Ciclo de Conferencias

CRISTIANISMO E IZQUIERDA

 

Con el título de Cristianismo e izquierda y organizado conjuntamente con el colectivo LIBERACIÓN se celebro en el mes de octubre de 1999 un ciclo de conferencias en torno a la relación entre cristianismo e izquierda, en el que intervinieron Eugenio del Río y Rafael Díaz Salazar.

I

Para Eugenio del Río la gran relevancia del tema Cristianismo e Izquierda en Europa Occidental radica en el debate y análisis del lugar que ocupa el primero en el ámbito de la segunda, para lo cual sería necesario hacer un repaso de las épocas históricas que marcaron dicha relación y que la concretaron de forma radicalmente diferente. Estos períodos se reducen a tres: la primera mitad del siglo XIX, la moderna izquierda de la Europa de 1889 a 1914 y el momento actual.

Durante la primera mitad del siglo XIX comenzaba el desarrollo de las ideas socialistas europeas (Francia y Gran Bretaña), entendiendo el socialismo de los años 30 y 40 como una realidad diversificada y muy heterogénea, con una influencia directa del legado del cristianismo y de autores activamente cristianos. No se concebía ser socialista por un lado y cristiano por otro, sino que el socialismo era una propia emanación de la condición cristiana. Por otra parte, se apostaba por un nuevo cristianismo como forma de una nueva sociedad, en definitiva, una visión religiosa del mundo, un socialismo ante todo cristiano. Esta concepción sería superada por el segundo socialismo, integrado por autores ateos, como Marx, y anarquistas, quienes propondrán que la humanidad debe superar a la religión y los socialistas deben concentrarse en la lucha ideológica contra ésta.

El segundo período, llamado Segunda Internacional y caracterizado por un ambiente transformador, se caracteriza por un fuerte movimiento secularizador y una disminución de la influencia de la religiosidad popular. La sociedad aparece influenciada por el racionalismo materialista y por un espíritu científico inconsciente de sus límites. Es en este momento cuando se desarrolla el socialismo moderno del movimiento obrero. Mientras el primer socialismo era minoritario y estaba desconectado de la vida política, a finales del siglo XIX surgen grandes burocracias profesionales y movimientos políticos: es el nacimiento del verdadero socialismo. Pero, ¿cómo se situaba éste ante el fenómeno religioso? Cabe decir que se reniega de los orígenes religiosos de las ideas socialistas, pues se tacha de inmaduro al primer socialismo justamente por esta vinculación. La presencia de cristianos en el socialismo es sólo tolerada, les aceptan si se consiente el ateísmo de la organización y la religiosidad se admite como una cuestión pura y exclusivamente privada. El cristianismo queda asociado a la clase poseedora y como idea sería contraria a la clase obrera, por lo que debía ser combatido.

La izquierda que se está formando se ve obligada a abordar necesidades colectivas que anteriormente habían sido satisfechas por la religiosidad popular. Debía responder al sentido de la vida, a las nuevas necesidades de socialización. De esta forma, la izquierda actúa sustituyendo a las iglesias tradicionales. Uno de los debates planteados en el análisis de este resurgir del socialismo es sobre cómo quedaba la relación entre éste y la religión, puesto que parece que cuanto más se combate la religión más obligados se sienten a adoptar formas religiosas. Esta última conclusión se explica a través del llamado fenómeno de sacralización de los fundadores como Marx. Es decir, se construyen líderes divinizados y así menos dioses existen a su alrededor. El carácter absoluto de las ideas de izquierda nos hace ver su semejanza con la idea de divinidad, es decir, imitan el carácter de la Iglesia en el sentido de que son intocables y no se puede discutir la esencia misma del partido. Se llega a la conclusión de que esta acentuación del fenómeno de sacralización nos recuerda a la religiosidad tradicional.

El último período, la izquierda de después de la Segunda Guerra Mundial, se caracteriza por una reacción al rechazo de lo religioso, sobre todo por parte de los países socialistas nórdicos, especialmente de Alemania. Surge una reivindicación del marxismo, pero no como la única fuente constitutiva de tradición para esos partidos, sino como una entre tantas. Es la época del humanismo racionalista y cristianismo. Se acepta a los militantes cristianos, los cuales son reconocidos formalmente y se deja que formen núcleos organizados dentro del partido.

Llegados a este punto nos preguntamos cuáles han sido los problemas de fondo durante todo este proceso. En primer lugar, debemos reconocer la situación histórica de injusticia y humillación que han sufrido los cristianos. Y el segundo aspecto hace referencia al derroche de energías vinculadas al carácter cristiano de esos militantes, es decir, se perdió un gran potencial disponible. El tratamiento que llevaron a cabo, como respuesta a la toma de conciencia de ese pasado, fue el de reconocer formal y públicamente la aportación de los cristianos de izquierda a la izquierda. Sin embargo, y según la visión crítica de Eugenio del Río, este reconocimiento ha llegado demasiado tarde, por dos razones:

1. Ese movimiento de nueva aceptación y revisión de lo que se aportó desde el cristianismo de izquierda está dirigido por motivos electorales. Esa necesidad de reconciliación entre éste y la nueva izquierda se debe al afán electoralista.

2. Porque ese reencuentro es de baja intensidad. El socialismo centro europeo no busca las ideas del primer socialismo, es decir, no busca un mayor espíritu revolucionario, lo que busca es consolidar mayorías electorales. No tratan de regenerarse a través de una alianza con los cristianos, puesto que son sectores mayoritariamente muy moderados y no se caracterizan por un talante especialmente transformador y radical.

La nueva izquierda de hoy no está por la labor de asimilar mayores esfuerzos renovadores, no se está dispuesto a cambiar, sino a una ampliación numérica. Por eso aquellos sectores cristianos minoritarios que todavía están por la lucha no son considerados en virtud de sus ideas, dado que no se apuesta por un cambio cualitativo.

El futuro demanda una nueva relación de empatía entre el ateísmo y las aportaciones de militantes cristianos de la izquierda, un nuevo reconocimiento mutuo. El mestizaje ideológico es lo que debe producirse en el tiempo próximo y comprobaremos entonces cómo queda la religión en el mundo moderno. 

II

El tema del cristianismo e izquierda fue tratado desde un enfoque sociológico por Rafael Díaz-Salazar, quien comenzó matizando algo de crucial importancia y que no debe ser olvidado, y es que el cristianismo es un patrimonio sociocultural de la humanidad. La religión ha sido tratada y estudiada por numerosos sociólogos pero es curioso observar cómo los grandes sociólogos de la religión eran precisamente ateos. Esto es un reflejo del hecho de que las iglesias no pueden apropiarse el cristianismo. El fenómeno del cristianismo puede ser abordado sin partir a priori de un "a favor" o un "en contra", simplemente como un dato desde el análisis sociológico.

A lo largo de la historia ha habido diversos cristianismos, existiendo un continuo entre el originario y el que perdura durante estos últimos 20 años, que es el Cristianismo de Liberación. El vínculo entre todos ellos consiste en la unión entre vida religiosa y la liberación de los empobrecidos. Por otra parte, el cristianismo introduce en la historia el tema de la sacralización de la liberación de los empobrecidos, es decir, seculariza las religiones anteriormente existentes; Dios es el que convierte a los oprimidos en un sacramento de su presencia. La única fuente de salvación eterna es la liberación de esos empobrecidos. Ninguna otra religión histórica lo había dicho hasta entonces.

El cristianismo se convierte por tanto en la primigenia raíz de la izquierda (Salvador Giner). Sin embargo, ninguna religión es una respuesta total a todos los problemas de la vida humana y el cristianismo, como otro tipo de religión, tiene sus vacíos y carencias, por lo que es necesario atreverse a vivir en la perplejidad, a ser postmarxista, post-totalitario. Actualmente la izquierda es plural y es preciso ser consciente de esos espacios vacíos en las tradiciones. Sólo a partir de esta consciencia se producirá una cultura de diálogo entre izquierdistas y cristianos, y en otro sentido, habría que tener cuidado con los extremistas radicales. A pesar de que en España la producción cristiana de izquierda ha sido muy importante, hoy en día ésta debe tener unos contenidos diferentes al diálogo cristianismo e izquierda marxista. ¿Cuál debe ser por tanto el centro de debate sobre ambos? Principalmente debe centrarse en la refundación de la tradición emancipatoria, es decir, una refundación de la izquierda, puesto que ya no sabemos con absoluta certeza qué es ser cristiano y qué es ser socialista. El diálogo debe recoger todos los análisis de los movimiento sociales, de la filosofía, de los ciudadanos, de los sindicatos... No se trataría de una reconstrucción sino de volver a fundamentar una tradición emancipatoria. Algo que queda muy claro, respecto a los espacios vacíos de los que hablábamos, es que hay cosas en las que el cristianismo no puede ni debe entrar (por ejemplo, para el campo de la política la fe no aporta nada).

¿Cómo puede participar o qué puede aportar el cristianismo en la refundación de la izquierda? Justamente su dimensión trascendental.

El grave problema de la izquierda, del socialismo actual es la carencia de sujeto, es decir, la izquierda mayoritaria en Europa enmascara la palabra socialismo y la sustituye por progresismo, puesto que no tiene sujetos que deseen seguir un verdadero proyecto socialista. La izquierda radical no dispone de apoyos, cuestión que la diferencia de la izquierda mayoritaria que dispone de seguidores en cuanto que persigue un programa para gobernar y mantener el Estado de Bienestar, eso sí, con otro nombre que no sea socialismo. Esto quiere decir que no hay sujetos revolu-cionarios para la izquierda socialista. De ahí que se cuestione si verdaderamente la izquierda está para construir el socialismo. Pero desde luego lo que está claro es que quien marca la diferencia es la derecha disfrazada de centro.

Se puede decir que vivimos en una situación de tolerancia represiva, es decir, que nos manipulan de un modo tolerable. De ello se deduce que no podremos cambiar las preferencias de la mayoría si no incidimos en lo político. Se debería trabajar la sociedad civil para construir un proyecto socialista de forma democrática.

La identidad del futuro socialismo se encuentra en la izquierda social-demócrata. Ésta es la que puede tener aportaciones interesantes para la construcción de la nueva izquierda (por ejemplo la izquierda neocomunista de Italia o la izquierda ecosocialista). Podemos asegurar que hay suficientes programas y proyectos importantes para recuperar y enriquecer a la izquierda socialista, pero ¿quién los sigue?, el problema continúa siendo el del sujeto. La solución que históricamente se ha dado es la de crear cultura ideológica, poner inyecciones de ideología, pero por ese camino no se reconstituye el sujeto, pues en éste existen muchas dimensiones que no controlamos. No nos encontramos en una cultura racionalista, sino que dadas las múltiples fuentes de influencia lo afectivo-emocional puede resultar muy afectado y no es controlado por lo ideológico. Para reconstruir el sujeto hace falta una mezcla de ideas social-demócratas, la tradición neocomunista, la tradición verde.... y sobre todo dos aspectos fundamentales: una cultura moral y religiones de liberación. Ambas dimensiones afectan a la persona en su totalidad. Tenemos un ejemplo histórico de cómo el movimiento obrero triunfó entre proletarios que no sabían leer ni escribir gracias a que existía una cultura moral. Por otra parte, la religión de liberación también crea subjetividad, crea identidad, en definitiva, crea sujetos. La cultura moral más importante para crear sujeto, y que éste pueda ser portador de un proyecto neosocialista, es la cultura moral del ecologismo político. Y desde el punto de vista de la religión de la liberación, la más potente sería el llamado cristianismo de liberación.

¿Qué puede aportar el cristianismo a esa nueva cultura político-moral que es la matriz necesaria para la nueva propuesta programática? Tres puntos son los fundamentales:

1. Primacía de los últimos: Hay una ciudadanía que no ve la vida desde los últimos sino desde los primeros y el cristianismo introdujo en la historia una especie de fijación cuasi-instintiva sobre cómo les va a los de abajo.

2. Cultura samaritana: En el buen samaritano hay un arquetipo antropológico de lo que es ser hombre, de lo que es ser sujeto, independientemente de ser ateo o militante. Este arquetipo de ser humano es ser prójimo ante todo, lo que quiere decir aproximarse a otro de tu especie que está humillado y ofendido. No puedo amarme a mí mismo mientras haya humillados y ofendidos. Y en esta sociedad el arquetipo que prima es el de los triunfadores.

3. Elegir la vida como un proyecto para compartir y no para acumular: Elegir ser pobre con elegancia explica un sencillo proyecto de vida. Debemos plantearnos, junto a amarnos a nosotros mismos, el cómo acercarnos a esos empobrecidos, siendo ésta la cultura político-moral del cristianismo.

Y por último cuáles son las señas de identidad de ese proyecto neosocialista:

1. Debe ser internacionalista: Redistribución de la riqueza. No multiplicar las ONGs sino rescatar la dimensión político-estructural de la solidaridad. Un reparto igualitario de lo producido.

2. Primacía de los últimos, especialmente en sociedades en las que éstos son minoritarios. El capitalismo produce estructuralmente riqueza y pobreza, genera exclusión social, por lo que la prioridad política debería ser este sector al que no llega el Estado de Bienestar.

3. Ecologismo: La dimensión ecológica de un proyecto político, la cual ya es exigida por la propia ciudadanía. La sociedad civil no admite políticas ecológicas en contra de sus deseos o aspiraciones.

Queda por tanto bien ejemplificada la convivencia de ambos tipos de proyectos, el cristianismo y el neosocialismo, como formas de una nueva cultura político-moral y su relación con la religión de liberación.

Resumen de Consuelo Paterna Bleda