SEMINARIO:
RELATOS DE LA PASIÓN Y MEMORIA DE LAS VÍCTIMAS

José Cervantes Gabarrón

Prof. Nuevo Testamento • Foro I. Ellacuría

 

En continuidad con el estudio realizado en años anteriores sobre temas sociales en la Biblia, durante el curso 20032004 concentramos nuestra atención en el estudio de los relatos de la Pasión de Jesús en los evangelios sinópticos. Siguiendo también nuestros planteamientos metodológicos habituales hicimos un acercamiento a dichos textos teniendo en cuenta la pluralidad de lenguajes y de géneros literarios presentes en la Biblia. En el curso participaron diecinueve personas, que siguieron con gran interés el estudio y la orientación del mismo.

Los evangelios reflejan la experiencia de comunidades y de gentes marcadas por el sufrimiento en contextos sociales de marginación, de exclusión y de persecución. Las iglesias nacientes tuvieron que vivir su fe en Jesús Resucitado desde el seguimiento y la identificación con el Mesías Crucificado. Ante la conflictividad vivida por los cristianos de la primera y la segunda generación frente a los poderes públicos del imperio romano, frente al poder religioso de los judíos, y ante la hostilidad ambiental de las sociedades paganas del mundo helénico en Palestina, Siria, Asia Menor y Grecia, se va elaborando en la tradición cristiana una experiencia crucial de sufrimiento, que condiciona la reflexión y la teología de la Iglesia primitiva. Todo ello queda reflejado en los relatos primigenios de las comunidades eclesiales, en sus reelaboraciones sucesivas y en su forma última recogida en los textos neotestamentarios. Pero en el origen de las tradiciones del Nuevo Testamento subyace la memoria de un sufrimiento tan singular como la pasión y muerte de Jesús de Nazaret. Esta memoria ha quedado plasmada en los relatos sinópticos de la Pasión.

En este curso hicimos una presentación de dichos relatos (Mt 2628; Mc 1416; Lc 2224), nos asomamos a su origen y a su proceso de formación y pudimos realizar una lectura comparada de textos selectos de la Pasión. Esto nos permitió conocer las diversas interpretaciones evangélicas de la Pasión de Cristo y nos dio claves para orientar nuestra atención hacia los crucificados del mundo presente, hacia las víctimas inocentes de la historia y hacia los más pobres de la tierra.

El programa desarrollado fue el siguiente:

1. Los relatos Sinópticos de la Pasión como memoria del sufrimiento.

2. Origen y formación de los Relatos Sinópticos de la Pasión.

3. Las tres perspectivas sinópticas de la Pasión.

4. El relato de Marcos y la orientación al crucificado.

5. El relato de Lucas y la actitud ante las víctimas inocentes.

6. El relato de Mateo y la trascendencia de la apocalíptica.

Partimos de la lectura del capítulo 24 del evangelio de Lucas para situarnos en la perspectiva de los discípulos de Emaús como texto clave del evangelio que hace memoria de los acontecimientos de la Pasión y muerte de Cristo. La recuperación de la memoria del sufrimiento de Jesús así como el relato de esa memoria constituyen en el texto de Lc 24,1335 uno de los momentos trascendentales de la presencia del Resucitado en la historia humana.

Mediante la lectura sinóptica de algunos textos de la pasión pudimos conocer los hitos fundamentales del origen del relato bíblico de la Pasión presente en los evangelios sinópticos. A partir del anuncio originario del mensaje evangelizador sobre la muerte y resurrección de Jesús, y recogido en el kerygma de 1 Cor 15, 35, se fue componiendo y reelaborando un relato primitivo de la pasión en el que se incorporaron algunas tradiciones históricas sobre el proceso de Jesús hasta la muerte.

Aplicando a los evangelios los criterios de historicidad comúnmente aceptados en la exégesis bíblica moderna, nos remontamos hasta los datos históricos científicamente constatables sobre la muerte de Jesús. A Jesús lo mataron en la cruz, víctima de las insidias de los poderosos, de las maquinaciones de los sumos sacerdotes, de los letrados y fariseos, de los que controlaban la práctica religiosa, la observancia rigurosa de la ley y el templo como centro del culto sacrificial.

El crucificado era inocente pero seguramente el motivo último y real de su ajusticiamiento fue su comportamiento. Su critica a las instituciones públicas y religiosas judías, por amor a los pobres e indefensos, a los marginados, los excluidos y explotados culminó con su actuación en el templo. Su irrupción en el templo (Mc 11,1121; Mt 21,1020; Lc 19,4148; Jn 2,1322), tirando por tierra todo, fue uno de sus últimos gestos proféticos a favor de la liberación del rebaño de Dios, el cual había caído en manos de unos dirigentes políticos y religiosos que vivían a costa del pueblo, en un sistema religioso corrupto, legalista y explotador. Jesús arremetió contra todos ellos en una acción profética sin precedentes, contraria a los modos y formas vigentes de culto, contraria a cualquier pretensión de dominio tiránico sobre los demás. Con esta actuación última en Jerusalén se agravó hasta el extremo el pleno conflicto con las autoridades, pues al desmantelar el templo y su estructura organizativa, desacreditaba el sistema religioso del cual era la máxima expresión, y al desautorizar a sus dirigentes declaraba caduca esa forma de entender la religión.

La importancia teológica de la destrucción del templo es uno de los motivos principales presentes en la versión de Marcos sobre la Pasión de Cristo. La concentración cristológica de este evangelio culmina en la confesión del centurión pagano al pie de la cruz: “Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios” (Mc 15,39). A partir de esta escena capital relatada en Marcos la perspectiva cristiana de la religión ya no se orienta hacia el templo sino hacia el crucificado y, mediante él, hacia los crucificados del mundo presente. Hoy no se puede contemplar al crucificado sin mirar a los crucificados de esta historia, sin hacer memoria de su sufrimiento. Hoy no podemos quedarnos en hacer arqueología espiritual del inocente Jesús sin hacer memoria inmediata de las historias más recientes, recientísimas de las multitudes de inocentes que mueren en nuestro mundo.

El evangelio de Lucas resalta la inocencia de Jesús en su relato, quedando sus lectores interpelados por su bondad y su justicia para seguir actuando del mismo modo. La mirada de todo discípulo y discípula de Jesús debe dirigirse a las miles de víctimas inocentes de la injusticia humana. Por su parte, el evangelio de Mateo orienta la Pasión de Jesús desde el cumplimiento de la Escritura y en clave apocalíptica. Pero, al hacer este tipo de presentación teofánica de los acontecimientos de la Pasión, Mateo interpela al creyente trascendiendo la apocalíptica y remitiendo a los creyentes a atender a todos los que sufren, a los que tienen hambre y sed, a los que carecen de vestido y de techo, a los que no tienen patria ni hogar, a los que están enfermos o presos (Mt 25, 3146), pues en todos ellos está presente el mismo Jesús.