SEMINARIO INTERNO:
żOTRO MUNDO ES POSIBLE?
ALTERNATIVAS A LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL

José Cervantes Gabarrón

Prof. de Nuevo Testamento • Foro I. Ellacuría

 

El Seminario Permanente del Foro “Ignacio Ellacuría” ha concentrado su atención durante el curso 20032004 en el estudio, investigación y debate de Las alternativas a la globalización liberal, en torno a la cuestión ¿Otro mundo es posible?. Para ello hemos ido analizando y debatiendo por capítulos el libro de Rafael DíazSalazar Justicia global. Las alternativas de los movimientos del Foro Social de Porto Alegre (Barcelona: Icaria/Intermón Oxfam 2002). De dicho trabajo ofrecemos la síntesis en este Informe anual (nº 7) de nuestro Foro I. Ellacuría.

Sociedad civil mundial, movimientos sociales y

propuestas para una globalización alternativa (Primera Sesión)

En la reunión del día 18 de octubre contamos con la presencia entre nosotros de Rafael DíazSalazar, el cual había dado una conferencia el día anterior sobre “El Foro de Porto Alegre. Movimientos por la justicia global”. En la sesión del seminario discutimos con el autor la introducción de su libro.

El diálogo giró en torno a las cuestiones más relevantes del capítulo titulado “Sociedad civil mundial, movimientos sociales y propuestas para una globalización alternativa”. En él se presenta cómo se ha ido gestando esta nueva forma de ciudadanía social que se aglutina en torno al Foro Social Mundial de Porto Alegre (FSM). El contenido de este capítulo se muestra dividido en varios apartados:

  1. La estructura y el desarrollo del FSM.

  2. Los distintos movimientos sociales y las redes internacionales de esta nueva sociedad civil mundial (Vía Campesina, ATTAC, Marcha Mundial de las Mujeres, Jubileo 2000, etc.)

  3. Propuestas para una globalización alternativa: objetivos mínimos de lucha contra la pobreza, soberanía alimentaria, sanidad y educación para todos, restituir la deuda ecológica, paz y desarme, Derechos Humanos, control democrático de las empresas transnacionales y defensa de los derechos de los trabajadores, condonación de la Deuda Externa, comercio internacional justo, control de capitales e impuestos internacionales, nuevas instituciones internacionales de gobernabilidad global.

  4. Una Internacional de Movimientos por la Justicia Global.

El Tercer Foro Social Mundial tuvo lugar en Porto Alegre en enero del 2003. Asistieron miles de personas representantes de organizaciones sociales, políticas, humanitarias, culturales, ecológicas, etc., de todo el mundo. El FSM destaca por su carácter reivindicativo y de lucha contra el neoliberalismo. Su reto está en multiplicar los esfuerzos de todos los movimientos sociales allí presentes para establecer un marco de lucha común por un mundo mejor, planteando alternativas socioeconómicas viables para un nuevo modelo de sociedad.

Tras una introducción de R. DíazSalazar los miembros del seminario plantearon abiertamente varias cuestiones:

1. Las redes de solidaridad sindical.

Los sindicatos son, o deberían ser, uno de los grupos más representativos de la sociedad civil. Pese a ello, se tienen algunas reservas en cuanto a la participación de los sindicatos tradicionales en el FSM, pues su presencia parece poco combativa. Las relaciones en el FSM se dan más entre organizaciones sindicales del Tercer Mundo y ONGs del Primer Mundo. Parece un déficit dentro del FSM el hecho de que no haya redes que aglutinen a asociaciones sindicales del Norte y del Sur.

El FSM es un ámbito donde se refleja y regula todo lo que ocurre fuera. Los sindicatos del primer mundo responden a lo que es la clase trabajadora del capitalismo avanzado, es decir, son el reflejo de lo que son los trabajadores de nuestras sociedades. En los sindicatos del Norte no se tratan los temas de los empobrecidos del Sur. Los sindicatos, en algunos casos, han perdido su poder en favor de otro tipo de intereses, incluso parecen como ausentes de la realidad del trabajador. ¿Han perdido su capacidad de defender lo esencial de su función? ¿En qué medida los modelos sindicales originarios pueden ser recuperados y no sólo superados? ¿Cómo hacer para que la fuerza potencial del sindicalismo pueda de nuevo manifestarse y contribuya así a una mundialización de la justicia social?

Sin embargo, los sindicatos de los países del Sur tienen otra forma de luchar y de reivindicar. Por su gran dependencia económica no pueden conseguir con sus luchas locales lo que el sindicalismo europeo ha conseguido. De aquí la importancia de la presencia del sindicalismo del sur en el FSM y la necesidad de una estrategia mundial internacional para conseguir determinados objetivos.

En cualquier caso, hay que resaltar una mayor presencia sindical en la última edición del FSM así como un tratamiento más amplio de los temas laborales y sociales que en las reuniones anteriores. Se debe reconocer también que un nuevo sindicalismo europeo ha estado siempre presente en el FSM, representado, sobre todo, por sindicatos de Francia e Italia.

El problema de los sindicatos del primer mundo quizás no esté tanto en que sean más o menos beligerantes contra la injusticia, sino en que las bases no tienen una utopía que las movilice. Los cambios de la realidad van siempre precedidos de la capacidad de imaginar alternativas, nuevas formas de convivencia y organización de nuestro mundo. Hacen falta, pues, nuevas utopías compartidas.

2. La reforma del sistema económico.

La etapa neoliberal ha situado a los sindicatos en un periodo de aguante, de mantener las cosas como están. El sindicalismo europeo ha dejado de plantearse como horizonte la democratización económica. Por eso se cree que los objetivos que se plantean en el libro de DíazSalazar, aunque sean mínimos, son inalcanzables sin una reforma del sistema económico. ¿Plantear una socialdemocracia universal no está reclamando un cambio de sistema? ¿Qué ocurre, por ejemplo, con el tema del reparto de la plusvalía mundial? Para que haya una recaudación de parte de la plusvalía generada con el fin de dedicarla a políticas sociales es necesario una acumulación, y en el sistema capitalista la apropiación acumulativa de la plusvalía está relacionada directamente con las diferencias entre el Norte y el Sur. Sería necesario una reforma mundial del sistema productivo que implicara una redistribución justa de la riqueza. Hay que replantearse a fondo el propio modelo económico, pues la producción, distribución y explotación de los recursos debería ser compatible con una verdadera democracia económica. Es importante que en el Norte, y en el FSM, se tematicen todas estas cuestiones de transformación de la estructura productiva, del trasvase de la plusvalía generada en el Tercer Mundo, etc. Si estos temas no se plantean es imposible aspirar a un sistema de bienestar mundial.

Esta cuestión es complicada. Los sindicatos europeos también tienen una gran dependencia económica y es improbable que sean los artífices del cambio. Para muchos la esperanza está en las bases, que son las que pueden llevar a una auténtica revolución. La capacidad para transformar la realidad quizás radique en una nueva sociedad civil.

Hay que recordar que las transformaciones sociales hay que hacerlas con una mayoría de la población, aunque empiecen a gestarse en un grupo pequeño de personas. Pero ¿por qué estas mayorías se transforman en “minorías gloriosas” cuando se estructuran? Uno de los motivos puede ser la falta de cultura moral que tienen las organizaciones hoy día.

El capitalismo ha triunfado precisamente porque es un mecanismo muy potente para crear riqueza y esto ha atrapado a la mayoría. Los valores capitalistas han hecho que la lógica del mercado lo invada todo y a todos. Si queremos que arraigue una verdadera democracia, no podemos olvidar que es necesario que existan personas que vivan los valores democráticos, que se hayan socializado en ellos y, además, que los hayan interiorizado. Es primordial que las personas tengan un cierto talante cívico para que arraigue una verdadera democracia. En el Sur sí que existen verdaderos movimientos cívicos que luchan por la subsistencia. En el Norte la situación es muy diferente. En España, sobre todo, tenemos un sentido de la ciudadanía muy particular. Por ejemplo, cuando acontece algo que nos indigna (guerra de Irak), hacemos unas cuantas manifestaciones en contra del gobierno y ahí acaba todo para la mayoría. Y no nos damos cuenta de que para solucionar los problemas es necesario distanciarse de los periodos inmediatos y saber pasar de la indignación al compromiso.

Uno de los propósitos, que merece la pena resaltar, de la última reunión del FSM es la de crear grupos de asesoramiento que lleguen a los gobiernos. ¿Se pueden crear en la práctica alianzas entre los movimientos sociales y determinados gobiernos (p.ej. Brasil)? Ésta es una propuesta que se debería de reforzar. Hubiese sido muy interesante, por poner un ejemplo, que un grupo de asesoramiento se hubiese reunido con el gobierno antes de que hubiese tenido lugar la conferencia de la OMC en Cancún.

3. La transformación social

Desde esta perspectiva cabe preguntarse ¿qué tipo de ciudadanía tenemos? ¿cuál es el nivel de movilización social en nuestro país? ¿qué tipo de personas se movilizan? Está claro que la ciudadanía es una construcción social. De lo que se trata es de que los individuos puedan socializarse de tal manera que puedan ser capaces de tomar iniciativas (políticas, culturales, económicas, etc.) al servicio de todos, que sepan responsabilizarse de las injusticias de nuestro mundo, que sean solidarios, dialogantes, abiertos, etc.

No es ésta una cuestión trivial. Actualmente no tenemos instancias de generación prepolítica que nos sirvan para formar a las generaciones futuras, o al menos las que hay no tienen la misma fuerza que tenían antes. Si a nivel personal necesitamos de modelos de identificación, a nivel colectivo ocurre lo mismo. La familia, por ejemplo, se ha quebrado como ámbito de socialización; ahora se ha convertido en una cooperativa de consumo y afecto. La escuela no tiene proyectos en la línea de crear una ciudadanía participativa. La Iglesia ha perdido también ese papel socializador a través del cual antes se nos presentaban modelos de identificación que nos ayudaban a desvelar valores, potencialidades, virtudes.

Es necesario, pues, reforzar todas estas instituciones socializadoras poniéndolas al servicio del cambio. Es importante que nos preguntemos ¿qué tipo de sociedad queremos? ¿qué modelo educativo queremos? ¿qué modelo de ciudadano queremos construir a través de la enseñanza? .

4. Medios de comunicación y creación de opinión pública

A lo largo del debate, surge otra preocupación: ¿Se está trabajando o reflexionando en los movimientos sociales sobre las estrategias que se utilizan para crear opinión en la población? ¿Cómo tratan los medios de comunicación el tema de los movimientos sociales? Todos sabemos la relación estrecha entre los medios de comunicación y la creación de opinión pública. También se ha subrayado en numerosas ocasiones el papel central de los medios concebidos como aparato de legitimación del sistema capitalista. La fuerza del sistema está en el control de los medios, y a través de ellos, el control de la opinión pública. ¿Cómo hacer para que los medios intervengan en el proceso de cambio? ¿Cómo competir con los medios para provocar la reflexión? Ésta es una tarea difícil, pero se apuntaron algunas sugerencias. En primer lugar es importante conocer el sistema mediático, saber cómo funcionan los nuevos códigos de comunicación. Es decir, aprender los nuevos lenguajes de la cultura de masas. Por otro lado, debemos analizar los efectos e influencias que tienen sobre la mayoría, y hacer un esfuerzo por conocer por qué resultan tan sugerentes, tan atractivos.

5. Financiación del FSM

Al finalizar la sesión surgió una última pregunta muy interesante, sobre todo de carácter práctico. ¿Cómo se financia el FSM?:

1. Oxfam = el perfil socioeconómico de sus socios es de clase mediaalta.2. Fundaciones nortamericanas privadas con mucho dinero.3. Fundaciones alemanas (antiguo partido comunista)4. Estado y Ayuntamiento de Porto Alegre.5. Las propias personas que acuden que son en su mayoría de clase mediaalta, salvo algunos casos.

Los cambios de la realidad son siempre difíciles. Crear nuevas formas de relaciones humanas sólo podrá conseguirse si en principio somos capaces de imaginar nuevas formas de convivencia, de organización. El FSM es una buena oportunidad para la reflexión, para el diálogo, para la creación de propuestas, de alternativas. Imaginar un mundo mejor es el primer paso para mejorar el mundo.

La revolución de las necesidades básicas (Segunda Sesión)

En la segunda sesión del seminario interno, el día 15 de Noviembre, se utilizó el dossier presentado por Ascensión Romero Gotor sobre este tema, basándose en el libro de R. DíazSalazar: Justicia global: Las alternativas de los movimientos del Foro de Porto Alegre, p. 85136.

Esta parte del libro recoge propuestas relativas a cinco aspectos clave de la cobertura de necesidades básicas:

1) La soberanía alimentaria

2) El agua, un derecho para todos

3) Acceso a los medicamentos y sanidad pública universal

4) Contra la pobreza y violencia a las mujeres

5) Educación pública para un mundo democrático

1) La soberanía alimentaria (Vía campesina)

En este apartado se hace hincapié en la necesidad de garantizar la soberanía alimentaria de los pueblos como un derecho fundamental y se critican las políticas neoliberales impulsadas por EEUU y la Unión Europea a través de la OMC, el FMI y el BM, que en vez de garantizar la alimentación de toda la población mundial, multiplican el hambre y diversas formas de desnutrición.

La soberanía alimentaria supone el derecho de cada pueblo a definir sus propias políticas agropecuarias y de alimentación, a proteger y reglamentar la producción agropecuaria nacional y el mercado doméstico para alcanzar metas de desarrollo sostenible y a decidir en qué medida quieren ser autosuficientes sin volcar sus excedentes en terceros países mediante el dumping.

Se señala como prioridad acabar con las políticas neoliberales que presiden el comercio internacional en el ámbito agropecuario y alimentario, que sólo sirven para socavar la producción nacional para el mercado interno, que se ve desbordada por los productos importados, que exportan las poderosas empresas transnacionales de los gobiernos ricos, productos fuertemente subsidiados que se venden por debajo de su coste de producción, distorsionando así el mercado.

En esta línea, otra prioridad es acabar con el dumping (venta de productos a precio menor que el coste de producción). En realidad el mercado mundial de productos agropecuarios no existe, porque se trata sobre todo de excedentes de cereales y productos lácteos y cárnicos volcados al mercado internacional por la UE, EEUU y otros miembros del grupo CAIRNS de países agroexportadores. Aparte de eso el comercio internacional compromete sólo el 10% del conjunto de la producción agropecuaria mundial y es un intercambio entre empresas transnacionales de los países industrializados.

Por otro lado se considera que la OMC es antidemocrática, no rinde cuentas a nadie, aumenta las desigualdades mundiales y la inseguridad, y fomenta patrones de producción y consumo insostenibles, por lo que es completamente inadecuada para hacerse cargo de los problemas de la agricultura y la alimentación. Por ello proponen que estos aspectos se excluyan de su jurisdicción y que se desmantele el Acuerdo sobre Agricultura y los otros conexos.

El régimen alternativo que propone Vía campesina debe regirse por una serie de principios en consonancia con lo ya señalado y se reclama a los gobiernos la adopción de una serie de medidas en esta línea: cancelar la nueva ronda de liberalización comercial en el seno de la OMC, sacar del ámbito de la OMC el Acuerdo sobre agricultura y los otros conexos, revisar las políticas de propiedad intelectual para que se prohíba patentar materia viva o sus componentes, aplicar políticas de reforma agraria genuina, y garantizar los derechos de los productores agropecuarios sobre recursos cruciales como la tierra, las semillas, el agua, etc.; y parece especialmente relevante la propuesta de establecer un régimen institucional alternativo para reglamentar la producción sostenible y el comercio de productos agropecuarios y alimentos, que incluya:

En el debate se discutieron dos cuestiones:

1) El concepto de soberanía alimentaria. ¿Puede ser realmente un derecho fundamental aunque lo sea en teoría o deba serlo?¿Lo permitirán las fuerzas del mercado y los intereses creados?

2) ¿Cómo hacer posible el régimen institucional que se propone, cómo hacerlo operativo? El texto señala la importancia del compromiso y la movilización de la sociedad civil y los movimientos sociales. ¿Será suficiente presión la que éstos puedan hacer? Para firmar tratados internacionales, definir mecanismos de resolución de conflictos (tribunales, etc.) y órganos de evaluación y toma de decisiones en el sistema actual es necesario el acuerdo de los gobiernos que nos representan ¿la presión de la sociedad civil es suficiente para hacer que cambien en la medida en que se está produciendo ahora mismo? ¿Qué más habría que hacer?

2) El agua, un derecho para todos (Riccardo Petrella, Comité para el Contrato Mundial del Agua)

En el mundo actual 1.400 millones de personas no tienen acceso al agua potable. Éste es un elemento natural indispensable para la vida. 2.000 millones de seres humanos no tienen acceso a servicios sanitarios y más de 3.000 no se benefician de ningún tratamiento de aguas ya usadas.

La respuesta de los países desarrollados frente a esta situación intolerable ha sido la organización de Conferencias sobre el Agua y del Decenio del Agua (ONU 1981 – 1990). La estrategia desarrollada se ha basado en tres acciones:

El resultado de esto no es muy positivo: se hace pagar más a los más desfavorecidos y a las generaciones futuras. El texto parte de la idea del agua como un bien común universal; por tanto su suministro debe estar a cargo de instituciones públicas locales y centrales y tiene que estar financiado con dinero público para favorecer y primar las necesidades de los más pobres.

Para afrontar el problema la propuesta es que se apruebe en el ámbito internacional un Contrato Mundial del Agua, basado en unos valores que se indican: el agua como bien común y patrimonio de la humanidad, acceso al agua como derecho humano y social, individual y colectivo, uso solidario del agua con las demás personas del planeta y con las generaciones futuras, financiación de los costes del acceso al agua como responsabilidad de la colectividad (local, nacional o mundial), política participativa del agua, etc.

En el ámbito de la acción se propone la adopción de algunas decisiones: abandonar el sistema de producción agrícola actual, reorientar el consumo del agua en los países ricos y evitar el despilfarro y el uso no sostenible, oponerse a la privatización de los servicios de agua, establecer acuerdos nacionales e internacionales para el reparto del agua entre comunidades y países, crear una Autoridad Mundial del Agua, que tenga competencias legislativas y judiciales para regular el acceso y la distribución del agua a escala internacional y resolver los conflictos que se plantearán, puesta en marcha de una fiscalidad mundial para asegurar la financiación de los costes de suministrar agua apta para el consumo a toda la población de la tierra. La cuestión de nuevo es ¿cómo aplicar esa propuesta? ¿Quién decide la creación de esa autoridad, y la aplicación de esos impuestos la ONU, previa reforma?

3) Acceso a los medicamentos y sanidad pública universal (Médicos Sin Fronteras)

En esta parte se describe la situación de la población mundial dividida en dos categorías: los que tienen acceso a una asistencia médica eficaz y los que no, aproximadamente 2.000 millones de personas.

Las principales causas del difícil acceso a la salud y a los medicamentos en los países pobres son varias:

Dentro de las enfermedades olvidadas (en las que no se invierte en I+D para encontrar un remedio) están la malaria, la tuberculosis, la tripanosomiasis y la leishmaniasis.

El Grupo de trabajo se plantea como objetivos:

En cuanto a la relación entre salud pública y comercio, aunque los tratados que regulan el comercio de medicamentos deberían ser compatibles con el acceso a la salud al que todas las personas tienen derecho, en realidad no es así. El acuerdo sobre derechos de la propiedad intelectual con el comercio concede en el caso de los medicamentos una exclusividad de mercado de 20 años a la empresa o laboratorio farmacéutico que lo patente, y a este acuerdo deben adherirse todos los países que pertenecen a la OMC. Los países menos desarrollados deberán incluir esta regulación en su legislación nacional a partir del año 2006. Este derecho de patente permite al titular fijar el precio de su producto previa negociación con el gobierno de ese país e impide la fabricación o importación de productos genéricos, lo que impide la competencia y por tanto evita que los precios bajen.

La Cuarta Conferencia Ministerial de la OMC, celebrada en Doha en 2001, supuso un avance en el acceso a los medicamentos y la aplicación de los derechos de propiedad intelectual y comercio (TRIPS, en inglés), ya que se adoptó una declaración que antepone la salud pública a los intereses comerciales, e incluía una cláusula interpretativa: “El acuerdo sobre TRIPS no impide ni debe impedir a los miembros tomar medidas para proteger la salud pública.” El acuerdo debe ser interpretado y aplicado de forma que los miembros de la OMC tengan derecho a proteger la salud pública y, particularmente a promover el acceso a los medicamentos para todos.

Además, la declaración asegura a los 10 países menos desarrollados una ampliación hasta 2016 de la fecha límite de aplicación nacional de las medidas de protección de patentes.

En Doha, sin embargo, quedó sin resolver el problema de cómo asegurar que la producción para la exportación a un país que haya emitido una licencia obligatoria, pero que no tiene capacidad de producción, pueda realizarse en un país que concede patentes farmacéuticas. Esta laguna puede impedir o limitar la aplicación de las licencias obligatorias.

Después de Doha hay que tomar medidas para asegurar el uso de las licencias obligatorias a los países que no son productores de genéricos; que se permita la producción para la exportación desde mercados que conceden patentes a los que no lo hacen y por tanto tampoco otorgan licencias obligatorias.

Los países menos desarrollados y especialmente los diez últimos deben recibir asistencia técnica y asesoramiento para realizar los ajustes necesarios en su legislación nacional y aprovechar la ampliación del plazo y los márgenes de maniobra del acuerdo TRIPS con la interpretación de Doha.

También es necesario incrementar el diálogo y la colaboración más estrecha entre la OMPI (Organización Mundial de la Propiedad Intelectual) y la OMC con el sector de la salud pública para contribuir a realizar y consolidar los cambios necesarios.

4) Contra la pobreza y violencia a las mujeres (Marcha Mundial de las Mujeres)

Este apartado describe los desequilibrios Norte – Sur, y la especial situación de vulnerabilidad de las mujeres: 1.300 millones de personas, de las cuales el 70% son mujeres y niños, viven en un estado de pobreza absoluta. Las mujeres sufren discriminación y violencia. Los dos grandes objetivos de la Marcha Mundial de las Mujeres son eliminar la violencia contra las mujeres y acabar con la pobreza.

En cuanto a la violencia contra las mujeres, el texto describe las diferentes situaciones y contextos en que se produce y cómo se manifiesta: violencia en el seno de la familia, en la colectividad, en los estados, violencia que afecta especialmente a las más vulnerables (minorías, refugiadas, emigrantes, niñas, discapacitadas, etc.); violencia en zonas de conflicto, violencia mediante contracepción impuesta, aborto de fetos femeninos, prostitución, trata de mujeres, etc. Las consideraciones de costumbre, tradición o religión deben subordinarse a los derechos fundamentales.

En lo que se refiere a la feminización de la pobreza, el documento describe la situación de pobreza en la que se encuentran las mujeres en los países en desarrollo, sin acceso a recursos como la alimentación, el agua potable, la educación y formación, los servicios básicos de salud, a la tierra, a ingresos decentes y equitativos, al crédito, al empleo, a las nuevas tecnologías, etc.

Para eliminar la pobreza desde la perspectiva de las mujeres, la Marcha Mundial de las Mujeres propone varias medidas:

  1. Instauración por los Estados de una ley que establezca una estrategia nacional de eliminación de la pobreza. Debe incluir medidas que garanticen la autonomía económica y social de las mujeres mediante el ejercicio de sus derechos, mediante programas, planes de acción y proyectos nacionales que permitan el acceso de las mujeres a los recursos básicos (agua, alimentos, vivienda, salud, etc.), a la cultura, a la ciudadanía, a los recursos naturales y económicos, a la educación, a la igualdad en el trabajo, a la igualdad en el reparto de tareas.

Estos planes y actuaciones deben evaluarse a la luz de indicadores como el Indicador de Pobreza Humana (PNUD), el índice de desarrollo humano (PNUD), el indicador de desarrollo humano especificado por sexo y el convenio de la OIT sobre derechos de los pueblos indígenas.

  1. La aplicación urgente de medidas de financiación del desarrollo: el impuesto Tobin y el 0,7% del PNB de los países ricos a AOD.

  2. Anulación de la deuda externa de todos los países del Tercer Mundo, en base a principios de responsabilidad, transparencia de información e imputabilidad

  3. Aplicación de la fórmula 20/20 entre los países donantes y los países receptores de la ayuda internacional. Esto significa que los donantes invierten el 20% de los fondos en desarrollo social y el Estado receptor debe invertir también el 20% de sus gastos en programas sociales.

  4. Creación de una organización política mundial, dotada de autoridad sobre la economía con una representatividad equitativa y democrática entre todos los países de la tierra y con representación paritaria entre hombres y mujeres. Proponen la creación de un Consejo Mundial para la Seguridad Económica y Financiera que redefina las reglas de un nuevo sistema financiero mundial basado en una distribución justa y equitativa de los recursos; que ejerza un control político de los mercados financieros y que ejerza un control democrático sobre los intercambios comerciales. Se propone que este Consejo incluya a representantes de la sociedad civil (ONG, sindicatos, etc.) y asegure la paridad entre hombres y mujeres y entre países del Norte y del Sur.

  5. La supresión de los embargos y bloqueos decretados por las grandes potencias en muchos países, que afectan principalmente a las mujeres y los niños.

En cuanto a la eliminación de la violencia las propuestas son:

Los Gobiernos que invocan los derechos humanos deben condenar todo poder político, religioso, económico o cultural que ejerza un control sobre las mujeres y no respete sus derechos fundamentales. Y los estados deben reconocer que todas las formas de violencia contra las mujeres constituyen una violación de los derechos fundamentales, y el derecho de las mujeres a disponer de su vida y de su cuerpo, y controlar su fertilidad.

Los estados deben instaurar planes de acción, programas y proyectos eficientes con recursos financieros para poner fin a la violencia contra las mujeres.

La ONU ha de presionar para que todos los estados ratifiquen los convenios y pactos relativos a los derechos de las mujeres y de los niños, y los estados deben aplicar esos convenios

Los Estados deben reconocer la jurisdicción de la Corte Penal Internacional y suscribir las disposiciones que establecen que las violaciones y agresiones sexuales son crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Los estados deben crear políticas de desarme, tanto de armas clásicas como nucleares y biológicas

Se debe adoptar la posibilidad de derecho de asilo para las personas víctimas de discriminación y persecución sexista o por razones de orientación sexual.

Las propuestas que realiza la Marcha Mundial de las Mujeres son bastante integrales y coinciden en algunos aspectos con las propuestas realizadas por los movimientos anteriores. Parece bastante común la propuesta de crear instituciones internacionales o supranacionales con representantes de gobiernos y sociedad civil, como órganos que toman decisiones políticas y judiciales, y que deberían contar con fondos procedentes en algunos casos de una fiscalidad mundial para llevar a cabo sus decisiones. Quizá la respuesta a una globalización neoliberal es esta otra globalización solidaria, democrática, que se plantea contracorriente y que debe cambiar la situación establecida. ¿Tendrá la suficiente fuerza para poder hacerlo? ¿Cómo articularlo?

5) Educación pública para un mundo democrático (Foro Mundial de la Educación)

El Foro Mundial de la Educación parte de la educación pública para todos como derecho social inalienable, garantizada y financiada por el Estado, en la perspectiva de una sociedad solidaria, radicalmente democrática, igual y justa.

En este último apartado de este se describe la educación que se está desarrollando en la lógica de la globalización neoliberal: una educación pensada con una lógica económica, para el mercado de trabajo, en términos de costos y beneficios. Por tanto se invierte en educación de acuerdo con las necesidades del mercado. Desaparece la dimensión cultural y humana de la educación, el derecho a la identidad y a la diferencia cultural no es reconocido; retrocede el papel del Estado en la educación, de manera que éste sólo interviene para limitar los perjuicios sociales; crece la enseñanza privada, especialmente en el nivel universitario y en el contexto internacional neoliberal los niveles de escolarización de base aumentan más las desigualdades sociales y el acceso al saber se hace más difícil para los pobres. Ante esto, las primeras víctimas son las poblaciones más vulnerables: pobres, niños de emigrantes, comunidades indígenas, minorías étnicas, familias marginadas, etc. Por último se señala el intento de crear un mercado educativo con las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

Principios de base y propuestas para una sociedad y un mundo más solidario, democrático igualitario y justo:

La educación como derecho universal tiene las consecuencias señaladas en el planteamiento del FME indicado al principio: debe ser obligatoria, escuela pública gratuita a todos los niveles y de calidad, accesible a todos.

Deben respetarse los principios de base de una educación democrática: respeto a los derechos del hombre y de la dignidad de sí mismo y de los otros, respeto a las diferencias culturales, a los derechos del niño, inscrita en la perspectiva del desarrollo sostenible y solidario, que asegure la alfabetización de todos; una educación para el pensamiento critico y racional, que tiene en cuenta el desarrollo científico y tecnológico, que asume todas las dimensiones del ser humano, una educación para la ciudadanía y la paz.

Esto tiene consecuencias importantes para muchas de las prácticas pedagógicas actuales que hay que redefinir y repensar.

Otras propuestas del FME son: la importancia de las políticas de educación de la pequeña infancia, el principio de integración de los alumnos con deficiencias (sordos, ciegos, etc.), el derecho a la educación de jóvenes y adultos en situaciones de exclusión social y conflicto con la ley, la necesidad en la enseñanza superior de conexión entre la enseñanza, la investigación y la preparación profesional, y la certificación profesional garantizada por el Estado.

Para conquistar el derecho a la educación con este modelo es necesaria la lucha social, con la participación de la sociedad civil y de los excluidos del sistema.

* * * * *

En el debate se constataba que el panorama es tremendamente injusto y desolador. Las numerosas propuestas y líneas estratégicas de acción diseñadas para solucionar todos estos problemas parecen muy acertadas, pero son muy difíciles de llevar a cabo, sobre todo porque en todas ellas se insiste en dos puntos muy complicados: se pone en cuestión la política neoliberal del mercado agropecuario y se exige una reforma urgente de instituciones internacionales como la OMC, el FMI y el BM que son sus agentes más aplicados. Todo ello pasando por la necesidad de un claro compromiso por un nuevo orden mundial, y no sólo económico, sino también político y social.

Es cierto que los movimientos sociales y algunas organizaciones campesinas del Tercer Mundo están teniendo cada vez más repercusiones políticas y sociales importantes con sus actuaciones de denuncia, incluso de boicot. Ahora existe una toma de conciencia colectiva que hace que la gente se implique más en los problemas que existen dentro y fuera de su colectividad. Esto hay que valorarlo muy positivamente. Por lo menos ponen el dedo en la llaga y provocan discusiones a nivel nacional e internacional.

Pero, en realidad, nos hallamos ante una situación complicada. Muchas de las propuestas que se hacen en este capítulo van en la línea de reforzar el papel del Estado y de reformar instituciones internacionales para que funcionen más democráticamente. Desde hace dos décadas estamos viviendo, no un debilitamiento de los Estados, como se dice en muchas ocasiones, sino una funcionalización de los mismos. Los Estados sí tienen poder, pero para hacer determinadas cosas. Los Estados nacionales se han convertido en Estados flexibles que se pliegan a las exigencias de las grandes compañías transnacionales. En segundo lugar, ninguno de los organismos internacionales antes mencionados cumple exactamente con los requerimientos para un desarrollo con equidad, y parece poco probable que se produzcan cambios importantes en este sentido.

Ante esta situación pensamos que es muy difícil que los países en desarrollo tengan oportunidades reales para acceder a los mercados mundiales. El mercado acaba así imponiendo sus reglas, sus exigencias, siempre a favor de los más ricos y poderosos. Por eso no podemos dejar de preguntarnos: ¿Es posible un pacto mundial para solucionar todos estos problemas? ¿Cómo podemos poner freno al impulso de las transnacionales? ¿Puede la movilización ciudadana conseguir algo?

La sociedad capitalista es muy compleja y plantea problemas de difícil solución. Para abordarlos se necesita, entre otras muchas cosas, individuos responsables, activos y participativos. Los movimientos sociales están ayudando mucho a recuperar el protagonismo de los ciudadanos, pudiendo así convertirse en agentes útiles para la solución de algunos problemas. Pueden ser, en este sentido, un refuerzo para el poder negociador de los gobiernos. En Cancún, por ejemplo, se ha logrado que una serie de países hayan dicho no a los acuerdos de la OMC. De lo que se trata es de que a EE.UU. y a Europa no les sea tan fácil imponer sus condiciones.

Pero todo esto exige una cierta relación entre la sociedad civil y los gobiernos. Exige la implicación de todos con lo público, con el bien común. Esto es ineludible si queremos hacer algo. Sin embargo, los ciudadanos del primer mundo no son conscientes de todos los problemas que hemos comentado, sobre todo en relación al tema de la agricultura y la alimentación. Así que resulta difícil que la gente se movilice, al menos, por estos motivos.

Por otro lado, sabemos que para erradicar la pobreza es imprescindible que nosotros, los del primer mundo, seamos algo menos ricos y perdamos nuestra situación de privilegio. Porque tenemos que saber que nuestro patrón de desarrollo y bienestar es sostenible en la medida en que se mantiene la desigualdad extrema. Debemos, por tanto, renunciar a algo de lo que tenemos para que todos podamos ganar en igualdad y en dignidad. La pregunta es: ¿Estamos dispuestos a comprometernos de forma activa con este objetivo?

Es cierto que, con una distribución distinta de la riqueza, podríamos solucionar muchos de los problemas de precariedad y subsistencia, pero se considera que esto no es suficiente. No se trata tan sólo de repartir con equidad las plusvalías que se generan sino, sobre todo, sus mecanismos de producción. Aquí es donde debemos poner el acento.

Estamos de acuerdo en que la única manera de que se produzcan cambios importantes y de hacer todas estas propuestas operativas es, fundamentalmente, a través de acuerdos internacionales. Un pacto mundial entre países ricos y pobres es indispensable si queremos trabajar por un mundo equitativo y pacífico. Ante un mundo global se hace más necesario la existencia de reglas globales y, desde luego, la existencia de organismos institucionales internacionales suficientemente independientes que las hagan cumplir. En este sentido se cree necesaria la transformación radical de los organismos ya existentes.

Sin embargo, todos estos procesos requieren tiempo, y no sabemos hasta qué punto los movimientos sociales tienen esa capacidad de aguantar en el tiempo. Muchas veces, con los escasos resultados obtenidos, se va interiorizando la idea de que no hay alternativas posibles, reales. Con todo, los del primer mundo podemos permitirnos esa paciencia histórica pero ¿la pueden tener aquellos que carecen de las necesidades esenciales, los que están muriendo de hambre?

Por un ecodesarrollo liberador (Tercera Sesión)

Carmelo Mula presentó el resumen correspondiente a esta sesión del seminario sobre el libro Justicia Global (pp. 137216), el cual recoge propuestas encaminadas a condonar la deuda externa, a frenar y combatir el desastre ecológico, propuestas de soluciones y compromisos de los grupos sociales con el fin de evitar la gran especulación, cuyos efectos más devastadores sufren los países sobre los que recae la deuda externa.

1. Satisfacer las necesidades humanas, condonar la deuda externa y financiar el desarrollo.

Es un derecho fundamental, recogido por todas las administraciones, instituciones y la sociedad en general a nivel mundial, que toda persona tiene derecho a lo necesario para asegurar su supervivencia y la su familia, sobre todo en los temas básicos como son: la alimentación, salud, vestido, trabajo, vivienda, etc.

Estas necesidades básicas no supondrían más que el 9 % del gasto militar a nivel mundial o el 25 % de gasto militar de EE.UU., con el que se financia un armamento que en su gran mayoría se tiene que desechar por quedarse obsoleto. Si hacemos otras comparaciones, eliminar el hambre del mundo supone menos del 8 % de los gastos de publicidad, que en la mayoría de los casos sólo sirve para introducirnos en el mundo del consumo. Sólo se podría garantizar la satisfacción de sus necesidades básicas para más de 2.000 millones de personas necesitadas en el mundo, por medio de políticas que fueran capaces de detener el destrozo, el saqueo y la manipulación de los países deudores, acompañados de un desarrollo socialmente justo, ecológico, sostenible y no especulativo.

Desde hace más de veinte años, estamos observando una transferencia masiva de riqueza del hemisferio pobre del sur al hemisferio rico del norte, compra de productos, bienes y servicios a precios muy bajos, pillaje genético, huida o contratación de “cerebros”, cobros de comisiones, etc. El reembolso de la deuda pública del Tercer Mundo, supone más de doscientos mil millones de dólares anuales, lo que representa tres veces más que la suma necesaria para cubrir las necesidades básicas, según las Naciones Unidas.

La legitimación jurídica para su anulación, se basa en dos fundamentos importantes, que son los conceptos de deuda odiosa y el de fuerza mayor.

Deuda odiosa: es un concepto que se apoya en sentencias de tribunales de la corte internacional, que han declarado ilegítimas las deudas que estos países han contraído estando sometidas a regímenes dictatoriales, como ha sido la mayoría de los casos. A falta de control político alguno, los dirigentes de dichos regímenes se aprovechaban de los préstamos para su beneficio propio. Se trata, pues, de una deuda contraída para lucro casi personal, por lo que el pueblo, al cambiar de Gobierno, no tiene por qué pagarla. Sin embargo, los gobiernos actuales prefieren negociar antes que enfrentarse a los países ricos, aun sabiendo que hay sentencias recientes como el caso del Juez Taft, de 1991, que le da la razón a Costa Rica en contra de un banco británico.

Deuda de fuerza mayor: se trata de un principio del derecho internacional, que reconoce que el cambio en las condiciones de un contrato puede hacerlo nulo. Las circunstancias han cambiado para estos países, existe la imposibilidad de hacer frente a la deuda. Los cambios de tipo de interés en los años 80, la caída de las exportaciones, esto entre otras causas, han cambiado las condiciones del contrato inicial, por lo que se puede anular la deuda.

Evidentemente es necesario que el ahorro del pago de la deuda externa sea depositado en fondos de desarrollo, democráticamente controlados por la población local, creando un modelo de desarrollo socialmente justo y ecológicamente sostenible, independientes de los mercados financieros.

Para garantizar este modelo de desarrollo, debe de ser regulado aplicando varias medidas que se exponen a continuación. Se trataría de:

Los planes de ajuste estructural (PAE), que imponen la total liberalización de las economías del Tercer Mundo, los han debilitado, haciéndolos más dependientes y consiguiendo así cuadruplicar sus deudas desde su puesta en marcha. Según la ONU, las condiciones impuestas por los países ricos suponen una violación a la libre determinación de los pueblos, al no poder disponer de sus propios recursos naturales y económicos para el desarrollo ni controlar los sectores esenciales de su economía nacional.

Los resultados de estas políticas son totalmente negativos para los países pobres, por lo que todos debemos pedir, sin cesar, el cambio radical de estas políticas. Hay que devolver el protagonismo al sector público, sobre todo en los bienes de primera necesidad como son: el agua, la electricidad, los medios de transporte, bienes primarios, etc. Se trata de construir una economía interna, suficientemente sólida, integrada en los modelos de desarrollo interno, con un refuerzo del mercado interior y la creación del ahorro local para su propia autoafirmación.

Es necesario un intercambio comercial más igualitario entre los países industrializados y el Tercer Mundo, para evitar el aumento continuo de la deuda en la balanza de pagos que es muy favorable a los países industrializados. Las reglas del comercio mundial se deben adecuar a criterios medioambientales, sociales, culturales, etc., por lo que los servicios públicos deben de ser excluidos del Acuerdo General sobre el Comercio y los Servicios (AGCS), permitiendo a cada país del sur que libremente produzca sus bienes para satisfacer las necesidades de su población. En relación con la agricultura, tal como revindica Vía Campesina, es necesario reconocer la soberanía de los países del Tercer Mundo para que sean capaces de autoabastecerse.

Se trata de controlar los movimientos de capitales internacionales, para evitar que los ingresos no ocasionen reflujos devastadores en los países del Tercer Mundo, estableciendo un depósito o un impuesto obligatorio para la entrada de dichos capitales. Es preciso establecer medidas de control sobre las obligaciones y acciones adquiridas en los países del Tercer Mundo, obligando a mantenerlas por lo menos durante un año, y que parte de sus beneficios sean invertidos en dichos países. Hay que suprimir los paraísos fiscales que sirven para el blanqueo de dinero, anulando el secreto bancario y realizando un control democrático sobre las políticas de endeudamiento.

2. Objetivos ecologistas para el siglo XXI.

La ecología es algo en lo que todos nos vemos implicados de una forma directa o indirecta. Por otra parte, se ha creado un estado de opinión, donde sólo parece que son los movimientos ecologistas los que tienen que realizar acciones de lucha contra el deterioro del planeta, por eso en este apartado vamos a analizar el problema ecológico y las acciones y actividades de Greenpeace.

A pesar de que los Gobiernos reconocen el gran problema que supone el cambio climático y de haber firmado el Convenio del Clima de Naciones Unidas, éstos siguen prácticamente sin hacer nada, poniendo en peligro y amenazando la propia existencia de la vida. La alternativa es cambiar el uso de los combustibles fósiles por otros tipos de energías alternativas, menos contaminantes, para evitar las emisiones de dióxido de carbono a la atmósfera, que son responsables del cambio climático, ya que al ritmo que vamos dicho cambio puede ser irreversible y puede tener consecuencias indeseables como: el aumento del cáncer de piel, enfermedades oculares, daños en los ecosistemas, etc. La destrucción de la capa de ozono producida por la actividad del ser humano está teniendo unos efectos dañinos evidentes por la penetración de los rayos solares ultravioleta, llegando a gran parte de la superficie de la tierra.

La energía nuclear es uno de los errores tecnológicos, ecológicos, sociales y económicos más graves de nuestro tiempo. Podemos decir que la edad media de una central nuclear es de 25 años, pero los residuos que generan son radioactivos y peligrosos, permaneciendo cientos de miles de años y dejando una herencia absurda a las próximas generaciones. Los defensores de la energía nuclear no dicen la verdad cuando afirman que un país para disfrutar de un alto nivel de vida tiene que tener centrales nucleares. La realidad es todo lo contrario, según lo que demuestra el Plan Energético de Suecia, que va a sustituir las doce centrales nucleares que tienen por otras de energías renovables y medioambientalmente aceptables.

El ahorro de energía por parte de todos es necesario, ya que con él entre otras cosas podemos combatir el aumento de la contaminación, la lluvia ácida, los residuos radioactivos, etc. Tenemos que potenciar la proliferación de energías renovables como son: las energías eólicas, hidráulicas y las procedentes del aprovechamiento de las mareas, olas y biomasas, entre otras. Estos tipos de energías son más limpios y a largo plazo más económicos. La energía proveniente del sol es limpia, renovable y abundante (como ejemplo: la energía que se recibe del sol en 30 minutos supone el consumo de un año en todo el planeta), pero los gobiernos no están por la labor, y menos aún las empresas eléctricas, con lo que no se favorecen las instalaciones con tipos de energías limpias y renovables.

En la naturaleza todo estaba interconectado, hasta que la sociedad industrial, sobre todo en los últimos años, ha cortado esos vínculos de conexión. La tierra está recibiendo constantemente los ataques indiscriminados del ser humano, que intenta dominar, gestionar y explotar hasta su máximo extremo los recursos que la tierra nos proporciona. Necesitamos impulsar una producción limpia, diseñada con materiales renovables y reutilizables, evitando la degeneración de nuestro entorno. Pero esto tiene que ir acompañado de un control y disminución del consumo de energía, agua, suelo, etc., por parte de todos.

La existencia de los bosques es vital para mantener el bienestar humano, pues nos garantiza bienes materiales, culturales y espirituales, que hacen más confortable la vida humana. Los bosques junto con los océanos tienen una función primordial en el sistema climático global del planeta, pero el ser humano parece estar en contra de ellos. La alta tasa de deforestación (cerca de 15 millones de hectáreas al año se degradan o destruyen), el 71 % de los bosques destruidos a lo largo de la historia lo ha sido sólo en los últimos 20 años, la destrucción ilegal, con el consentimiento de los gobiernos, ha hecho que se encienda la luz roja, por lo que hace falta iniciar un proceso de certificación forestal de la madera. Las talas ilegales y las prácticas forestales destructivas oscilan según los países entre el 20 y el 80 % del total mundial, quedando sólo la quinta parte de los bosques originarios del mundo como grandes extensiones no invadidas.

La actitud que mantiene el G8 es contradictoria, pues, por una parte, se comprometen públicamente a luchar contra las talas ilegales, mientras que, por otra, sus mismos países son los que compran madera ilegal, por venderse a un precio más barato, empobreciendo así aún más a los países productores, pues sus gobiernos se ven privados de los importantes beneficios que se obtienen de esta práctica ilegal.

Es un hecho aceptado que las talas ilegales se han convertido en una norma, pues, según el gobierno brasileño, el 80 % de la madera que se extrae del Amazonas es extraída de forma ilegal, perteneciendo los países que realizan las talas ilegales en su mayoría al G8. El comercio ilegal y la deforestación de los bosques están relacionados con la pobreza, especialmente en África, ya que se calcula que son más de 4,1 millones de hectáreas de bosque los que se pierden anualmente en este continente, quedando en la actualidad menos del 60 % del total de los bosques originales. Por otro lado, estos países pobres se ven obligados a vender sus bosques para obtener ingresos rápidos, aunque pequeños, para la gran cantidad de madera que exportan.

Los océanos, a pesar de su gran superficie, están siendo vulnerados ecológicamente a diario, con gran cantidad de vertidos contaminantes y con una sobreexplotación de los organismos marinos, tanto en la productividad como en la biodiversidad. De nuevo nos encontramos con que los gobiernos e instituciones internacionales como la FAO reconocen el problema, tanto a nivel de la contaminación, como de la sobreexplotación, pero a pesar de hacer campañas públicas la pesca pirata o ilegal continúa y en la mayoría de los casos son los mismos gobiernos los que las llevan a cabo. Los grandes barcos que se dedican a la pesca ilegal lo hacen bajo banderas de conveniencia. Los gobiernos han reconocido que estos barcos suponen la amenaza más importante a la que se enfrenta la biodiversidad marina. La mayoría son barcos arrastreros que ocasionan un daño terrible en los fondos marinos.

La contaminación genética tiene consecuencias irreversibles e imprevisibles. Los riesgos sanitarios a largo plazo y los efectos negativos tanto para la alimentación, la agricultura, industrias alimenticias, forestal, piscícola, como para los animales, superan todas las ventajas teóricas pensables. No están siendo evaluados de una forma objetiva y siguen siendo desconocidos. Además la difusión de los transgénicos no hace sino reforzar más la dependencia respecto a las empresas multinacionales. Esto no es oponerse a la investigación genética, ya que es necesaria para la aplicación médica.

En las últimas décadas se ha triplicado la producción mundial de alimentos, pero cada vez hay más personas que pasan hambre y aumenta la destrucción del medioambiente. El hambre y la pobreza van de la mano, la ingeniería genética no va a solucionar este problema, pues lo que está haciendo es ocultar los problemas sociales y medioambientales que causan el hambre. Unos estudios, desarrollados en Inglaterra y financiados por Greenpeace, que se están llevando a cabo en más de 4 millones de explotaciones y en 52 países, vienen a demostrar que lo importante es que los países pobres puedan autoabastecerse, ya que la solución no está en darle los alimentos, sino en que ellos sean capaces de producirlos, para lo que tienen que darse dos circunstancias: tierra y dinero. La ingeniería genética no aporta ni uno ni otro.

3. La restitución de la deuda ecológica.

La deuda ecológica, comenzó con la colonización, es el saqueo que los países del norte realizan a los países del sur, quitándoles sus bienes naturales: petróleo, minerales, bosques, biodiversidad, etc. Por otra parte, utilizamos a los países pobres como basureros, ya que se depositan todos los residuos tóxicos y contaminantes que los países ricos producen. Según Naciones Unidas, el 20% de la población consume el 80% de bienes y servicios producidos por el mundo. Esto quiere decir que son los países pobres los que sustentan a los países ricos con el invento de la deuda externa, el libre mercado, las inversiones extranjeras, la privatización de la energía, las comunicaciones, el agua, la tierra, etc.

En el primer mundo no tenemos derecho a reclamar la deuda externa. Sólo contabilizando las muertes que hemos ocasionado, la esclavitud que hemos originado y la larga historia de degradación ecológica, somos nosotros los que tendríamos que pagarles a ellos la deuda que hemos contraído a lo largo de la historia. Pero aún continuamos expoliando sus riquezas en la actualidad. La situación ha empeorado, ahora asistimos a un neocolonialismo de los países industrializados. Tenemos tan explotados a los países pobres y de una forma tan descarada, que les ponemos precios cada vez más baratos a los productos que les compramos y les ponemos un precio sobreelevado a los productos que les vendemos. Nos apropiamos de sus conocimientos intelectuales ancestrales, medicinales, entre otros. Con todo esto cada día estamos haciendo más esclavos a los países pobres.



El pago de la deuda externa obliga a los países deudores a exportar más, pero cuanto más exportan menos reciben, por ser más baratos sus productos. Tenemos como ejemplo América Latina, que entre los años 1980 al 1995 aumentó sus exportaciones un 245%, y casi en el mismo periodo, a pesar de rembolsar 739.900 millones de dólares, es decir, más del doble de lo que debía en 1982, la deuda no ha disminuido, sino que ha aumentado a 607.230 millones de dólares, debido a la gran especulación financiera. Es preciso evitar que siga esta masacre contra los países pobres del Tercer Mundo. No podemos dejar que se mantenga la esclavitud por miedo a las represalias económicas o bélicas. Las políticas mundiales están basadas sólo en dos conceptos: dinero y mercado.

4. Una cooperación alternativa para otro mundo posible.

Estamos creando una sociedad incapaz de resolver pacíficamente los conflictos mediante el diálogo y el acuerdo. Como única solución aparece la fuerza de las guerras y los atentados, que nos están llevando a un mundo sin rumbo. Los intereses de las grandes potencias, están dando la espalda a todo principio de igualdad, justicia y solidaridad, acumulando cada vez más riqueza a cambio de la pobreza de otros países. Cuando se recurre a la guerra para combatir supuestamente la tiranía de un gobierno, la incompetencia de otros o a posibles terroristas, se castiga a todo el pueblo, se mata a inocentes en nombre de la paz, tanto en los atentados del 11 de septiembre, como en las guerras de Afganistán, Irak, Palestina y otros tantos países que sufren represiones. Para conseguir la paz, se tienen que dar varias circunstancias: 1º sería erradicar el hambre, pues con muertes por hambre es imposible establecer la paz, 2º restituir los derechos humanos en todos los órdenes: social, económico, cultural, civil y militar, desarrollando una democracia que requiere la igualdad de los mercados, 3º la regeneración justa de la política y la participación popular, es algo que todo el mundo dice, pero pocos gobiernos son los que lo practican.

La cooperación al desarrollo de las ONGD se está ejerciendo de manera subordinada a las instituciones económicas y políticas. Son bomberos de la pobreza o ejército humanitario destinado a acallar las conciencias de los países ricos. Las ONGD gozan de un clima institucional favorable, pero pueden estar siendo usadas como instrumento que sustituya a los movimientos sociales alternativos. Las ONGD con vocación alternativa pueden impulsar y aglutinar los esfuerzos de las economías locales, los intentos de democracia participativa, el acceso a la tierra, el desarrollo de una agricultura sostenible y el cuidado de la biodiversidad, con lo que daría una convergencia con algunos de los principios alternativos de los movimientos sociales.

Las ONGD tienen que estar muy atentas para no sustituir al Estado y colaborar involuntariamente a su desmantelamiento, lo cual exige un trabajo y compromiso continuo para que el Estado asuma sus competencias y responsabilidades sociales. Sus esfuerzos deben más bien encaminarse hacia el desarrollo de movimientos y comunidades internas locales, territoriales y nacionales, siendo su objetivo la búsqueda del ser por encima del tener. El neoliberalismo busca una sociedad civil que sustituya a las instituciones públicas y que asuma responsabilidades sociales que son propias de éstas, el Estado delega este poder para no hacerlo él. Las ONGD no deberían colaborar con ello.

Los movimientos sociales necesitan tener un espacio en la sociedad para reconocer, reflexionar y discutir alternativas y objetivos comunes, respaldados por la diversidad de acciones que tienen a su alcance para trabajar contra esta presión neoliberal que los gobiernos ricos están imponiendo. La globalización neoliberal depende de la desregulación progresiva de los mercados, aun a costa de la soberanía de los pueblos. Esta globalización tiene dos formas de medir, una, la que se aplica para los países del norte en el llamado Estado de Bienestar, con la intervención del Estado en auxilio de las grandes empresas, subsidios agrícolas, etc., y la otra, la que se aplica en los países pobres del sur, con la liberalización de las economías y la sobreexplotación de sus recursos.

En realidad, sólo son cuatro empresas las que monopolizan el mercado, manejando a su antojo los flujos de capitales en interés propio y en detrimento de los más pobres. Cuando hablamos del NO a la guerra, estamos diciendo NO a la muerte, NO al militarismo, NO a la reducción de libertades, NO a los choques de culturas y civilizaciones, y SI a la vida, SI a la libertad, SI la igualdad, SI la diversidad y SI a la solidaridad, porque el mundo es posible de otra forma, con nuestro trabajo.

5. El control ciudadano de las metas del desarrollo.

La voluntad política es necesaria para llevar estos compromisos a la práctica en cada país, pero el control y la presión de la ciudadanía tienen que ser indispensables.



El ICC es una forma de medir el grado de cumplimiento de los compromisos adquiridos por los gobiernos. Está compuesto por un conjunto de medidas cualitativas y cuantitativas, básicamente en dos dimensiones: “distancia a metas”, que proporciona la situación de cada país pobre, y la “voluntad política”, que mide el grado de cumplimiento de los gobiernos en el desarrollo social, al cual se han comprometido involucrando a la sociedad civil.

En la Cumbre Social de Copenhague y la Conferencia de la Mujer se establecieron 13 metas específicas para alcanzar hasta el año 2000. Como en muchos países no se han alcanzado los objetivos mínimos, se ha ampliado el plazo de ejecución hasta el año 2015. Algunos de esos objetivos son: lograr el acceso universal a la enseñanza básica; ampliar la esperanza de vida hasta los 60 años; reducir la mortalidad maternal, infantil y por malaria; lograr la seguridad alimentaría garantizando el abastecimiento a toda la población; reducir la desnutrición grave en los niños; lograr un nivel de salud adecuado para todos los habitantes del mundo; reducir la tasa de analfabetismo en toda la sociedad, etc.

Los indicadores de los programas e iniciativas nos indican los grados de cumplimento de los mismos, estableciéndose en torno a siete dimensiones: la participación, la equidad, la pobreza, el ajuste, el empleo, la mujer, la desigualdad de género, la educación minoría y la salud. En resumen se trata de medir el grado de cumplimento de los países donantes y dónde concentran más sus esfuerzos.

* * * * * *

En el debate se plantearon las siguientes cuestiones: ¿Qué medidas de presión, aparte de las que ya se hacen, podemos hacer para que se condone la deuda externa en su totalidad? ¿Cómo contribuimos a parar el desastre ecológico del planeta? ¿Existen espacios reales para una acción positiva que acompañe eficazmente a los movimientos y luchas populares en los países del sur? ¿Qué medidas se pueden establecer o tomar para el cumplimiento de los compromisos adquiridos?

Sin embargo, durante el desarrollo del debate se discutió el cuarto punto de este capítulo: La cooperación alternativa para otro mundo es posible.

La cooperación alternativa no se puede plantear con la perspectiva de pretender universalizar el nivel de vida del así llamado Primer Mundo. En realidad la cooperación tiene más bien un carácter testimonial dentro del panorama internacional. Y en el supuesto de una cierta eficacia de los planteamientos y objetivos de las ONGs, tendríamos que plantearnos si se habría conseguido en el ámbito de la estructuración social de esas sociedades. ¿Hay perspectivas de una solución radical y seria? A veces se percibe sobre todo un interés político en el tema de la cooperación al desarrollo.

El Foro de Porto Alegre analiza las asimetrías del sistema, el flujo de capital, el comercio explotador de los países del Tercer Mundo... En ese panorama es ilusorio pensar que las ONGs pueden hacer algo. El documento analizado es como un alegato de autodefensa.

Hay un desarrollo de ONGs que despolitizan la cuestión estructural. Las ONGs están bajo sospecha. Todas las contradicciones están más agudizadas desde el planteamiento neoliberal. Mantenerse en el espacio crítico de las ONGs para el desarrollo es garantizar una posibilidad de crítica antisistémica. La hegemonía política está al servicio de la creación y ampliación de las estructuras de circulación del capital. J. M. Tortosa, de la universidad de Alicante, analiza el sistemamundo, “militar, político y social” estructurado como un sistema único. Las ONGs buscan formas concretas de desarrollo desde la base, etc., pero al mismo tiempo, justifican estar en el sistema como un espacio crítico.

Aunque no se debe generalizar, sí se puede decir que no hay un planteamiento crítico en las ONGs en este momento. Casi todas ellas se están profesionalizando. Es necesario difundir todo este tipo de concienciación social. La lectura de este capítulo dedicado a la cooperación es algo muy interesante para que se pueda difundir y propagar este tipo de análisis críticos. En el primer mundo es necesaria esta concienciación. Aunque parezca que se consigue muy poco, sin embargo se van consiguiendo algunos logros. La gran ONG de los voluntarios del mundo es la de los que trabaja en el Tercer Mundo. No podemos negar la importancia del cambio político en Brasil, de la incidencia de los planteamientos nuevos en el G7.

En la universidad española se constata la pérdida del sentido crítico de los estudiantes. Parece que el sistema puede hasta con las ONGs. Las escasas posibilidades de intervención no pueden hacer que sucumbamos bajo el peso del sistema. El consumismo, la industria del tiempo libre y la industria cultural son factores muy fuertes que dificultan la gestión y maduración de un planteamiento crítico. Ésta es una capacidad de intervención limitada, pero interesante. Los agentes sociales, los movimientos sociales ¿son ineficaces? Los nuevos movimientos sociales son temáticos (feminismo, ecologismo). Pero no hay movimientos alternativos en economía.

La universidad ha sido siempre reproductora de la clase dominante. En Enseñanza Secundaria también pasa lo mismo. No se pueden tratar temas como “justicia”, “igualdad”, “solidaridad”. Hace unos años sí era posible. Se constatan muchos problemas de educación, dada la socialización de los medios de comunicación.

La idea de autonomía, autoconciencia, libertad fue posible en el espacio del mercado libre. El desarrollo fue letal para el propio individuo de ese mismo sistema. No olvidemos que la enfermedad de nuestro tiempo es la depresión. Por otra parte se ve la necesidad de una articulación política de todas las medidas tendentes al cambio del sistema. La estrategia de deslocalización del liberalismo económico ha generado una solidaridad necesaria (Sindicatos – Convenios – desde el Norte en las Multinacionales). Creemos que la capacidad del obrero es muy importante. La clase trabajadora está ausente en los movimientos sociales.

Una economía para la emancipación de los empobrecidos (Cuarta Sesión)

En esta sesión José Manuel Mira presentó el resumen elaborado para el seminario a partir del capítulo cuarto del libro de R. DíazSalazar (Justicia global: p. 217273) Una economía para la emancipación de los empobrecidos.

Los contenidos de esta parte del libro Justicia Global se dedican a realizar diagnósticos y propuestas en temas económicos con el horizonte de conseguir que la economía esté al servicio de las personas y no al revés. Y especialmente al servicio de las mayorías empobrecidas del Sur que son, no sólo los olvidados de la globalización neoliberal, sino quienes más fuertemente sufren su efecto devastador. Efecto que empezamos a sentir en nuestro entorno del Norte cada vez con mayor claridad, aunque de forma incomparablemente más suavizada: precarización del empleo y del salario, dificultad de acceso a la vivienda, amenazas a los sistemas educativos y sanitarios públicos,... Esta parte está constituida por cuatro secciones:

1. Control de los capitales financieros (ATTAC)

Diagnosis: La liberalización de las finanzas y la libre circulación de capitales que la globalización neoliberal promulga son un factor determinante en los desequilibrios mundiales y conlleva un aumento de las desigualdades y de la inestabilidad a escala planetaria. Contrariamente a lo que afirma la doctrina neoliberal, al análisis económico y la experiencia justifican las políticas de control de los capitales a nivel nacional e internacional. La liberalización de las corrientes financieras debe decidirse soberanamente por parte de los estados en lugar de ser impuesta por el FMI o el BM. La movilidad internacional de los capitales es un obstáculo para la realización de las políticas económicas, tanto en el Norte como en el Sur: los bancos centrales y las autoridades presupuestarias y fiscales se hallan bajo el control del mercado y de las acciones especulativas de los capitales. Las instituciones financieras internacionales (FMI y BM) han sido incapaces de regular las crisis y sus políticas tienden a agravar las desigualdades.

2. Alternativas al poder de las empresas transnacionales y de los organismos internacionales financieros (Foro Internacional de la Globalización)

La sociedad se encuentra en una encrucijada crítica. Dos visiones de la globalización compiten entre sí: una es empresarial y corporativa, representada por los intereses de las grandes ETN y otra es popular y democrática que representa los intereses de las mayorías empobrecidas. Un futuro equitativo, pacífico y sostenible depende del resultado de la confrontación entre ambas visiones. Se proponen tres tipos de medidas: un control democrático para regular el poder de las ETN, hacer frente a la connivencia entre estados y ETN y fortalecimiento de un gobierno global democrático desde Naciones Unidas.

3. Trabajo y globalización capitalista: una nueva orientación del sindicalismo internacional (COSATU)

El movimiento sindical representa la fuerza más formidable de la sociedad civil dentro de la política y la economía política mundiales contemporáneas. Debe tener un papel fundamental en la democratización tanto de la política como de la política económica. En una economía global, con ETN a nivel mundial, la negociación transfronteriza con las empresas es anecdótica. Se propone un movimiento sindical independiente, democrático y unido en la acción sindical, colaborador y solidario con otras fuerzas progresistas que luchan por una alternativa a la globalización neoliberal y a los programas de ajuste estructural del FMI y BM. Caminar hacia una globalización de los DDHH y los derechos de los trabajadores, junto con prácticas de negociación colectiva mundial.

4. Comercio internacional y lucha contra la pobreza (Oxfam)

El comercio mundial ofrece el potencial para actuar como una poderosa fuerza contra la pobreza, así como para conseguir un crecimiento económico. Pero las normas que lo rigen están elaboradas a favor de los ricos y utilizan una política de doble rasero. Se propone mejorar el acceso a los mercados de los países pobres eliminando barreras arancelarias y subsidios, crear un organismo para estabilizar los precios de las materias primas con precios justos, nuevas normas sobre la propiedad intelectual compatibles con el acceso a las nuevas tecnologías y medicamentos esenciales en los países pobres, y finalmente prohibir las normas que obligan a los gobiernos a liberalizar o privatizar servicios básicos vitales.

* * * * *

Desde estos planteamientos surgieron numerosas preguntas y reflexiones objeto de debate: ¿Cuál es la valoración sobre las distintas propuestas que se hacen? ¿Nos parecen viables? La estabilidad financiera y la estabilidad cambiaria interesan a todos ¿qué dificultades vemos para la aplicación de la tasa Tobin? Las ETN contraatacan contra los intentos de control con amenazas, ¿cómo contrarrestarlas? ¿Con un gobierno mundial y una globalización de los DDHH y los derechos laborales? ¿O eso es demasiado grande y conviene poner el acento en el poder local cercano y directo? ¿Cuál es el papel de los sindicatos hoy? ¿Cómo se articularía la actuación de los sindicatos con los nuevos movimientos sociales que están surgiendo? ¿Es posible siquiera plantear en el primer mundo la supresión de las medidas proteccionistas? ¿Privatizar los servicios públicos los hace funcionar mejor? Precios justos ¿cómo y cuáles?

Unas propuestas como las que se presentan en este capítulo parece que tendrían poca viabilidad en un contexto como el que estamos viviendo. La situación internacional tiene mucho que ver con el tema de la energía y este elemento no se recoge en este capítulo. Las decisiones políticas y económicas están guiadas por todo lo que tenga relación con el control del petróleo (situación actual de Irak). Este tema subordina todos los demás temas de los que estamos hablando y muchas de las iniciativas que se presentan en el libro van a estar muy condicionadas por este trasfondo. Todo este panorama complica mucho la posibilidad de pensar y plantear alternativas viables.

La crisis energética que sacudió a Occidente en los años 70 transformó todo un contexto pero. ¿de qué manera? Es evidente que en una crisis intervienen muchos componentes sistémicos que tienen que ver con la energía y que no podemos obviar, pero no podemos negar que la forma de salir o de afrontar una crisis depende también de las fuerzas sociales, de su actuación, de sus luchas. Tan ilusorio sería pensar que los sujetos sociales pueden actuar al margen de las condiciones sistémicas como pensar que estas condiciones pueden en sí mismas conducir a determinadas soluciones. Ante esto, se deberían reforzar los movimientos sociales para que, en caso de crisis, sus planteamientos tengan determinado peso.

Muchas de las propuestas que se desarrollan en el libro tienen mucho que ver con el papel de los EstadosNación. Normalmente se presenta la globalización como un fenómeno que ha puesto en cuestionamiento el poder de los Estados, pero desde nuestro punto de vista la globalización ha originado una transformación de los EstadosNación; éstos se han visto forzados a redefinir sus funciones clásicas. El Estado, en realidad, no ha perdido poder sino que más bien lo usa en actuaciones a favor de la reconfiguración neoliberal del orden mundial. Sus políticas son activas en favor del capitalismo y no pasivas. Por todo ello resulta un tanto contradictorio que se apele con insistencia a unos sujetos para que lleven a cabo determinadas propuestas de acción, cuando son estos mismos sujetos los que han propiciado la situación en la que nos encontramos.

Las alianzas actuales entre Estados y ETN son una realidad. Además estas alianzas llegan a resultar perversas cuando vemos que no les importan nada los más desfavorecidos, las situaciones de injusticia social y económica. Vemos, pues, la necesidad urgente de hacer determinadas transformaciones en el campo económicoempresarial si queremos construir un mundo más justo.

En este sentido, surgen algunas cuestiones fundamentales: ¿Cómo está organizando el tejido productivo? ¿Cómo transformar las rígidas estructuras verticales en estructuras más horizontales? ¿Cómo evitar los grandes abismos que existen entre los salarios de un trabajador y los de un alto directivo? ¿Qué posibilidades hay de que transformaciones locales puedan conseguir determinadas cosas? ¿Cómo favorecer en las empresas un trabajo más humano y menos despersonalizado? ¿Cómo promover uniones económicas a nivel local y conseguir al mismo tiempo un poder suficiente como para “dialogar” con las multinacionales con garantía de éxito?

De hecho, la actual organización de las empresas y del sistema productivo está generando numerosas injusticias. La tendencia de la economía neoclásica es intentar naturalizar todo lo que no es natural. El sistema está expresando unas relaciones de poder que son socialmente construidas y por tanto pueden ser transformables. Aquí es dónde los movimientos antiglobalización deberían poner el acento y parece que no lo están haciendo.

Las dificultades para abordar el cambio de las estructuras económicas empresariales son enormes. Quizás deberíamos de poner la mirada no sólo en el marco internacional sino también en el ámbito local, a pesar de todas las dificultades. Pero ¿cómo abordamos este tema? ¿Qué tipo de sujeto social sería capaz de llevar esto a cabo? Parece que a los sindicatos no se les ve como agentes capaces de emprender estas luchas. Desde las instituciones políticas es difícil imaginar, con la actual crisis de legitimidad, un ámbito desde donde se puedan abordar mínimamente estas cuestiones, por lo que es absurdo pensar que las fuerzas políticas vayan a hacer algo en la línea que estamos pensando. Sería también ilusorio creer que desde la Universidad se presentarán opciones alternativas puesto que ésta ha hecho suyo el slogan de que para sobrevivir hay que adaptarse. Las carreras técnicas están naturalizando todo lo que está pasando sin dar ninguna opción al sentido crítico, de hecho, el funcionamiento del sistema económico no se pone en cuestión.

En la reflexión se plantearon distintos ámbitos desde los que podrían venir las futuras transformaciones:

  1. Los flujos migratorios. Este fenómeno puede tener a largo plazo algún poder desestabilizador del sistema que aboque a determinadas transformaciones.

                  • Ante este panorama no demasiado alentador tenemos que mantener la lucidez y, sobre todo, seguir trabajando con tozudez en la línea de transformación en la que creemos, para ir haciendo posible una sociedad más justa. Es cierto que la realidad en toda su crudeza puede ser paralizante, pero no podemos caer en un pesimismo psicológico que anule nuestra capacidad de respuesta y que nos inhabilite para abrir caminos alternativos. Como dijo Horkheimer, seamos pesimistas en la teoría pero optimistas en la práctica. Quizás no haya otra salida.

Derechos humanos y desarme (Quinta sesión)

La quinta parte del libro de Díaz Salazar ofrece el análisis y las propuestas de algunos movimientos ligados al Foro Social Mundial en torno a la defensa de los derechos humanos y el control del comercio de armas. El primer informe está realizado por la FIDH (Federación Internacional de Derechos Humanos) y el segundo por Amnistía Internacional Greenpeace, Intermón Oxfam y Médicos Sin Fronteras. María José Lucerga hizo la presentación del tema para iniciar el debate.

I. La defensa de los derechos humanos en el siglo XXI

El escenario de partida que se plantea es el de un resurgimiento de una sociedad civil dinámica como contrapoder, dentro del cual las asociaciones de defensa de los Derechos Humanos juegan un papel protagonista como fuerzas críticas con propuestas alternativas. El análisis se desarrolla alrededor de los puntos siguientes:

1. Derecho a pensar, a expresarse y a asociarse con libertad: defender a los defensores de los derechos humanos

Se aprecia un aumento de la represión en este ámbito, pudiéndose incluso hablar de auténticas estrategias para acallar a los defensores. Mientras que en 1998 fue reconocida por Naciones Unidas la Declaración para los Defensores de los Derechos Humanos, otra declaración paralela de veintiséis países daba supremacía a las leyes nacionales en detrimento de los instrumentos internacionales. Ante esta situación se hacen necesarios pasos como estos:



2. Globalización económica: los Derechos Humanos deben prevalecer

2.1. En los últimos años, los Derechos Económicos, Sociales y Culturales han sido ignorados o tratados como derechos “de segunda” frente a los derechos Civiles o Políticos. Algunas razones para ello han sido:

2.2. Empresas transnacionales y Derechos Económicos, Sociales y Culturales. Las multinacionales poseen hoy un poder económico y político desproporcionado, que utilizan para conseguir el máximo beneficio sin que éste tenga demasiado que ver con el bienestar general. Esto es especialmente grave en países dictatoriales ya que se convierten en valedoras de esos gobiernos. En la actualidad, no existe ninguna normativa global que regule las actividades y métodos de estas organizaciones empresariales.

2.3. Global Compact (Contrato Mundial). Esta propuesta fue presentada en el año 2000 por el Secretario General de la ONU. Se trata de una especie de contrato moral que obliga a las empresas que lo firman a acoger, promover y respetar una serie de valores fundamentales relacionados con los DDHH, las condiciones de trabajo y el medio ambiente. A pesar de lo positivo de esta iniciativa, no se trata de un contrato real, pues no obliga a nada.

2.4. Derechos Humanos y acuerdos internacionales de comercio. La FIDH suscribe que la validez de dichos acuerdos debería estar condicionada a su respeto de los textos internacionales en materia de DDHH, de modo que el libre intercambio no se convierta en un fin en sí mismo sino en un medio para el desarrollo humano sostenible. Asimismo recuerda la resolución 1999/30 de la ONU, donde se invita a gobiernos e instancias económicas internacionales a revisar las políticas y legislación de la liberalización económica desde estos parámetros.

2.5. Justicia sobre los Derechos Económicos, Sociales y Culturales. La responsabilidad de los estados en cuanto a estos derechos va avanzando lentamente en su reconocimiento jurídico. El individuo puede ejercerlos y puede reivindicar asistencia judicial cuando se le impide su ejercicio. La ONU ha dado un paso importante en la lucha contra la impunidad de los autores de violaciones encargando a un miembro del Comité y a la Subcomisión de los Derechos Humanos rendir cuentas sobre este asunto. También la Corte Penal Internacional, a pesar de no haber sido asumida por todos los estados, es otro paso importante. Sin embargo, la consolidación de normas internacionales que garanticen los Derechos Económicos y Sociales sigue siendo un reto abierto.

3. Consolidar una Justicia Penal Internacional

En general ha habido una toma de conciencia con situaciones como las de Ruanda o la exYugoslavia y, como ya se ha dicho, la aceptación del Estatuto de la Corte Penal Internacional ha supuesto un gran paso adelante. Pero sigue siendo necesario aprovechar las posibilidades del Derecho Internacional para combatir la impunidad en el ámbito nacional (casos, por ejemplo, de amnistías de los violadores promulgadas al margen de cualquier consulta popular). Uno de estos instrumentos es el Principio de Competencia Internacional, que prevé como le ocurrió a Pinochet en Londres la persecución e incluso el arresto de un violador de los DDHH que se encuentre en otro territorio, aunque ni el delito ni las víctimas correspondan a éste. La FIDH ha pedido a los miembros de la ONU que sean firmadas, publicadas y transferidas las Convenciones Internacionales que permiten ejercer esta competencia.

4. Prevenir los conflictos: la reforma del Consejo de Seguridad

En este ámbito es fundamental revisar el derecho de veto de algunos estados y la relación entre la soberanía nacional, el principio de no injerencia y la defensa universal de los Derechos Humanos. Como se ha puesto de manifiesto con la invasión de Irak, el reto no es sencillo.

II. El control del comercio de armas

El fácil acceso a las armas por parte de particulares, grupos y regímenes represivos y el escaso control del comercio de las mismas son dos de las principales causas de la perpetuación de la violencia y de las violaciones de los DDHH. La ONU considera armas ligeras todas aquellas armas convencionales que pueden ser transportadas por una persona o en vehículo ligero. Hay armas pequeñas, para uso personal, y armas ligeras, para uso de varias personas. Dentro de estas últimas está también el material policial y represivo y la munición.

1. Algunos datos

2. Algunas consecuencias

3. Actuaciones internacionales

4. La raíz del problema

La violencia no surge de la nada. En la mayor parte de las ocasiones es una respuesta a la existencia de circunstancias sociales y políticas. Sobre ellas habrá que actuar si queremos cambiar esta dinámica. Esto implica:

5. Qué se puede hacer

6. Objetivos en España

TRANSPARENCIA: Divulgación semestral de materiales de defensa exportados a cada país y de su importe y de la producción anual de armas ligeras y munición.

CONTROL: Implicación en la mejora del Código de Conducta de la UE, promoción del Código de Conducta Internacional, control sobre la actividad de gentes intermediarios mediante la creación de un registro público.

RECOMPRA: Promover la recompra y destrucción en países o zonas concretas y apoyar a gobiernos y ONG que trabajen en esta línea.



* * * * *

Un argumento neoliberal es que el libre comercio mundial genera crecimiento económico, también en los países donde las grandes empresas se establecen. Éste es también el argumento de las empresas transnacionales para justificar su presencia en países del Tercer Mundo. Pero nos encontramos ante una de las grandes falacias del sistema neoliberal: el crecimiento económico de las empresas no genera un mejor reparto de la riqueza, ni un crecimiento del empleo, ni mejora la calidad de vida de las personas que en estos países trabajan. Por desgracia podemos comprobar que el aumento de la productividad y el crecimiento económico no lleva parejo un crecimiento del bienestar de todos. Por ejemplo, los trabajadores de las maquilas se pueden considerar agentes activos de la economía puesto que su trabajo forma parte de la cadena de producción de las grandes empresas transnacionales, pero sus derechos como trabajadores y su dignidad como personas no son, en la mayoría de casos, realmente contemplados por estas empresas.

La globalización ha fragmentado los procesos productivos, los mercados de trabajo. Actualmente se tiende a la externalización de los segmentos de la producción más intensivos en mano de obra. Las grandes empresas quieren evitar a toda costa cualquier vínculo que genere responsabilidades no cancelables rápidamente y se ha ido implantando un nuevo modelo de gestión en donde se adjudican a terceros toda o casi toda la parte que tiene que ver con el ámbito estrictamente productivo. ¿Por qué nadie denuncia directamente esto?

Muchos creen que el capitalismo tiene unas reglas de funcionamiento que no podemos eliminar pero al menos podemos intentar darles un rostro humano. Las empresas pueden seguir manteniendo la cuestión de maximizar beneficios pero compensándolo con la aplicación de unas normas éticas. Aunque no todos ven claro este camino, no debemos minimizar la elaboración teórica de la ética empresarial puesto que, probablemente, a niveles prácticos ésta sea la única vía para paliar las consecuencias negativas del sistema.

Los derechos económicos, sociales, culturales, en la medida que se reclaman, necesitan de unos organismos que los hagan cumplir. Si no hay un mecanismo penal ¿cómo se pueden garantizar estos derechos? ¿Cómo se podría reclamar por vía judicial, por ejemplo, un derecho económico? ¿Cómo se puede reclamar judicialmente al Estado el incumplimiento del derecho a la vivienda recogido en la Constitución? En estos casos hablar de derechos es una forma eufemística de hablar. Si no hay un organismo externo que obligue a cumplir un código ético puede que éste no sirva de nada. Al menos es necesario un control social. Los códigos de conducta aprobados por las multinacionales no tienen valor normativo mientras no existan mecanismos de control exterior.

Algunas ONGs piensan que enfrentándose a las grandes multinacionales no se va a conseguir implantar los derechos económicos y sociales de los trabajadores. En su opinión es mejor ponerse del lado de las empresas e ir introduciendo en ellas cierta responsabilidad social que tener una actitud combativa. Estas organizaciones lo que hacen es invitar a las empresas a cambiar si no quieren perder prestigio y clientes. De esta manera si se consigue que una empresa firme un código ético, después se le podrá decir que no lo han cumplido y, al menos, se les podrá recriminar por ello. Pero esta alianza empresa/ONG puede resultar delicada y hay que llevar mucho cuidado puesto que las ONGs pueden acabar siendo instrumentalizadas por las empresas. ¿No sospechan nada en este sentido las organizaciones solidarias? Es muy fácil perder el horizonte cuando se anda por determinados caminos.

En definitiva, lo que muchos intentan demostrar es que lo social no está reñido con la política empresarial. Nace así lo que se denomina marketing con causa: una empresa se compromete a colaborar con un proyecto social a cambio de beneficios de imagen y por tanto económicos. Sin embargo, no todos están de acuerdo con esta herramienta empresarial. Algunos opinan que el marketing con causa es oportunista porque supone para la empresa una gran publicidad que se traduce en beneficios económicos, pero esto bajo una apariencia de responsabilidad social y sobre todo a un bajo coste para la empresa. Invertir en un fondo ético resulta hoy muy rentable.

¿Puede la globalización adquirir un rostro humano? Todas estas medidas ¿cambian en algo el sistema? Algunos piensan que todo lo que tenga que ver con un código ético es muy distinto a todo lo relacionado con la política empresarial. Aunque los intentos que se hagan en este terreno son muy importantes, hay que seguir diciendo que la lógica de estas medidas éticas es incompatible con la lógica del mercado. En realidad, el sistema capitalista sólo permite y promueve los valores del mercado, que son injustos y depredadores. El sistema de mercado elimina las opciones solidarias reales aunque se nos quiera hacer ver lo contrario: el capitalismo crea la explotación y la consuela con donaciones, produce desigualdad y se presenta como atenuante de la injusticia, etc.

El reparto equitativo de la riqueza pasa por la resistencia a la ideología neoliberal. En otros sistemas de economía planificada se podían garantizar más o menos algunos de los derechos fundamentales y también algunas de las necesidades más elementales de la totalidad de la población (trabajo, vivienda, educación, salud, etc.). El Estado en estos sistemas asumía la responsabilidad de garantizar estos derechos. Así se generaban determinadas seguridades, al menos, en el ámbito social, económico y cultural. Estamos hablando de un socialismo real, pues no podemos obviar que en experiencias de este tipo (Checoslovaquia, Cuba, etc.) se ha dado en la práctica una evidente represión de la libertad, cosa que no podemos tolerar.

Si el Estado reconoce como principio y punto de partida el funcionamiento de la economía de mercado entonces. ¿qué podemos hacer? ¿Es este sistema un camino obligado o hay otras alternativas? Estamos partiendo de la base de que sólo hay dos vías y muchos piensan que lo que tendríamos que ensayar serían fórmulas mixtas. Pero, por otro lado, incluso las fórmulas mixtas, aunque serían las más razonables, no permitirían hablar de derechos sino quizás de objetivos. Cuando los derechos no se pueden reclamar por vía judicial y nadie se puede responsabilizar de su cumplimiento no podemos hablar fácilmente de ellos. El discurso de los derechos es un discurso bienpensante y engañoso.

De este análisis se desprende que la conciencia social de los últimos tiempos no es precisamente muy crítica con el sistema pero sirve, sin duda, para apoyar el slogan: “Hacer el bien” es rentable.

Movimientos sociales por la justicia global (Sexta sesión)

La reunión del día 24 de abril la dedicamos a reflexionar sobre el sexto capítulo del libro de Díaz Salazar el cual trata de los “Movimientos sociales por la justicia global”. Evaristo León hizo un resumen los puntos más destacados de este capítulo en donde se incluye una serie de entrevistas realizadas a intelectuales y militantes de los movimientos sociales más relevantes que se oponen al liberalismo económico de la globalización.

Objetivos y orientaciones de los movimientos por la justicia global (Entrevista a François Houtart realizada por R.D. Salazar en la revista Iglesia Viva)

El FSM ha tenido un primer éxito al aglutinar y definir la idea de que “otro mundo es posible”. Entre sus desafíos para el futuro destacan una mayor internacionalización del mismo con presencia de africanos, asiáticos y mundo árabe y hacer presente en el mundo a los movimientos sociales no dominados por las ONGDs, lo que supone optar por una opción libre de hipotecas, dada la dependencia de muchas de estas organizaciones respecto a los gobiernos. El FSM necesita una vinculación a lo político para hacerlo eficaz. Actualmente en el Foro hay una tendencia más reformista y otra más radical. Houtart las denomina “keynesianos” y “postcapitalistas”. Para Houtart, sigue siendo ambigua la comprensión del término “socialista” y es preciso redefinirlo y trabajar por su implantación remontando su concepción originaria.

Una Internacional de agricultores (Entrevista a José Bové realizada por la revista New Left Review)

La confederación campesina (Confederation Paysanne), fundada en 1987, trabaja en la defensa de la agricultura tradicional y ecológica frente a la agricultura intensiva y de explotación subvencionada. La Organización Común de Mercado (OMC) controla el comercio internacional, resultó gravemente perjudicial para los países pobres de agricultura tradicional. La libertad de comercio supone, para muchos de estos países, admitir productos de importación al tener que bajar sus aranceles a un precio de coste más bajo que sus productos autóctonos. Esto genera graves consecuencias para el empleo y la alimentación en dichos países. Las reivindicaciones en Seattle proponían que todos los países tengan derecho a imponer sus aranceles y proteger sus productos, la defensa de los alimentos propios frente a la invasión de los agrobusiness USA y europeos que destruyen la agricultura local obligando a familias campesinas a abandonar el campo y el rechazo de los alimentos transgénicos, semillas modificadas genéticamente con un feroz ataque a la biodiversidad. La Internacional campesina propone como alternativa a la OMC la constitución de un Tribunal Internacional de Comercio basado en una carta y compuesto por jueces nombrados por la ONU. Este tribunal defendería los derechos individuales y colectivos (alimentación, alojamiento, trabajo, educación y salud) frente al empuje del mercado.

Desobediencia civil y conflicto social por una justicia global (Entrevista a Luca Casarini, Tute Bianhe (monos blancos) realizada por la revista Viento Sur).

Los Tute Bianche nacen en el norte de Italia en 1998 como un movimiento organizado, no como una organización. Es el Movimiento de los desobedientes. La iniciativa parte de un grupo de trabajadores jóvenes sometidos a la precariedad laboral y que carecían de sindicatos que los representasen. Reivindicaban el derecho a ser visibles y, para ello, eligen como forma de identificación el mono blanco. Llevan a cabo algunas acciones por las que se hicieron notar, como escalar el palacio presidencial o introducirse en algún programa de TV. En Seattle (1999) su protesta se une a la de otras organizaciones y comprendieron que necesitaban además una práctica de lucha que apoyara sus reivindicaciones. No tienen una visión ideológica o ética sobre los métodos de lucha. En una época en que el poder mata a miles y miles de personas porque tiene la fuerza legal, es un deber impedir que se mantenga el G8, la OMC, el BM y el FMI. Utilizan su cuerpo como arma de desobediencia y con su manera de manifestarse demuestran de lado de quién viene la violencia. La desobediencia civil la practican a través de la confrontación política. Intentan generar confusión al poder y bloquearlo con multitud de gente. Buscan para ello, el apoyo de otros grupos y actúan en proyectos en los que necesariamente surgen conflictos como son los centros de acogida de indocumentados o el derecho a la ciudadanía y a la vivienda.

Biodiversidad, transgénicos y lucha contra la OMC (Entrevista a Vandana Shiva, Navdanya y Fundación para la ciencia la tecnología y la ecología realizada por la revista ColorLines).

Se trata de una doctora en Física que cambia su trayectoria académica y centra su saber y sus esfuerzos en un área de la ciencia que afecta a la vida cotidiana. A ello le empuja el verse comprometida con un movimiento ecológico para defender una selva en el Himalaya (su tierra) diseñado y liderado por mujeres. Actualmente centra su esfuerzo en luchar contra las multinacionales de la agricultura que están modificando genéticamente los alimentos y paralelamente contra las leyes que impone la OMC, que perjudican gravemente la producción de los países del Tercer Mundo. Con las protestas de Seattle contra la OMC se consiguió demostrar que la globalización no es un fenómeno natural, sino una creación de las grandes corporaciones empresariales. La OMC es un proyecto político que reúne a los poderosos. Si los demás (la mayoría) nos organizáramos, se podría acabar con este proyecto.

Las luchas del MST por la reforma agraria (Entrevista a Joao Pedro Stedile. MST Movimiento de los Sin Tierra realizada por Manuel Cabieses en la revista Punto Final).

El MST surgió en Brasil y es un movimiento campesino que tiene dos objetivos fundamentales: luchar contra la pobreza en el campo, mejorando las condiciones de vida de la población rural, y luchar contra la desigualdad social. Funcionan a través de comisiones colectivas (de diez a quince familias), después eligen un coordinador por comisión y esto se repite a nivel de municipios, provincias e incluso a nivel nacional. Una de sus prioridades es la relación con los movimientos campesinos de todo el mundo, en especial de Latinoamérica.

En el MST creen que el imperio norteamericano está llevando a cabo una ofensiva económica, militar e ideológica. Los EEUU quieren de Latinoamérica la biodiversidad de la Amazonia, la mano de obra barata, y la recolonización del continente para hacer frente a la competencia con Europa y Asia. El instrumento para esta finalidad, el ALCA (Asociación Americana Libre de Comercio). A esto opone radicalmente el MST.

El Foro Social Mundial y las relaciones internacionales tras el 11S (Entrevista a Noam Chomsky. MIT (Instituto Tecnológico de Massachuset) por la revista ZNet).

Chomsky apoya al FSM de Porto Alegre pues lo considera una manifestación muy significativa de la globalización desde la base, una especie de Internacional para la distribución de la riqueza basada en la participación de la gran masa de la población mundial. La contribución del FSM es esencial para la construcción de un mundo en paz. Las proyecciones de la agencia de inteligencia de EEUU para los próximos años predicen que la globalización continuará y llevan a cabo una creciente desigualdad. Como fruto de ello, crecerá la agitación entre la gente empobrecida en todo el mundo y tendrá que ser controlada por la fuerza. El FSM está empezando a cambiar radicalmente esas tendencias peligrosas. Respecto a cómo han cambiado las relaciones internacionales desde el 11S, el entrevistado dice que la conmoción creada en el mundo es clara y comprensible. Si bien el terrorismo internacional es un crimen terrible y sus autores han de ser juzgados como tales criminales, él hace la lectura del otro lado y alude a los múltiples desastres y terrorismos llevados a cabo por los EEUU y por sus actuales dirigentes.

Convergencia en la diversidad de los movimientos sociales (Samir Amin. Foro Mundial de las Alternativas)

Expone la necesidad de la convergencia de los movimientos y fuerzas sociales frente al capitalismo neoliberal globalizado. Éste es un desafío para las víctimas del capitalismo salvaje, el hegemonismo estadounidense y la guerra global que conduce contra el Sur. Sin la convergencia solidaria de todos, no es posible construir el deseable frente mundial por la justicia social internacional.

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Todas estas entrevistas nos confrontan con unos liderazgos sociales que nos hacen ver hasta qué punto resultan diferentes. Se plantea así el debate sobre la importancia que tiene la figura del líder para la movilización social. ¿Qué influencia tienen los líderes intelectuales o políticos en la gente? ¿Su compromiso es pura fachada o supone algo importante? Lo que parece es que estos liderazgos tienen algo diferente que los caracteriza. Se trata de intelectuales comprometidos con los asuntos sociales, que marcan, de alguna manera, con sus reflexiones las pautas a seguir, y esto hace más fácil el camino. Lo que estas personas hacen es algo más bien testimonial, pero el grado de influencia sobre la gente es grande, sobre todo en periodos de crisis como los que vivimos. Se ve conveniente, pues, que existan líderes sociales, pensadores, Foros, como el FSM, que empujen a un nuevo proyecto de sociedad. La organización de estos movimientos sociales tiene una conexión directa con estos liderazgos intelectuales pero no están mediatizados por ellos. Esto es muy enriquecedor, pues existen espacios compartidos pero claramente diferenciados. Si algo caracteriza a estos movimientos es la diversidad, la heterogeneidad e incluso la falta de unanimidad.

Si pensamos en los años 70 vemos que los liderazgos eran decisivos para las movilizaciones. Después, en un segundo momento, la red era la que se convertía en líder (no se necesitaban líderes concretos). Este momento no tiene nada que ver con los tiempos pasados. Ahora se cree necesaria una reflexión intelectual para guiar la práctica, así como la necesidad de que esta reflexión esté vinculada a la realidad. El proceso acción/reflexión y reflexión/acción es básico.

El éxito que está obteniendo el FSM es claro, pero de aquí puede venir también su mayor peligro. ¿Qué valor tienen las movilizaciones ahora? ¿No corren el peligro de transformarse en puro espectáculo, en algo meramente folklórico? Lo que está claro es que un encuentro multitudinario puede convertirse en algo muy “interesante” para políticos y empresas. Ya hemos visto la capacidad del sistema de integrarlo todo. Cualquier causa, lucha o movimiento social puede ser fácilmente reconducido hacia el redil del sistema (Forum de las Culturas de Barcelona).

Es evidente que FSM se ha ganado su lugar en el mundo. A partir de aquí, surgen algunas reflexiones específicas en torno a la importancia de una conexión entre estas nuevas formas de resistencia civil y la organización política (partidos, sindicatos.). Suponemos que éste es un tipo de debate que puede estar creando tensiones dentro de los movimientos. Pero sea como fuere, lo que ahora se plantea son cuestiones de fondo como: ¿Hacia dónde camina el Foro Social? ¿Cuáles son los caminos a seguir en un futuro inmediato? Por supuesto las respuestas no son unánimes. Algunos piensan que el sistema neoliberal no es la única opción posible y por lo tanto es indispensable buscar y explorar nuevas alternativas. Otros, sin embargo, piensan que la situación no está para un cambio radical sino que lo que hay que hacer es intentar ir poniendo límites al sistema, suavizar sus consecuencias. A pesar de todo, la maquinaria del sistema es lo suficientemente poderosa como para convertir cualquier intento en un elemento favorable para él mismo.

El problema es que no hay un sujeto social suficientemente potente como para poder cambiar estructuras. En esta situación los sujetos fragmentados tienen que recurrir a acciones más bien de tipo testimonial. Pero estas acciones simbólicas se agotan. La lucha por captar la atención necesita cada vez acciones más llamativas para que tengan algún efecto. Este círculo es difícilmente salvable.

Ante la cruda realidad no podemos ser tan pesimistas. Muchos piensan que se van consiguiendo cosas y nos hacen ver los pequeños pasos que se van dando: en Seattle se puso claramente de manifiesto la gran resistencia mundial al modelo de globalización capitalista; gracias a luchas promovidas por movimientos como Green Peace se han conseguido leyes que regulen la producción de transgénicos; cuando empezaron las protestas antiglobalización nadie les daba importancia, ahora los poderosos tienen que buscar sitios escondidos para poder reunirse. Lo que hay que hacer es un esfuerzo para que estas luchas enganchen de alguna manera con las grandes mayorías. Hay que buscar elementos de interpelación importantes para la gente.

En efecto, el tema de los alimentos manipulados genéticamente es algo que ha logrado enganchar a la opinión pública. Éste es un tema actual y candente por todo lo que pone en evidencia y, por tanto, ha suscitado numerosos debates de lo más controvertidos. El apoyo a los transgénicos, sobre todo por parte de multinacionales y de algunos científicos, se basa fundamentalmente en dos ideas: una mayor productividad y la posibilidad de acabar con el hambre o con algunas enfermedades en el mundo. Pero aunque se empeñen en convencernos de lo contrario, el aumento de la producción no soluciona la falta de alimentos en el Tercer Mundo, ni remedia la carencia de vitamina A (golden rice) en las poblaciones más pobres. La realidad es que los alimentos transgénicos no están diseñados para solucionar los grandes problemas de la humanidad sino que su objetivo es aumentar las ganancias de los que tienen las patentes y poder controlar el mercado mundial de alimentos. Es de un gran cinismo intentar presentarnos este tema como la gran solución a muchos de los problemas de los habitantes de este planeta.

Estamos tocando un punto muy sustantivo puesto que estamos hablando de un derecho básico de la humanidad. Se está jugando con la seguridad alimentaria y por tanto con el destino de los más pobres del mundo y todo por cuestiones de poder y por intereses económicos. La comprobación del bien alcanzado resulta a menudo complicado, pero la comprobación de la obtención de beneficios es algo muy evidente. El sistema capitalista supedita los fines humanitarios a fines de obtención de beneficios. Ésta es la perversidad del sistema. Como decía Marx, incluso cuando el sistema satisface necesidades lo hace supeditado a la obtención de beneficios y cuando esto peligra no tiene el menor reparo en sacrificar estas necesidades. Así que podemos constatar que la satisfacción de las necesidades tiene un valor secundario para el sistema. La tendencia del sistema capitalista es una tendencia expansiva (y no sólo geográficamente). Cuantas más áreas sean sometidas al capital mejor para el sistema. Así, las propias necesidades humanas están supeditadas a la creación de beneficios, incluso se crean necesidades ficticias para seguir alimentando esta lógica.

Otra cuestión importante que surge a colación de estas reflexiones es la pregunta de en qué medida los intereses económicos están determinando, directa o indirectamente, los temas de investigación científica. ¿Cuál es el grado de dependencia entre la investigación y la industria? Parece que, una vez más, se constata la supeditación del saber –que es un instrumento humanizador o debería serlo– a otro tipo de objetivos. Los conocimientos deberían ser bienes sociales, pero en muchos casos estos conocimientos (transgénicos) se convierten en bienes corporativos que sirven a las grandes multinacionales. La mayoría de investigaciones son motivadas por criterios económicos (obtención de ganancias) más que por necesidades humanas.

Aunque algunos piensan que no podemos hacer mucho más que paliar las consecuencias negativas del capitalismo, otros opinan que la solución vendría por encontrar otras formas de organizar el sistema productivo que no estuvieran supeditadas a la lógica del mercado. El capitalismo es colonizador y siempre intentará absorberlo todo para su propio beneficio. Sería cuanto menos preocupante que careciéramos por completo de modelos alternativos al capitalismo, pero nos consta que hay propuestas por las cuales quizás merezca la pena apostar, aunque todavía quede mucho por decir y por experimentar: modelo de socialismo descentralizado, el sistema de “democracia económica” presentado por Schweickart, etc.

Mientras tanto, los nuevos movimientos hacen suyo el lema “otro mundo es posible” y esto es lo que da sentido a las luchas de cada día. A pesar de que no sabemos cuando este nuevo mundo podrá ser una realidad, no tenemos excusas para renunciar a él o, dicho de otra forma, tenemos muchas razones las razones de los más desfavorecidos y vulnerables para luchar por un nuevo proyecto de sociedad.

Epílogo. ¿Qué hacer ahora? (Séptima sesión)

José Antonio Zamora hizo un resumen los puntos más destacados del epílogo (Susan George) del libro de Justicia Global y propuso algunas cuestiones para el debate. En dicho epílogo se valoran los logros del Foro Social Mundial. “Hemos tenido victorias importantes: el Acuerdo Multilateral sobre Inversiones está muerto, aunque traten de resucitarlo. El Banco Mundial, el FMI y la OMC están en crisis. En todas partes, los consumidores se rebelan contra los organismos genéticamente modificados. Docenas, centenares de batallas tienen lugar en docenas, centenares de sitios en el mundo. A causa de nuestras acciones, a causa de las protestas en masa y del rechazo popular a aceptar la globalización neoliberal, cada vez más gente reconoce que no hemos llegado al «fin de la Historia». No son éstas pequeñas victorias, y es necesario alegrarse por ellas. El sentido que tiene el Foro de Porto Alegre es hacer proyectos de futuro con realismo y esperanza. Como decimos en ATTAC, otro mundo es posible”.

I

El camino que queda será largo y duro. Sí, el Banco Mundial, el FMI, y la OMC están tocados, pero todavía están de pie y no han renunciado a ninguno de sus poderes. La distribución de la riqueza mundial sigue siendo radicalmente desigual. Los verdaderos responsables de la globalización casi no han sido afectados: me refiero a las empresas transnacionales y financieras para las que el Banco, el Fondo, la OMC, la OCDE y demás no son sino lacayos. Estas megaempresas y los mercados financieros son la encarnación última del capitalismo mundial y es de ellas de donde viene el verdadero peligro. Mientras no las hayamos puesto bajo un control democrático, no podremos cantar victoria.

Por estas razones, me gustaría hablar de los pasos que debemos dar juntos si queremos alcanzar nuestra meta, que yo definiría como «una globalización democrática, equitativa y ecológica». Algunos de estos pasos son intelectuales o ideológicos; otros se refieren sobre todo a la organización, a la táctica y a la estrategia. La primera cosa que hay que hacer es desembarazarnos de la ideología dominante que ha convencido a tanta gente de que no hay alternativa a la globalización neoliberal. Para esto, empecemos por restaurar la verdad del lenguaje y la credibilidad de la información. Esto me parece vital para convencer a todo el mundo, gobiernos incluidos, de que el mundo actual no es inevitable, que la globalización no es una fuerza de la naturaleza, como la ley de la gravedad, ni de la ley divina, y que el mercado no puede ser la medida de todas las cosas.

El Foro de Porto Alegre tiene que aprender a servirse de palabras que todo el mundo entienda, y que al mismo tiempo revelen las mentiras de nuestros adversarios. Por ejemplo: Decimos «globalización» como si todas las naciones y todos los pueblos avanzasen juntos hacia alguna Tierra Prometida, cuando sabemos muy bien que esto es un mito. La «globalización» no es otra cosa que la integración de ciertas regiones del mundo por parte de las empresas transnacionales, industriales y financieras; se trata, simplemente, del capitalismo del siglo XXI. Se nutre comiéndose el planeta, enriquece a los ricos, aumenta las desigualdades, rechaza la democracia y excluye a centenares de millones de personas. Decimos «privatización» cuando se trata de la «apropiación» de empresas valiosas, construidas a partir del trabajo de miles de personas durante largos años, y que, ahora, se ceden a bajo precio a las élites del Norte y del Sur. Hablamos «de ajuste estructural» cuando se trata de austeridad económica insostenible, y de un ataque brutal contra los pobres. Decimos «desregulación» sabiendo que cada día se introducen nuevas reglas por parte de instituciones internacionales opacas y antidemocráticas. De hecho, estamos sufriendo una verdadera «reregulación».

Encuentro también profundamente irritante y falso que la prensa nos califique como «movimientos antiglobalización». Digamos claramente que somos «movimientos proglobalización», pues estamos a favor de compartir la amistad, la cultura, la cocina, la solidaridad, la riqueza y los recursos. Somos, antes que nada, «prodemocracia» y «proplaneta», lo que, seguramente, no es el caso de nuestros adversarios.



II

Un objetivo importante para nuestra renovación intelectual es perder y hacer perder algunas ilusiones perniciosas. Indudablemente, en el Norte se tienen más ilusiones que en el Sur, pero es difícil para la gente de buena voluntad, se encuentre donde se encuentre, admitir una realidad tan descorazonadora. Veamos algunas de estas ilusiones típicas:

Bill Gates y los cuatrocientos y pico multimillonarios censados cada año, que controlan activos equivalentes a los de media Humanidad, seguramente tienen claro que no sirve de nada detentar una fortuna inmensa si se está a bordo del Titanic. Así pues, podrán utilizar su riqueza para mejorar el estado del planeta y el de sus habitantes. Es falso. No hay límite superior al deseo de riqueza y de poder, incluso si los límites inferiores —la destrucción y la muerte— están claramente definidos.

Algunos piensan que la deuda externa del hemisferio Sur se anulará si se puede probar a los gobernantes que la deuda mata y destruye innumerables vidas humanas. También falso. Centenares de estudios ya lo han demostrado. Hay que reconocer que ningún nivel de sufrimiento humano podrá, por sí mismo, hacer cambiar las políticas de los acreedores.

La mayor parte de los ciudadanos del Norte parecen pensar que todo el mundo ha aceptado las mejoras sociales, resultado de luchas desde hace 100 años. Muchos continúan creyendo que los países del Sur podrán, tarde o temprano, construir sus propios «Estados del bienestar» gracias al crecimiento y al proceso de desarrollo. Creer todo esto es suicida. Las élites nacionales e internacionales nos devolverían alegremente al siglo XIX si pudiesen. Estas élites buscan constantemente el modo de emplear a menos gente, de rebajar los sueldos, de eliminar los avances sociales adquiridos, de transferir los servicios públicos al mercado, de no pagar impuestos, etc, En cuanto al Sur, desde el fin de la Guerra Fría, a las élites del Norte les importa poco el «desarrollo» y los presupuestos de cooperación disminuyen a marchas forzadas.

Sería iluso pensar que las empresas transnacionales y los países ricos cambiarán al menos de comportamiento cuando comprendan, al fin, que destruyen la vida del planeta en el que debemos vivir todos. Quizás es ésta la más perniciosa de todas las creencias. Parece lógico por el interés de todos, incluyendo el de los países ricos y el de las transnacionales, salvaguardar nuestra base ecológica. Desde mi punto de vista, no pueden pararse aunque quisieran, incluso por el porvenir de sus propios hijos. El capitalismo es como la famosa bicicleta que tiene que avanzar siempre o se cae, y las empresas compiten para ver quién puede pedalear más deprisa antes de estrellarse contra la pared.

En resumen, según yo lo veo, habríamos ganado la mitad de la batalla si pudiésemos restablecer de un modo efectivo la verdad del lenguaje y la legitimidad de nuestra propia investigación; si pudiésemos combatir con éxito las ilusiones que todavía mantienen millones de personas. De este modo, el camino se abrirá ante nosotros.

III

Para avanzar, se imponen otras estrategias. Claramente, hace falta continuar protestando. En sincronía con la reunión del Forum Social Mundial en Porto Alegre, siempre habrá mucha gente dispuesta para protestar en el Forum Económico Mundial de Davos. Es un buen símbolo, pero me parece que deberíamos ponernos de acuerdo sobre el siguiente principio: Dondequiera que «ellos» estén, algunos de nosotros también estaremos. Algunos de nosotros, pero no todos, pues no debemos permitir que el adversario fije nuestro calendario. El Foro de Porto Alegre es importante, en parte, porque es nuestro evento.

A veces, pero no muchas, es necesario demostrar nuestra fuerza numérica, y llenar las calles. Pero, ciertamente, no en cada una de las reuniones del adversario. En todas partes que aparezcamos, hace falta —según mi criterio— declararnos como un movimiento inequívocamente no violento.

IV

Protestar, sí, pero al mismo tiempo tenemos que proponer. El movimiento ya ha empezado a trabajar introduciendo otras reglas en lugar de las que rechazamos. Las nuestras deben ser reconocidas instantáneamente como legítimas, es decir, que se deben fundar en el corpus de derecho internacional elaborado en el transcurso del siglo XX: derechos humanos, acuerdos medioambientales, convenciones básicas sobre el trabajo, etc. Esta ley debe prevalecer siempre sobre sistemas legales más especializados, como el órgano de resolución de diferencias de la OMC. Las empresas transnacionales y sus directivos deben ser hechos personal y penalmente responsables de las acciones de sus filiales en todo el mundo. Se debe controlar a los mercados financieros por medio de la imposición fiscal, y, cuando haga falta, por medio del control de cambios.

Así como nuestros predecesores lucharon por el principio de la imposición fiscal y la redistribución nacionales, debemos luchar por unas tasas internacionales en un mundo en que el dinero de las empresas y los individuos más ricos escapa a los impuestos, escondiéndose en paraísos fiscales o en empresas ficticias. Ya que la ayuda oficial al desarrollo disminuye drásticamente, y los auténticos flujos financieros se dirigen del Sur pobre hacia el Norte rico, el único modo de reducir la separación ricos/pobres — Norte/Sur es someter a impuestos al capital internacional. Los mejores blancos son las transacciones financieras o las fusiones y adquisiciones de las empresas transnacionales. Evidentemente, se nos dice que tales impuestos no son técnicamente practicables. Es falso. El mundo en su conjunto nunca ha sido tan rico, y la tecnología existe; basta con que los gobiernos tengan la voluntad de utilizarla. El verdadero problema es que esta voluntad no existe.

Aunque todas las victorias son temporales y parciales, no hay «pequeñas» victorias. Pongamos un límite al programa neoliberal de nuestros adversarios e impongamos medidas que puedan sustituir el sistema actual de capitalismo salvaje por un sistema cooperativo en el que los mercados tengan su sitio, pero no puedan dictar su ley al conjunto de la sociedad. Con esta perspectiva no hay pequeñas victorias, y cualquier victoria se transforma en la plataforma de nuevas victorias futuras.

Sabemos muy bien por lo que luchamos. Las deudas externas del Sur no son reembolsables, y de cualquier modo, ya han sido ampliamente pagadas. Se deben anular, y se deben emprender restituciones a la expoliación del Sur. Se debe colocar a las instituciones financieras internacionales bajo control democrático. Si se decide que tienen todavía una función, ésta debe beneficiar a la mayoría. Nos hace falta un régimen de comercio internacional, pero no el de la OMC. Deben ponerse algunos bienes completamente fuera del alcance del comercio y de las relaciones mercantiles. Pienso en una cierta asignación de alimento y de agua para todos (pero las personas que quieran llenar su piscina deben pagar cara el agua). La salud, la educación y otros servicios sociales no son mercancías, sino derechos. Se pueden facilitar generosamente servicios públicos, transportes y viviendas sociales.

Cuando la gente goza de un cierto nivel de seguridad material, se vuelve infinitamente más productiva, y enriquece a su sociedad. Desde un punto de vista material, es absolutamente factible establecer un umbral universal de bienestar al que todo el mundo tiene derecho, no como caridad sino por el hecho de ser seres humanos. Debemos basar nuestras luchas en coaliciones nacionales fuertes, que reúnan a campesinos, sindicatos, ecologistas, mujeres, profesionales, trabajadores culturales e intelectuales, parados, sin techo, inmigrantes, militantes de derechos humanos y de otras fuerzas. Sobre estas bases nacionales fuertes, podemos después agregar nuestras luchas regional e internacionalmente.

V

Ciertamente, nuestros adversarios tienen ventaja sobre nosotros. Se empezaron a reunir antes, tienen dinero, poder, la mayoría de los medios y una buena parte de las organizaciones mundiales de su lado. Pero no olvidemos nunca que nosotros tenemos con nosotros el número, tenemos las ideas, y todo lo que queremos hoy. Todos los logros del pasado, de los que somos beneficiarios hoy, fueron ganados por gente que empezaron perdiendo. Lucharon y perdieron, lucharon y perdieron, y luego, un día, ganaron. Ser dignos de ellos nos exige la misma determinación, la misma paciencia y la misma tenacidad. No hay que sorprenderse de que sea duro, después de todo ¡tratamos de hacer algo que nadie ha hecho en toda la historia de la humanidad! El Foro es en la actualidad el signo de la dignidad humana, la solidaridad y la democracia participativa.

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Estamos de acuerdo que para empezar a cambiar algunas realidades es importante revisar el lenguaje que utilizamos para definirlas. Pero ésta no es una tarea fácil. Algunos piensan que los discursos clarificadores que propone el libro son seguidos sólo por una minoría de personas. La gran mayoría de la sociedad está convencida de que cambiar el rumbo de las cosas es difícil debido sobre todo a la complejidad de los problemas. Para poder restaurar la verdad del lenguaje y cuestionar la credibilidad de la información que nos llega, se necesitarían más espacios a nivel local donde poder discutir, reflexionar, analizar críticamente, compartir realidades, etc. Es cierto que los momentos puntuales donde los movimientos sociales expresan su disidencia atraen la atención de mucha gente, quizás por su aparatosidad; pero si detrás de todo esto no hay una reflexión seria por parte de todos, en grupos más o menos pequeños, entonces hay muy pocas posibilidades de continuidad, de construir algo importante y estructurado que dure en el tiempo.

Todos sabemos la capacidad del sistema de absorber, asimilar y neutralizar cualquier manifestación, proyecto o reivindicación. Para ello el sistema cuenta con uno de los grandes poderes de nuestros días: los medios de comunicación. Estos son los grandes “creadores de opinión” y además basta observar un poco para darnos cuenta de su ficticia neutralidad. Por poner un ejemplo, ¿qué es lo que destacan los medios de las manifestaciones llevadas a cabo por el Foro Social? ¿No son fundamentalmente los actos violentos? De esta manera ¿no se ven desprestigiados estos movimientos ante la opinión pública? En cambio, todos sabemos que estos movimientos han declarado una y otra vez que están a favor de que el disentimiento se exprese sin violencia, pero esto no es noticia. Por otro lado, nos encontramos con otro ejemplo que ilustra esta cuestión: el tratamiento que se le da en los medios al “Forum de las Culturas” de Barcelona. Con este tema se demuestra claramente lo que dice el epílogo del libro sobre que las palabras han sido secuestradas, vendidas, vaciadas de contenido. Se trata de un tema de construcción mediática. Algo que en un principio puede ser potencialmente transformador, se integra y se convierte en objeto de consumo, lo que hace que desaparezca cualquier posibilidad de cuestionamiento y transformación de la realidad.

En estos momentos, si observamos el nivel de información que tienen, por ejemplo los jóvenes universitarios, de grupos como ATTAC o del mismo Foro Social, vemos que es prácticamente nulo. ¿Qué le pasa a la juventud de hoy en día? ¿Los jóvenes de antes no eran en general más participativos? ¿Cómo recuperar estos comportamientos? Es cierto que psicológica e ideológicamente la juventud de ahora y la de décadas pasadas son muy diferentes. Esto tiene que ver bastante con el tipo de socialización de las nuevas generaciones. Muchos de los jóvenes de hoy, quizás por los modelos de socialización de nuestros días, viven en una continua esquizofrenia, en departamentos estancos sin conexión alguna, están saturados, banalizados. Si hoy lo que inspira cualquier tipo de compromiso es la lógica del éxito entonces no nos extraña nada que la gente esté paralizada, desilusionada, apática.

En el diálogo fueron surgiendo algunas preguntas: ¿qué es lo que hace que a pesar de la cruda realidad haya todavía personas que puedan seguir manteniendo su compromiso con la vida, con los más desfavorecidos? ¿De qué fuente podemos beber para no desfallecer? ¿Cómo perder sin desanimarnos? Parece que los recursos éticos de que dispone nuestra sociedad no son suficientes en muchos casos para responder a estas preguntas.

Un estilo de vida que cuestiona, que hace crecer, que compromete, etc. depende no sólo del momento histórico que nos ha tocado vivir, sino también de lo personal. A través de una determinada socialización es como interiorizamos determinadas actitudes, motivaciones, valores, criterios. En la socialización de generaciones pasadas la religión católica ha jugado un papel muy relevante, cosa que no ocurre con las generaciones de ahora. Algunos cristianos encuentran esperanza e impulsos para actuar liberadoramente en el Evangelio. La experiencia que proviene del Evangelio rearma frente al desánimo, permite enfrentarse al fracaso desde otro punto de vista. El cristianismo tiene la capacidad de motivar a una acción, a un compromiso, sin la necesidad de que este compromiso se inserte en un espacio de éxito previsible. La capacidad de donación, el altruismo, la solidaridad, etc. son caminos de autorrealización y de felicidad que te llevan a seguir en la lucha.

Hemos visto que para muchos el cristianismo es el que aporta sentido a la vida, motivación, esperanza, pero. ¿y para los que no son creyentes? Quizás para estos haya dos cosas importantes que podemos destacar: abundar en la memoria y compartir experiencias humanas. Sin llegar a la Trascendencia, recibir la memoria del sufrimiento, de las víctimas y además compartir y vivir con los otros es también una fuente de esperanza. Las experiencias humanas le dan un sentido a la lucha. Si se tiene capacidad de acoger la vida, capacidad de olvidarse de sí mismo, de descentrarse, podemos encontrar también una fuerza inusitada.

Para terminar surge otra cuestión para el debate. En el escenario en que nos encontramos se agudizan ciertas contradicciones difíciles de superar: la izquierda actual se encuentra atrapada entre una aspiración internacionalista y los límites del marco de intervención política que es el Estado Nación. Los partidos de izquierdas se enfrentan al dilema entre identidad y eficacia electoral, entre el deseo de una verdadera transformación de la sociedad y alcanzar triunfos electorales.

Hoy en día, marcar la diferencia en cuanto a ser de izquierdas o de derechas se hace sólo en temas de moral (matrimonios homosexuales, experimentación con células madre, p.ej.), educación religiosa o laica, etc. En cuestiones fundamentales de carácter económico o social el que gobierne un partido u otro no hace que cambie mucho la situación. Lo que marca la diferencia no es precisamente una política que lleve a cabo una verdadera transformación del mundo.

Las propuestas de izquierdas sólo se pueden realizar con cierta eficacia si un entorno más amplio que el de Estado Nación decide también llevarlas a cabo. Es imprescindible europeizar las luchas políticas, económicas, sociales, y después intentar universalizarlas. Pero si vemos que ya es difícil la construcción de una Unión Europa bajo otros discursos que no sean los de desregulación y flexibilización, ¿cómo podemos pensar en la construcción de un Estado del Bienestar Mundial?

Todas las reflexiones, las propuestas, las alternativas no se terminan aquí. El libro de Díaz Salazar nos ha invitado a la reflexión, al diálogo, a la discusión. También nos ha animado a la búsqueda, a la continuidad. Todavía nos queda mucho por conocer, por aprender, por hacer, por compartir.