SEMINARIO:
CINE Y RELIGIÓN LA CUESTIÓN TRASCENDENTAL

Juan Carlos García Domene

Prof. Didáctica de la Religión Univ. Murcia • Foro I. Ellacuría



El cine siempre refleja las inquietudes humanas y sociales y por ello también se ha ocupado de la cuestión religiosa desde sus orígenes. En más de cien años de cinematografía no faltaron películas ideadas para la catequesis y la evangelización o para favorecer la propaganda religiosa, pero tampoco faltaron otras que tenían como finalidad la crítica o la denuncia de abusos o de patologías vinculadas a las Iglesias. Más allá de unas y otras, el cine directa o indirectamente ha abordado el papel de la religión en la vida de las personas y otras cuestiones relativas al misterio creyente.

El objetivo de este seminario fue indagar sobre las cuestiones del sentido de la vida, la pregunta por Dios, la fe religiosa y la actitud creyente en algunas producciones recientes descubriendo la idoneidad del medio cinematográfico para plantear y explorar el mundo de las creencias. Se proyectaron películas independientes, no financiadas ni vinculadas a las organizaciones religiosas, pero todas ellas con amplia distribución comercial, con una excelente crítica por su valor cinematográfico y no catalogables expresamente como «cine religioso». Alguna de ellas refleja una experiencia religiosa, aunque en alguna otra lo religioso no es explícito.

En cada sesión se presentó una película. Se ofrecieron para cada filme, claves de interpretación, críticas al guión y a su valor cinematográfico y referencias para un análisis posterior. El coloquio se conducía teniendo en cuenta algunos elementos temáticos y otros cinematográficos. Partimos de la impresión general de la película en los participantes, de los sentimientos, las emociones e ideas que provocaba en cada uno. Desde la perspectiva cinematográfica, nos detuvimos en la valoración general, el papel del director, la validez y consistencia del guión, la interpretación de los actores y actrices, el tratamiento del tema, la construcción narrativa, la música, etc. Desde la perspectiva temática nos interesaba descubrir cómo se abordaba la trascendencia y el Misterio de Dios, cómo se presentaba el sujeto religioso o creyente, y cómo la persona establecía en su vida la pregunta por Dios. Estudiamos algunos temas teológicos predominantes, las ideas, los dogmas, las creencias, la cosmovisión; profundizamos en las prácticas rituales y simbólicas, en la oración, la liturgia y las celebraciones que aparecían o eran aludidas en la película; por último, descubrimos cómo la religión expresa un estilo de vida, una forma de estar en el mundo, una moral y unas costumbres. Cada película transmite un aspecto de la religión, pero todas ellas llevan dentro una idea de salvación y una escatología, una variante de relaciones de la fe con la justicia, expresada en el compromiso, con la cultura, con la ciencia y con el mundo en general.

Todas las películas proyectadas pertenecen a un tipo de cine más «parabólico», más sugerente y menos explícito, que aborda la cuestión trascendental sin caer en la crónica favorable o desfavorable, sin usar una cita o explicitación, sin hacer expresamente teología, pero sin clausurar la posibilidad creyente, y sin traicionar el genuino lenguaje cinematográfico, verdadero «lugar teológico».

Se vieron cinco películas en total. El día 26 de febrero de 2004 se proyectó Cielo sobre Berlín (Win Wenders, 1987). Con la cuestión de los ángeles se indagó sobre el imaginario religioso judío y cristiano. La cuestión esencial de este filme es la encarnación de Dios, la necesidad de una espiritualidad que no renuncie al cuerpo, a la historia y al tiempo. ¿Puede Dios comunicarse con los seres humanos renunciando a la encarnación? Resultó un coloquio riquísimo debido a la profundidad del guión y a su valor filosófico y teológico. El día 11 de marzo vimos Gladiator (Ridley Scott, 2000) que, a pesar de su marcado carácter comercial, encierra un cuestionamiento grave y serio sobre el tema de la muerte en general y de la muerte del héroe en particular. No existe religión alguna que evite una explicación sobre el más allá de la muerte. El día 18 de marzo se profundizó en el sentido simbólico y sacramental de la religión cristiana y de la Eucaristía, a partir de la proyección de El festín de Babette (Gabriel Axel, 1987). La Eucaristía para los cristianos es mucho más que un rito porque expresa y promueve un estilo de vida, de comunión con la creación y con la humanidad donde la ética y la estética no pueden deslindarse. Babette representa la más plena humanidad del cristianismo, donde la convivialidad plenifica la ascesis y la ética. El día 25 de abril, a partir de la proyección de El hijo (Jean Pierre Dardenne Luc Dardenne, 2002) trabajamos cuestiones relativas a la reconciliación y al perdón. El argumento de la película nos pone ante un dilema gravísimo: ¿Perdonarías al asesino de tu hijo? Sin reconciliación no hay experiencia religiosa, al menos en la tradición cristiana. Una película como ésta, genuinamente no cristiana y no religiosa, se puede poner como parangón de explicitación de un valor evangélico esencial: el amor y el perdón de los enemigos. Cerramos el curso con la proyección de Amelie (Jean Pierre Jeunet, 2001) el día 1 de abril de 2004. Tiene una matriz posmoderna y en ella el hecho religioso gira en torno al mandamiento del amor. El sentido de la vida —la función principal de la religión en Occidente— es el amor.

Una vez finalizado el ciclo surge un convencimiento que nos llevará a proseguir en esta dirección rastreando las relaciones del cine contemporáneo «no religioso» y la religión. Ni el cine, ni la cultura, ni la sociedad contemporánea en general, ni la gente en particular ha dejado de preguntarse o de buscar el sentido global de la vida y de la historia. Sigue patente o latente la pregunta creyente o la cuestión de Dios. Lo que quizá sucede hoy es que estas cuestiones adoptan formas nuevas, porque hay otras formas de preguntar o de razonar, pero en las personas laten las cuestiones vitales. Aunque las Iglesias no den con el lenguaje apropiado, la cuestión sigue viva para los seres humanos sedientos siempre que buscan y buscan fuentes donde beber. Quizás les suceda igual que a los políticos profesionales, que no aciertan a conectar con la sociedad civil, mientras los ciudadanos reclaman lo suyo y se organizan de otro modo. Algo parecido también le pasa a los educadores que achacan el fracaso escolar únicamente a sus alumnos, olvidando que una parte es su propia responsabilidad. Ni el cine didáctico, ni el cine político, ni el cine de propaganda religiosa en sus formatos tradicionales goza de buena salud, y entre tanto las personas necesitamos aprender, convivir y construir lo público, encontrar un sentido a la existencia y un horizonte de justicia para las víctimas de la historia. A pesar de todo, algo nuevo —también en la pantalla— parece estar surgiendo.