CICLO DE CONFERENCIAS:

JÓVENES Y SOCIEDAD

Enrique Martín Criado, Concepción Fernández Villanueva, Joaquín García Roca, Carmen Costa González

(Resumen de Ramón Gil y Rosario Olmos)

 

Los "jóvenes" se han convertido en uno de los grandes referentes mitológicos de nuestra cultura. Existe una especie de euforia juvenil que invade todos los terrenos sociales y especialmente los comerciales. Paradójicamente los jóvenes también se ven asociados a todos los fenómenos "problema" que pueblan los medios de comunicación, desde el "paro" a la "delincuencia", pasando por el "consumo de drogas", la "apatía política", la "violencia", la "descomposición de la familia", la "crisis del sistema educativo" y un largo etcétera.

Pero los discursos sociales sobre "la juventud" poseen un fuerte componente proyectivo. Quizás revelan más de la sociedad que los produce, de sus intereses y contradicciones, que de los jóvenes mismos. Miedos, frustraciones, anhelos y deseos se proyectan sobre ellos, para convertirlos luego en objeto de planificación económica o administrativa, reclamo publicitario polivalente, objetivo de medidas policiales o represivas, sensación informativa, etc. Se trata de una operación de ocultamiento y ocupación de su mundo desde estrategias económicas, políticas y culturales que responden a intereses de los poderes que las diseñan.

Resulta necesario, pues, arrojar otra mirada a los jóvenes más atenta a la complejidad de su realidad, a la colonización adulta de su mundo, a las constelaciones sociales y culturales en las que se originan los riesgos y las oportunidades, las amenazas y las promesas, las dinámicas destructivas y creativas en las que los jóvenes intentan desarrollar sus proyectos vitales. Para ello es preciso desmontar los discursos dominantes sobre juventud y violencia, estudio, trabajo, apatía política, diversión, moda, etc. y abrir nuevos horizontes a sus oportunidades de realización.

Este fue el objetivo del Ciclo de Conferencia que con el título "JÓVENES Y SOCIEDAD" desarrolló su primera parte entre febrero y marzo del 2003 organizado por el Foro I. Ellacuría.

EL PARO JUVENIL COMO APUESTA POLÍTICA
Enrique Martín Criado - 14/02/2003

Para el profesor Martín Criado los problemas sociales y sus soluciones no son mero reflejo de una realidad externa, sino producto de una construcción. Estas construcciones suponen siempre una operación de categorización que selecciona los rasgos pertinentes e impertinentes. A su vez, toda categorización produce, en la medida en que logra conformar las representaciones y prácticas de los agentes sociales, efectos prácticos. A partir de estos presupuestos reflexiona críticamente sobre tres pares de categorías – jóvenes/adultos, parados/ocupados, formados/descualificados – que han estructurado el pensamiento y la intervención en torno al mercado laboral en las últimas décadas. La hipótesis fundamental que sostiene es que la articulación de las tres categorías ha sido una baza estratégica para reducir el poder social de negociación de los asalariados.

La situación diferencial frente al mercado de trabajo está determinada, en primer lugar, por el nivel de recursos que se poseen —capital escolar, red de relaciones familiares y de amistad, sistema de disposiciones incorporado durante el proceso de socialización, recursos económicos que permiten evitar durante un tiempo los callejones sin salida laborales y escolares, información diferencial sobre el funcionamiento del sistema escolar y el mercado de trabajo...— que están, en buena medida, ligados al origen social y posición de clase de los individuos. Es esta diferencia fundamental la que estructura distintos itinerarios de transición entre los jóvenes: diversidad de itinerarios que no acaba a una edad determinada, sino que marca, en muchos casos por toda la vida, la vulnerabilidad diferencial de los sujetos en el mercado de trabajo. Las consecuencias de tener una edad serían muy distintas en función del origen social y supondrían una estructuración secundaria respecto a la fundamental por origen social.

Categorizar los problemas de empleo en términos de edades no es, por tanto, una elección neutra, simplemente determinada por los hechos. Supone, por el contrario, una elección política que ha sido una baza decisiva para alterar la relación de fuerzas entre clases. Al plantear el problema en términos de edades, de una dicotomía tajante entre paro y empleo y de necesidades de formación, han excluido de lo discutible la desigualdad de clases, la diversidad de situaciones en el mercado de trabajo, la organización productiva y el deterioro de las condiciones laborales. Planteándolo en términos de déficits culturales individuales, han permitido el acrecentamiento del poder económico y político de las clases propietarias. Desviando la atención hacia la esfera formativa, han permitido la reordenación del ámbito productivo en el sentido de una mayor discreción empresarial. Separando tajantemente entre paro y ocupación, obviando el problema de las calidades de los empleos, han ocultado y legitimado el deterioro creciente de las condiciones laborales.

En consonancia con lo anteriormente expuesto, considera el conferenciante que la puesta en marcha de las políticas de lucha contra el desempleo mediante la formación ha permitido y subvencionado con fondos públicos una ofensiva general de la patronal contra el poder social de negociación de los asalariados. A varios niveles:

Ha permitido la generalización de la contratación precaria, que debilita a los asalariados de cara a cualquier negociación de sus salarios y condiciones de trabajo.

Ha permitido y subvencionado el adoctrinamiento de trabajadores y aspirantes a un empleo a las nuevas leyes del mercado, la inculcación a los trabajadores estables de un sentimiento de incapacitación, de falta de formación, y la culpabilización de los que permanecen en desempleo, considerados como deficitarios en capital humano.

Ha permitido la división de los trabajadores: escisión de plantillas entre estables y precarios, mayores y jóvenes, formados y no formados. Pero también la de los que aspiraban a buscar un empleo, mediante la individualización de los déficits y la promoción de las relaciones de competencia.

En definitiva, la lógica de la discriminación a favor de los jóvenes ha conducido a una renovación de las plantillas para tener trabajadores con menos poder de negociación, a una ruptura de las solidaridades formadas en el seno de los trabajadores estables y al aumento de la precariedad juvenil con la justificación de que están en formación. En otras palabras, asalariados con poco poder de negociación, que no tienen otra alternativa que obedecer, que aceptan agradecidos las condiciones que se les imponen, o lo que es lo mismo, mano de obra sumisa y barata.

LOS JÓVENES Y LA VIOLENCIA
Concepción Fernández Villanueva - 28/02/2003

Quizás resulte funcional al orden social exagerar la importancia del factor juventud en la explicación de la violencia y desconocer otras dimensiones que son mucho más inquietantes a la vez que mucho más conectadas con el mantenimiento del orden social. Al calificar la violencia protagonizada por jóvenes como sin sentido, gratuita o arbitraria, se le está condenando y, al mismo tiempo, desconociendo las verdaderas razones de la misma. A juicio de la conferenciante es mucho más útil entender las claves de todas las demás violencias que tomar el fenómeno como específico.

Las principales razones del desencadenamiento de actos de violencia y del mantenimiento de los procesos violentos son fundamentalmente dos: que resulten útiles, instrumentales que estén legitimados. La violencia es una estrategia de interacción y como tal adquiere o pierde su sentido.

Los contextos de violencia en los que los jóvenes son protagonistas son novatadas, violencia escolar en general, manifestaciones políticas, estrategias políticas organizadas, grandes conciertos o espectáculos, la calle, los espacios de la vida cotidiana y grupos especiales como los Skins y grupos políticos organizados. En el contexto escolar las novatadas, el mobbing y el acoso son formas de dominio entre grupos de alumnos o dominio de género, el vandalismo o los enfrentamientos contra profesores pretenden ser formas de dominio contra la institución. En la calle, los lugares de ocio, los contextos deportivos o los espectáculos los incidentes de violencia se explican como estrategias de diferenciación entre grupos, control de territorios, control de recursos o de identidades. Los grupos especiales Skins o grupos políticos organizados como pueden ser los jarrai utilizan la violencia como estrategia reivindicativa. En estos grupos se observa: climas de violencia (familiaridad con ella, afinidad, defensa de métodos expeditivos para resolver los problemas, insultos, descalificaciones y polarización social), incidentes agresivos (agresiones a otros grupos, agresiones racistas y xenófobas), agresiones hiperdefensivas contra jóvenes de ideología contraria y agresiones contra personas excluidas de su modelo de sociedad (homosexuales, prostitutas, insumisos, drogadictos...).

El análisis de los incidentes protagonizados por jóvenes nos permite acceder a ciertos factores que son comunes en la explicación de la violencia: la identidad, el grupo, la ideología y lo imaginario. Los individuos construyen identidades grupales en el marco de la interacción social, en el marco de los grupos disponibles o de otros relacionados con ellos. En un escenario de vulnerabilidad en la construcción de la identidad se producen varios fenómenos: la radicalización de las diferencias, la formación de un odio apriorístico y la desarticulación entre lo legítimo y lo legal. El grupo es importantísimo en la vida de los jóvenes. Cada una de las acciones del joven adquiere un sentido nuevo cuando se enmarcan en la grupalidad. Los grupos pueden acentuar la rivalidad, aumentar la presión para actuar, dificultar la evaluación de las consecuencias y difuminar la responsabilidad. Los valores y las ideologías pueden justificar la violencia y dar significado político a la actuación de los sujetos. Los componentes imaginarios tienen una importancia fundamental en la juventud por ser un periodo de reconstrucción de la identidad. Las imágenes de fragmentación, degradación, deformación y evitación de las víctimas están muy presentes en los actos de violencia además de unos beneficios futuros incrementados imaginariamente.

La profesora Fernández Villanueva considera que la violencia protagonizada por jóvenes participa de las mismas causas, dimensiones, objetivos y justificaciones que la violencia de los adultos. Tanto en un caso como en otro hay que fijarse en los momentos en los que aparece y en los que desaparece. Es ahí y no en factores madurativos, hormonales o puramente psicológicos, donde residen las claves de su interpretación. Aparece porque existen unas condiciones sociales en las que adquiere sentido y desaparece cuando deja de tener sentido porque hay otras formas de conseguir lo mismo. Tanto la violencia de los jóvenes como el resto son procesos dinámicos en los que se puede intervenir. El camino para comenzar a transformarla debe de partir de un serio esfuerzo por intentar entender el sentido que la violencia tiene para sus protagonistas.

La legitimación, en la que intervienen elementos imaginarios, es lo más importante en la explicación de la violencia, ya que elimina los obstáculos internos que se oponen a ella desde la represión ejercida en el proceso de socialización. Los padres y la familia son los primeros elementos legitimadores o deslegitimadores de la violencia, pero no podemos olvidar otros sistemas o prácticas que se dan en contextos peculiares: la cultura mafiosa, la de los justicieros tipo Rambo o de los sicarios, las ideologías políticas totalitarias y la cultura machista con su glorificación de la fuerza y la violencia. Los medios de comunicación, transmisores y creadores de estrategias legitimatorias, pueden reforzar las conductas violentas no sólo con argumentos y discursos verbales, sino con otros recursos escénicos como mostrar, esconder, acentuar o minimizar los daños y las consecuencias.

JÓVENES, UNIVERSIDAD Y COMPROMISO SOCIAL
Joaquín García Roca y Rubén Torregrosa - 8/04/2003

Chimo y Rubén expusieron en la conferencia su experiencia y reflexión acerca de un proyecto protagonizado por jóvenes estudiantes universitarios que comenzó hace diez años en la periferia urbana de Valencia, compartiendo pequeñas alianzas entre el norte y el sur. Dicha experiencia nos muestra que otro mundo es posible, que otra sociedad, otras relaciones y otra universidad son posibles.

El proyecto nace de unos jóvenes que no se querían entender exclusivamente desde la profesión a alcanzar, sino desde el derecho, el deber y la responsabilidad de ser activos en todos los frentes de su vida personal y social.

Los pilares del proyecto, en el que participan noventa jóvenes procedentes de más de veinte países del sur con los de acá, son fundamentalmente la solidaridad, el reconocimiento, la participación y la comunicación. Orientados por una pedagogía de la responsabilidad, los estudiantes son los protagonistas en que la experiencia siga adelante, para lo cual se autoorganizan en grupos de trabajo con un coordinador. En los dos primeros meses del curso los estudiantes dedican su esfuerzo a conocer la realidad del Colegio y del barrio.

Los tres grandes problemas de este barrio de 6.000 habitantes, en el que se colocó todo aquello que la sociedad no quiere ver, y que se han intentado taladrar desde el principio han sido: 1º El aislamiento. Distanciado 12 km. de la ciudad, entre montañas y entre autopistas. Con la llegada de los estudiantes empiezan a ir autobuses. 2º El estigma. Muchas personas confiesan ocultar que vivían aquí. Los que inician la experiencia le ponen al colegio el nombre de "Colegio Mayor La Coma". 3º La falta de autoestima. Frente al "aquí no se puede hacer nada", se promueven y potencian un importante número de iniciativas.

A cambio aseguran haber recibido un poco de humanidad y ver el estudio desde otra perspectiva, ver desde el reverso una deficiente economía y una mala arquitectura que hacen urbanismo sin la gente. Se ha conseguido un deshielo de la razón, profundizar en los estragos de la civilización y tener objetivos de vida. Desde allí se descubre que la universidad no se ha de entender exclusivamente para formar buenos profesionales, sino que se ha de plantear cómo puede servir a la causa de los marginados y de la transformación de la sociedad desde un horizonte de mayor justicia. No pierde nada la razón, no pierden nada los estudios, sino que se crece en horizontes y criterios, si se tienen ganas de saber, pero para la emancipación.

Las claves del compromiso social han sido: el vivir, el participar y promover iniciativas. Lo primero ha sido el encuentro, la vivencia, el ser vecinos. De ahí surgen iniciativas. Los estudiantes han intentado integrarse en las distintas iniciativas o acciones existentes en al barrio, para potenciarlas. El Colegio ha promovido y aportado diversas iniciativas y actividades en colaboración con la gente.

Otra clave del Colegio es el encuentro con una realidad social y el encuentro con otras culturas. Convivir con gente de cultura distinta, de procedencia tan diversa ha sido una experiencia extraordinaria. Gran parte de los problemas de hoy se debe a la falta de convivencia, al desencuentro entre los pueblos y al desconocimiento de otros países y culturas. El Colegio proporciona ese conocimiento y el encuentro a través de diversas actividades. Por ejemplo, no sólo se celebra la Navidad, sino también el Ramadán; y algo poco habitual, saharauis y marroquíes comparten la misma mesa.

Finalmente es digno de resaltar que no pocos de los estudiantes que han vivido esta experiencia descubren que lo que se ha hecho en el barrio es preciso transportarlo a la colaboración en el campo de la inmigración en sus respectivos países. Muchos de estos jóvenes cuando regresan a sus países siguen comprometidos promoviendo experiencias similares a la que vivieron aquí.

JÓVENES Y ANTIGLOBALIZACIÓN
Carmen Costa
- 28/03/03

Entendemos la globalización (en su nivel económico) como un proceso de interconexión económica y financiera a nivel mundial, que se ha visto acelerado sobre todo por el gran avance de las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación. Podemos decir que el capitalismo ha sido global desde que se generó. No es por tanto un fenómeno nuevo. Pero si pasamos a analizar los cambios que se han producido como consecuencia de la globalización en los últimos años (finales de los setenta, principios de los ochenta), vemos que son de una gran importancia, principalmente, porque están afectando de manera relevante al papel del Estado como agente económico, y también como agente político y social. En los últimos años se está poniendo en entredicho el concepto de Estado Nación y al mismo tiempo el concepto de ciudadanía.

El poder de regularización económica de los Estados se ha visto seriamente afectado sobre todo por la liberación de los movimientos de capital. La expansión del capital está teniendo supremacía sobre los Estados Nacionales. Hasta ahora la actividad económica estaba "controlada" por los Estados, los cuales velaban por el bienestar de sus ciudadanos. Hoy estos Estados cuentan cada día con menos poder para controlar todos los procesos que se dan en el mercado mundial. En este proceso han tenido mucho que ver el BM, el FMI y la OMC.

Como consecuencia de todos estos cambios, los ciudadanos han creído necesario tomar ellos el protagonismo y canalizar, de alguna forma, sus inquietudes y sobre todo sus demandas. Esto se ha hecho, entre otras maneras, a través de los movimientos antiglobalización.

Estos movimientos antiglobalización se caracterizan sobre todo por vincular a diferentes colectivos de todo el planeta en tiempo real. Para ello utilizan las nuevas posibilidades tecnológicas en información y comunicación (internet, teléfonos móviles, etc.) que se han convertido en su principal instrumento de organización. Estos movimientos antiglobalización reflejan en sí mismos la situación que se está viviendo en el mundo. Su fuerza radica en su capacidad de denuncia, así como en su capacidad para despertar las conciencias a nivel mundial, en cuanto a las consecuencias negativas y los riesgos que trae consigo la globalización.

Sin embargo, a los movimientos antiglobalización no les interesa tener el poder, ni siquiera cambiar radicalmente la sociedad, simplemente quieren hacer un mundo más humano donde tengamos cabida todos. Esto es muy loable, pero es aquí donde radica su principal contradicción. En la medida en que no se accede al poder es muy difícil cambiar el mundo. La ventaja, en este sentido, que le podemos reconocer a estos movimientos es que han logrado ir frenando ciertas posturas. Los movimientos sociales actuales son fundamentalmente movimientos denunciantes, más que portadores de alternativas. Simplemente tratan de manifestar un descontento mundial generalizado, más que diseñar propuestas de acción o alternativas. En este sentido, los movimientos sociales pueden ser considerados una potencia débil. Este es un debate que con mucha frecuencia se plantea dentro de estos movimientos.

Actualmente nos encontramos en ese punto de búsqueda de algo que aún no está definido. Lo que tratan de hacer los movimientos antiglobalización no es tanto tomar el poder como intentar transformarlo o debilitarlo. Tenemos que valorar en estos movimientos el intento de crear una conciencia ética universal. Con esto se están abriendo nuevas oportunidades para la crítica y, por qué no, quizás también para crear un nuevo paradigma de acción. Debemos ser optimistas y pensar que cualquier transformación o cambio no surge de la noche a la mañana. De lo que estamos seguros es de que hay algo que se está moviendo y que no sabemos muy bien hacia dónde nos va a llevar.

En los años 70 y 80 los movimientos juveniles se caracterizaban por sus demandas en relación a temas culturales. En cambio, en estos nuevos movimientos las demandas están relacionadas con el tema del capital, más concretamente contra el capital financiero. Es verdad que hasta ahora el joven que se nos describía era el de un sujeto apolítico, que participaba poco o nada en la vida social, y que su principal distracción era pasar horas y horas delante de un ordenador. En este panorama de descompromiso juvenil, los movimientos sociales empiezan a ofrecer nuevas maneras de participación ciudadana. Ahora, estos movimientos se están convirtiendo en nuevos espacios de expresión para los jóvenes.

Es interesante ver cómo esta misma juventud, que estaba embarcada en el "rollo" del consumismo, sea ahora la que está retomando los problemas relacionados con el capital y con el sistema de producción. Es ésta la generación que está recogiendo la herencia de las experiencias de los movimientos sociales anteriores a los años 70. Y esto no es casual, pues los jóvenes, junto con las mujeres y los pueblos indígenas han sido los sectores más apaleados por estas nuevas políticas financieras. Los cambios en el mercado laboral (desempleo, inestabilidad, precariedad del trabajo, etc.) y las crecientes dificultades de acceso a la vivienda son realidades que están afectando principalmente a los jóvenes.