Seminario

LUCHAS DE LOS INMIGRANTES
EN LA RELIGIÓN DE MURCIA

Antonio Murcia • Federico Montalbán

 

Si uno de los raseros para medir la talla, humana y política, de las sociedades es el respeto que son capaces de garantizar en la práctica a los derechos de las minorías que viven en ellas, la sociedad española y la murciana no deberían olvidar que el año 2001 no debe ser recordado exclusivamente por el episodio de barbarie que flageló a ciudades norteamericanas, sino también por la barbarie permanente cuya soterrada existencia, a veces, sale a la luz por las grietas de nuestra normalidad democrática, como tras la muerte de doce trabajadores ecuatorianos arrollados por el tren, cerca de la ciudad de Lorca, en enero de ese mismo año, con la bolsa de injusticias que dicho accidente hizo aflorar. Una de esas minorías, nueva entre los españoles, es la de los trabajadores extranjeros que viven en España, en un territorio del que hasta no hace tantos años, y tradicionalmente, muchos tenían que emigrar para procurarse la vida o la libertad. A día de hoy, miles de extranjeros sin autorización para trabajar y residir aquí —aunque lleven más o menos tiempo haciéndolo— viven bajo la amenaza cotidiana de expulsión. La legislación vigente criminaliza su estancia en España y capacita y emplaza a los gobernantes para que los descubran y expulsen. Sin duda, esa legalidad que faculta para la persecución de extranjeros sin permiso de residencia es una manifestación evidente de nuestra propia barbarie. ¿Qué hacer para erradicarla? ¿Han de defenderse de ella sólo las víctimas directas? ¿A quién le importa?

En sintonía con estas inquietudes y con las movilizaciones mantenidas por los trabajadores extranjeros en nuestra región exigiendo unas condiciones de trabajo y estancia más acordes con los derechos humanos, el Foro Ignacio Ellacuría ofreció, desde noviembre del 2001 a enero del 2002, un seminario para conocer y documentar mejor esas luchas, reflexionando sobre su significado político e importancia. En él se inscribieron y participaron activamente más de veinte asistentes, contando además con la aportación de quince invitados, que nos ofrecieron sus comunicaciones y testimonios en seis sesiones, de las ocho realizadas.

El seminario inició sus trabajos con una presentación de los objetivos pretendidos y de la metodología a seguir. Se planteó emplear la metodología de la "historia oral", para obtener informaciones y valoraciones de los hechos estudiados, que fuesen más allá de lo publicado en la prensa. Se puso a disposición de los participantes una "Cronología" y un amplio "Dossier de prensa" (elaborados por el Centro de recursos de "Murcia Acoge" y "Desobedecer la ley - Convivir sin racismo"), y se entregó previamente a los invitados un "cuestionario" que sirviese como guión orientador para sus comunicaciones. Cada sesión con invitados se dividiría en un tiempo de exposición y un coloquio.

Se quiso dar la palabra, en primer lugar, a los que normalmente menos son escuchados, a los sin voz, a los que no cuentan como "agentes sociales", aunque su "discreta" presencia sea necesaria en la maquinaria social y que, además, en este caso, resultan ser los protagonistas principales de los hechos que queríamos conocer mejor. Por eso, la segunda y tercera sesiones estuvieron dedicadas a escuchar el relato de personas que participaron en la marcha de Lorca a Murcia, en los encierros, manifestaciones y demás actos reivindicativos de aquellos meses. Su presencia, sus experiencias, sus puntos de vista y sus contestaciones ayudaban a dejar en claro que quienes se encerraron en las iglesias eran trabajadores y ciudadanos puestos en una situación límite, que reaccionaban con resortes de dignidad y exigencia de elemental justicia, sin convertirse por eso en héroes de ninguna revolución ajena ni en candidatos al Nobel de los "sin papeles". Eran personas que desde una posición de precariedad, a pesar de su desventaja económica, social, lingüística, organizativa, etc., eran capaces de marchar 70 kilómetros a pie en una sola etapa, de encerrarse en iglesias, de manifestarse y luchar. Lo hicieron por necesidad, pero, añaden: "la lucha nos salió del corazón", como nos decía el portavoz de uno de los encierros. Sus reflexiones dejaban en claro que, a pesar del éxito relativo de las luchas, apenas se había avanzado contra la injusticia fontal: permisos de trabajo muy restringidos, pandemia de la economía sumergida en algunos sectores, falta de madurez humana y política por parte de la sociedad española, etc. "España es todavía un país niño en materia de inmigración", afirmaba otro de los invitados.

Las sesiones cuarta, quinta y sexta estuvieron dedicadas a iluminar las luchas de los trabajadores extranjeros desde cinco ópticas distintas: las de organizaciones de apoyo, sindicatos, organizaciones agrarias, los medios de comunicación y la iglesia católica.

Se pretendía, y se consiguió, que el seminario sirviera de espacio de reflexión acerca de cómo se había gestionado la lucha por parte de las asociaciones de apoyo, cuáles fueron las relaciones entre los encerrados y esas organizaciones, cómo se gestionó el liderazgo, qué análisis y procedimientos se empleaban para la toma de decisiones, qué visión se tenía del conjunto de las luchas en aquel momento y posteriormente, etc. El seminario ofreció la oportunidad de un diálogo y balance sereno, "a toro pasado", coincidiendo los participantes en lo fructífero de realizar una reflexión así, que deja en claro los méritos y también da pie para la autocrítica...

Hubo ocasión también de escuchar los análisis y argumentos, yuxtapuestos, de un representante de UGT y otro de COAG-IR. El diálogo con ellos enriquecía el análisis, pero también ponía de manifiesto las diferencias. Se expresó la perplejidad ante la tibieza sindical, salvo excepciones, a la hora de implicarse más en la defensa de los trabajadores extranjeros. Y también se detectaba la parcialidad de una lógica, la del pequeño empresario agrícola, que hace valer puntos de vista económicos, pero es ciega o se inhibe a la hora de contemplar al trabajador como persona con unos derechos y necesidades: "Necesitamos mano de obra para recoger la cosecha, y si está en Senegal, pues nos traemos de Senegal 300 mujeres, o de Polonia, de donde convenga. Y punto." En este "punto" empiezan las discrepancias.

Con las aportaciones de una informadora de una cadena de radio pasamos revista a la forma cómo los medios de comunicación informaron y crearon opinión acerca del "callejón sin salida" en el que estaban muchos extranjeros "sin papeles" en nuestra región. Aparecía como positiva la información producida por los profesionales locales, y la acogida y apoyo que prestaron, en un primer momento, a las luchas de los inmigrantes. Pero se constataba un giro bastante brusco en la opinión pública, que prácticamente había pasado de una simpatía inicial (en el momento del accidente de Lorca, la marcha hasta Murcia y los primeros días de los encierros) a un distanciamiento, al vincular inmigración con delincuencia, ilegalidad, etc. Si es cierto que hubo cierto apoyo a la lucha de los trabajadores extranjeros, no es menos cierto que ésta resultó seriamente perjudicada por la difusión de fraudes de la administración como fue del "retorno voluntario" para trabajadores ecuatorianos.

Respecto de la iglesia, se valoró, sobre todo, la solidaridad de los cristianos de base, de parroquias de barrio y movimientos, pues en gran medida contribuyeron al mantenimiento de las luchas con su apoyo sostenido, especialmente en aspectos tan básicos como la cesión de locales y el suministro de comida. La comunicación de uno de los párrocos cuya parroquia había albergado un encierro, subrayaba que había sido una experiencia de enriquecimiento también para la comunidad parroquial y el barrio. Y en esto mismo coincidía el portavoz de otro encierro en una parroquia de Cartagena. La geografía de los encierros fue bastante amplia. Barcelona, Valencia, Almería, Lepe, Madrid son nombres de poblaciones que estuvieron muchas semanas en la prensa por las luchas que en ellas se mantenían. Posteriormente los encierros estaban siendo objeto incluso de investigaciones académicas. Nosotros tuvimos la oportunidad de dedicar una sesión del seminario a conocer y comentar con su autora, la socióloga Clara I. Guilló, un trabajo académico que versa sobre los encierros de inmigrantes en la ciudad de Madrid: "Luchando por ser visible. Análisis de la organización y la acción colectiva de los inmigrantes en situación irregular en Madrid". Entre sus aportaciones señala la falta de coordinación entre los diferentes encierros y de éstos con las organizaciones de apoyo, así como la falta de objetivos de lucha final: "se demandaba más una regularización que el cambio de la ley de extranjería". Se dialogó acerca de similitudes y diferencias con las luchas en nuestra región, coincidiendo en que no se hizo lo ideal (vincular más la lucha a la exigencia de derogación de la ley de extranjería) pero sí lo posible: arrancar de la administración, en la práctica, un nuevo proceso de regularización.

En la última sesión, cada uno de los grupos de trabajo que se había formado expuso sus conclusiones. Nos había faltado la opinión de la administración o del partido gobernante, pues algún alto representante, aunque fue invitado, no se molestó en contestar. De modo que si en las primeras sesiones hablaron "los mudos", tomaron la palabra algunos de los sin voz, en nuestro seminario, "el mudo" fue el que normalmente más habla y menos deja hablar. Al terminar, entre los participantes se expresó el deseo de que la investigación realizada fuera recogida en un texto y alcanzase así alguna difusión.