SEMINARIO «CINE Y RELIGIÓN II: UNA PRESENCIA MULTIFORME»

Juan Carlos García Domene

Prof. Didáctica de la Religión - Univ. Murcia · Foro I. Ellacuría

 

 

Durante el segundo semestre desarrollamos una segunda edición del Seminario "Cine y Religión" que había abordado la cuestión trascendental en su primera entrega durante el curso anterior. En esta ocasión, pretendíamos indagar las diversas formas en que está presente en el cine contemporáneo la cuestión de Dios y de la religión descubriendo una relación ambivalente entre lo audiovisual y la trascendencia. Siguen habiendo muchas películas explícitamente ocupadas en lo religioso, aunque algunas de ellas son puro producto de consumo. En ocasiones, existe una reducción del misterio, pero también el cine sirve de vehículo para la expresión y el planteamiento de valores y experiencias religiosas. Pudimos constatar un tratamiento del hecho religioso en el cine comercial contemporáneo que va desde la ironía, la manipulación o la propaganda hasta la mera crónica de lo religioso. No hemos proyectado películas de género, sino películas donde esporádicamente o de forma latente subyace una presencia de la religión, de Dios, del misterio más que de las Iglesias. En ese tratamiento "de refilón" o de soslayo se entrevé una presencia multiforme, diversa, variada. Nos interesaba sobre todo la convergencia entre la posibilidad de creer y las formas de decir la fe, y la posibilidad de no creer y la formas de callar o negar la experiencia de Dios.

En cada sesión se presentó una película, precedida de unas claves de interpretación, un guión y unas referencias para el análisis posterior. Se procedió a su proyección y se mantuvo un coloquio sobre la problemática presentada. Se proyectaron en total cinco películas a partir de las ocho de la tarde de cinco miércoles de los meses de abril y mayo de 2005.

El día 5 de abril comenzamos presentando Azul, de K. Kievlowski, rodada en 1989. A partir de la experiencia de su protagonista, que encarna la actiz Juliette Binoche pudimos desvelar el papel de la fe, y de la fe religiosa, ante el sufrimiento, la muerte y la traición. En esta película se descubrió la experiencia límite —perder de un accidente al marido y a la única hija— y cómo el amor es la única salida posible cuanto parece que no es posible ni siquiera decir el nombre de Dios. Pertenece la película a un reconocido director polaco, que en la trilogía culmen de su carrera, dio muestras de su talento, su profundidad y su capacidad para decir el misterio de la vida, de la muerte, de la sed de sentido y de la búsqueda trascendental.

Proseguimos abordando la religión como producto cultural de consumo. Pudimos proyectar y profundizar ese tratamiento a partir de la película menos religiosa que curiosamente lleva el nombre más sublime: Como Dios, de T. Shadyac, estrenada en 2002. Es una comedia donde la religión queda ironizada y reducida a pura moral privada y donde probablemente un purista pensará que se toma en vano el nombre de Dios. Hay muchas producciones recientes que siguen abordando el asunto de la religión, pero que tienen el formato de comedia romántica. Daría lo mismo una producción de época, un western o una película de ciencia-ficción, el formato es el mismo. No obstante, en esta película se proponen contenidos religiosos no cristianos, y menos aún católicos, y se desvela una concepción de la religión muy adecuada al neoliberalismo y al individualismo de la posmodernidad.

La obra maestra Una historia verdadera, de David Linch, del año 2000, para algunos participantes del seminario fue el culmen de la propuesta. No es una película religiosa, explícitamente no aborda el tema de Dios, pero en su calidad y en su fondo argumental así como en su tratamiento e interpretación ofrece una reflexión hondísima sobre el perdón como suprema expresión religiosa y humana y permite entrever la posibilidad del Dios cristiano que se expresa en la misericordia. En esta dirección, el curso adquiere todo su sentido, cuando se rastrea el diálogo de la fe con la cultura contemporánea, y cuando se vislumbran nuevas mediaciones y expresiones.

De contenido más socioreligioso puede denominarse la película de Denis Arcand, estrenada en 2003 y cinta revelación del año, titulada Las invasiones bárbaras.¿Sobrevivirá la fe en los sótanos de una civilización moribunda? En la avanzada Canadá, las ideas que sostuvieron y promovieron el Estado del Bienestar han caído con la misma radicalidad que los servicios sanitarios públicos. Una nueva realidad, representada en el hijo, se abre paso frente a los viejos mitos y dogmas de la sociedad progresista de los años 60 del siglo XX. Son unas nuevas invasiones de los bárbaros que dejan poco hueco a los valores y a las creencias. ¿Qué futuro le espera a la religión en el siglo XXI en las sociedades muy desarrolladas? La película tiene más valor como documento para la reflexión que como análisis. No queda un buen sabor de boca, pero no queda mejor sabor cuando miramos radicalmente al mundo que nos rodea. ¿Queda algún hueco para la trascendencia?

La última sesión sirvió para ver La Buena estrella del español Ricardo Franco, 1997. De nuevo la solidaridad, de nuevo la compasión, de nuevo poner de manifiesto que el último reducto creíble de la religión en Occidente es la Parábola del Buen Samaritano que muestra el rostro de Dios en el amor al prójimo, en el amor al desconocido, en el amor a la persona maltratada y maltrecha por los bandidos del camino. No tuvo tampoco esta película una intencionalidad religiosa, también fue como las restantes, un éxito de crítica y de taquilla, y fue especialmente galardonada con los Premios Goya. Sin embargo, desde una mirada creyente o al menos abierta a la trascendencia, es difícil evitar ver en una recreación de la parábola de Jesús.