Mesa Redonda

LOS RETOS DE LA MIGRACIONES

Joaquín García Roca, Carmen Bel Adell
José Cervantes Gabarrón, José A. Zamora

(Resumen de Federico Montalbán López - Murcia Acoge)

 

El 17 de mayo de 2001, el Foro Ignacio Ellacuría celebró en el Instituto Teológico de Murcia una mesa redonda bajo el título "Los retos de las migraciones".

La inmigración, y más los inmigrantes como personas, se merecen un análisis objetivo, crítico con la realidad y ajustado a la humanidad de sus protagonistas, así como un esfuerzo por buscar respuestas destinadas a mejorar la situación de las personas inmigrantes y que nos encaminen a todos hacia una sociedad abierta e intercultural.

Para intentar responder a estos retos se elaboró el número monográfico que la revista Iglesia Viva ha dedicado a la inmigración. Fue con el motivo de su presentación que se realizó la mesa redonda en la que participaron los autores.

La mesa fue presentada por José Antonio Zamora en calidad de Coordinador del Foro. Estaba formaba por el propio José Antonio, José Cervantes Gabarrón, Joaquín García Roca y Carmen Bel Adell, que fueron interviniendo en ese orden.

 

José Antonio Zamora: "Migraciones en un mundo globalizado"

Inmigración como problema. Según las encuestas, para la sociedad española la inmigración es el tercer problema en importancia, después del terrorismo y el paro. El binomio inmigración-problema es casi inseparable.

Esta percepción de la inmigración como problema es cada vez más intensa y se pueden encontrar dos factores que lo explican. Por un lado, la campaña emprendida por el gobierno para legitimar una ley como la 8/2000 de óptica casi exclusivamente policial. Por otro lado, el irresponsable papel de los medios de comunicación refiriéndose de continuo a la inmigración en clave de problema y repitiendo machaconamente términos desacertados e injustos como avalancha, marea humana, inmigrante ilegal, invasión, "efecto llamada"...

Los clichés que sufre la inmigración también refuerzan la percepción de la misma como problema. Clichés como invasión, ilegalidad, delincuencia y competencia laboral colaboran a desvirtuar la imagen de la persona inmigrante y, además, no responden a la realidad. La inmigración supone un aumento de la población de los países receptores del 0.2% al año: eso no es una invasión. Ilegal puede ser una acto o una cosa pero no una persona. De los delitos relacionados con inmigrantes sólo un 5,7% son de gravedad y los inmigrantes del Sur son minoría en ellos. Hay estudios que demuestran que la población inmigrante revitaliza la economía del lugar al que llega favoreciendo la creación de empleo. Los clichés falsos son fácilmente desmontables.

Debemos cambiar la percepción de la inmigracción como problema. Es más justo y acertado considerarla como un derecho y un acontecimiento que brinda la oportunidad de reforzar los intereses universalizables, aquellos que incluyen también a los desposeídos.

La inmigración y los espejos. La inmigración posee un valor fundamental a la hora de desentrañar la estructura del sistema mundial contemporáneo. Si la mirásemos con ojos críticos, la veríamos convertida en un espejo que nos devuelve la verdadera imagen de nuestra sociedad. Observando con atención encontramos imágenes muy reveladoras:

Mercado de trabajo. Existe un tendencia a la fragmentación del mercado laboral con múltiples manifestaciones: desempleo, subproletarización de una mano de obra con una relación sólo esporádica con el mundo laboral, precarización, flexibilización, temporalidad, dualización y pérdida de capacidad negociadora. Todo esto se da con más fuerza entre la población inmigrante. Así, por ejemplo, vemos como la dualización llega hasta tal punto que los trabajadores inmigrantes quedan relegados a determinados nichos laborales (agricultura, construcción, servicio doméstico...) sea cual sea su preparación y como la 8/2000 niega toda capacidad negociadora al inmigrante indocumentado, al que prohíbe sindicarse, manifestarse o ir a la huelga.

Además, todos estos aspectos negativos del mercado de trabajo se ven reforzados en la mujer. Es lo que se ha dado en llamar feminización de la precariedad potenciada por el aumento en la feminización de las migraciones, bien como inmigrantes dependientes de los varones o como inmigración laboral femenina independiente.

Relaciones Norte-Sur. Los países empobrecidos están al servicio de los países ricos. La explotación a la que han sido y son sometidos es la causa de las situaciones de pobreza que fuerzan a muchas personas a emigrar. Además, los países ricos están cada vez más necesitados de población joven que revitalice los índices de natalidad y realice trabajos que otros no quieren.

La globalización de la cultura, los valores y los intereses occidentales son también pieza clave en las migraciones del mundo globalizado. Se emigra para vivir como se ve en el cine o la televisión.

La economía neoliberal genera y necesita migraciones pero quiere que se produzcan a su gusto y para eso refuerza las fronteras. El muro de Berlín hace ya más de diez años que cayó. Pero en su lugar se han levantado otros muros de la vergüenza. EEUU se ha blindado contra México, Alemania se protege de los países del Este y España, Francia e Italia hacen todo lo posible por hacerse inaccesibles desde el Magreb.

Crisis del estado del bienestar. El estado del bienestar, que no llegó a desarrollarse del todo en España, se va desmoronando por momentos. Los derechos civiles están cada vez más limitados y el tejido social es cada vez más débil y reducido.

Esta crisis está afectando especialmente, como siempre, a los más débiles, entre los que se encuentran la mayoría de los inmigrantes económicos. El estado ya no responde ante problemas tan graves, por ejemplo, como el de la vivienda. Y esa falta de respuesta es, en realidad, cómplice del agravamiento del problema.

Concepción de la ciudadanía. El concepto moderno de ciudadanía debería ser indisoluble del principio de voluntariedad, dado que el Estado democrático debe ser una asociación de ciudadanos libres e iguales. Pero, frente a esto, nos encontramos con mecanismos sociales, jurídicos y económicos de negación de la ciudadanía. El vínculo entre Estado, nación y ciudadanía es responsable de que el inmigrante no sea percibido como persona sujeto de derechos. La apropiación de la idea de ciudadano por las identidades estatal-nacionales ha significado la exclusión de los extranjeros de la ciudadanía plena, lo que pone en duda la radicalidad del proyecto democrático.

Al tiempo que se insite en universalizar los derechos humanos se refuerza cada vez más el ámbito nacional como el ámbito de aplicación de estos derechos y garantías. Una clara expresión de esta contradicción es considerar el derecho a emigrar como universal y convertir la inmigración en un tema de soberanía de los Estados.

Multiculturalidad y cohesión social. La sociedad debe avanzar y debe hacerlo hacia un pluralismo cosmovisional en el que el ser humano sea lo principal y se respete y reconozca al otro. La convivencia social debe ser una de nuestras prioridades.

Sin embargo asistimos a una pugna cada vez mayor de los nacionalismos donde se refuerzan las identidades propias (étnicas, religiosas, lingüísticas...) y se rechaza todo aquello que es diferente. Y al crecimiento de dos realidades de densidad aplastante: la discriminación y el rechazo xenófobo. Esto es lo que convierte el proyecto migratorio de millones de seres humanos en una experiencia de sufrimiento y frustración humana ética y políticamente inadmisible.

La inmigración no es un problema. Pero actúa como espejo que nos devuelve con una claridad aterradora la sociedad que estamos construyendo, que es el verdadero problema.

 

José Cervantes Gabarrón: "El inmigrante en la Biblia"

De la inmigración también se puede reflexionar y hablar recurriendo a una de las fuentes principales de revelación y de inspiración de las actuales leyes occidentales: la Biblia.

 

La encina de Mambré. Hay un patrón de referencia y punto de partida para la concepción del inmigrante. Ése sería Abrahán, el arameo errante, el emigrante acogedor. Abrahán dio cobijo en su tienda, junto al encinar de Mambré, cerca de Ebrón, a tres extranjeros. Su hospitalidad lo convierte así en referente cultural y prototipo de fe para las tres grandes religiones monoteístas.

El factor religioso nunca debe ser causa de discriminación ni motivo para privilegiar a unos frente a otros. Sin embargo, importantes autoridades políticas españolas, ya están recurriendo a la religión para discriminar a unos inmigrantes frente a otros.

Acudamos a una referencia positiva, la encina de Mambré, el lugar del emigrante acogedor, como símbolo de una casa común para una cultura del mestizaje.

La inmigración como cuestión de justicia social. Si acudimos a la perspectiva legal y jurídica que presentan los textos bíblicos, podríamos descubrir normas y leyes importantes para el momento actual. Es a los creyentes en la fe cristiana a quienes corresponde hacerlas creíbles y válidas y actuar para que fecunden y nutran las leyes y normas de nuestra sociedad actual.

El Código de la Alianza del libro del Éxodo, el Código Deuteronómico, el Dodecálogo Siquemita y la Ley de Santidad del Levítico, articulan y desarrollan una legislación genuina sobre el inmigrante. A este respecto se pueden destacar tres aspectos.

Categoría jurídica. La Biblia, al hablar de inmigración, va más allá de definir una actitud positiva y hospitalaria y la afronta como un tema de justicia social. Existe un término en hebreo que define precisamente al emigrante: GER. Este término aparece las tres cuartas partes de las veces en códigos legales fundamentales del Antiguo Testamento, es decir, en normas y leyes que deben regir en Israel. El inmigrante se define como una categoría jurídica. Es una persona necesitada que viene de cualquier lugar distinto a Israel y debe ser tratado con justicia. Por eso todas las normas van dirigidas a los hijos de Israel para que acojan generosamente al inmigrante.

Sólo derechos. El inmigrante, junto a los huérfanos y las viudas forman la llamada Tríada de la Pobreza o Tríada de la Miseria. Y por pertenecer a ella es sólo sujeto de derechos y no de deberes. Su derecho nunca podrá ser torcido y queda madito aquel que lo haga.

Nunca se tendrá en cuenta el lugar del que venga, el inmigrante no irá acompañado del apellido de la nacionalidad y nunca será discriminado por ella. Tampoco lo será por el género. Finalmente, en el Levítico se indica que habrá una misma ley para los hijos de Israel y para los inmigrantes, impidiendo así todo tipo de discriminación.

La memoria del sufrimiento. Se encuentran dos motivaciones para la norma legal del Viejo Testamento, asumidas luego por el Nuevo Testamento.

Una es de tipo teológico: todas esas normas se deben a la santidad de Dios.

Otra es de tipo histórico. El pueblo de Israel tiene una memoria histórica del sufrimiento debido a sus experiencias durante el primer y segundo éxodo. Durante esos periodos, el pueblo de Israel vivió como emigrante. Esa vivencia del sufrimiento es la razón histórica que inspiró las normas de acogida, respeto y amor profundo hacia el inmigrante. El pueblo de Israel debe recordar que fue inmigrante y esclavo en Egipto.

Este tratamiento especial del inmigrante se fundamenta en el principio de reciprocidad, tratar como se hubiera querido ser tratado, y el principio de gratuidad, por el que se debe tratar a los demás como personas libres.

José Cervantes terminó su intervención leyendo unas frases del Vicepresidente del Tribunal Supremo de Israel. El Magistrado recuerda que no hay sistema judicial comparable con la ley bíblica en cuanto a derechos del inmigrante y que todas las experiencias de sufrimiento y persecución que ha sufrido Israel le impone no repetirlas nunca con los que viven entre ellos y a cuidarlos con amor.

 

Joaquín García Roca: "Las migraciones como propuesta de civilización. Qué hacer ante las inmigraciones"

En su artículo, el autor plantea una serie de propuestas operativas en el ámbito de la inmigración que se vertebran sobre cuatro ejes y que él mismo resume: El eje cultural, que intenta articular los derechos del individuo con el reconocimiento de las diferencias culturales, mediante la pedagogía intercultural. El eje político, que pretende conciliar los derechos individuales con la unidad sociopolítica, mediante un marco legislativo apropiado y justo. El eje social que pretende desarrollar las condiciones de vida de los inmigrantes como miembros de una comunidad, mediante el ejercicio de la ciudadanía compartida. Y el eje religioso que intenta conformar los hábitos del corazón y el capital simbólico, mediante el cultivo de las tradiciones, que promueven una sociedad convivencial y participativa.

Pero en su intervención, Joaquín García Roca no siguió el esquema de su artículo y, a cambio, propuso tres invitaciones.

Al humor. También hay que saber reírse de las respuestas que estamos dando a la inmigración. Con el humor se puede criticar el discurso sobre la inmigración que cambia cuando se convierten en nuestros vecinos, la globalización, las contradicciones entre la necesidad económica de los inmigrantes y las amenazas de expulsión...

Al canto. Con el canto se movilizan conciencias y se activan las emociones. Es una herramienta necesaria para los tan necesitados procesos de cambio.

A la lucha. Nunca se ha tenido una situación más clara y motivo mayor para la movilización. La situación actual de la inmigración llama urgentemente a la movilización de las conciencias y a la organización con los inmigrantes y desde ellos. Porque, entre otras cosas, la quiebra ética, moral, cultural y religiosa es absoluta. No hay conciencia que pueda afrontar la realidad como se está viviendo sin tener necesidad de cambiarla.

Hay cuatro campos de batalla:

En lo personal. La lucha primera es con uno mismo y con su umbral afectivo. La primera respuesta y línea de trabajo es poder emocionarse con el diferente, con el que trae extranjería, con el inmigrante.

Los hilos de este nuevo emocionar son la simpatía recíproca y la compasión, como sentimientos de unificación. El umbral afectivo de la interculturalidad es la sensibilidad elemental para el sufrimiento ajeno.

En lo social. Con la inmigración vienen propuestas de nuevas civilizaciones. Debemos elaborar otro modelo de convivencia.

Algunos modelos ya se han probado y han demostrado no funcionar. El modelo alemán, basado en el trabajo, en el que el inmigrante es un huésped provisional recibido sólo para trabajar. El Ejido es un ejemplo de esto. El modelo francés, que considera al inmigrante como un individuo capaz de convertirse en ciudadano cuando sea asimilado por el superior modelo de convivencia francés. Esto se proyecta actualmente en el modelo catalán que se caracteriza por un intento de asimilación de la diferencia. El modelo de yuxtaposición multicultural, practicado en algunos pueblos de Lleida, que posibilita una relación entre autóctonos e inmigrantes de recíproca tolerancia, pero en un contexto de tendencia a la separación.

El gran reto se plantea en la creación de un nuevo modelo de convivencia válido basado en la civilización del amor.

En lo histórico. Se puede empezar a actuar y luchar o encaminarse hacia un fracaso histórico radical. El momento actual recuerda la situación alemana que empezó con una mala ley (el párrafo ario), continuó con amenazas a los judíos y siguieron las deportaciones hasta que llegó la solución final.

En lo religioso. Desde lo religioso se escuchan mensajes sobre la inmigración inaceptables, como el del Cardenal Ratzinger, que propone una Iglesia culturalmente monocéntrica y se olvida de la necesidad del encuentro y el diálogo o como el del Cardenal Biffi, que pide políticas que favorezcan la entrada de inmigrantes católicos para salvar la identidad de la nación. Sin embargo, la presencia de la inmigración no crea el problema de la identidad, sólo desvela su debilidad. Cuando la propia identidad genera dudas es que es débil.

La religión no debe ser nunca causa de discriminación ni exclusión. Estos meses de protestas inmigrantes, hemos asistido a gestos (como la apertura de las iglesias) que ayudan a crear los hábitos del corazón. La presencia del inmigrante ayuda a catequizar el sueño de Dios para la tierra que Él ama; las inmigraciones no pueden abordarse desde el impacto sobre el club de la abundancia, sino como sacramental, que anticipa el tipo de humanidad deseable.

La inmigración puede venir, porque nos necesitamos mutuamente en la civilización del amor.

 

Carmen Bel Adell: "Los retos de la inmigración"

Carmen Bel no presentaba ningún artículo en la revista Iglesia Viva pero su conocimiento teórico y vivencial de la inmigranción la hacía pieza indispensable para cuadrar la mesa. Habló desde su reflexión-acción a lo largo de más de diez años de contacto con la inmigración, años vivenciados desde la cercanía y la impotencia.

Cinco cuestiones. Estas cuestiones derivan de hipótesis explicativas que permiten leer e interpretar la realidad con otros ojos.

Primera. La inmigración se ha convertido en una cuestión social. Es una realidad que interpela, desafía y reta a una sociedad en cambio acelerado. Pero, ese cambio, esa metamorfosis, demanda una nueva concepción y gestión que evite ahondar en desigualdades, acabe con la exclusión y configure la nueva sociedad intercultural.

Segunda. La inmigración es una profecía que anuncia lo que viene y denuncia el sistema en que vivimos. Es la gran oportunidad que se nos ofrece para la tarea de recrear una sociedad diferente en la que primen valores como la solidaridad, el interés común, la ecología social y la reciprocidad.

Tercera. La calidad de una sociedad y de su cultura se mide por la forma y capacidad de acoger a sus miembros más débiles, como lo son la mayoría de los inmigrantes económicos. Nuestro modelo actual los condena a ser población sobrante.

Cuarta. La integración sólo será posible si se concibe y vive como co-integración. Debe ser un proyecto emancipador y solidario encaminado a construir una sociedad abierta e intercultural.

Quinta. La urdimbre con la que construir el tejido social de la integración debemos ser todos y todas. Se deberán introducir nuevas estrategias basadas en la educación, la creatividad y la negociación. El proceso de integración deberá contemplar especialmente elementos fundamentales como niños, adolescentes, jóvenes y mujeres, ignorados en la práctica con demasiada frecuencia

Un reto. La inmigración, en cuanto que forma de exclusión, nos reta y desafía. Un reto y un desafio que nos llama a combatir y a acabar con la exclusión y, por tanto, con el modelo de sociedad que la genera. La metamorfosis necesaria para conseguirlo, debe ser entendida, aceptada, propuesta y exigida por cuantos más ciudadanos y ciudadanas mejor.

¿Pero cómo llegar a la gente, a todas aquellas personas que constituimos la base, el cuerpo social? Éste es el gran reto.

En lo sociopolítico se podría dividir la sociedad en cuatro cuartos. El primero sería el de los poderosos, aquellos que mantienen el sistema porque les es beneficioso. El segundo sería el de los indiferentes, los resignados con este mundo que creen el único posible y en el que han aprendido a vivir sin mayor complicación. El tercero es el de los voluntarios posmodernos, que conocen la realidad de la exclusión pero creen que existe sin causa que la motive. No hay etiología a combatir, sólo síntomas. Están convencidos de aportar su esfuerzo para parchear los problemas cuando puede ser que estén colaborando con el mantenimiento del sistema. El cuarto es el de los comprometidos, minoría desprestigiada por tener ideas críticas y que debe asumir el papel de agentes multiplicadores de la idea de cambio, de metamorfosis.

Debemos fortalecer y engrosar el 4º cuarto todo lo posible. Lo más lógico sería conseguir ese trasvase demográfico desde el 2º cuarto, haciendo que el indiferente se comprometa. Para ello se debe usar un discurso que se adapte a cada momento y que procure ser entendido y compartido. Un discurso amable y cordial puede ser más fácilmente asumible que uno científico en exceso. Nunca se debería olvidar llegar hasta las causas y causantes de los problemas del mundo que vivimos, señalar los objetivos primeros del cambio. Con el discurso se debe ir siempre, la palabra debe ser arma de lucha diaria y emplearla en la familia, con los amigos, en todos los foros posibles.

Pero todo esto son sólo apuntes de respuestas. Lo importante era trasladar el reto al que debemos dar respuesta. Sabiendo cómo llegar a la gente empezaremos a poder generar el cambio.

Dos sugerencias. Incorporemos la diferencia como referente junto a la igualdad. Somos, en realidad, más diferentes que iguales, y esa diferencia no sólo es enriquecedora sino que es intrínseca y necesaria al ser humano. En la inmigración, la diferencia debe ser reconocida, respetada y valorada. Nunca más la diferencia debe ser factor de exclusión.

Profundicemos en el análisis crítico del lenguaje. Devolvamos a la palabra su capacidad creadora de realidad y recuperemos los significados perdidos de militancia, democracia, política, ciudadanía, solidaridad, paz...