Seminario

INMIGRANTES EN EL CINE DE LOS 90

Juan Carlos García Domene

 

 

A lo largo del siglo XX, el cine abordó la cuestión de la emigración desde una perspectiva histórica, nacionalista y romántica. Primeramente, se recordaron las hazañas de europeos instalados en Estados Unidos o en Australia; más tarde, el cine realista italiano se ocupó del tema e incluso la película española "Vente a Alemania Pepe" muestra con sarcasmo a los emigrantes españoles en centroeuropa. Desde los años 90, el cine español y europeo, trata este asunto con una mirada nueva, crítica y comprometida.

En la misma dirección de los objetivos del Foro Ignacio Ellacuría y complementando su oferta de reflexión y pensamiento se ofreció durante el primer semestre del curso 2001-2002 un Seminario sobre "Inmigrantes en el cine Europeo de los años 90" que fue frecuentado por veinte participantes. Su objetivo era aproximarnos a la visión de la inmigración que está aportando el cine, favoreciendo una consideración sobre sus causas y mecanismos de explotación detectando las consecuencias personales, sociales y culturales y las vías de solución. En cada una de las seis sesiones se presentó una película, debidamente introducida, documentada y secuenciada. Tras proceder a su proyección se mantuvo un fórum abierto sobre algunas cuestiones.

El criterio de selección de los filmes fue múltiple. En primer lugar, su fecha de producción, porque todos ellos son posteriores a 1990 con el fin de abordar temas actuales y no genéricos. El seminario no quería abordar la inmigración en general, sino a los inmigrantes en la Europa de la última década. En segundo lugar, la calidad cinematográfica, ya que sólo se proyectaron películas de alto valor artístico. En tercer lugar, se vieron películas disponibles en VHS procedentes de copias comerciales o de grabaciones de TV, y esto también limita bastante. Por último, quisimos recorrer todas las minorías y realidades de los inmigrantes en Europa, con lo cual fueron seleccionadas películas sobre colectivos de africanos, de magrebíes, de europeos del este, de latinoamericanos, de turcos, etc.

Para mirar la realidad de los inmigrantes del Magreb en España se proyectó -en la primera sesión- Las cartas de Alou (M. Armendáriz, España 1990, 95 min). En esta película veíamos "desde los ojos del otro" nuestra propia realidad, las relaciones del inmigrante con el país de origen y, como si se tratara de un informe sociológico, un resumen de los grandes problemas: trabajo, relaciones personales, clandestinidad, policía, y condiciones de vivienda. En la segunda sesión viajamos desde Italia hasta la Albania caótica de los primeros años 90 de la mano de Lamerica (G. Amelio, Italia1995, 125 min). Aquí es "el otro" quien es visto desde nuestra mirada porque a través de su protagonista pudimos meternos en la piel de los que sueñan salir de su miseria y lo hacen en el idioma de la televisión: el italiano, el alemán, el francés o el español. Los subsaharianos en Bruselas fueron contemplados, en la tercera sesión, a partir de la proyección de La Promesa (L. y J. P. Dardenne, Belgica, 1997, 97 min). Ese joven adolescente, aprendiz de traficante de seres humanos, se encuentra -como la misma Europa- ante un dilema moral: ser fiel a sus principios o machacar al que tienes delante, tenga el color que tenga. En la cuarta sesión, vimos en la más minoritaria de las producciones, el paisaje humano del este europeo desde las inmediaciones del Retiro en Madrid con la película El sudor de los ruiseñores (J. M. Cotello, España 1998, 100 min). Este filme nos recordaba que el inmigrante es tanto o más sensible, culto, capaz y humano que la sociedad que lo recibe; contraponía los valores de ambos mundos y explicaba con crudeza la injusticia y la dureza de la vida. La quinta sesión, para abordar la realidad de los cubanos en España, y especialmente de las cubanas, se desarrolló con Cosas que dejé en La Habana (G. Aragón, España 1998, 106 min). El papel de la mujer en la inmigración es de doble marginación y explotación. Por último, proyectando Bailando en la oscuridad (Lars von Trier, 2000, 146 min.) conocimos la situación de una inmigrante checa que trabaja incansablemente en Estados Unidos para curar a su hijo gravemente enfermo. Se trata de recrear (de-construir) el musical clásico consiguiendo con categoría de obra maestra hacer pensar y disfrutar a un tiempo.

El Seminario concluyó con la proyección en pantalla grande, y coincidiendo con la Semana de Derechos Humanos en la ciudad de Murcia, de Le gône du Chaaba (C. Ruggia, Francia 1997, 96 min.) en versión original subtitulada: las chabolas de los primeros argelinos en las afueras de Lyon vistas y vividas por un niño. En este acto, participamos junto a colectivos de inmigrantes que aportaron mucho al fórum posterior.

En cada una de las películas podía entreverse un perfil identitario de los grupos sociales. Basta considerar y analizar sucintamente la lengua, las costumbres, los estilos de vida, la vivienda, etc.. Tratamos de descubrir sus condiciones laborales, su organización política y sindical, sus relaciones con las policías y las autoridades. También nos ocupó parte de los diálogos reconstruir la identidad personal de los inmigrantes, su constelación familiar y religiosa a partir de las realidades mostradas en el filme. El cine no se puede ver como si se tratara de un documental televisivo que te entretiene e incluso te ilustra y te ofrece informaciones curiosas que sacian nuestra superficial necesidad de saber y conocer. El cine, de nuevo, se presenta en estos filmes como arma cargada de futuro, como mirada que penetra y que exige tomar postura y que sirve para algo más que entretener porque cuestiona y plantea importantes desafíos. El Seminario ha puesto de manifiesto que a pesar de ser películas de diversa nacionalidad, de contextos ideológicos distintos y realizadas con fines diferentes, todas muestran algo en común: Europa tiene delante el reto de la interculturalidad, formulado en categorías de dilema ético. Es preciso plantear el reparto del trabajo y la riqueza y la necesidad del reconocimiento del otro, vivido no sólo como amenaza, ni como felpudo donde dejar mis miserias, sino como interpelación profunda de mi realidad y como iluminación del sentido de la existencia.