, tarde o temprano, la misma sociedad que se pretende superar. 

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A continuación, el debate se orientó a partir de unas cuestiones previas que Ramón Gil y José Antonio Zamora habían preparado. Estas son algunas cuestiones referidas al contenido del libro de Imanol Zubero y que sirvieron de base para la discusión: 

- Se habla de los movimientos sociales (MS) como potencia débil, ¿son o pueden llegar a ser realmente alternativas de sociedad? ¿Son sólo complemento de los partidos y sindicatos, cuya labor es propiciar una mejora del sistema pero sin afectar esencialmente al mismo? El autor del libro plantea la necesidad de la transformación cultural para llevar a cabo una práctica, pero deberíamos profundizar en las aportaciones de carácter prepolítico de los MS

- Resulta interesante la descripción crítica que el autor hace del modelo de desarrollo excluyente que genera vencedores y vencidos, acrecentando al mismo tiempo una atrofia moral. Señala después que podemos afrontar su solución ya que más que un problema económico o técnico es una cuestión de actitudes y de voluntad, pues en realidad sabemos lo que hay que hacer pero lo difícil es asumir los costes que supone ya que entonces nos veríamos obligados a renunciar al disfrute de algunos derechos e incluso a ir en contra de nuestros propios intereses. Pero... ¿es tan sólo cuestión de voluntad el optar por perder y por abajarse? ¿Faltan criterios orientadores? ?En qué modelos éticos podemos encontrar estos criterios? La solidaridad de los fuertes aun en contra de sus intereses, la opción por la causa de los empobrecidos, etc... son cuestiones eminentemente morales, pero ¿llegan estas cuestiones a todas las capas sociales o sólo a los pensadores o a las personas comprometidas?

- Hemos visto la inviabilidad del capitalismo como sistema mundial. Ante este panorama, la alternativa es la solidaridad de los fuertes en favor de los débiles y contra sus propios intereses. ¿Qué exigencias se desprenden desde este modelo para los MS? ¿Podríamos profundizar en su viabilidad política y en el sujeto histórico plural que encarna ese modelo? La realidad social es sobre todo construcción, pero nos quieren hacer creer que es algo ya dado. ¿Cómo pueden incidir los MS para crear mecanismos de crítica deslegitimadora del pensamiento único? ¿Cuál es la clave para discernir si un MS es o no alternativo? ¿Cuáles son las principales estrategias que utilizan los MS para ser movimientos alternativos, creadores de cultura y espacios emancipatorios? ¿Cómo son capaces de hacer aflorar lo inédito viable? ¿Cómo llevar a cabo la propuesta de "crear zonas liberadas"? ¿Cómo pueden adoptar los MS, desde esta realidad en que nos encontramos, la perspectiva de las víctimas? ¿Es posible restablecer valores comunes entre intereses contrapuestos?

- El autor dice en su libro que la reivindicación nacionalista no se incuba tanto en el virus del rechazo y la intolerancia sino en la angustia del reconocimiento. ¿Cuáles son las luces y las sombras de los nacionalismos hoy?

Si la política no es transformadora debido a una atrofia moral, ¿por qué la moral va a tener capacidad para transformar? El sistema necesita crecer para sostenerse. Una vez que pones en marcha los mecanismos de crecimiento no hay ya manera de controlarlos, lo engullen todo. Esto conducirá al colapso y al desastre. Marx creía que cuando el sistema llevara a la pauperización del proletariado éste se rebelaría. La pauperización de proletariado era pues un límite objetivo a la lógica del sistema, aunque su transformación pasara por la toma de conciencia y la organización política de la clase trabajadora. En la actualidad ese límite ha desaparecido con la fragmentación e integración de grandes capas de la clase trabajadora. Quizás sea el desastre ecológico el límite objetivo actual a la lógica depredadora del sistema capitalista. Pero a diferencia del proletariado, la naturaleza no se puede convertir en sujeto del cambio social, y cuando los sujetos sociales empiecen a vivir las consecuencias del desastre ecológico, ¿no será ya demasiado tarde?

Imanol Zubero sólo pudo debatir sobre algunos puntos de los expuestos y posicionarse ante determinadas cuestiones. A continuación se presenta una síntesis de su intervención:

Las preguntas que más nos interpelan son las mismas que se plantean cuando se aborda el tema de la transformación de la realidad, a saber, en nombre de qué actuamos, con qué recursos contamos, qué personas van a llevar a cabo la transformación y si lo que hacemos ¿es realmente transformador?

Respecto a la cuestión de si las cosas cambian fundamentalmente por necesidad, de si la realidad obliga porque se ha llegado al límite, habría que señalar que con esta apreciación estamos dando por supuesto que aún no estamos en el límite porque realmente aún no nos afecta de lleno. Pero tenemos que tener en cuenta que la necesidad es una construcción social. En cuanto al límite, estamos desde hace ya tiempo situados en él.

Es cierto que la transformación cultural no es sólo un problema de voluntad, quizás sea también que no hay motivaciones o razones suficientes para querer transformar o cuestionar. Las legitimaciones culturales en las que estamos inmersos nos llevan a no ver, a no vivir como problema la situación en la que nos encontramos. El problema es no ver el problema. Para que aparezca una nueva situación tiene que haber algo previo a la voluntad, incluso algo externo. No puede nacer de nosotros el plantearnos cuestiones que nos van a costar. Es pues el pobre, el desfavorecido, el oprimido, la única base que nos puede implicar en la acción, es el desafío moral que nos empuja a querer transformar. De alguna forma tenemos que abrirnos a la mirada del otro para que nos dé esos criterios orientadores que nos faltan. La ética del dolor de los otros, de las víctimas, es la que debe soportar la acción y reflexión de los movimientos sociales.

Además es en y desde estas condiciones actuales desde donde tenemos que empezar a transformar. No hay otras condiciones. Es cierto que los MS se pueden convertir en un subproducto de esta situación, puesto que no hay otra. Pero éste es un riesgo que tenemos que asumir permanentemente. Por otro lado vemos que el sistema va asumiendo algunas reivindicaciones y algunas propuestas de acción que les son propias a los MS Puede que esto parezca sospechoso, pero hay que pensar que los MS no agotan las reivindicaciones ni los valores que los sustentan. Si hay cosas que asume el sistema no importa, saldrán otras cosas, es el único camino que veo. Un MS es verdaderamente alternativo cuando es honrado con lo real y cuando cumple unos principios fundamentales: una actitud de permanente crítica (también consigo mismo), que plantee nuevas alternativas, que trabaje en red junto a otros movimientos, que tenga la perspectiva de las víctimas y que tenga sobre todo una cierta paciencia histórica. Pero el criterio último para ver si un movimiento es alternativo es su praxis. Sólo podremos abrirnos paso y ser alternativos con imaginación creadora.

A pesar de todo nos preocupa insistentemente la posibilidad de transformación. Vemos que los mecanismos capitalistas son casi autónomos, que la lógica económica del valor es una lógica a la que nos resulta difícil renunciar y que además está colonizando todas las sociedades. La cuestión es ¿cómo se le pone límite a esta dinámica? Si estás fuera, estás condenado, y si estás dentro, tienes que seguir contribuyendo a lo nefasto del sistema. ¿Hasta dónde los MS reflexionan sobre los límites?

Respecto al papel de la publicidad en la mercantilización de la acción solidaria, I. Zubero reconoce no tener certezas, ni fórmulas mágicas, pero sí testimonios concretos que son ejemplos de que las cosas se pueden hacer de otra manera. Podemos conseguir ejemplos cotidianos en donde vemos que una mayoría social se une para desenmascarar la realidad y además consiguen éxitos. Tenemos gente incluso cuando se actúa en contra de los propios intereses. Por lo tanto los planteamientos que hacemos no son sólo para una minoría concienciada.

Se trata de hacer lo que modestamente podamos hacer. Podemos ir creando experiencias alternativas, aunque sean muy locales y concretas, para ir abriendo paso como resistencia a la lógica dominante. Hay que confiar en la capacidad de transformación que tienen estas pequeñas cosas y acciones. Debemos poner el énfasis en lo cotidiano, en lo cercano, en lo pequeño, como ámbitos por excelencia donde poder decidir el cambio. Se trataría de aprovechar al máximo las oportunidades que tengamos: crear foros de cultura o medios de comunicación locales alternativos, etc... Todo esto es importante porque es una forma alternativa de configurar la realidad. Tenemos que incidir en las oportunidades más que en ese sentimiento tan generalizado de "no podemos hacer nada". Tiene sentido trabajar por el cambio porque las cosas pueden y deben ser distintas y porque está en nuestras manos el empezar a cambiarlas aunque sea a pequeña escala, en ámbitos cotidianos (lo que en el libro aparecen como ¿zonas liberadas?). Entre la realidad que tenemos y la utopía que queremos alcanzar hay siempre un lugar para la acción transformadora. 

Corrientes actuales de pensamiento económico (Segunda sesión) 

En esta sesión intervino José Manuel García Fernández, economista y teólogo de nuestro Foro, haciendo una exposición del tema Corrientes actuales de pensamiento económico, cuyo sumario presento a continuación y que fue desarrollado en cuatro cuestiones básicas:Los sistemas económicos, la polaridad libertad-igualdad, aproximación a la situación económica actual y modelos alternativos. 

1. Se entiende por sistema económico el modo de organizar la actividad económica. Los modelos existentes se reducen a tres grupos: capitalismo, socialismo y sistemas intermedios. Para describir cualquier sistema económico tendremos que responder a unas preguntas fundamentales: ¿Qué bienes hay que producir? ¿Cuántos? ¿Cómo? ¿Para quién se van a producir? Según sea la respuesta nos encontraremos ante un sistema u otro; si es la costumbre, estaremos ante una economía primitiva; si es la autoridad, estamos ante una economía socialista; y si es el sistema de precios, es el sistema capitalista.

El espíritu del capitalismo es el lucro, la competencia y la racionalización, mientras que en el sistema colectivista del socialismo hay un proyecto alternativo a la injusticia, a la irracionalidad y al inhumanismo del sistema capitalista. La forma del sistema capitalista se caracteriza por la propiedad privada de los medios de producción, el papel central del empresario, el trabajo como mercancia y el salario como precio, dejando al Estado un papel más o menos intervencionista según las distintas formas de capitalismo. En el colectivismo, por el contrario, la forma se define por el predominio de la propiedad pública de los medios de producción y la planificación estatal y centralizada de la producción y distribución de los bienes. El punto de coincidencia de ambos sistemas lo ofrecen las técnicas de producción en constante evolución dentro del proceso de industrialización. Ambos sistemas merecen una valoración negativa pues, en el capitalismo, el lucro es contrario a la consideración de la actividad humana como servicio, se atenta contra la dignidad del hombre al considerarlo un instrumento y a su trabajo una mercancía, y genera una desigualdad extrema entre las personas. En el colectivismo, por su parte, la planificación total de la economía ofende el respeto a la individualidad del ser humano, elimina ámbitos de su libertad y origina un Estado con excesivo poder económico y social.  

2. La polaridad Libertad - Igualdad. Cada sistema económico tiene un trasfondo ideológico de referencia. Así vemos que el liberalismo y neoliberalismo es el soporte del capitalismo y neocapitalismo; el socialismo y el marxismo sería el soporte del colectivismo. La libertad sería la opción de los primeros, y la igualdad sería la opción de los segundos. La confluencia de libertad e igualdad podría identificarse con lo que conocemos como social-democracia.

Pero ¿libertad e igualdad son incompatibles? Esta es una cuestión básica. Toda filosofía conservadora afirma tal incompatibilidad. Sin embargo, ni la política social ni las libertades han de ser monopolio de opciones políticas de un determinado signo. Por eso otro aspecto esencial es la gran relación existente entre economía y política. 

3. Haciendo una aproximación a la situación económica actual se pueden señalar algunas coordenadas que la configura.

a) La globalización de la economía.

La globalización pone en entredicho tres de los grandes mitos de la era moderna, el de la soberanía de los Estados, el mito del crecimiento continuo de las economías, y el mito del mercado como solución universal.

b) La caída del colectivismo y la desaparición de las alternativas.

c) Desigualdades mundiales y pobreza. El rostro actual de la sociedad económica es la desigualdad. El activo de las 358 personas más ricas es igual al ingreso combinado del 45% más pobre de la población mundial.

d) Crisis del Estado del Bienestar.

c) Resurgir del pensamiento liberal. El fracaso del colectivismo ha llevado a proclamar, precipitadamente, el triunfo del capitalismo.

4. Modelos alternativos. Aunque no exista una solución global, no podemos renunciar al horizonte alternativo de caminar hacia la democracia económica. Se trata de propiciar una organización económica al servicio del hombre y abierta a una democracia económica, cuyos pilares han de ser la socialización, la responsabilidad, la libertad y la solidaridad. Tales logros implican la realización estructural de objetivos como la primacía del hombre sobre las cosas, la prioridad del trabajo sobre el capital y la superación de la antinomia trabajo/capital. Son sus postulados los siguientes: la economía asentada en una planificación democrática; la presencia de todos los grupos sociales en dicha planificación; la participación del pueblo en la vida económica como sujeto y protagonista; la promoción de la dignidad humana, la libertad, igualdad y unidad; la necesidad de un referente utópico; el imperativo de la solidaridad; la resolución de los problemas desde una perspectiva mundial; la perspectiva ecológica; el desarrollo de una cultura democrática, etc... 

* * * * 

El debate posterior se centró en tres cuestiones: 

* Hay un aspecto en la valoración del capitalismo que se destaca como negativo, y es el lucro como motor decisivo de la actividad económica. ¿Se puede criticar realmente el afán de lucro? ¿Hay que trabajar sólo por altruismo? Naturalmente toda persona tiene derecho a una contraprestación por el trabajo que realiza. Cuando hablamos de ánimo de lucro nos referimos al afán de asegurarse un beneficio que no es razonable. Lo criticable es el ansia de obtener dinero por obtener dinero sin más y supeditar todo lo demás a ese objetivo. 

* Una de las causas a que se atribuye la crisis del Estado del Bienestar ha sido el crecimiento continuo del déficit público y, por tanto, el endeudamiento del Estado. Este endeudamiento se critica aduciendo que el Estado atrae el ahorro de los inversores para financiar su deuda en detrimento de las inversiones productivas en el sector privado. Sin embargo, el desacoplamiento y autonomización de los mercados financieros respecto a la economía productiva, lo que se ha dado en denominar ¿capitalismo de casino?, supone también absorción de ahorros y capital, que lejos de propiciar un crecimiento productivo, persigue fines meramente especulativos. ¿No es un engaño de la retórica neoliberal poner el grito en el cielo por la financiación de la deuda pública y cerrar los ojos antes la economía meramente especulativa de los mercados financieros? 

* Un elemento muy importante de la globalización son los mercados financieros, en donde hay una liberalización total de la entrada y salida de los movimientos de capitales, los cuales son prácticamente imposibles de controlar, ni siquiera por parte de los gobiernos. ¿Este mercado de capitales no se controla porque no se puede o porque no se quiere?

Sin lugar a dudas existen mecanismos de poder (auténticas mafias) que imposibilitan un mínimo de control. Parece que este sistema capitalista puede desafiar cualquier situación y seguir funcionando a su aire, con sus propios sistemas de ajuste.

De momento parece que, ante la inevitabilidad e irreversibilidad de esta situación, lo único que podemos hacer es "exigir" al sistema capitalista que palíe, al menos, las situaciones de injusticia y pobreza que el mismo sistema está generando.

Ahora bien, si lo que queremos es plantear alternativas y soluciones que verdaderamente posibiliten un cambio radical, necesitaremos primero levantar las bases para la construcción de una democracia real y mundial. ¿Será éste el planteamiento de un nuevo desafío? 

Aspectos Económicos del Problema del Paro (Tercera sesión) 

En la segunda sesión del Seminario Permanente contamos con la presencia del profesor de Fundamentos del Análisis Económico de la Facultad de Económicas de Murcia, Manuel Tovar Arce, que presentó, en primer lugar, el artículo de Jordi Roca Jusmet titulado ¿Reflexiones sobre el desempleo masivo: Análisis y políticas? en el cual se hace una exploración sobre algunas posibilidades de actuación para disminuir el desempleo, a saber, sobre el concepto de tasa de desempleo no aceleradora de la inflación (NAIRU), sobre el concepto de flexibilidad del mercado laboral y sobre desempleo y oferta laboral. Prosiguió haciendo una exposición sobre el abordaje económico del problema del paro, al hilo de la cual se fue abriendo el diálogo. El paro no es sólo un problema económico y por tanto no sólo es abordable desde la economía, aunque los economistas tiendan a considerar que es desde ella desde donde se puede abordar y solucionar.

Cuatro son los puntos de vista económicos más importantes en el tratamiento del paro:

1. El paro como consecuencia del funcionamiento del sistema económico.

2. El paro como consecuencia de conductas individuales.

3. El paro como consecuencia del funcionamiento de instituciones del sistema.

4. El paro como consecuencia de la confluencia de las causas indicadas.

En el mercantilismo se vincula el paro a la escasez de consumo, a la falta de demanda. Es una deficiencia del sistema económico que ha de recuperar el equilibrio. Esto último es compartido por A. Smith, quien, como se sabe, confiaba en la capacidad del propio sistema para acabar con el paro. El sistema es un mecanismo que sufre desajustes, pero que tiende a reajustarse de modo casi natural. Se producen ciclos que terminan estabilizándose por medio de un ajuste demográfico (se produce más, se distribuye más, se generan expectativas de futuro y aumenta la población, aumenta la oferta de mano de obra, descienden los salarios, baja la demanda, etc.). De todas formas, a pesar del optimismo, se reconoce que no hay garantías absolutas de que esto se vaya a cumplir. Las propuestas de solución frente a los desajustes son:

- Introducción de más libertad en los intercambios, libertad para los agentes económicos, etc.

- Actuación selectiva del Estado en algunos sectores.

- Libertad de movimiento para casi todo (capitales, mercancías, trabajadores...)

En este período (s. XVIII y XIX) no todos los economistas están de acuerdo con esta explicación. Ricardo, por ejemplo, vincula el paro también a la introducción de maquinaria en el sistema de producción. Este factor no empeoraría la situación de los propietarios de capital, pero sí se verían afectados los trabajadores. Una clase social mantendría su status y otra se vería gravemente afectada, pues la maquinaria hace que disminuya la capacidad para dar trabajo a todos los que lo demandan. Con ello aumentarían los bienes del capital y disminuirían los bienes salariales. Pero, a pesar de todo, se sigue pensando que el sistema tiene mecanismos de compensación interna. La población sobrante se desplazaría a otros sectores. Por ejemplo, los propietarios de capital demandarían mano de obra para su servicio personal.

Dentro del planteamiento sistémico hay quienes van más lejos y plantean que el paro es una necesidad para la supervivencia del sistema económico. Esta es la postura de Marx. El mecanismo de acumulación de capital conlleva un reparto desigual e injusto de los beneficios generados por el trabajo. La explotación es inherente al sistema. El desempleo es lo que garantiza que ese mecanismo funcione al desincentivar la exigencia de aumento de salario. La maximización del beneficio presiona contra dicho aumento y necesita de la existencia de una armada de reserva industrial que son los parados. Además, la lógica interna del capitalismo conlleva la existencia del paro, pues su objetivo es generar bienes de capital y acumularlos, pero no tanto bienes salariales. El capitalismo es poco receptivo a las necesidades básicas de supervivencia.

La posición de los economistas del s. XIX y el s. XX -Marginalismo o Escuela Neoclásica- es acentuar el papel de las conductas individuales en los resultados globales del sistema económico.

Si la postura clásica decía que el valor de las cosas está en función del coste de producción, ahora toda la realidad económica se intenta explicar desde las conductas individuales, es decir, el valor de las cosas sería una apreciación radicalmente subjetiva, las cosas valen lo que cada uno quiere que valgan, según la utilidad que personalmente le aportan.

Entonces surgió la siguiente cuestión en el debate: Marx dice que los beneficios se incrementan bajando los salarios, pero no se tiene en cuenta un factor cultural, por llamarlo de alguna manera, que hace que un producto obtenga más beneficios en el mercado si inducimos a su consumo ¿Se puede hablar entonces de un precio abultado por sobrevaloración cultural propia o inducida?

El profesor Tovar piensa que esto puede ocurrir realmente, pero se regularía entrando en juego la competencia y, por consiguiente, el producto bajaría de precio. Si se deja actuar libremente a los mecanismos del mercado y no se perturban con injerencias institucionales, si se deja plena libertad a los productores y a los consumidores, el sistema del mercado alcanzaría por sí mismo el equilibrio.

Este planteamiento fue abiertamente contestado pues aparece como una cierta contradicción al poner el énfasis en las conductas individuales y confiar plenamente en que el sistema se autorregula y funciona automáticamente. Si el sistema se autorregula verdaderamente, lo ha de hacer intervenga quien intervenga. Los defensores de esta postura tienen que explicar qué diferencia a la intervención de unos agentes de otros, para considerar a la primera ¿natural? o ¿libre? y a la segunda ¿perturbadora?.

En su respuesta el profesor Tovar utiliza el símil de la naturaleza (ecología). El sistema se autorregula, pero no tiene que hacerlo necesariamente. Se puede perturbar ese proceso. Los economistas dicen que quienes intervienen en esos mecanismos automáticos entorpecen su funcionamiento y para restablecer el mecanismo sería necesario impedir esta intervención.

Pero, de todos modos, -se replicaba de nuevo- el mismo concepto de ¿equilibrio natural? es bastante problemático. Hay que definir previamente qué es el orden natural, y entraríamos así en el ámbito de la metafísica. Se presenta además otra contradicción cuando se afirma que para poner en igualdad de condiciones a las partes que actúan en el mercado es necesaria la intervención, y paradójicamente se está exigiendo la no intervención.

La respuesta de Tovar fue afirmativa. Incluso algunos economistas defienden que, ya que es imposible la inexistencia de monopolios, éstos estén en manos del Estado, p.ej., todo lo que se refiere a servicios públicos. Según estos economistas, el sistema está en condiciones de asegurar el pleno empleo si se desregula completamente el mercado de trabajo. Existe un nivel de retribuciones que permitiría emplear a todos los que demandan trabajo. Si suben las exigencias salariales, aumenta el índice de paro. El sistema garantiza empleo para todos, pero no garantiza que esto se pueda hacer con un salario que permita vivir a todos.

Pero la caída de los salarios ¿no plantearía además el problema de la caída del índice de productividad? Basta mirar los países más pobres del mundo. Cuanto más barata es la mano de obra, menos necesario es aumentar la productividad, es decir, el rendimiento por unidad de trabajo, ya que los medios técnicos necesarios para ello son más caros que la mano de obra disponible a saldo. Realizar una liberalización absoluta del mercado de trabajo no sólo afectaría negativamente a los trabajadores, sino al sistema económico en su conjunto.

El paro se genera porque los individuos se organizan de determinadas maneras y estas formas de organización perturban los mecanismos de ajuste del sistema. La responsabilidad se traslada aquí a las instituciones (sindicatos, Estado, etc.). Este análisis es más potente que los anteriores a la hora de hacer recomendaciones de política económica. Las tasas de desempleo altas recaen sobre todo en los sindicatos. Lo que los sindicatos consiguen con el aumento de salarios es un aumento de la inflación y del mismo paro. La pregunta que cabría hacerse es si no se podría aceptar tener más inflación (precios más altos) a cambio de tener manos paro.

Hasta ahora el análisis del desempleo recaía en la demanda, pero se empieza a dar importancia a la oferta como elemento de análisis. El Estado (un solo agente social) tiene capacidad de decidir sobre el 50% del gasto total de un país. Si el paro es sólo un problema de demanda, aquí estaría el agente que podría decidir. Después de la Segunda Guerra Mundial se aplicaron políticas de gasto público y de incentivación del consumo interno y se aumentó extraordinariamente el empleo. Pero no siempre los problemas son de demanda. Hay otros problemas que son más estructurales, como por ejemplo, el de la introducción de la maquinaria que ha reducido la necesidad de mano de obra en sectores como el agrícola (extraordinariamente) y el industrial (considerablemente). En los últimos veinte años la economía española ha sufrido estos cambios estructurales. El desempleo en los sectores mencionados y el aumento de la población activa no han podido ser completamente compensados por la creación de empleo en el sector de más crecimiento de empleo, el sector servicios. ¿Se puede producir en el futuro el mismo proceso en el sector servicios por la introducción de la informática?

La mayoría de políticas actuales se sitúan en la parte de la oferta (flexibilizar el empleo, invertir en los que ofrecen el trabajo facilitándoles las cosas, etc.). También se habla de nuevos yacimientos de empleo, por ejemplo, en el ámbito de la ecología, donde no sólo se contribuye a disminuir el paro, sino que se consiguen beneficios evidentes para la sociedad a largo plazo.

Las recomendaciones de la UE son:

- que el Estado se comprometa más activamente en la generación de empleo,

- que no baje la guardia en las políticas sociales, y

- que atienda a la conveniencia de repartir el tiempo de trabajo.

No sólo con políticas dirigidas a la demanda o a la oferta podremos solucionar el desempleo. Ciertamente tendremos que trabajar menos para trabajar todos. 

El reparto del trabajo (Cuarta sesión)

En la tercera reunión del Seminario se debatió sobre el tema El reparto del trabajo. En la convocatoria de la reunión se había entregado un dossier de documentación preparado por diversos miembros del Seminario permanente en el que se ofrecían amplios resúmenes de diversas publicaciones, algunas de las cuales presento sumariamente a continuación.

Guy Aznar: Trabajar menos para trabajar todos. 20 propuestas. Madrid: HOAC 1994, 357 pág.

El paro se ha convertido en un problema abrumador de dimensiones extraordinarias. Los cambios tecnológicos y la racionalización del trabajo permiten unos crecimientos de la productividad (con su correspondiente descenso de la fuerza de trabajo necesaria), que ningún crecimiento económico es capaz de compensar. Es más, ni sería deseable que fuera capaz si tenemos en cuenta los límites ecológicos del crecimiento. No cabe pues enfrentarse al problema del paro sin hacerse cargo de las dimensiones reales del mismo y sin concitar todas las fuerzas sociales hacia la consecución de un objetivo común. Necesitamos inventar otro sistema repartidor del trabajo, otro sistema para distribuir los ingresos. Para ello hay que disociar claramente la redistribución de las riquezas y la del tiempo necesario para fabricarlas. En el libro se presentan varias estrategias básicas con 20 propuestas muy concretas:

Estrategia 1. Reducir el tiempo de trabajo sin reducir salarios

Propuesta 1: Objetivo: treinta y cinco horas ya, y dentro de poco treinta y dos

Propuesta 2: El fin de semana de tres días

Propuesta 3: Un cuarto turno para disminuir el trabajo de noche.

Estrategia 2. El reparto del paro: disminución de las horas de trabajo con disminución de salario en una situación excepcional de crisis, con el fin de evitar despidos de otros asalariados de la misma empresa.

Propuesta 4: Cuando los asalariados aceptan educir sus salarios para evitar despidos, la sociedad comparte su esfuerzo y compensa el 50 por ciento de sus pérdidas con una segunda nómina. En caso de ¿vuelta a la normalidad?, la empresa reembolsa estas pérdidas

Estrategia 3. Elegir trabajar menos y ganar menos: el tiempo parcial ¿a la carta?. Disminución del tiempo de trabajo con una reducción de salario, compensada parcialmente, permitida a un cierto número de personas, libre y voluntariamente, bajo formas muy variadas.

Propuesta 5: La media jornada clásica

Propuesta 6: La media jornada para encargarse de los hijos

Propuesta 7: La media jornada para cuidar un familiar

Propuesta 8: La media jornada previa a la jubilación

Propuesta 9: La media jornada para aumentar la cualificación profesional

Propuesta 10: La media jornada de inserción

Propuesta 11: Un funcionario de cada cuatro en tiempo compartido

Propuesta 12: El año sabático

Propuesta 13: Los permisos para formación

Propuesta 14: La gestión de las sustituciones

Estrategia 4. Todos los jóvenes a media jornada

Propuesta 15: Alternar trabajo y formación profesional

Propuesta 16: Un servicio civil para todos

Estrategia 5. Acabar con el paro de larga duración

Propuesta 17: La nuevas sociedades de inserción (por iniciativa del sector público, de los comités de empresa, de las asociaciones)

Estrategia 6. Crear puestos de trabajo

Propuesta 18: Luchar contra las destrucciones excesivas de puestos de trabajo

1) Las grandes superficies comerciales: 100.000 puestos de trabajo amenazados

2) La automatización/autoservicio en la gasolineras

3) Traslado por teletrabajo: el mercado internacional de procesamiento de datos.

Propuesta 19: Incitar a las empresas a la contratación

Favorecer la redistribución interna del empleo

Desarrollar estrategias de innovación en el empleo

Propuesta 20: Penalizar las horas extraordinarias

Con estos planteamientos la organización de la sociedad industrial se basa en una distinción nítida entre el tiempo de trabajo, integrado en el orden del sistema, ligado a una remuneración, y el tiempo del no-trabajo que debe estar disociado del dinero. Según esto se esboza una sociedad de tres ingresos:

- el salario, distribuido de forma directa como estamos acostumbrados

- el segundo cheque, que redistribuye globalmente la productividad

- los ingresos por la actividad autónoma, ya se trate de una actividad hecha para sí mismo, autoproducida, o de una actividad intercambiada en una nueva red de relaciones económicas.

 

David Anisi: « La reducción de la jornada de trabajo», en Iglesia Viva, 193 (1998) 79-93.

En este artículo se aborda la reducción de la jornada de trabajo como una tendencia histórica de nuestras sociedades occidentales. Pero a pesar de las formas realistas en que tal reducción se plantea piensa el autor que no contribuirán significativamente a la solución del problema del desempleo. En qué medida la reducción de la jornada puede sustituir al desempleo como solución al problema dependerá de cómo se presente tal reducción. Y, dada la correlación de fuerzas existente, esa reducción no podrá ser causante de inflación ni podrá redistribuir, en la actualidad, la renta a favor de los salarios reduciéndose así el tipo de beneficio. En definitiva, no le resultan convincentes ninguna de las tres propuestas que analiza, ni la de ganar menos para trabajar todos, ni la de cotizar menos para trabajar todos (Rocard), ni la de trabajar menos para trabajar todos (Guy Aznar). El gran problema radica más bien, según Anisi, en la distribución de lo producido; la forma en que los individuos esgrimen su derecho a participar de la riqueza social. Quizá se trate de escuchar nuevas ideas dentro de las cuales el desempleo no esté vinculado a la pobreza, la marginación, la exclusión y el desprecio social. El pleno empleo es la piedra angular que sustenta nuestro Estado de Bienestar y nuestra democracia; y ese pleno empleo es imposible si seguimos con las políticas de flexibilización del mercado de trabajo, políticas "activas" de empleo o recursos a la reducción de la jornada de trabajo.

Juan Francisco Jimeno Serrano, «El reparto del trabajo: ¿Para qué y por qué?», en Iglesia Viva, 193 (1998) 94-106.

Este autor critica la reducción de la jornada normal de trabajo a 35 horas semanales, por considerarla una medida eminentemente política con escaso fundamento en una teoría económica y concluye augurando medidas reales que favorezcan a los colectivos con menores posibilidades de encontrar empleo, pero sin indicar ninguna.

Dolors Comas D´Argemir: Trabajo, género y cultura. La construcción de desigualdades entre hombres y mujeres. Barcelona: Icaria, 1995.

Este libro aborda el problema del trabajo desde el campo de la antropología social. No ofrece propuestas concretas sino pautas de reflexión ante una situación de crisis y cambio. La autora realiza una deconstrucción de la categoría de género, de la noción de diferencia como desigualdad y del concepto de trabajo como empleo, poniendo de manifiesto su carácter de construcciones sociales (no universales y, por tanto, susceptibles de transformación).

Pero la noción de trabajo como empleo -una construcción social, propia de la cultura occidental y de la lógica nacida con la revolución industrial- ha entrado en crisis en este final de siglo, y una de sus consecuencias ha sido que los trabajos que hasta ahora no entraban dentro del empleo -en su mayoría desempeñados por mujeres- comienzan a tomar protagonismo y se convierten en referencia para hablar del trabajo del futuro.

Francisco Fernández Fernández: «El reparto del tiempo de trabajo en una sociedad postmoderna: reflexiones desde la teoría sociológica», en Emilio Alvarado Pérez y otros. Retos del Estado del Bienestar en España a finales de los noventa. Edt. Tecnos, Madrid, 1998, pp. 166-181.

Hasta ahora se han ido analizando las organizaciones económicas de la sociedad moderna desde el punto de vista de la gestión económica dominante (la taylorista y fordista), pero podemos encontrar nuevas formas de organización de la producción que parecen delinearse como alternativas a las anteriores. La gestión económica basada en los recursos humanos pone especial énfasis en unas cuestiones que pueden ser consideradas como anticipo de posibles formas de gestión aún por venir. Se subraya la consideración de la fuerza de trabajo entendida no sólo como un recurso productivo sino como una "entidad" a la que hay que dotar de sentido desde la propia organización y proveer de una libertad de acción productiva ensamblada con los objetivos de los individuos que la componen. Si esto es así, el tiempo de trabajo sería una variable dependiente de la interiorización de la cultura particular y de la estructura de valores que desarrolle cada una de las organizaciones económicas.

Jorge Riechmann - Albert Recio: Quien parte y reparte... El debate sobre la reducción del tiempo de trabajo, Icaria, Barcelona, 1997, 136 páginas.

Los autores exponen los argumentos que sustentan una apuesta decidida por la reducción de la jornada laboral sin reducción de salario, justificable por razones de equidad para todos: para quienes tienen empleo, que de esta manera dispondrán de más tiempo para el ocio creativo y la participación política, y para quienes aún no tienen empleo, que pueden llegar a tenerlo si se adoptan diversas medidas entre las cuales la reducción de la jornada laboral es sólo una más, aunque imprescindible.

El libro aborda la cuestión del reparto del empleo y las condiciones necesarias para llegar a una situación de pleno empleo compatible con las exigencias de justicia mundial y sustentabilidad ecológica. De las principales tesis del libro destacamos las siguientes:

* La reducción del tiempo de trabajo no tiene automáticamente efectos positivos sobre el empleo. Depende de las modalidades de la reducción y de las políticas de acompañamiento.

* El paro es una calamidad social evitable, el resultado de lo que se hizo y se dejó de hacer en el terreno de las políticas económicas y sociales.

* Podemos acabar con el paro masivo a condición de convertir este objetivo en una meta de la sociedad entera y si estamos dispuestos a cambiar de políticas económicas y sociales.

* Hay que actuar en varios frentes a la vez: reducción de la jornada, derechos sociales a la autogestión del tiempo de trabajo, políticas activas de empleo, nuevos sistemas de recalificación profesional y formación continuada, creación de un tercer sector de utilidad social.

* La duración del tiempo de trabajo es una cuestión con autonomía propia que hay que vincular con el tiempo para vivir y con la abolición de la división sexual del trabajo, desligándola de la cuestión del paro masivo.

 J. Riechmann, - F. Fernández Buey, Trabajar sin destruir. Trabajadores, sindicato y ecologismo, Ediciones HOAC, Madrid, 1998, Cap. VIII: Empleo en la transición hacia una sociedad sustentable: posibilidades y límites, pp. 217-259.

Frente a la afirmación generalizada de que ¿sólo el crecimiento económico puede generar empleo?, la realidad es que en la configuración actual de la economía capitalista mundial, más crecimiento del PNB no significa necesariamente generación de empleo. El crecimiento capitalista actual se basa en la creciente informatización, automatización y robotización de las empresas, en orden a una mayor productividad, pero con una pérdida de empleo bajo las relaciones sociales que hoy existen. Pero la tecnología no tiene por qué generar paro necesariamente, porque eso depende sobre todo de las relaciones sociales de la economía. Y la realidad es que la economía capitalista mundial consigue cotas cada vez más altas de paro no coyuntural sino estructural.

Por otra parte, la crisis ecológica nos obliga a iniciar la transición hacia una sociedad ecológicamente sustentable, y esto implica grandes cambios estructurales en la economía. Para ello es necesario una clara voluntad política y una bien meditada intervención pública con el fin de que la ecologización de la economía no redunde en perjuicio de muchos trabajadores y trabajadoras, lo cual se ha de traducir en políticas regionales de revitalización de áreas deprimidas, políticas de formación y recualificación profesional, programas públicos de inversión en sectores poco atractivo para la iniciativa privada, ayudas para las empresas y un marco general adecuado. Acabar con el desempleo depende mucho más de las relaciones sociales que de las tecnologías aplicadas.

M. Salce Elvira: «La política de empleo en el estado del bienestar», en: Emilio Alvarado Pérez y otros. Retos del Estado del Bienestar en España a finales de los noventa. Edt. Tecnos, Madrid, 1998, pp.182-194.

En el contexto de la Unión Europea y con la apuesta por la moneda única en 1.998, los gobiernos europeos se ven obligados a ejecutar una política económica recesiva, con reducciones muy acusadas del gasto público, lo cual supone un claro ataque a los derechos sociales. Se pone así en cuestión el "Modelo Social Europeo", que proclama la necesidad de enfatizar el lado social de la política europea, dando respuesta a los problemas que de verdad preocupan: el empleo, derechos sociales, defensa del medio ambiente, lucha contra la discriminación, etc...

La cuestión es si es posible el pleno empleo para todos con nuestro actual modelo de desarrollo y si se puede hablar de sociedad del bienestar cuando un tercio de la población activa no tiene trabajo. Esto significa revisar la base ideológica, la mentalidad del actual modelo basado estrictamente en el crecimiento económico, y proponer y defender nuevas pautas, creencias y valores donde tengan verdadera importancia la integración, la cooperación, la solidaridad, la autonomía, la conservación, etc... Hemos de plantearnos si apostamos por la solidaridad real o por la desigualdad, si reivindicamos una Europa cohesionada, que opte por una política económica, tecnológica, de investigación y de empleo basada en el diálogo y la participación o queremos una Europa en la que se diera una profunda dualización y segmentación del mercado laboral. Tendremos que plantearnos temas tan importantes como la reorganización del tiempo de trabajo, el tiempo que dedicamos a trabajar, el reparto de las rentas generadas, la nueva consideración del valor trabajo, e incluso deberíamos incluir en todo debate al llamado Tercer Mundo, pues no podemos pensar en construir el bienestar de una parte de la población trabajadora sobre la explotación de la otra.

La reducción del tiempo de trabajo es imprescindible, entre otras razones, por el aumento de la productividad fruto de la aplicación de nuevas tecnologías que reducen el número de puestos de trabajo necesarios. Es conveniente un nuevo modelo de formación de los trabajadores acerca de las nuevas tecnologías, una política concertada de creación del empleo sobre la base de un crecimiento sostenido que potencie el trabajo en sectores de alto contenido social (educación, actividades sociales y culturales, tiempo libre), una nueva concepción del valor del trabajo (toda actividad humana que tiene utilidad social) y la reducción del tiempo dedicado a la actividad laboral.

Lucia Stanko - Jürgen Ritsert: «Zeit» als Kategorie der Sozialwissenschaften: eine Einführung. (El«tiempo» como categoría de las ciencias sociales: una introducción). Münster: Westfälisches Dampfboot 1994, Cap. 6, pp. 185-213.

El capítulo 6º titulado "Tiempo de trabajo y política" expone cómo el sistema económico produce una riqueza creciente con una cantidad decreciente de trabajo, pero impide que el trabajo sea repartido de tal manera que todo el mundo pueda trabajar menos y mejor sin pérdidas económicas. La mayoría de puestos de trabajo de jornada completa están ocupados por hombres y la mayor parte de trabajos a tiempo parcial por mujeres. Los despidos masivos en los años 70 y 80 muestran que si los índices de crecimiento de la productividad del trabajo se encuentran por encima de los del crecimiento de la economía el aumento de paro resulta inevitable bajo las condiciones económicas y políticas existentes. El paro masivo es la forma de llevar a cabo la reducción del tiempo de trabajo específica del capital.

Una nueva política del tiempo de trabajo, que mereciera ese nombre verdaderamente, habría de intentar una flexibilización de la relación entre el tiempo de trabajo y el tiempo vital a favor de este último. A pesar de la autonomía de los convenios es imposible discutir sobre el tiempo de trabajo independientemente del marco de condiciones institucionales, especialmente de condiciones políticas. No existe en ninguna parte una limitación legal de las horas extraordinarias, aunque los sindicatos intenten siempre una restricción de las mismas.

* * * *

Desarrollo de la reunión:

Al comenzar la sesión se plantearon algunas cuestiones sobre las que se centró el debate: 1. En primer lugar ¿Cómo podríamos calificar el problema del paro? ¿es un problema coyuntural, estructural o civilizatorio?. ¿Se consideran, a la hora de afrontar el problema del paro, coordenadas globales (ecología - justicia - trabajo) o solamente económicas?

La falta de trabajo no es un problema solamente estructural, sino más bien civilizatorio, por tanto su solución pasaría por una reestructuración de la sociedad. Esto supondría replantearse todos los esquemas sociales que el mercado ha creado, es decir, deberíamos revisar la base ideológica, la mentalidad que el actual modelo de crecimiento económico nos ha hecho asumir. Hemos entronizado tanto la economía que se ha convertido en un recurso ideológico que puede impedir la correcta comprensión de las distintas dimensiones del problema.

El reparto del trabajo no es una variable dependiente sólo de la economía de mercado o de regularizaciones administrativas, sino también de la interiorización de una cultura particular y de una estructura de valores determinada. Tendremos que cambiar de mentalidad, de hábitos, de formas de vivir, para poder redefinir el mundo laboral.

Es un hecho que el sistema económico actual está construyendo un mundo cada vez más dual, dividido entre los que tienen y los que no. Este dualismo parece que debemos aceptarlo como un mal menor y aprender a vivir con él de una manera más o menos resignada. No es extraño encontrarnos con la opinión generalizada de que una tasa de paro determinada resulta inevitable para poder ser competentes y poder mantener el sistema. Pero vemos necesario un cambio de mentalidad para que cualquier propuesta de solución a esta injusticia distributiva sea realizable, aunque nos da la sensación de que entramos en un círculo vicioso, pues el cambio cultural o de mentalidad viene cuando las estructuras han cambiado, y viceversa.

2. - En segundo lugar es importante redefinir el término "trabajo". Existe toda una tradición negativa del concepto de trabajo, que nos recuerda que la remuneración económica que se recibe es la compensación por el "sufrimiento" que conlleva el hecho de trabajar. Pero no podemos entender el trabajo sólo en términos económicos como lo entiende el mercado. El trabajo es algo que dignifica al ser humano, es una forma de realización. Así el derecho al trabajo se reivindica no sólo desde la necesidad de obtener los medios económicos necesarios, sino también desde el derecho a realizar un proyecto de vida digno. Sería injusto identificar empleo sólo con trabajo asalariado, pues estamos excluyendo trabajos que son "productivos" socialmente y por los que no se recibe ninguna remuneración (trabajos en el hogar, actividades asistenciales, de voluntariado, etc...). Todos, pero particularmente las personas que emplean su tiempo en este tipo de actividades imprescindibles para la sociedad, deben de ser conscientes de su valor y de su utilidad social.

3. - Finalmente se discutieron algunas propuestas de redistribución del tiempo de trabajo que aparecen en algunas de las publicaciones resumidas anteriormente

Muchas de las propuestas presentadas parecen viables, incluso demuestran que se puede mantener el nivel alcanzado trabajando, por ejemplo, a tiempo parcial. El Estado podría hacerse cargo de una parte del salario del trabajador con jornada reducida (2? nómina), distribuyendo mejor los fondos públicos (ver esquema en el resumen de Trabajar menos para trabajar todos. 20 propuestas. Guy Aznar). Pero esto ¿no supondría añadir un peso más al Estado del Bienestar? ¿no tendría que haber una globalización también en la fiscalidad, la justicia, etc... para que los recursos existentes estuviesen disponibles para todos? Nos encontramos, por ejemplo, que tendríamos que distinguir los tipos de trabajos que se pueden distribuir, pues hay algunos "penosos" que nadie querría compartir, y están también los trabajos muy cualificados, que serían difíciles de asignar.

Habría que ir a un planteamiento combinado entre Estado y Mercado. Tendremos que repartir el trabajo que oferte el Mercado y a la vez que el Estado oferte también empleo (socialmente productivo) en los mismos términos que el anterior. El trabajador que no pueda ser empleado por la empresa privada que pase a trabajar en la empresa pública, pero regulando y manteniendo unos criterios de exigencia parecidos a los que utiliza la anterior (problema del funcionariado)

Independientemente de la cuestión de cómo repartir el trabajo para evitar el dualismo existente, hay que tener en cuenta dos cuestiones fundamentales: la repercusión ecológica del sistema y la injusticia que éste genera. O aceptamos a escala mundial el dualismo existente y planteamos un modelo particular de desarrollo para los países subdesarrollados, o vamos a un reparto más igualitario y universalizable y entonces nos veríamos obligados a bajar los niveles de productividad, disminuir el crecimiento, para dar solución a la crisis ecológica y al tema del Tercer Mundo. 

El Paro: diagnóstico y soluciones (Quinta sesión)

En la siguiente reunión pudimos contar con la presencia de Tomás Zamora Ros (presidente de la CROEM) y Jesús Salmerón y Pedro Martos representantes de Pro-Empleo (Cooperativa de trabajo asociado: impulsa proyectos generadores de empleo y dedica espacios para la reflexión y el debate). Lamentamos la ausencia por enfermedad de Víctor Meseguer (Secretario General de UGT-Murcia), quien estaba previsto que asistiera. Para facilitar el diálogo se les envió el Dossier con los materiales que se han ido elaborando para las sesiones anteriores y con una serie de cuestiones para discutir con ellos. En ellas se planteaban:

 1º. Las dimensiones del problema del paro: ¿coyuntural, estructural o civilizatorio?

2º. La globalización de la economía como marco del problema

3º. Los objetivos de la lucha contra el paro: ¿Es el pleno empleo un objetivo político y/o económico deseable y alcanzable?

4º. El análisis y valoración de las posibles soluciones:

- Mercado laboral y ¿flexibilidad?

- Moderación salarial

- El Estado como generador de empleo y regulador de la economía

- Primas fiscales e inversión privada productiva

- Redistribución del trabajo

5º. Empleo, paro y género: ¿Qué transformaciones son necesarias en el mercado para superar las discriminaciones de género?

* * *

Desarrollo de la sesión:

Como ya tratamos en la sesión anterior, una cuestión importante a la hora de enfrentarse al problema del paro es delimitar sus dimensiones, ya que de ello dependerá el tipo de soluciones que se planteen. ¿Nos encontramos ante un problema coyuntural, estructural o civilizatorio? He aquí algunos datos para la reflexión aportados por Tomás Zamora (CROEM) 

* Las estrategias de solución del problema dependen del encuadre que hagamos del problema, sabiendo, además, que nuestro mundo está cada vez más unificado. El mercado, los capitales, las comunicaciones, el consumo..., han hecho que los niveles globales y los más locales estén irremediablemente interrelacionados. Si cualquier tipo de solución pasa, por ejemplo, por un pacto social, deberíamos tomar posiciones desde una perspectiva integradora. No podemos negarnos a tener en cuenta una visión global del problema.

* Desde el punto de vista empresarial se exige un compromiso social a todos los niveles. Es muy frecuente recargar las responsabilidades sobre el empresario cuando es éste el que soporta la inestabilidad y los riesgos del sistema. Cuando se habla de precarización del trabajo no se tiene suficientemente en cuenta la parte de riesgo que asume el empresario cuando oferta contratos estables a los trabajadores, no sólo porque no todos los trabajadores asumen la responsabilidad de un trabajo bien hecho, sino también porque las circunstancias del mercado son imposibles de prever.

Desde otro punto de vista se piensa que con la "flexibilización" del empleo nos introducimos de lleno en el tema de los contratos precarios, inseguros, que se utilizan frecuentemente para obtener beneficios, por parte del capital, de forma totalmente injusta. En cualquier caso parece que desde el mundo empresarial se está intentando un cambio cultural. Se cree que hay que empezar a incluir aspectos correctores para que no sean únicamente las fuerzas económicas las que marquen las reglas del juego. 

* Hay un sector que afirma que sólo el crecimiento económico podrá solucionar el problema del paro. Es esta una visión sesgada y simplificadora del problema, pues se ha demostrado que el crecimiento del PIB no genera empleo obligatoriamente. Quizás esto sea, entre otras causas, porque existen claros límites estructurales para la aceptación de una repartición equitativa de las ganancias de la productividad. El paro no es una mera anécdota; tal y como están las cosas parece que es casi una "necesidad" del propio sistema. Quizás esto sea una afirmación algo extrema, pero desde luego, sí que se trata de una consecuencia y un reflejo del modelo de desarrollo en que todos estamos inmersos. 

* Es una realidad que con el avance de las nuevas tecnologías ha disminuido considerablemente el tiempo de trabajo necesario. Los soportes técnicos introducidos en los tres sectores más importantes (agricultura, industria y servicios) han hecho reemplazable la actividad humana, y ésta se ha visto evaluada en términos de costos y beneficios. Aunque no podemos deducir que la introducción de nuevas tecnologías sea la responsable del desempleo, es bien cierto que una consecuencia de este fenómeno ha sido la liberación de mucho trabajo en los sectores más tradicionales.  

* En la actualidad están surgiendo numerosas actividades vinculadas a servicios sociales y personales. Hasta ahora, estas actividades están siendo realizadas mayoritariamente por voluntarios. Con la actual crisis del empleo, se podría pensar que estas ocupaciones las realizaran trabajadores remunerados, utilizando, por ejemplo, los recursos que el Estado dedica actualmente a subsidios de desempleo. Desde luego esto no sustituiría en ningún caso aquellas tareas en que solamente la acción voluntaria tiene sentido. La gratuidad no es una categoría que pueda comprarse. Pero, si la lógica que se sigue actualmente es la de intentar poner límites al Estado del Bienestar, ¿no estamos ante una contradicción? Si lo principal es el trabajo productivo ¿son entonces estas actividades productivas en términos de mercado? 

* El modelo de desarrollo industrial es cuestionable desde muchos puntos de vista. Uno de ellos sería el tema de la competitividad basada en el único criterio del beneficio económico. Lo que realmente importa es poder ser competitivos en el mercado, lo cual lleva inevitablemente a la crisis a muchas empresas (sobre todo las más pequeñas) que tienen que cerrar porque no pueden sobrevivir, y esto automáticamente se traduce en cargas sociales. ¿Es ésta la mejor forma de organizar el sistema? ¿es la más racional? 

* Hay un factor que tenemos que introducir obligatoriamente: el tema del desarrollo sostenible en el plano medioambiental. El tema ecológico nunca entra en el cálculo empresarial, donde lo que importa es ganar ahora, independientemente de cómo se haga y de las consecuencias que produzca. Es más, nos encontramos ante la realidad de que las empresas que quieren tener en cuenta determinados factores ecológicos y hacer uso de tecnologías menos contaminantes, no pueden mantener sus criterios por la competitividad del mercado. 

Aunque las circunstancias actuales no nos permiten vislumbrar un panorama muy optimista, esto no quiere decir que no existan caminos que posibiliten la mejora de algunas situaciones. Con nuestra reflexión y experiencia podemos aproximarnos a esta dura realidad e introducir algunos apuntes de solución: 

- Descartar como alternativa la idea de que el crecimiento económico, por sí solo, resolverá el problema del paro, y tampoco que lo hará la flexibilización del mercado laboral.

- Promover con ahínco una acción en torno a la generación de empleo y no sólo centrarnos en el reparto del trabajo. Los servicios sociales, la recuperación del medio ambiente y el espacio ocio-tiempo libre, pueden ser tres grandes yacimientos creadores de empleo.

- Combinar la generación de empleo público con empleo privado. Realizar una especie de "auditoría general" a nivel de empleo público y exigir niveles de funcionamiento parecidos a los de la empresa privada, con el fin de ser más productivos en estos campos.

- Anteponer en el primer plano las preferencias de la perspectiva ecológica.

- Presentar nuevas fórmulas de redistribución del trabajo: la media jornada, la opción de menos ingresos a cambio de más tiempo, la idea de una "segunda nómina", etc... El pleno empleo es una falacia, por lo que tendremos que empezar a hablar de redistribuir el trabajo de otra manera. El trabajo a tiempo parcial puede ser una nueva estrategia de solución. Se trataría de tener la flexibilidad de poder elegir trabajar menos (media jornada) y dedicar el tiempo que nos queda a otras actividades.

- La reducción de la jornada laboral a 35 horas, por sí sola, no es una solución. Habría que combinarla con otros planteamientos más globales.

- Revisar y equilibrar los salarios demasiado altos.

- Exigir un funcionamiento óptimo de las políticas públicas con respecto a los desempleados. - Hay que empezar a desechar la lógica, muy arraigada socialmente, de que el Estado es el que se encarga de todo y el que tiene que resolverlo todo.

- Establecer un nuevo modelo de desarrollo basado en una economía más solidaria y ecológica. Modelos más descentralizados, más locales, más endógenos.

- Interiorización de una nueva cultura en la que el trabajador se implique en la entidad empresarial y se considere parte importante de la organización económica.

- Plantear desde distintos estamentos un debate social sobre el reparto del tiempo de trabajo y las condiciones necesarias para llegar a una situación de justicia mundial.

- Plantear cualquier solución a niveles globales donde se puedan llegar a acuerdos o políticas compartidas.

- Desechar el imperativo de la competitividad que se ha impuesto a todos los niveles. ¿Por qué se ha convertido la competitividad en un principio aceptado por todos? ¿Por qué no pasar de una dinámica de competencia (que sólo beneficia a las grandes empresas) a una dinámica de cooperación? Tendremos que empezar a pensar con una nueva lógica.

El problema del paro se sitúa en niveles estructurales y globales. Harán falta grandes dosis de generosidad por parte de los países ricos hacia los países más pobres, para ayudar a encontrar soluciones que permitan una coexistencia justa. Es momento de que toda la sociedad tome conciencia de nuestra condición de comunidad mundial si queremos presentar cualquier propuesta de solución real. La solidaridad se convierte así en un imperativo. 

El Estado del Bienestar (Sexta sesión) 

Juan Carlos García y Evaristo León expusieron algunas perspectivas sobre el tema del Estado del Bienestar y sus reflexiones sobre los trabajos de distintos autores, los cuales sirvieron de base para el diálogo posterior.

El Estado del Bienestar (EB) ha representado una gran revolución social, pues su realización ha dado origen a unos principios y unas prácticas, que aunque consideradas por algunos como poco realistas, responden al intento de alcanzar cotas de justicia social: el pleno empleo, igualdad de oportunidades, redistribución de la riqueza en beneficio del interés general, atención a los más desfavorecidos, etc... Pero actualmente el EB pasa por serias dificultades, que en España están especialmente agudizadas por no haber pasado por un período de adaptación. Los distintos estudios que aquí se presentan tratan los orígenes de la actual crisis, de sus consecuencias, de los distintos modelos en que tomó forma el EB, y de los nuevos desafíos que se le presentan; y todo ello analizado desde distintos puntos de vista y distintas perspectivas, cosa siempre necesaria e interesante si queremos que nuestra reflexión sea lo suficientemente crítica.

Cristóbal y Ricardo Montoro Romero,«Del Estado del Bienestar a la sociedad del bienestar», en Ramón CASILDA BÉJAR y José María TORTOSA, (eds.) Pros y contras del Estado de Bienestar. Madrid, Tecnos, 1996, pp. 75-99

En el origen de la crisis del EB hay tres grandes factores: una demanda social irrefrenable, un aumento del déficit público que daña la economía y asfixia el EB, y la quiebra del sustrato ideológico del EB. La cuestión clave ahora está en el paso del EB a la Sociedad de Bienestar. Para ello se propone conseguir un cambio de valores sociales y culturales introduciendo criterios de racionalidad y esfuerzo frente al subsidio y las subvenciones, corregir los mecanismos de decisión política, no aumentar el gasto público y una serie de actuaciones encaminadas a moderar el gasto público como descentralizar la gestión de los servicios públicos, introducir la dirección por objetivos, aplicar procedimientos de financiación que vinculen costes y servicios y facilitar el acceso de capital privado. La idea fundamental es que el bienestar como cúmulo de servicios destinados a satisfacer las necesidades sociales no tiene que depender de una única fuente (El Estado), sino que debe incorporar otros como el mercado, organizaciones de voluntariado, relaciones sociales y, sobre todo, la familia.

El nuevo modelo social español ha de conciliar el bienestar individual y colectivo. En este sentido debe superarse el objetivo máximo igualitario, falso y carente de contenidos; el igualitarismo del "café para todos" y debe recuperarse plenamente el principio de igualdad de oportunidades (el mejor posible) para articular las sociedades modernas. Este principio prima la capacidad de los sujetos independientemente de su origen social, sin condicionar sus aportaciones a la comunidad.

José María Tortosa, «Malestar del Estado y estado de malestar», del libro Pros y contras del Estado de Bienestar. Madrid, Tecnos. 1996, pp. 101-116.

El autor analiza las crisis del EB centrando su atención en el Estado más que en el Bienestar. La crisis se debe, en parte, al proceso de descentralización en que empiezan a entrar países antes centrales al descender su posición en la jerarquía mundial. Las clases medias, nervio y apoyo del estado, empiezan a desconfiar del mismo, en parte, motivadas por el mal comportamiento de sus representantes. La crisis del EB tiene doble vertiente: el Estado pierde poder ante un sistema financiero comercial que es mundial. Los bancos mundiales y "el pensamiento único" economicista (I. Ramonet) son los que deciden.

Por otra parte el Estado pasa de ser Estado Providencia hacia los humildes a Estado Protección para los menos favorecidos en las relaciones interestatales. Ya no cuentan los desprotegidos. El Estado es demasiado pequeño para los grandes problemas y demasiado grande para los pequeños problemas que afectan a la vida cotidiana. De ahí la transformación del EB casi en Ayuntamiento de Bienestar". El EB está en peligro, sin sólidos apoyos sociales. El Estado está debilitado por la globalización y las clases medias están radicalizadas frente a los pobres.  

Josep Picó, «Modelos sobre el estado del bienestar. De la ideología a la práctica», del libro Pros y contras del Estado de Bienestar. Madrid. Tecnos. 1996, pp. 37-57.

Pierson (1991) establece una clasificación de los distintos modelos de EB siguiendo el arco progresivo del pensamiento social: conservador, liberal progresista, social-demócrata, socialdemócrata-reformista, social demócrata radical y marxista.

Para la ideología conservadora el EB es fruto de una concepción enfermiza de la sociedad. Es antieconómico, antiproductivo, ineficiente, mete a los desprotegidos en un ciclo de dependencia, engorda la burocracia. El liberal-progresista considera al EB como exigencia de las necesidades generadas por el desarrollo industrial. La política social del Estado se convierte así en el complemento de la política económica que se ha de practicar necesariamente para mantener y preservar el equilibrio. Para el social-demócrata-progresista, el EB es producto del éxito de la movilización política para alcanzar la plena ciudadanía en el contexto de la industrialización y de la sociedad capitalista. El social-demócrata-radical añade al anterior el proyecto de conseguir la transformación gradual del capitalismo. Para la tradición marxista, el EB es un instrumento para el control social de la clase obrera. Parte de la filosofía del capitalismo interesado en la reproducción de las relaciones sociales capitalistas, de modo que las medidas sociales se imponen según los intereses del capital, fueron introducidas como antídoto contra un socialismo radical y contribuyen a desactivar cambios radicales en la legislación social.

El autor presenta después distintas tipologías de EB, - R. Titmus (1958), Esping-Andersen (1990), Mauricio Ferrera (1993) y Jones (1993) - y clasifica los EB según cuatro modelos: los escandinavos donde reina el universalismo a través de la distribución de la renta fuera de la esfera de trabajo; los bismarckianos donde el estado protege con subsidios la salida pero no la entrada en el mercado de trabajo; los anglosajones, donde la política del bienestar es un refuerzo del empleo; y los latinos, donde se subraya la entrada obligada en el mercado de trabajo. Todos estos modelos se refieren a lo que se acepta como la etapa fordista del capitalismo occidental (pleno empleo y fuerte crecimiento de la productividad en el sector industrial). El modelo está desapareciendo y aparece una nueva etapa: "la sociedad desorganizada", cuyas características principales son:

- la fragmentación de la fuerza de trabajo (trabajo precario)

- el crecimiento del interés personal sobre los intereses colectivos

- la hostilidad contra los burócratas y clientelismo que ha de redistribuir

- las clases medias no encuentran compensación entre lo que aportan y lo que reciben y se alejan del EB.

Actualmente la obtención de beneficios se está encomendando al sector privado y al mercado, mientras que al Estado corresponde la redistribución. Con esto el EB como colchón amortiguador de las contradicciones del desarrollo capitalista está perdiendo fuerza. Por ello hay que buscar nuevas fórmulas mediante una mejor distribución del volumen de trabajo, desvinculando el acceso a un ingreso económico de la obtención de un empleo y replanteándose las relaciones Norte - Sur para acercar al Sur. 

Emilio Alvarado Pérez, «La crisis del Estado del Bienestar en el marco de la crisis de fin de siglo: algunos apuntes sobre el caso español», en Emilio Alvarado Pérez (Coord), Retos del Estado del Bienestar en España a finales de los noventa, Madrid, Tecnos, 1998, pp. 21-57.

La situación social actual está marcada por la pérdida de la capacidad de presión y bienestar de la mayoría y por el refuerzo del poder de las posiciones sociales más privilegiadas. Esta situación se manifiesta en la dualización de la sociedad, la inseguridad de los individuos, el pesimismo y el miedo, y en los fenómenos sociopolíticos de tribalismo, xenofobia, nacionalismo esencialista. Desde la política conservadora del partido actual en el gobierno se hace una apología del mercado capitalista puro, hasta el punto de que, si pudieran, desmantelarían por convicción todas las estructuras universalistas del EB que dificultan la extensión de la mercantilización y que frenan el progreso de la tasa de beneficios, pero no lo hacen porque saben que están en el poder apoyados por los beneficiarios de tales prestaciones. Al mismo tiempo sostienen que la mejor política contra el empleo es la creación de puestos de trabajo desde el sector privado, pues consideran que el sector público es demasiado grande en nuestro país. El modelo de EB que se está consolidando es poco redistribuidor y de estilo asistencial. Intentan sustituir la política y el derecho por la economía y subordinar el bienestar colectivo a las exigencias de un modelo social en el que impere la coacción para la acumulación. En el plano educativo se están subordinando los fines clásicos de la educación (la integración social, la formación integral) y la ciencia misma a las exigencias del mercado capitalista.

Manuel Villoria, "Ideologías de la crisis del estado del bienestar: racionalización y modernización del estado del bienestar", en Emilio Alvarado Pérez (Coord), Retos del Estado del Bienestar en España a finales de los noventa, Madrid, Tecnos, 1998, pp. 58-84

Las respuestas conservadoras ante la crisis del EB han sido insuficientes. Los efectos en los que se basó el mensaje conservador (tasa de ahorro, crecimiento producción real, aumento del ritmo de inversión, la mejora del nivel de vida de la familia media americana) no se llegaron a realizar, aunque se controlara la inflación y no sufriera pérdidas importantes el nivel de empleo. Por su parte, el diagnóstico desde las posiciones radicales socialdemócratas está todavía vigente, aunque sus soluciones no parezcan muy viables. Las insuficiencias del EB desde esta perspectiva son su fundamentación en un modelo de desarrollo económico ilimitado y de control absoluto de la naturaleza, su concepción alienante del Estado (ciudadanos usuarios pasivos), su incapacidad para hacer efectivos los derechos constitucionales reconocidos, y las burocracias creadas que anteponen su subsistencia a sus objetivos.

Los nuevos consensos respecto a la crisis del Estado del Bienestar consideran que el EB tiene unos límites estructurales por su dependencia del proceso de acumulación capitalista, se cuestionan la discrecionalidad en el uso de los fondos públicos por parte de la clase política, y sostienen el auge de los sistemas descentralizados del bienestar: profesional, fiscal... El punto central del consenso es que no se debe prescindir del EB, pero éste no puede crecer ilimitadamente. Los riesgos del sistema vigente se presentan, en el ámbito económico, por el déficit fiscal, el menor crecimiento y la globalización económica; en su dimensión demográfica, por el envejecimiento de la población; en su dimensión social, con el problema de la dualización; y en la perspectiva laboral, por las tendencias corporativas, el descrédito de los sindicatos y la flexibilidad laboral.

* * * 

El diálogo posterior comenzó con la cuestión siguiente: ¿Qué hay en la crisis del EB de planteamiento ideológico?

Más allá de declaraciones en un sentido o en otro, las distintas fuerzas políticas con verdadero influjo parecen coincidir en la práctica en un proyecto de EB que se ha despedido del objetivo de justicia radical. Es como si lo político se estuviese desvinculando del proyecto ideológico. Los que ideológicamente no están de acuerdo con el desmantelamiento del EB guardan silencio; los que defienden la libertad económica absoluta lo dicen y además parece que son eficaces en su proceso de ideologización.

Se están dejando de lado los ideales políticos que sirvieron de base para la creación del EB. No podemos olvidar que el EB es un proyecto ético que nació para asegurar la protección de una existencia digna para la mayoría de los ciudadanos y la garantía de los derechos de los más desfavorecidos. Parece que en nuestra sociedad actual se obedece más a políticas que responden principalmente a valores y criterios propios de la economía de mercado capitalista, que a concepciones que promueven el "bien común".

Por ejemplo, el discurso ideológico del Partido Popular tiende hacia este sistema, y si no toma medidas mucho más drásticas y rápidas es porque depende de unos votos. En cualquier caso, lo importante no sería tanto qué partido está propiciando esta situación -aunque las tendencias ideológicas son claras y relevantes- como que esto está sucediendo. .

* El EB tomó forma en Estados Unidos a partir de la Segunda Guerra Mundial y más o menos por la misma época se desarrolló en los países escandinavos, alcanzando aquí los contenidos y configuraciones más avanzadas. Cómo se ve y se analiza la situación actual del EB en países como, por ejemplo, Suecia? ¿por qué tenemos la sensación de que este país no se ve tan afectado por esta corriente de crisis general del EB?

Parece ser que aunque hay un esquema compartido por todos los países, cada uno ha desarrollado un espíritu y unas peculiaridades que le son características. Lo cultural es fundamental para definir medidas en cuanto a prácticas de justicia social.

El EB escandinavo, y en general el europeo, se construyó sobre bases y modalidades diferentes al de Estados Unidos, sobre todo en lo que se refiere al pleno empleo y a la universalidad de la seguridad social. Pero parece ser que actualmente se está produciendo una reorientación del modelo europeo hacia el modelo estadounidense, en donde existe un dualismo mucho mayor que aquí. Nos encontramos, por ejemplo, que al objetivo del pleno empleo se está renunciando así sin más, sin una base justificable.

* El EB, junto con un notable crecimiento económico, ha propiciado en los últimos años una generalización y aumento del consumo, lo que ha llevado a la creación de un tipo de cultura y un tipo de persona (clase media) a la que se le hace difícil respaldar los objetivos de justicia social en que se basa el EB. Hoy en día vivimos en una sociedad de "clases medias", que tiene una conciencia social muy alejada de la antigua "clase obrera", y una gran falta de sensibilidad hacia los problemas de desigualdad social y económica. Las clases medias se resisten a la presión fiscal que conlleva el crecimiento del gasto público. No quieren pagar con sus impuestos los progresos sociales que benefician al tercio de sociedad mas desfavorecido, y mucho menos con la ineficiencia que se le adjudica al Estado para administrar los fondos públicos.

Son ya muchos los que, consciente o inconscientemente, están sintonizando con un individualismo que sirve de base ideológica para proclamar la disminución de la intervención estatal y las ventajas de la libre competencia. Creemos que no se va a desmantelar el EB así sin más, sobre todo en aquellos aspectos que perjudicarían a las clases medias (gran número de votos), pero sí hay una tendencia a reducir significativamente el gasto social que beneficia a los sectores más desprotegidos.

* Otro punto del debate se centró en la confusión que puede acarrear el término "bienestar". En castellano, este término tiene unos tintes que pueden hacer creer que lo ideal es aumentar el consumo para estar mejor, cosa que además de no ser sostenible, no es un objetivo deseable. Parece que sería mejor utilizar el término de Estado de Justicia. Todo concepto tiene algo de ambigüedad a causa de que puede tener distintos significados según, por ejemplo, la cultura, la época o quien lo utilice, por lo que es siempre necesario precisar y concretar qué es lo que queremos decir cuando utilizamos términos como por ejemplo el de bienestar o de justicia social.

También es cierto que la definición de sociedad justa varía de una cultura a otra y también a través de los tiempos o en distintos grupos sociales. Por ejemplo, en la India consideran "justo" cosas que para un europeo serían difíciles de aceptar. También son capaces allí de "soportar" formas de vida que para nosotros serían insoportables. ¿Hasta qué nivel hay que llegar para decir que se está haciendo justicia con un ser humano? ¿cuáles son estos mínimos de justicia? ¿quién realiza el Estado de Justicia? ¿puede el Estado español decir que ha cumplido con las garantías del EB?

Está claro que el EB no ha solucionado todos los problemas con los que se encontró; que las circunstancias históricas han cambiado y se han creado nuevos problemas (nuevas formas de pobreza y de exclusión social), etc... Será pues necesario hacer ciertas reformas, que aunque serán difíciles de concretar, no deben perder de vista el objetivo fundamental: la construcción de una sociedad en donde se promocione y garantice la existencia digna de todos los miembros de la comunidad. 

El Estado del Bienestar y políticas educativas (Séptima sesión) 

En la reunión celebrada el día 26 de Junio se presentaron los tres temas que estaban previstos: Estado del Bienestar y políticas educativas, Estado del Bienestar y redistribución de la riqueza y Estado del Bienestar y futuro de las pensiones, a cargo de Rosario Olmos, Francisco Javier Zamora y Emilio Martínez. La discusión comenzó con el tema de la política educativa, y debido al interés que despertó, ocupó prácticamente toda la sesión, por lo que no pudimos entrar en el debate de los otros dos temas. 

Rosario Olmos planteó con su ponencia las cuestiones más candentes de la política educativa en el EB. El Estado del Bienestar ha consolidado, aplicado y promovido una serie considerable de principios y de prácticas, que intentan promover el bienestar y la justicia social. Entre ellas podemos destacar, por su importancia, la igualdad de oportunidades de acceso a la educación, como principio fundamental.

Toda política educativa, en general, se apoya en dos tipos de bases: una base científica y otra ideológica. Cuando tocamos el asunto ideológico es cuando nos encontramos con los problemas, con los enfrentamientos, pues aquí ya no hay criterios científicos y técnicos de elección. Se trata de una opción. Los recortes presupuestarios y las restricciones impuestas en España desde el Ministerio de Educación al sector público de enseñanza, y la correlativa dotación de nuevas partidas para subvencionar a los centros privados de educación infantil y secundaria, han sido el primer y más visible efecto de la aplicación, en nuestro país, del neoliberalismo educativo.

Desde hace varios años, viene presentándose a la opinión pública un nuevo discurso, con pretensiones de hegemonía y totalidad. Es el discurso neoliberal, que está poniendo en cuestión gravemente el principio de igualdad de oportunidades y se presenta como el único discurso sensato y posible para ofrecer soluciones a la doble crisis a que se enfrentan los sistemas educativos: crisis de calidad y de gestión. Unas soluciones envueltas, además, en una retórica -libre elección de centro, calidad, control de los usuarios- que oculta en muchos casos una realidad muy diferente y donde sólo el libre juego de las fuerzas del mercado y de la competencia puede asegurar la mejora de la calidad en la enseñanza. Este neoliberalismo educativo, en cuanto ideología que oculta unos intereses concretos, al recurrir a este tipo de discurso transfiere la educación del campo de la política, de los derechos, al campo del mercado, del éxito o del fracaso individual. No importa si con ello se incrementan las desigualdades sociales y culturales o si se genera un clima social insolidario.

Esto se revela en dos fenómenos: en primer lugar la defensa de la privatización, o si se quiere, la desestatalización de la educación; en segundo lugar, la apelación a la libertad de enseñanza.

Los posibles sistemas de política educativa en cuestión de libertad de enseñanza, podrían ser tres:

El monopolio estatal, que establece la escuela única y pública, ideológicamente neutra.

Un liberalismo total, en que el Estado reconoce todas las iniciativas educacionales espontáneas, limitándose a posibilitarlas, regularlas, promoverlas y controlarlas.

Un sistema mixto, consistente en una doble red de enseñanza oficial y escuelas privadas.

Este tercer modelo satisface a una mentalidad democrática, pues, al tiempo que no coarta las libres iniciativas, se encomienda al Estado el llegar adonde no lleguen éstas y, muy particularmente, el garantizar a todos los ciudadanos el acceso a la enseñanza en igualdad de oportunidades.

En España, lo fundamental de la libertad de enseñanza estriba en la facultad de crear y dirigir centros distintos de los del Estado, y en el derecho de los padres a elegir tales centros para sus hijos. Pero sucede que esto puede entrar en oposición con el principio de igualdad ante la educación. La justificación de la libertad de enseñanza también suele buscarse en el pluralismo ideológico. Pero aun cuando todos estemos de acuerdo en que ha de haber un pluralismo educacional (mentalidad democrática), no todos coincidimos en las estrategias para conseguirlo: ¿pluralismo "de Centros" o pluralismo "en los Centros"?

Por otro lado vemos que todos admiten que libertad de enseñanza equivale a decir enseñanza democrática. Pero ¿en qué consiste una enseñanza democrática? Para unos es una enseñanza surgida de la libre iniciativa, porque aplican al campo de la educación los principios clásicos del sistema liberal: libre empresa, libre producción económica, libre mercado, libre competencia. Para otros, en cambio, sólo es democrática una enseñanza que llegue igualmente a todos, no discriminatoria y autogestionada por todos los sectores implicados. Podemos decir que ambas posturas defienden la libertad, pero consideran aspectos diferentes de la misma. Esta situación es la que da origen a enfrentamientos en el modo de aplicar este principio.

Nadie puede negar que la enseñanza es un servicio público y que la escuela es una institución pública, pero en nuestra sociedad capitalista aparecen cada vez más servicios que, siendo públicos por su función, no lo son ni por su financiación, ni por su administración. Lo que quizás sea un punto central en la discusión, no es que la enseñanza privada reciba una subvención estatal, sino que lo haga con anterioridad a que se cumpla el derecho de todos los niños a una educación digna y de calidad. Mientras haya sectores sociales que no disfrutan de un puesto escolar digno, conceder ayudas a quienes no las necesitan es fomentar el clasismo y la desigualdad. La Escuela Pública es un concepto educativo que supone reconocer el derecho de todos a la educación y luchar porque se adopten las medidas presupuestarias y legales para hacerlo efectivo, por ejemplo, aumentar el presupuesto en educación hasta el 6% del P.I.B. en los próximos años (actualmente en España es sólo el 3%). El reto con que nos encontramos en el horizonte del siglo XXI es el de la calidad. No sólo hay que garantizar el derecho de todos a la educación de un modo plural, igualitario y participativo, sino que, además hay que hacerlo ofreciendo un servicio público de calidad. 

* * * 

En el debate posterior se planteó que si bien la escuela privada es fuente de diferencias sociales, y de discriminación, no parece que el problema consista sólo en la contraposición entre la escuela pública y privada. En una sociedad desigualitaria, una vez más la escuela se nos muestra como síntoma de las circunstancias sociales que estamos viviendo. Con la implantación de la LOGSE se están presentando muchos problemas en la práctica, que en el papel no se contemplaban. La proclamación de que "todos tienen derecho a la educación" o que "la escuela es para todos" no se refiere sólo a que todos tienen derecho a un puesto en la escuela, sino, sobre todo, a que todos tienen derecho a recibir una educación adecuada a sus necesidades personales. Actualmente la escuela está organizada de tal manera que no todos los escolares encuentran una respuesta adecuada a sus necesidades educativas. Con la obligatoriedad escolar hasta los 16 años, que no tenemos que confundirla con el Derecho a la Educación, las aulas están llenas de niños que por una situación económica, familiar, personal o social desfavorecida, están "vegetando" en la escuela. Deberían de contemplarse otras opciones más versátiles que permitan y faciliten a partir de los 14 años la posibilidad de que no permanezcan obligatoriamente en el aula aquellos que no lo deseen. Se están realizando ya algunas experiencias en este sentido, estudiando las necesidades reales de estos niños y dando respuestas diferentes que podrían solucionar en muchos casos el que el fracaso escolar lleve a estos alumnos a trabajos mal remunerados, marginales o al paro. Es necesario plantear en este sentido fórmulas organizativas diferentes a las actuales y capacitar al profesorado para afrontar todo lo que la reforma educativa conlleva.

Uno de los retos más significativos del momento actual es abordar la acción educativa como una acción profundamente humanizadora, es decir, como una acción capaz de enseñar principalmente a vivir. Para ello debemos tomar conciencia de que el profesor no es sólo un instructor, sino, sobre todo, un educador. Por otra parte es frecuente la idea de que para que la tarea docente resulte significativa debe centrarse fundamentalmente en la capacidad de estimular y motivar a los alumnos. Se dice que el problema del fracaso escolar está en la falta de motivación que los alumnos tienen para encarar con éxito la tarea del aprendizaje. Hay alumnos que no quieren participar en la obligatoriedad de la educación, y a los que difícilmente se les puede motivar dentro del aula. El problema está en que el esfuerzo y la responsabilidad recae casi siempre en el profesor, a quien se le exige que actúe como animador del aprendizaje. ¿Por qué se carga todo el aspecto de la motivación en el docente? Como todo problema complejo, su solución pasará por la participación de todos los agentes implicados en la educación (profesores, alumnos, familia, escuela, sociedad...). La responsabilidad debe ser compartida.

Por otra parte la institución escolar no es un sistema autónomo que funcione al margen de lo que acontece en la vida real de la sociedad. Suele reflejar, con bastante fidelidad, las contradicciones del sistema social al que pertenece. Pensar en la escuela como una institución aislada es desconocer la naturaleza misma de la educación. La institución escolar incorpora e integra los valores de la sociedad, y con ello se están dando unos significados muy concretos a los acontecimientos de nuestro alrededor y a nuestra propia existencia. Por ejemplo ¿qué contenidos se están dando, sobre todo en la Universidad? Los planes de enseñanza en general tienden a reforzar los conocimientos científicos o técnicos a los que se supone una utilidad práctica inmediata, reflejo de los tiempos que corren. Se están transmitiendo saberes que no desarrollan la capacidad de análisis crítico, ni la capacidad de razonar. En nuestra época se tiene acceso a mucha información, y se piensa con mucha frecuencia que esto va a desarrollar la razón. La información sólo es útil precisamente para quien tiene más o menos una capacidad de razonamiento desarrollada. La educación no puede ser simplemente transmisión de información. Lo que hace falta es transmitir además aquellas habilidades que permitan utilizar y rentabilizar al máximo la información que se posee, tratando de desarrollar las capacidades básicas que nos permitan afrontar la realidad de la mejor manera posible. El problema educativo tiene también una clara causa económica, pero junto a una, no menos importante, causa política e ideológica.

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Otros temas vinculados a la crisis del EB como "la redistribución de la renta" y "el futuro de las pensiones", presentados por escrito por Francisco Javier Zamora y Emilio Martínez respectivamente, así como un dossier elaborado por José Antonio Zamora sobre el Estado del Bienestar y el Tercer Sector, lamentablemente no pudieron ser debatidos en la sesión del seminario.

 

Resumen realizado por: José Cervantes Gabarrón