FORO DE PORTO ALEGRE:
MOVIMIENTOS POR LA JUSTICIA GLOBAL

Rafael Díaz-Salazar

Prof. de Sociología. Universidad Complutense de Madrid

 

El FSM (Foro Social Mundial) es una etapa más de la larga cadena de movimientos emancipatorios que atraviesan una historia humana llena de ciclos de ascenso y descenso de este tipo de fuerzas liberadoras. Personalmente, suelo situar la revuelta de esclavos liderada por Espartaco como el inicio del primer ciclo. Otra fase muy importante, tal como lo ha destacado F. Fernández Buey en La gran perturbación, es la iniciada por el dominico Bartolomé de Las Casas, el crítico fundamental del primer imperialismo moderno. La génesis del FSM se inscribe en la serie de ciclos que constituyen lo que denomino las tres fases del internacionalismo en el siglo XX. De alguna forma, él es su heredero en el comienzo del siglo XXI, aunque posee una peculiar continuidad y discontinuidad con ellas. La primera fase arranca con la creación de la I Internacional en 1864 y culmina con el inicio de la Segunda Guerra Mundial.1 El comienzo de la segunda fase lo sitúo en 1947, año de la independencia de la India, y culmina en 1990 con la derrota electoral del Frente Sandinista (FSLN). La tercera fase nace, desde mi punto de vista, en 1992 con motivo del foro alternativo a la Cumbre de Río sobre medio ambiente y todavía se está desarrollando. En la primera fase, los actores fueron los sindicatos y partidos obreros; la segunda fase está dirigida por los movimientos antiimperialistas de liberación nacional; en la tercera fase, el sujeto histórico son los movimientos por la justicia global.

1. ESTRUCTURA Y DESARROLLO DEL FORO SOCIAL MUNDIAL

Las ocho organizaciones brasileñas que promueven y organizan el FSM constituyen una muestra muy representativa de los miles de movimientos y organizaciones internacionales que forman parte de él. ABONG (Asociación Brasileña de Organizaciones No Gubernamentales) y CJG (Centro de Justicia Global) representan al mundo de las ONG, ATTACBrasil y MST a los movimientos sociales, CUT a los sindicatos, IBASE (Instituto Brasileño de Análisis Sociales y Económicos) a los centros de investigación de alternativas, CIVES (Asociación de Empresarios por la Ciudadanía) a los profesionales vinculados a las luchas sociales, JUSTICIA Y PAZ al cristianismo de liberación con una gran influencia en Brasil y diversas áreas del Sur; es significativo que las celebraciones centrales del FSM se realicen en la Universidad Católica de Porto Alegre. La orientación del FSM es responsabilidad de un Consejo Internacional integrado por unas noventa organizaciones de todo el mundo. En él están representados por continentes los movimientos sociales internacionalistas, las ONGD, algunos sindicatos y los centros de investigación y acción sobre alternativas.

El FSM se autodefine como «movimiento internacional aglutinante de alternativas al neoliberalismo y en pro de un nuevo orden social, propiciando el encuentro de propuestas múltiples y diversas». Se rige por una «Carta de Principios», cuya aceptación íntegra se exige a todas las organizaciones que quieran formar parte de él. En ella se precisa su identidad como un «espacio» de reflexión sobre alternativas a la globalización neoliberal, intercambio de experiencias y articulación de acciones y movilizaciones. Pueden ser miembros del FSM las organizaciones que «se oponen al neoliberalismo y al dominio del mundo por el capital y por cualquier forma de imperialismo». El FSM sólo puede estar constituido por movimientos de la sociedad civil que tienen estas posiciones y, por ello, los partidos políticos no pueden formar parte de él, aunque sí sus militantes a título individual. El FSM no tiene carácter deliberativo y, por lo tanto, no adopta posiciones oficiales como tal ante ningún tema, ni pretende someter a todos sus integrantes a la votación o aclamación de propuestas o declaraciones. El FSM defiende la democracia, el pluralismo y la diversidad; se opone al totalitarismo y rechaza explícitamente a «las organizaciones que atenten contra la vida de las personas como método de acción política». Estos principios crean un marco de juego abierto, pero preciso. Su contenido ha provocado el rechazo tanto de sectores que defienden el capitalismo como única vía para el desarrollo de los pueblos, como de determinados grupos anarquistas y marxistas que lo tildan de «reformista». La aceptación de la «Carta de Principios» es la que ha permitido que convivan en su seno personas y organizaciones de diversas ideologías, culturas, religiones y posiciones políticas, pero que tienen como común denominador «la búsqueda y construcción de alternativas» a la globalización neoliberal del capitalismo. Se ha creado una nueva cultura política y moral que aparece reflejada en una afirmación muy utilizada: «Nuestra unidad enriquece nuestras diferencias, nuestras diferencias son la garantía de la eficacia de nuestra unidad». El FSM es una convergencia de diferentes que quieren trabajar juntos por unos objetivos, no una instancia de uniformización.

El FSM es un proceso abierto que no se reduce a la celebración de sus encuentros mundiales anuales, aunque éstos son centrales para su dinámica. La estructura temática de estos encuentros revela muy bien cuáles son los problemas que quiere afrontar y las alternativas que desea construir. El primero de ellos (2001) estuvo dedicado a la crítica a la globalización neoliberal, el segundo (2002) a la exposición de alternativas y el tercero (2003) pretende centrarse en las estrategias concretas para la realización de las alternativas.

Las preguntas que explícitamente articulan la reflexión colectiva del FSM son las siguientes: «¿Cómo construir un sistema de producción de bienes que esté al servicio de la erradicación de la pobreza y del descenso de las desigualdades internacionales?, ¿qué comercio internacional justo queremos?, ¿qué sistema financiero es necesario para asegurar un desarrollo humano?, ¿cómo garantizar las múltiples funciones de la tierra para su mantenimiento, producción y distribución?, ¿cómo traducir el desarrollo científico en desarrollo humano?, ¿cómo garantizar el carácter público de los bienes comunes a la humanidad, su desmercantilización y el control social sobre el medio ambiente?, ¿cómo promover la universalización de los derechos humanos y asegurar la distribución justa de riquezas?, ¿cómo construir ciudades sustentables?, ¿cómo fortalecer la capacidad de acción de las sociedades civiles?, ¿cómo asegurar el derecho a la información y a la democratización de los medios de comunicación?, ¿cómo potenciar las redes internacionales de movimientos sociales?, ¿cómo garantizar las identidades culturales?, ¿cómo recrear la democracia frente a los nuevos poderes?, ¿cómo democratizar el poder mundial?, ¿cuál es el futuro del Estado Nación?, ¿cómo mediar en los conflictos y construir la paz?». Estamos ante un programa de investigaciónacción radicalmente inverso al que guía al capitalismo internacional. La búsqueda de respuesta a estas preguntas se articula en torno a cuatro grandes ejes que se subdividen en 26 áreas temáticas:

  1. La producción de riqueza y la reproducción social: Comercio, Empresas Transnacionales, Control de Capitales Financieros, Deuda Externa, Trabajo, Economía Solidaria.

  2. El acceso a las riquezas y la sustentabilidad: Conocimiento, derechos de reproducción y patentes; Medicamentos, salud y sida; Sustentabilidad ambiental; Agua; Pueblos Indígenas; Ciudades y poblaciones urbanas; Soberanía Alimentaria.

  3. La afirmación de la sociedad civil y de los espacios públicos: Combatir la discriminación y la intolerancia; Democratización de los medios de comunicación; Producción Cultural, Diversidad e Identidad; Perspectivas del movimiento global de la sociedad civil; Cultura de violencia, violencia doméstica; Migraciones y tráfico de personas; Educación.

  4. Poder político y ética en la nueva sociedad: Organismos internacionales y arquitectura del poder; Democracia participativa; Soberanía, Nación, Estado; Globalización y militarismo; Principios y valores; Derechos Humanos.

Las mañanas se dedican a los temas de cada uno de estos ejes y por las tardes se celebran seminarios (100), talleres (700) y reuniones de movimientos para articular acciones conjuntas. Al final de los dos foros, numerosos movimientos han presentado una declaración y un calendario de movilizaciones para todo el año. Junto a la celebración del FSM tienen lugar otros encuentros internacionales que, desde su autonomía, tienen relación con él. Los más destacados son: el Foro Mundial de los Jueces, el Foro de las Centrales Sindicales, la Acampada Mundial de la Juventud, el Foro de los Niños, la Conferencia de Paz, la Asamblea Mundial para la Reorientación del Gasto Militar para fines sociales, el Tribunal Internacional de los Pueblos sobre la Deuda Externa, el Tribunal del Clima, la Asamblea sobre el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), el Encuentro de Río+10.

La alcaldía de Porto Alegre y el gobierno del Estado de Rio Grande do Sul organizan, respectivamente, el Foro Mundial de Autoridades Locales y el Foro Mundial de Parlamentarios con el objetivo de crear redes internacionales de alcaldes y diputados que trabajen desde sus ámbitos específicos por una globalización alternativa a la existente. De la multitud de seminarios, cabe destacar el dedicado a una «Nueva Comunicación». El impacto del FSM en la opinión pública mundial ha sido enorme, hasta el punto de desplazar al FEM de Davos. Este impacto se ha debido, en gran medida, a la creación de una red internacional de comunicación alternativa impulsada fundamentalmente por la agencia IPS (Inter Press Service) y por Le Monde Diplomatique. En torno a Ciranda (La Rueda Internacional de la Información Independiente) se articulan los servicios de información de numerosos medios alternativos. Un papel fundamental en este ámbito es el desarrollado por dos sitios web: el oficial del FSM y el creado por IPS y la edición brasileña de Le Monde Diplomatique. Hay que tener en cuenta que en último Foro se registraron algo más de 500.000 visitas diarias a estos sitios, un record en la historia reciente de internet. El atractivo del FSM para los medios de comunicación de todo el mundo queda reflejado en el hecho de la acreditación de 3.180 periodistas de 48 países que representan a 116 canales de TV, 467 periódicos, 180 cadenas de radio, 140 medios de información digital y 193 revistas. Los medios de comunicación han captado lo que significa una reunión que aglutina a 51.300 personas y a delegados de 4.909 organizaciones de la sociedad civil de 131 países.

En las últimas reuniones del Consejo Internacional del FSM se ha decidido impulsar su regionalización. En esta línea se va a proseguir la experiencia del Foro Social Africano y se van a celebrar el Foro Social Europeo, el Foro Social Asiático, el Foro Social Americano, el Foro Social de Oceanía, el Foro Social del Mediterráneo. También existen Foros Mundiales temáticos como el dedicado a la educación, al problema palestino, a la situación argentina, etc. La nueva coyuntura internacional marcada por los acontecimientos del 11S ha servido para reforzar el FSM, para ampliar su área temática sobre «globalización, militarismo y paz», para vertebrar un polo de referencia mundial distinto en el debate sobre seguridad e injusticia internacional, y para fortalecer los lazos con los movimientos estadounidenses vinculados a su dinámica. Hay que tener en cuenta que en el 20 FSM del 2002, los delegados de Estados Unidos ocupaban el quinto lugar mundial, según el número de organizaciones representadas (166). Sólo Brasil, Italia, Argentina y Francia presentaron más movimientos. Éste es un indicador del dinamismo de las sociedades civiles en cada país y de la existencia de un polo internacionalista importante en Estados Unidos, lo cual es muy interesante en el momento actual.

El FSM es expresión de la emergencia de una ciudadanía internacionalista. Nunca tanta gente ha vinculado lo global y lo local. Nunca los problemas internacionales han estado tan presentes en ciudadanos que no son profesionales de las relaciones exteriores entre Estados. El núcleo del FSM está constituido por movimientos populares, cuyos miembros por lo general no pertenecen a partidos o sindicatos. Por ello, es un espacio internacional de rebelión y articulación de acciones por parte de ciudadanos responsables que comparten sus iniciativas de transformación social. En las décadas finales del siglo XX hemos asistido a una doble dinámica, especialmente en los países del Sur: a medida que se desmoronaban los estados y los partidos políticos, se construían miles de movimientos sociales populares como nuevas formas de acción colectiva. El FSM es el hilo que cose y une mundialmente a esta multiplicidad de nuevos agentes sociales. Hay que tener en cuenta que, según el PNUD (Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo), en el mundo existen 37.000 ONG internacionales; sólo en la India hay más de un millón y en Brasil 210.000.2

Otra novedad que ofrece el FSM es la convergencia de todo tipo de causas y sujetos emancipatorios. Nunca había existido un ámbito social que aglutinara casi todas las luchas que existen en todo el mundo y la enorme diversidad de movimientos que las impulsan. Nunca había existido tanta mezcla de continentes, culturas, políticas, religiones, proyectos, identidades presididas por un común denominador.

El FSM se asemeja a un dique que frena la marea expansiva del neoliberalismo capitalista mundial. Éste parecía no tener obstáculos y hoy sufre una fuerte deslegitimación desde este polo alternativo mundial que no sólo destapa sus agresiones, sino que lo desafía con sus propuestas. La opinión pública puede conocer un proyecto social mundial centrado en el ser humano y no en la obtención de más y más beneficios. El lema «Otro mundo es posible» condensa acertadamente el surgimiento de una nueva esperanza y de una potente energía militante a escala planetaria.

Los movimientos por la justicia global constituyen una seria amenaza para el sistema de dominación imperante, pues van más allá de la dinámica anterior de las ONGD que combinaban proyectos de desarrollo y programas de presión política reducidos a elaboración de informes, cartas y visitas a responsables gubernamentales o empresariales. Siguiendo la estela de Gandhi (quizá su principal inspirador), estos movimientos combinan la acción directa, la desobediencia civil, la toma del espacio urbano, el boicot, las estrategias de no violencia activa, las presiones sobre parlamentarios, gobiernos y medios de comunicación a través de informes con alternativas. Han percibido que no basta con dialogar con los centros de poder, pues cuando hay injusticia estructural asentada, la generación de conflicto es necesaria para el cambio social.

2. PROPUESTAS PARA UNA GLOBALIZACIÓN ALTERNATIVA

Los movimientos por la justicia global tienen una identidad de resistencia y una identidad de proyecto.3 Generalmente son conocidos por sus protestas ciudadanas y los medios de comunicación proyectan ante todo su rechazo del nuevo modelo internacional de dominación capitalista. Se les acusa de no tener alternativas positivas y propuestas concretas para construir otro tipo de globalización. Como podrá verse a continuación, esta percepción parte de un profundo desconocimiento de la realidad de estos movimientos, de su capacidad de elaboración de propuestas y de su conexión con potentes intelectuales colectivos, es decir, centros de investigación que llevan tiempo diseñando políticas alternativas. Evidentemente, sus propuestas pueden ser discutibles y hasta rechazables, pero existen y son bien concretas.

A la hora de abordar esta cuestión, creo que puede ser útil partir de la afirmación de Ignacio Ramonet sobre lo que él denomina el consenso de Porto Alegre.4 Acertadamente, el director de Le Monde Diplomatique se refiere con este término a la emergencia de una nueva voluntad colectiva que se opone con propuestas alternativas concretas al consenso de Washington, que es el que inspira las políticas de globalización neoliberal. Sin embargo, hay que hacer algunas precisiones, que quizá el mismo Ramonet admitiría, partiendo de una afirmación central identitaria que los movimientos sociales expresan reiteradamente en sus documentos: «la diversidad es nuestra fuerza y la garantía de nuestra unidad». Actualmente, no existe un programa trabado y cerrado que presente ante el mundo la alternativa del FSM de Porto Alegre. Más bien nos encontramos ante un conjunto muy variado de propuestas y alternativas concretas sobre un número determinado de problemas internacionales (que son los que marcan la agenda de debates y de movilizaciones de los Movimientos). Esas propuestas y alternativas contienen muchísimos consensos, pero también existen disensos de contenido, de estrategia, de enfoque, de prioridad. El debate sobre consensos y disensos está todavía en sus inicios en diversos temas. Está siendo muy rico y, lo que es más importante, está presidido por un talante nuevo bastante alejado de sectarismos excluyentes.5 Uno de los más recientes e interesantes ha sido el realizado entre Oxfam, Walden Bello y Vandana Shiva sobre algunos aspectos del comercio internacional. Pero éste no es el único, se han manifestado consensos y divergencias en conferencias temáticas, seminarios y talleres de I y II FSM o en la contracumbre de Barcelona 2002, donde se establecieron dos foros paralelos. Walden Bello también ha disentido de ciertos planteamientos de Naoini Klein formulados en su libro No logo. Existen divergencias entre sindicatos sobre la imposición de cláusulas sociales y ecológicas en las relaciones comerciales; entre Jubileo 2000 y jubileo Sur sobre las estrategias de condonación de deuda externa; entre movimientos ecologistas sobre las prioridades a adoptar, etc. También existen consensos y disensos en el Consejo Internacional del FSM. Todo ello es lógico, natural y positivo en un movimiento de movimientos, en una red de redes internacionales muy diversas y nuevas. Por ello, lo que voy a exponer a continuación no quiere inducir a error. He de recordar que el FSM como tal no plantea alternativas, sino que se limita a ser el espacio en el que diversos movimientos presentan las suyas, pudiendo articularlas o trabajar en paralelo. Por eso voy a referirme a propuestas «desde» el FSM, no «del» FSM. No voy a presentar, pues, un programa, sino un conjunto de propuestas y alternativas variadas. En muchas hay acuerdos y en otras existen acentos diferentes, enfoques complementarios y a veces contrapuestos. Por lo general, me centraré en las propuestas sobre las que hay mayor grado de consenso, aunque éste no es unánime en todas y cada una de las propuestas. Advierto también que el panorama de propuestas que presento es sólo una muestra de las más importantes, pero no puede abarcar todas. Existen bastantes más que ahora no pueden ser recogidas por problemas de espacio y tiempo; otras sólo las conozco, por informaciones orales, pues muchos movimientos africanos y asiáticos no tienen configurados sitios web. En el Observatorio de Políticas de la Globalización y Movimientos Sociales estamos realizando un seguimiento pormenorizado de alternativas y nuestros archivos crecen a medida que vamos ampliando el conocimiento de movimientos, encuentros, jornadas, centros de investigación y acción, etc., que existen en muchas partes del mundo.

A la hora de organizar y ordenar las propuestas que voy a exponer, que por problemas de espacio tengo que comprimir mucho, establezco el siguiente enfoque analítico: primero presento los principios y fundamentos del modelo de sociedad que quieren construir los movimientos por la justicia global. En segundo lugar, abordo las propuestas destinadas a resolver los problemas crónicos de los países empobrecidos (alimentación, agua, salud, educación, medio ambiente, derechos humanos, paz y desarme). En tercer lugar, afronto los obstáculos internacionales para la emancipación de estos países y las alternativas en los ámbitos de deuda externa, empresas transnacionales, comercio internacional, movimientos especulativos de capitales e instituciones financieras internacionales. Finalmente, expongo las propuestas sobre redistribución internacional de la riqueza e instrumentos de financiación de la lucha contra la pobreza.

Modelo de sociedad alternativa

Los movimientos por la justicia global tienen una serie de principios y valores desde los que se oponen a la globalización neoliberal y plantean sus alternativas. Considero que tienen un modelo de sociedad que se basa en un conjunto de fundamentos:

 

Objetivos mínimos de lucha contra la pobreza y nueva política de AOD (ayuda oficial al desarrollo)

Los movimientos por la justicia global propugnan la implantación de planes y estrategias nacionales de lucha contra la pobreza. Su objetivo es conseguir que todos los estados aseguren a sus ciudadanos unos recursos sociales básicos: alimentos, agua, sanidad, educación, vivienda, seguridad social y salario. La protección efectiva de los derechos humanos, en especial los derechos laborales y sindicales, es una demanda básica. La variable género es determinante y, por ello, exigen la igualdad de ciudadanía para las mujeres y planes públicos para terminar con el machismo y la violencia de género.

Un grupo de movimientos sociales y ONGD han asumido la defensa y el seguimiento de políticas públicas destinadas a cumplir los compromisos asumidos por los estados en las Cumbres Mundiales. En sus Programas de Acción se ha ido perfilando un programa mundial de mínimos articulado en torno a los siguientes objetivos: a) seguridad alimentaria y reducción de la malnutrición infantil; b) disponibilidad de agua apta para el consumo; c) construcción de redes de saneamientos; d) servicios públicos de salud para reducir la mortalidad infantil y materna y para instaurar sistemas de vacunación contra el paludismo, la tuberculosis, el sarampión, la poliomielitis y el tétano; e) sistema público de educación para lograr la escolarización universal de los niños y la erradicación del analfabetismo; f) asegurar una esperanza de vida por encima de los sesenta años en todos los países. La financiación de este programa mundial de mínimos se ha calculado en diversas ocasiones. La última versión que conozco establece un costo anual de 216.000 millones de dólares.6

Las políticas de Ayuda Oficial al Desarrollo deberían concentrarse en estos objetivos. Los movimientos son muy críticos con la AOD de los países ricos por considerarla un instrumento al servicio de la política exterior y comercial de los estados y por ser económicamente muy débil: algo más de 50.000 millones de dólares, un monto seis veces inferior a la cantidad anual que los países del Sur transfieren a los del Norte por el pago del servicio de la deuda. Las ONGD que participan en el movimiento por la justicia global reivindican un cambio radical en las políticas estatales de AOD para que ésta se desligue de los intereses comerciales y se oriente prioritariamente a la lucha contra la pobreza. La AOD ha de fortalecer el desarrollo endógeno, la soberanía y seguridad alimentaria, la economía popular cooperativa, la democracia participativa, los planes de reforma agraria y de agricultura ecológica, etc. Una AOD reorientada debe ser sostenida, como mínimo, con el 0,7% del PNB de los países de la OCDE, lo que supondría algo más de 150.000 millones de dólares; una cantidad todavía insuficiente para conseguir los objetivos mínimos propuestos. Este hecho plantea la necesidad de buscar nuevas fuentes de financiación.

Propuestas alternativas más importantes

Soberanía alimentaria: La reforma agraria nacional, especialmente el acceso a la tierra y el justo reparto de los recursos agrarios, sigue siendo la propuesta básica de la mayor parte de los movimientos. No en vano, el brasileño MST es quizá el principal movimiento de referencia internacional.

Sanidad y educación para todos: La creación y extensión de sistemas públicos, universales y gratuitos de salud es uno de los grandes objetivos: luchar contra los obstáculos que impiden el aumento del gasto público en salud y conseguir que los ciudadanos de los países pobres tengan acceso a medicinas con precio bajo.

Reconstituir el Medio Ambiente y restituir la deuda ecológica: La reconciliación del hombre con la naturaleza constituye una de las señas de identidad del proyecto emancipatorio. Las propuestas de los movimientos se dirigen a frenar los daños y a crear un modelo de ecodesarrollo que permita reconstituir la armonía entre producción, naturaleza y estilo de vida.

Paz y desarme: La violencia y la guerra son el gran flagelo de los pueblos. Desencadenan un sufrimiento mayor que el generado por la pobreza. Los movimientos por la globalizacíón de la justicia son pacifistas y el debate provocado en su seno sobre violencia y no violencia ha dejado bien claro su neta decantación por la acción directa no violenta.

Derechos Humanos integrales: El radicalismo democrático que guía la acción de los movimientos les conduce a una defensa apasionada de los derechos humanos. Ellos reivindican la integralidad y universalidad de esos derechos; por ello, no se reducen a la defensa de los derechos civiles y políticos y exigen la instauración de los derechos económicos, sociales y culturales.

Control democrático de las empresas transnacionales y defensa de los derechos de los trabajadores: El poder de las empresas transnacionales debe ser controlado democráticamente. Por ello, los movimientos exigen que los Parlamentos de los países ricos desarrollen iniciativas legislativas sobre la responsabilidad y la transparencia de sus actividades en el exterior.

Condonación de la Deuda Externa: La deuda externa es uno de los grandes problemas de los países del Sur, pues constituye una sangría de recursos. Existe un gran consenso a la hora de exigir la condonación total a 50 países pobres severamente endeudados.

Comercio internacional justo: El ámbito del comercio internacional es el que mejor muestra la profunda conexión entre lo local y lo global en el momento actual. Por este motivo, los movimientos dan prioridad a la lucha para detener y revertir la liberalización capitalista de este comercio.

Control de capitales e impuestos internacionales para la redistribución de la riqueza y la financiación del ecodesarrollo liberador: Los movimientos por la justicia global creen que ha llegado la hora de reglamentar de modo nuevo los mercados financieros, hacerlos menos opacos, y disciplinarlos para que sus inmensas riquezas reviertan en la financiación de la lucha contra la pobreza.

Nuevas instituciones internacionales de gobernabilidad global: La construcción de una globalización alternativa sólo será posible con una nueva arquitectura política, financiera y comercial de gobernabilidad mundial. El impacto negativo de las políticas impuestas por estos organismos internacionales en los países del Sur ha provocado que la lucha contra ellos se sitúe entre las prioridades de los movimientos. Entre las propuestas existentes para una globalización alternativa se plantea la creación de las siguientes instituciones:



3. HACIA UNA INTERNACIONAL DE MOVIMIENTOS POR LA JUSTICIA GLOBAL

El lector habrá podido comprobar la existencia de numerosas propuestas para construir una globalización alternativa. La mayor parte de éstas se elaboran en ámbitos nacionales e internacionales muy diversos. El FSM de Porto Alegre ha puesto las condiciones para que surja una red internacional de movimientos que articule todas las propuestas alternativas.

Una de las señas de identidad de esta red de movimientos es su pretensión de conectar unidad y diversidad. Se trata de una apuesta innovadora que tendrá que salvar grandes dificultades para que sea llevada a cabo. La diversidad de movimientos es enorme y muy enriquecedora por la complementariedad que otorga.7 Los problemas pueden surgir por las inevitables divergencias a la hora de adoptar propuestas muy concretas, pasar de los objetivos generales a las estrategias de consecución de los mismos, establecer modalidades de acción y coordinación, marcar un tipo u otro de prioridades, etc.; aparte de los problemas de talante personal y psicológico que existen en todas las organizaciones. La cuestión que inevitablemente conviene plantear es si el movimiento de movimientos debe reducirse a la celebración anual del Foro Mundial y los Foros continentales o tiene que ir más allá. Tomar una u otra opción tiene ventajas e inconvenientes, pero hay que afrontar esta cuestión si verdaderamente se desea crear algo más que un punto de encuentro y debate; es decir, si se quiere ir más allá de una confluencia y superposición de las múltiples alternativas, campañas y movilizaciones promovidas en los cinco continentes. Como analista de este proceso, me atrevo a plantear un conjunto de sugerencias que ni siquiera llegan a ser propuestas, pues no dispongo de elementos suficientes de juicio sobre los debates internos en el Consejo Internacional del FSM y, es más, sobre las repercusiones últimas que tendría adoptar una de las dos opciones planteadas. Recordemos las reflexiones de Max Weber sobre «las consecuencias no queridas de la acción».

Me parece que el FSM debe seguir siendo fiel a sus señas de identidad primigenias. Tiene que ser nada más y nada menos que un «espacio» mundial donde se encuentran, piensan y proponen alternativas todos los movimientos sociales, ONGD, sindicatos, centros de investigación y acción, etc. que asumen su Carta de Principios. Cuanto más plurales sean los movimientos que participen en él, dentro de la identidad marcada por la Carta, mejor. Debe mantenerse un estricto apartidismo y no hay que forzar consensos, unanimidades y declaraciones vinculantes para todos y cada uno de sus miembros. Si se camina a una uniformización, el FSM se terminará rompiendo. Si se suprime la diversidad mediante la obligación de asumir un programa de acción muy concreto, no será posible mantener la unidad necesaria para crear una nueva opinión pública sobre la globalización. Dicho claramente, el FSM de Porto Alegre no debe convertirse en la V Internacional.

Ahora bien, creo que necesitamos una nueva Internacional radicalmente distinta a las cuatro anteriormente existentes. Esto es obvio porque sugiero una Internacional de movimientos, no de partidos políticos; es más, habría que ser totalmente intransigente ante la posible utilización de esta Internacional por partidos comunistas o socialdemócratas para reflotar sus proyectos. Los partidos de las izquierdas que se dediquen a refundar sus Internacionales, que buena falta les hace y nos hace.8 La sugerencia de crear un Internacional de movimientos no la formulo para sustituir al FSM, y mucho menos para suprimirlo. Ambos serían compatibles, pues tendrían objetivos y finalidades diversas, pero complementarias. Esta nueva Internacional de Movimientos por la Justicia Global puede construirse con muchos sectores del FSM y, si se constituyera, ha de estar presente en él sin vocación de dominarlo y teledirigirlo, demostrando una nueva cultura política sobre las relaciones de poder dentro de las organizaciones y la conexión entre unidad y diversidad. Es más, creo que esta Internacional es inviable sin el fundamento de una cultura moral y política distinta a las de las Internacionales históricas.

¿Por qué creo que la dinámica abierta por el FSM de Porto Alegre ha de desembocar en una Internacional de nuevo tipo? Fundamentalmente porque el poder articulado al que se enfrentan las redes internacionales de movimientos y el objetivo básico por el que luchan requiere una concentración organizada y sistemática de esfuerzos. Naomi Klein ha caracterizado a estas redes como una «nube de mosquitos». Me parece acertado el diagnóstico y hasta positivo que esas nubes se reproduzcan y crezcan. Sin embargo, no se puede crear una globalización alternativa solamente con «mosquitos», contracumbres, manifestaciones callejeras, luchas nacionales, informes separados sobre alternativas, campañas en paralelo, y equipos de presión política desconectados entre sí. Como mucho, se lograrán algunos objetivos que paliaran problemas puntuales, pero que mantendrán intactas las fábricas de producción de pobreza y sufrimiento humano.

¿Sobre qué bases sociales y organizativas construir esta Internacional? La dificultad del tema y el reducido espacio disponible me obligan a ser breve y esquemático. Las bases sociales son muy amplias y ya están dentro del FSM. Creo que hay gran consenso sobre los problemas a abordar y las medidas más urgentes a tomar, sobre todo, para resolver las necesidades básicas de los pobres del Sur. Un decálogo de los problemas mundiales prioritarios y de las acciones urgentes a emprender sería relativamente fácil de elaborar y ser asumido por muchísimos integrantes del actual FSM, siempre que se concentre en temas muy básicos: alimentación, agua, educación, salud, etc. Éste sería el programa de mínimos para crear alianzas ciudadanas muy amplias, que son absolutamente imprescindibles. Respecto a la organización interna habría que establecer sistemas de trabajo que permitieran la reproducción de la identidad de movimientos diversos con la disposición para desplazar las iniciativas particulares, cuando fuera necesario, y ligarlas con programas comunes. No se trata de decretar la abolición de todos los movimientos para crear una única organización mundial centralizada, pero tampoco se puede seguir con la multiplicidad de propuestas, campañas, proyectos, movilizaciones, etc. que se superponen unas a otras, son paralelas o tienen una confluencia muy débil y puntual. La Internacional que sugiero sólo podrá existir si se logra afrontar con éxito esta dificilísima tarea de preservación de la identidad y relegación de iniciativas autónomas en aras de un trabajo común. Para abordar este objetivo se requieren, al menos, cuatro instrumentos de trabajo:

Éstos son sólo algunos de los medios que convendría tener en cuenta, si se estimara que la sugerencia formulada merece ser tenida en consideración.

4. A MODO DE CONCLUSIÓN. AVISOS SOBRE ÉXITOS, FRACASOS Y TENACIDAD EMANCIPATORIA

El FSM ha despertado enormes expectativas y esperanzas. Por ello, conviene tener en cuenta que lo más difícil está por llegar. A medida que pase el tiempo tendrá que mostrar su utilidad para la realización de alternativas, deberá articular divergencias internas, habrá de obtener apoyos ciudadanos más allá de militantes concienciados, tendrá que arrastrar en su dinámica a partidos y gobiernos, instaurando una nueva dinámica entre sociedad civil y sociedad política. El conocimiento de la historia de los sujetos emancipatorios vacuna contra todo optimismo ingenuo. Los que, como es mi caso, hemos sido socializados por universos religiosos (el cristianismo) y políticos (el pensamiento de Gramsci) marcados por la derrota y los muchos «viernes santos» y «cárceles Turi» que hay en el mundo, tendemos a advertir en períodos de optimismo que lo peor puede acontecer enseguida. No obstante, como pesimistas con esperanza y sentido del humor, afirmamos que después de futuras derrotas habrá que seguir luchando y buscando nuevos caminos. En esto nos ilumina Gramsci, cuando desde la cárcel escribía lo siguiente: «Estoy convencido de que incluso cuando todo está o parece perdido hay que volver a ponerse a trabajar tranquilamente, volviendo a empezar por el principio». En El político y el científico excelente ducha fría para revolucionarios calientes, especie que sólo se reproduce en climas de optimismo histórico, Max Weber afirmaba que

hay que armarse con esa firmeza de corazón que permite hacer frente al fracaso de todas las esperanzas [...] sólo quien esté seguro de no derrumbarse si el mundo es demasiado bruto o estúpido, desde su punto de vista, para lo que él quisiera ofrecerle; sólo quien esté seguro de poder decir ante todo esto dennoch (no obstante, a pesar de todo), sólo ése tiene vocación para la acción política.

La historia es una inmensa pirámide de sacrificios humanos y nuestras vidas están atravesadas por la contradicción irresoluble entre sufrimiento y belleza. La consternación ante el sufrimiento humano, y no el cálculo de probabilidades de triunfo, es la raíz de la tenacidad emancipatoria. Ante el futuro éxito o fracaso de la dinámica generada por el FSM, convendría tener presente que, como escribe bellamente el subcomandante insurgente Marcos, «la sabiduría consiste en el arte de descubrir, por detrás del dolor, la esperanza».9 El gen espartaquista anida dentro de millones de seres humanos y el ejemplo de Gandhi guía las luchas de miles de movimientos por la justicia global. Quizá otro mundo va a ser posible. Creo que representan bien a las redes que están configurando una sociedad civil internacionalista a escala mundial.

 


1Para una visión panorámica ver J. Ziegler, ¡Viva el poder!. Crítica de la razón de Estado, Madrid, Iepala, 1987. Para un análisis del primer internacionalismo: H. Alavi y otros, Teoría marxista del imperialismo, México, Cuadernos de Pasado y Presente, 1977; J. Aricó, Marx y América Latina, Buenos Aires, Catálogos, 1988; 0. Bauer y otros, La segunda Internacional y el problema nacional y colonial, México, Cuadernos de Pasado y Presente, 1978; M. Caballero, La Internacional Comunista y la revolución latinoamericana, Caracas, Nueva Sociedad, 1988; J. Gómez Casas, Nacionalimperialismo y movimiento obrero en Europa, Madrid, CNT, 1985; L. Lorwin, L’Internationalisme et la classe ouvriére, París, Gallimard, 1933; K. Marx y F. Engels, Textos sobre el colonialismo, México, Cuadernos de Pasado y Presente, 1977; U. Melotti, Marx y el Tercer Mundo, Buenos Aires, Amorrortu, 1980; D. Schlesinger, La Internacional Comunista y el problema colonial, México, Cuadernos de Pasado y Presente, 1978.

2Para un análisis de este fenómeno en algunos países ver L. Salamon y otros, La sociedad civil global. Las dimensiones del sector no lucrativo, Bilbao, Fundación BBVA, 2002.

3Utilizo estos dos conceptos acuñados por Manuel Castells en La era de la información. Vol.2: El poder de la identidad, Madrid, Alianza, 2000, pp. 28 34.

4Ignacio Ramonet, «El consenso de Porto Alegre», El País, 12 de febrero, 2001.

5En los inicios del primer internacionalismo también se manifestaron profundas divergencias entre anarquistas y marxistas, luego entre socialistas y comunistas, y posteriormente en el comunismo internacional (ver N. Bujarin y otros, El gran debate (1924 1926). 2 vol., México, Cuadernos de Pasado y Presente, 1977). Entonces no hubo una cultura ético política de fondo capaz de articular consenso y disenso de un modo enriquecedor. El sectarismo dogmático, cruel y, en ocasiones, asesino acompañó gran parte de la historia de aquel movimiento internacionalista, rápidamente convertido en nacional. También existieron disensos importantes en el Movimiento de Países No Alineados, pues existían divergencias entre las propuestas de Tito y las de Fidel Castro, entre las de Gadafi y las de otros políticos africanos, así como entre las de los dirigentes indios y las de los líderes chinos. Confiemos en que el nuevo internacionalismo aprenda las lecciones de esta historia y consolide otro tipo de cultura ético política que le permita articular unidad y diversidad, acuerdo y divergencia.

6Implementing the20/20 Initiative   Ajoint publication of UNDP, UNESCO, UNFPA, UNICEF, WHO and WORLD BANK, 1998. CARITAS INTERNACIONAL Y CIDSE, Financiando el desarrollo mediante la redistribución, Documento para la Cumbre de Monterrey, 2002.

7Para un análisis de las diferentes posiciones de fondo de sus integrantes y la conexión de éstas con la elaboración de alternativas, recomiendo la lectura de F.Houtart, La tiranía del mercado y sus alternativas, Madrid, Popular, 2002.

8Para un contraste de los planteamientos de la Internacional Socialista y de la izquierda radical ver los textos de Samir Amin, «El desafío de las periferias a la izquierda europea: ¿se atreverá a comprometerse con alternativas al capitalismo?» y de Raimon Obiols, «Hacia una plataforma global», en Iglesia Viva. Revista de Pensamiento Cristiano, nº 210 (2002). De este último autor es interesante su libro Patria Humana. Globalización y socialismo del siglo XXI, Barcelona, Flor del Viento, 1999. En el observatorio sobre Políticas de la Globalización y Movimientos Sociales pensamos realizar un análisis comparado de las propuestas de la Comisión Progreso Global de la Internacional Socialista y las alternativas de los movimientos articulados en torno al FSM.

9Subcomandante Marcos, Desde las montañas del sureste mexicano, México, Plaza & Janés, 2000, p. 32.