Presentación del Informe 2008-2009 y 2009-2010

José A. Zamora, Coordinador del Foro Ignacio Ellacuría

Queridos amigos y amigas

del FORO “IGNACIO ELLACURÍA”: SOLIDARIDAD Y CRISTIANISMO

Nos alegra poder presentar el Informe con las actividades realizadas durante el los dos últimos cursos.1 En este tiempo hemos dedicado nuestra atención prioritaria a dos fenómenos que poseen una actualidad incuestionable: el fenómeno de la violencia y el de la crisis económica.

La violencia parece un fenómeno ancestral y, por otro lado, tremendamente actual. Hunde sus raíces en la ley de lucha por la supervivencia inscrita en la naturaleza, en el devorar o ser devorado, pero alcanza en el ámbito social unas dimensiones y una capacidad de destrucción gratuita desconocidas en el orden natural. Por otro lado, se trata de una realidad poliédrica que posee un carácter multidimensional, tiene muchos rostros: hablamos de violencia política, bélica, económica, social, psicológica, física, estructural, interpersonal, simbólica, etc. Su tematización en los discursos sociales y en los medios posee un doble carácter que bien mirado es como la doble cara de una misma moneda: dramatización y ocultamiento. La primera la convierte en algo extraordinario, en excepción. Pero la misma excepcionalidad produce una velamiento encubridor de gran parte de la violencia. Esto tiene que ver con la construcción discursiva de la violencia. La ausencia de violencia se presenta como el logro fundamental de las sociedades modernas. La violencia parece reservada a los conflictos entre Estados internamente pacificados o al ámbito individual de las relaciones familiares o de la criminalidad (violencia juvenil, violencia de género, violencia escolar, criminalidad organizada, violencia en los medios). En este ámbito la dramatización está al servicio de la apelación al control social y a la imposición del monopolio estatal de la violencia. Ciertamente estamos habituados a contraponer el monopolio de la violencia ejercido por el Estado moderno, garantía de la convivencia pacífica, y las formas de violencia ilegítimas e ilegales, de las que procede la amenaza de destrucción de esa convivencia. Pero "monopolio de la violencia", como subraya Max Weber en su definición, no significa ausencia de violencia, sino sim- plemente que queda reservado al Estado tolerar, permitir u ordenar determinadas violencias. El Estado no ejerce de modo exclusivo la violencia -pues la violencia es esencialmente plural-, más bien existe para garantizar y proteger en última instancia el poder y la violencia sociales. Promueve violencias "legales" y lucha contra violencias "ilegales" en la sociedad. Un elemento más de esta problemática de la violencia y la contraviolencia es el relativo al poder dominante de definición. Evidentemente no sólo es violencia lo que dicen los códigos jurídicos. Éstos no consideran violencia cuando las personas son excluidas, se quedan sin ingresos o pierden un techo bajo el que cobijarse, cuando acaban en la miseria o mueren de hambre. Pero ven como violencia ocupar una casa vacía o una empresa, hacerse de alimentos sin pagar o ingresar en un país sin papeles. No perciben como violencia la circulación de coches y camiones que producen miles de víctimas anualmente y contaminan el medio ambiente, pero sí el bloqueo de una calle y la interrupción del tráfico. No es violencia la producción y venta de armas, pero sí el sabotaje de su entrega. No se considera violencia cuando millones de africanos mueren de epidemias por enfermedades inofensivas, porque no pueden pagar las vacunas, pero sí cualquier trasgresión de los acuerdos económicos internacionales relativos a patentes farmacéuticas. Esta enumeración podría prolongarse indefinidamente para mostrar lo absurdo del concepto dominante de violencia. De todo esto se trató en el Seminario Interno cuyos contenidos nos resume María José Lucerga.

El fenómeno de la crisis económica se abordó en un Ciclo de Conferencias que llevó el título de "¿Consumir hasta morir?", en el que intervinieron Ignacio Castro Rey, Santiago Alba Rico y Carlos Taibo. Las respuestas que se han pretendido dar a la «crisis» prolongan la lógica sistémica del beneficio ampliado como condición de la supervivencia estructural. Se privatizan fondos públicos, se intenta recortar todavía más los derechos del trabajo, se recomienda un recorte de los gastos sociales, se prometen más beneficios fiscales al capital,? Cuando se trata de salvar al capitalismo, todo sacrificio es poco. Por doquier escuchamos llamamientos a consumir para salir de la crisis. No son tiempos para contemplaciones ecológicas sobre las consecuencias del productivismo. Para asegurar el consumo, el capitalismo ha terminando convirtiendo a los individuos en productos suyos. Hemos terminado siendo de tal modo lo que consumimos, que ya no somos capaces de ver y experimentar lo que se esconde detrás de ese consumo que excluye a la mayoría del planeta. Pero la actual crisis económica ha venido a evidenciar lo que ya muchos imaginábamos: que el sistema capitalista (sea libremente asumido o impuesto) ha demostrado ser de una gran eficacia para aumentar la pobreza, la inestabilidad, la falta de cohesión social y destruir el medio ambiente. Las tesis del capitalismo pasan por aumentar la producción y el consumo indefinidamente, obviando el hecho de que los recursos son finitos. Por otra parte, el modo de vida occidental que promueve, por un lado, la acumulación de bienes, y por otro, la rápida sustitución de éstos, fomenta que se consuman recursos por encima de las capacidades del planeta. ¿Hay alternativas a este programa suicida? Los ponentes nos ofrecieron su análisis para intentar dar una respuesta a esta pregunta. La conferencias aparecen resumidas aquí por José A. Zamora.

Conjuntamente con las Comunidades Cristianas de Base de la Región de Murcia y el Comité Óscar Romero de Murcia se organizó la presentación por parte de su autor, Fernando Cardenal, del libro Memorias de un sacerdote en la revolución. Recogemos aquí la presentación del acto a cargo de Fernando Bermúdez. Por su parte, José Manuel Mira nos ofrece un resumen de la conferencia Honduras y Derechos Humanos. Golpe de estado con perspectiva continental, a cargo de Ismael Moreno, Director de Radio Progreso y del Centro de Investigación y Comunicación Social de S. Pedro Sula, acto organizado por el Comité Óscar Romero con el apoyo del Foro I. Ellacuría, Entrepueblos y ACSUR Las Segovias.

Como en años anteriores, también se desarrollaron una serie de cursos y semina- rios coordinados por miembros del Foro dirigidos a quienes desean profundizar por medio de la reflexión pausada y el debate abierto en temas candentes y urgentes de la sociedad y la cultura de hoy. Los títulos de los cursos y seminarios fueron: "El Evangelio de Pablo" "Los niños sin hogar en Bolivia: curso de formación de voluntariado", "Vivir en común más allá del multiculturalismo y la xenofobia" "Los evangelios y el Jesús de la historia". Los coordinadores de los cursos, J. Cervantes, José A. Zamora han realizado un resumen que recogemos en estas páginas.

La colección de cuadernos Contraste, dirigida por María José Lucerga, ha continuado su andadura. Los nuevos cuadernos publicados son: el nº 14: La educación de la autoestima desde una pedagogía de la dignidad, de Ramón Gil Martínez y el nº 15: Cristianismo y ética: una relación compleja, de Emilio Martínez Navarro.

Con la publicación de este Informe queremos seguir animando la reflexión y el debate de cuantos participan en las actividades del Foro o siguen de cerca nuestro trabajo y de quienes se sienten próximos a nosotros desde el compromiso por hacer posible la justicia y la solidaridad en nuestro mundo desgarrado por la violencia, la desigualdad o el egoísmo insolidario. No es ésta tarea un día. Son muchas las iniciativas que se ponen en marcha y pronto pierden el aliento o las fuerzas. Por eso es necesario que unamos los esfuerzos y aprendamos a apoyarnos más allá de las diferencias y los enfoques diversos, que siempre enriquecen si se mantiene un espíritu de colaboración. Para muchos la crisis es una situación permanente y enquistada.

Para otros sólo significa una pequeña amenaza para sus ya de por sí altos niveles de consumo y seguridad. El reparto de las cargas es muy desigual. El Foro Ignacio Ellacuría entiende que la única perspectiva adecuada para una visión correcta de la realidad es la que se adopta desde el lugar que ocupan los últimos, los más desfavorecidos, los más pobres y oprimidos. Y que sólo hay una justicia auténtica, la que alcance a todos ellos. A eso quiere también contribuir este Informe.

 


1Agradecemos a la FUNDACIÓN CAJAMURCIA su colaboración en la edición de este Informe