Conferencia

GENDARMES DE LA DESIGUALDAD:
FMI Y BM EN LA ECONOMÍA GLOBAL

Javier Martínez Peinado

(El texto que ofrecemos es la transcripción llevada a cabo por el Foro I. Ellacuría
de la grabación de la conferencia pronunciada bajo el mismo título el 21 de septiembre de 2000 en Murcia)

 

Mi intervención se va a ajustar al título que se le ha dado a la conferencia y tendré en cuenta los tres elementos que hay en él: el calificativo de gendarmes, el concepto desigualdad o la realidad de la desigualdad de la economía global. Pero quisiera empezar con unas consideraciones previas.

Cuando hablamos de "gendarmes" nos estamos refiriendo a unos vigilantes o a unas instituciones que, por cuenta ajena, tienen que mantener el orden y la legalidad, entendiendo como legalidad lo que dice qué se puede hacer y lo que dice qué no se puede hacer. Estos gendarmes o estos guardianes son los encargados de vigilar que se haga lo que se puede hacer y que no se haga lo que se dice que no se puede hacer según la legalidad vigente, insisto, por cuenta ajena. La legalidad, por otra parte, no significa legitimidad y esto tenemos que tenerlo presente cuando nos planteamos lo que se hace y lo que no se hace a nivel mundial.

De todas maneras esta legalidad se refiere a lo que sería el segundo elemento, la desigualdad. Ésta es una de las características fundamentales del orden mundial y su funcionamiento. Dicho orden mundial es desigual porque está basado en una estructura dicotómica, de tal manera que el mundo está organizado según un centro y una periferia y se reproduce estructuralmente de este modo. Todo funciona de tal manera que el centro sigue siendo centro y la periferia sigue siendo periferia. Los que están en el centro siguen estando siempre en el centro, o en todo caso sólo algunos pasan a la periferia, y la periferia sigue siempre alrededor de ese centro de una forma dependiente o de una forma subordinada.

Desde el punto de vista económico el orden económico mundial supone entonces que las relaciones productivas, comerciales, financieras, tecnológicas y en general todo lo relacionado con la actividad material que da vida a la población, que permite la reproducción de la población, todas estas actividades sirven para reproducir esta dicotomía. Y esto es lo que explican las teorías económicas del desarrollo desigual y de la dependencia (en lo que no vamos a entrar aquí), pero que se oponen evidentemente a las llamadas teorías ortodoxas que dicen, por el contrario, que el hecho de que las relaciones entre todos los países, las relaciones financieras, comerciales, el comercio internacional, las relaciones productivas, etc... se produzcan en varios sitios de forma coordinada beneficia a todos. Esto es lo que dice la teoría ortodoxa.

Pero lo que ocurre es otra cosa. A través del comercio internacional entre el centro y la periferia, a través de las relaciones financieras entre el centro y la periferia, a través de la fábrica mundial con sus subcontrataciones y puestos de fábrica en la periferia, a través de todas estas relaciones económicas, el orden económico internacional se reproduce en la dicotomía centro-periferia, que es un dicotomía que genera y sostiene la desigualdad.

Pues bien, el tercer elemento del título, "la economía global", tiene que ver con que la base económica de este sistema centro-periferia, las bases materiales sobre las que se basa esta dicotomía del sistema económico internacional viene sufriendo en los últimos años una serie de modificaciones estructurales. La globalización está suponiendo cambios estructurales en el sistema mundial, en el orden económico mundial, y estas modificaciones exigen, a su vez, modificaciones en los instrumentos que hasta ahora, antes de las modificaciones, se tenían para mantener dicho orden.

Si hay un cambio estructural tiene que haber también un cambio de los instrumentos regulatorios en las maneras de manejar estas relaciones económicas. En términos estructuralistas podríamos decir que ante el cambio de la estructura tiene que haber cambios en la superestructura de las instituciones, en la forma de manejar, de regular, de dirigir conscientemente las dinámicas estructurales.

Pues bien, quizá esto es el déficit fundamental de la globalización actualmente, es decir, de la mundialización de la base económica del sistema capitalista mundial.

Efectivamente la base económica capitalista se está mundializando. El sistema económico mundial se basa hoy en día en un capitalismo efectivamente global, pero, sin embargo, no hay instrumentos nuevos en la superestructura a nivel político, a nivel jurídico, ni siquiera a nivel ideológico-cultural que permita plantear que esta economía global se vaya a poder reproducir como lo hizo hasta ahora (que no es que se haya reproducido de forma muy estable).

Si pensamos en la historia del sistema mundial moderno, desde el capitalismo de hace unos siglos, verdaderamente está salpicada de guerras, crímenes, revoluciones, muertes, hambres, etc. Y si nos vamos a la época más "estable" de la historia del sistema, a lo largo del siglo XX ha habido una revolución, que fue la de Octubre, además de dos guerras mundiales y varias coloniales, digamos, bastantes desastres que han afectado a la humanidad, o sea, que tampoco es que el sistema capitalista mundial haya conseguido responder como sistema a los problemas más acuciantes de la humanidad a escala planetaria.

En este contexto, el FMI y BM han sido guardianes de un orden dicotómico muy desigual e injusto. Han sido los encargados de gestionar el desequilibrio o de que no explotase la desigualdad. Pero ante la nueva era de la globalización o nuevo conjunto de estructuras globales del capitalismo, ¿siguen sirviendo o han dejado de servir? Es decir, la cuestión que nos tenemos que plantear hoy es si el Fondo y el Banco, que han sido gendarmes de un orden internacional de desigualdad, del sistema centro-periferia, a causa de los cambios que supone la globalización en el capitalismo se han vuelto inservibles. ¿Pueden servir para algo en el futuro en la globalización capitalista? ¿Pueden servir en cualquier alternativa al capitalismo global o no? ¿Podrían servir a una reforma del capitalismo global, es decir, podrían pasar de ser gendarmes de una cosa a ser instrumentos de otra alternativa? ¿O más vale olvidarse y decir: cuanto antes desaparezcan mejor para todos?

Un poco, esta va a ser la idea sobre la que al final se hará alguna propuesta.

 

I. El papel de gendarmes de FMI y el BM

Como supongo que todo el mundo conoce, más o menos, el funcionamiento del Fondo y del Banco, y supongo que tampoco va a tener aquí muchos defensores, pues no me voy a tener que explayar en los mecanismos internos de funcionamiento y en sus logros, que tienen pocos, como veremos, pero sí en su discurso.

Desde que fueron creados en la conferencia de Bretton Woods en 1944 los papeles que tenían que cumplir fueron definidos, por una parte, por las hegemonías subjetivas, en el sentido de los sujetos, de los países o los grupos que eran hegemónicos entonces y los que siguieron siéndolo en cada momento. Ellos son los que han ido definiendo lo que quieren de sus guardianes o gendarmes. Y, por otra parte, ese papel también ha dependido de las necesidades objetivas del sistema. Hay un componente decidido conscientemente por los que pagan y hay un papel objetivo condicionado por la realidad dinámica del momento del ciclo económico y las coyunturas sistémicas más significativas.

En lo que se refiere a las hegemonías que han determinado el papel de gendarmes del Banco y del Fondo y como se combinan ambos, de todos es sabido que ha sido la hegemonía de EE.UU. la que impuso la forma que tenían que tener estas instituciones de Bretton Woods, frente a la postura de, por ejemplo, Keynes, que representaba a Europa, o a la Europa triunfante de la segunda guerra mundial, básicamente Inglaterra, y que pretendía la creación de un Banco Central. Evidentemente, eso no servía a los intereses de la hegemonía de los EE.UU. en el nuevo sistema mundial y por lo tanto se hizo lo que ellos querían, un Fondo Monetario constituido por socios inversores cuya importancia determinaría su actividad, es decir, que el que más paga más manda. Por lo tanto, los EE.UU., que son los que más aportan y más votos tienen, son los que deciden lo que se hace por parte del Fondo. Esta hegemonía habría de servir a EE.UU. para dirigir lo que sería un proceso de reconstrucción y recuperación económica en el capitalismo desarrollado después de la segunda guerra mundial. La hegemonía incontestable de EE.UU. en Bretton Woods y en los 20 años siguientes hizo que el Fondo Monetario, en realidad, tuviera muy poca importancia, no tuvo mucho papel. Se hizo lo que mandó EE.UU. que básicamente deseaba asegurar la convertibilidad y las balanzas de pagos, sobre todo de los países desarrollados europeos en su reconstrucción, para que pudieran pagar a EE.UU. permanentemente. Digamos que para que la crisis monetaria no llegara más allá de la dinámica de sumisión de todas las monedas al dólar.

A partir de que EE.UU. empieza a perder poder en el sistema económico mundial con su crisis a finales de los 60, tiene que compartir su hegemonía con lo que después llamaremos el grupo del G-7, los principales países capitalistas desarrollados. A partir de los años 60 también empiezan a incidir con mucha mayor importancia, de forma independiente a los propios gobiernos, las empresas multinacionales. Por lo tanto, el Fondo y el Banco han ido cambiando algunas actuaciones y en su dinámica de actuación de guardián, de policía del sistema, han ido cambiando en base precisamente a los papeles que le han ido asignando de forma distinta la hegemonía, primero de EE.UU., después más compartida con el G-7 y, finalmente, aunque no se note tanto, con las empresas multinacionales.

Eso se ve muy claro, por ejemplo, en tres posturas del Fondo ante situaciones distintas. En la época inicial y hasta final de los años 60, el Fondo se ocupó básicamente de asegurar estabilidad y liquidez cambiaria, lo cual le daba un papel no excesivamente problemático y, de hecho, se había pensado que las restricciones que se habían puesto a la entrada en vigor de los acuerdos de Bretton Woods acabarían a mitad de los 60. Es decir, había una serie de restricciones a las medidas de estabilidad, a las maniobras de devaluación o de políticas cambiarias y a las políticas comerciales. Pero todo esto se mantuvo hasta que supuestamente se dio por alcanzada la recuperación total, lo que sería hacia finales de los 60.

Sin embargo, cuando los acuerdos de Bretton Woods tenían que entrar en vigor en su totalidad, fue prácticamente cuando EE.UU. entró en déficit comercial, tuvo la crisis de la devaluación de los años 70 y definitivamente en el año 76 en la reunión de Jamaica del Fondo Monetario se da por acabado, por inservible, el sistema inventado en Bretton Woods de las paridades fijas, oscilantes un punto más o menos; o sea, que cuando tenían que empezar a funcionar los acuerdos de Bretton Woods sin restricciones es cuando se dan por acabados porque ya no sirven. Sirvieron durante el auge. De modo que la historia auténtica del Fondo se acabó enseguida. A partir de ahí, a partir de los 60, ¿cómo evolucionó? Pues no mirando ya a los países desarrollados, su estabilidad cambiaria, etc., que era un verdadero caos, sino buscando asegurar que los capitales, los famosos petrodólares, que no querían invertirse en los países desarrollados porque estaban sumidos en la crisis industrial, pudieran ir a parar a todo el mundo sacando rentabilidad. ¿Cómo? A través de los préstamos a los países subdesarrollados. Es en esta década cuando se endeudan y el Fondo Monetario bendecía este endeudamiento. Incluso en el año 79 todavía decía que este altísimo nivel de endeudamiento no era nada grave, que no era nada peligroso ni preocupante.

Tres años después se produce la mayor crisis financiera que ha sufrido la periferia y durante unos años también los bancos de los países desarrollados. En ese momento el Fondo asume otro papel, esta vez impuesto no sólo por el G-7, sino también por la banca privada multinacional, que le había ayudado a colocar los préstamos en los países subdesarrollados. ¿Y qué es lo que hace esta vez? Gestionar la crisis ejerciendo de guardián y exigiendo el pago de la deuda, es decir, convirtiéndose en una especie de "cobrador del frac".

El primer objetivo de la política del Fondo durante los años que van desde el 82 al 86 fue asegurar que se pagara y que los bancos multinacionales, sobre todo los norteamericanos, que estaban en una situación complicada, no quebraran. A partir de ahí se empieza a imponer la disciplina del Fondo. Eso es actuar auténticamente como un guardián, en este caso, de la banca privada y de la disciplina que impone el orden económico mundial. Las deudas se pagan y, además, no se pagan intentando medidas de fuerza o reuniendo un club de deudores o intentando renegociar de primeras, sino calladitos todos y pasando por la ventanilla.

Hay una anécdota histórica. En agosto del 82, México intentó conectar con Brasil y Argentina para hacer un club de deudores. No sólo hubo amenazas, que las hubo, de EE.UU., avisos al gobierno mexicano, sino que además el Fondo Monetario amenazó con quitar todos los préstamos si había club de deudores. Tenían que ir uno por uno y sin conocerse, como si dijéramos.

Hemos visto hasta aquí lo que se refiere a la funcionalidad que les han atribuido al Fondo y al Banco sus dueños o, como se dice eufemísticamente, sus socios. Pero ahora viene la segunda parte, lo que depende de las necesidades objetivas del sistema. Lo que se necesita ahora desde finales de los 80 y en los 90 es facilitar vía al deseo de las multinacionales, también asegurar la apertura a la globalización. En definitiva, asegurar que se va a liberalizar el movimiento de capital en todo el mundo, que se va a romper con la regularización nacional, especialmente en los países de la periferia, sobre los flujos financieros.

Por otra parte, hay una necesidad después de la crisis que se inició en los 70 y llegó a los 90 de asegurar una época de auge de la economía global, del capitalismo global, y eso significa no ya aumentar la extensión en que pueda operar el capital (y de ahí viene lo que se llama en el neoliberalismo las políticas de exigencias de apertura y desregularización) sino, además, conseguir poner a disposición del capital todos los activos mundiales de todos los países y, por lo tanto, iniciar una política de obligación a la privatización de los activos, de las riquezas nacionalizadas por todos los gobiernos, de tal manera que el capital privado pueda acceder a explotar todos los recursos de todos los países. Y, por lo tanto, a partir de ese momento el discurso del Fondo y del Banco, de las instituciones de Bretton Woods, va a estar muy centrado en lo que todos sabemos que va en el catecismo neoliberal de los últimos años: apertura, desregularización, privatización y, además, como buenos gendarmes, últimamente también hablan del desgobierno. Los gobiernos son corruptos, los gobiernos están incapacitados y no gestionan bien. El mercado funciona mejor y, por lo tanto, aparte de la dimensión internacional hay que ocuparse, por ellos también, de la dimensión nacional, no ya económica, que la tienes mediante la obligación a la apertura, a la desregularización y la privatización, sino también incluso en la política, por medio del discurso de que la corrupción es un mal económico y cuesta muchos recursos y es un freno al desarrollo, etc. El Fondo se encarga de hacer normas, de ser gendarme de las normas para el buen gobierno, siempre evidentemente en los países subdesarrollados, en la periferia. Todavía no se han aplicado los criterios de buen gobierno del Fondo en ningún país desarrollado (igual no saldrían tan bien parados en según qué cosa).

Evidentemente hay diferencias entre el Fondo y el Banco. Una diferencia muy clara entre lo que es el Fondo y lo que es el Banco es de carácter instrumental. Ambos sirven de instrumento en sectores distintos. El Fondo se dedica fundamentalmente a los aspectos financieros y monetarios y al Banco Mundial se le dio desde un principio una dimensión más de inversión productiva para el desarrollo.

Pero a la hora de la verdad han actuado como el conocido ejemplo del policía bueno y el malo. Aquello que se decía antes: "mira hazme caso a mí, que éste es peor todavía; yo soy el bueno, éste te va a dar más duro, tú dime todo, que yo velo por ti". De alguna manera, el Fondo cumplía el papel del policía malo y el Banco Mundial cumplía el papel del policía bueno. Teóricamente, éste se ha venido ocupando de problemas como la pobreza. Fue el tema estrella en los 90. El próximo invierno (que ya está anunciado) se va a dedicar también a la pobreza (diez años después) y no puedo menos que señalar que gracias a las políticas de las instituciones de Bretton Woods la pobreza ha aumentado. Incluso los economistas principales del Banco son unos personajes curiosos porque, primero, son economistas principales y cuando lo dejan, entonces son críticos con el Banco Mundial. Entonces hablan de que no se pueden hacer los planes de ajuste como se han hecho, de que, efectivamente, las políticas de pobreza del Banco Mundial han sobrevalorado los proyectos de tal manera que a pesar de que cobren los tipos de interés más bajos, en realidad lo que están haciendo es una estafa. Muchas veces también se ha denunciado que un tercio de los gastos se quedan en el propio Banco, para gastos burocráticos, etc. O sea que es alimentarse a sí mismo, a su propia burocracia. Estos economistas que son críticos, lo son siempre cuando se van, pero cuando están dentro, no. Entonces sí, digamos que en ese sentido el Banco genera desde dentro más autocrítica que el Fondo, en ese sentido parece que es más asequible o por lo menos es más autocrítico, es capaz de reconocer errores, pero siempre, insisto, en gente o en funcionarios cuando lo dejan y vuelven a las Universidades o al Tesoro Norteamericano, especialmente cuando vuelven a las Universidades.

¿Han servido en este papel de gendarmes? Si hubiera que valorar al Banco Mundial por sus éxitos en la lucha por el desarrollo productivo y por la disminución de la pobreza, no ha servido mucho. Eso sí, tiene un banco de datos que es fundamental para todo aquel que estudia el desarrollo. También es verdad que apoyó algunas políticas, por ejemplo, las políticas demográficas neomaltusianas. Gastó mucho dinero y consiguió que en algunos sitios cayera algún punto la tasa de natalidad. Sería uno de los pocos éxitos entre comillas. Digo éxitos entre comillas, porque para un maltusiano bajar la fecundidad de seis hijos a cinco hijos tampoco arregla mucho la cosa. Ellos mismos admiten que la pobreza ha aumentado y que probablemente siga aumentando y que con su teoría, su práctica, su política y sus proyectos de acabar con la pobreza lo que acaba resultando es una recesión como la que ha habido en América Latina. Esto supone que si se ha avanzado un punto con las políticas del Banco contra la pobreza, o sea, que si se ha reducido un punto la pobreza, con la recesión que han provocado las políticas de ajuste aumenta cuatro puntos. Y esto es reconocido por el Banco. Así pues, probablemente el Banco no ha servido para mucho.

¿El Fondo ha servido para algo? Ha servido para aumentar la pobreza (que el Banco después tiene que intentar gestionar y resolver) a través de los planes de ajuste estructural. Un ex-funcionario del Fondo decía que de las 60 últimas recesiones económicas mundiales el Fondo se había anticipado a dos. O sea, que nunca sabe que va a haber recesión. De sesenta recesiones en todo el mundo, sólo había previsto y actuado en consecuencia en dos. Siempre va detrás, no ya de los acontecimientos, sino simplemente a tapar, a apagar fuegos. Pero a veces, ni siquiera va a apagar fuegos, los crea. En ese sentido tampoco está claro que haya servido para mucho. Pero entonces, ¿para qué sirve? ¿la funcionalidad cual es? La funcionalidad es la de reproducir o mantener el orden desigual funcionando.

 

II. La desigualdad

Sobre la desigualdad, como segundo elemento fundamental, quizás no sea necesario extenderse demasiado, porque es algo bastante conocido. Pero vamos a verlo desde el punto de vista de las actividades económicas. La producción mundial es una producción totalmente desigual. En el centro se produce prácticamente las cuatro quintas partes del PIB mundial, medidas en términos monetarios.

Si nos centramos en lo que es el valor añadido de las manufacturas, digamos la fabricación de las cosas, pues prácticamente el 75% del valor añadido de las manufacturas se producen también en el centro. Claro que aquí hay una trampa y es que por definición una cosa producida en el centro vale más que una producida en la periferia. Por el diseño: una alfombra producida por un diseñador, como por ejemplo Mariscal, vale muchos miles de pesetas; la misma alfombra hecha por un trabajador de Irán, la India, etc. vale muchísimo menos. Es como decía el Corte Inglés: "compre aquí a precios de allí". Está clarísimo, lo que se produce aquí vale más por el valor añadido de los costes de producción y luego tenemos que consumir también aquí esos productos, por tanto son más altos los sueldos. Es una trampa. Esto del valor mundial es una trampa; unos pagan más para que consumamos también más, por tanto lo que lleva el valor añadido también sube. Lo que se produce en los países de la periferia, como su valor añadido es más bajo, vale muy poco. En cualquier caso el valor de la producción mundial y de las manufacturas mundiales, evidentemente, se aprecia en el centro.

En lo que se refiere al comercio, la circulación de esa producción, la periferia está caracterizada por producir materias primas que cada vez valen menos, excepto algunas cosas puntuales como el petróleo ahora, que si se considera el factor inflación veríamos que la subida no ha sido tan grande, porque lo que realmente pasaba era que hace cinco años se estaba regalando desde el punto de vista de los países productores de petróleo, o sea, valía menos que hace veinte años. En términos de inflación el precio del crudo estaba hace cinco años por debajo de lo que valía hace veinticinco. O bien materias primas agrícolas: café, cacao, azúcar, etc., que siguen bajando de precio, o bien manufacturas que es donde se pueden conseguir más ingresos para la exportación, pero que, por definición, como hemos dicho, son las que valen menos: textiles, manufacturas de esa índole que encontramos en los comercios de "todo a 100", made in China. Pues eso, todo muy barato.

En ese tipo de manufacturas sí participan más los países periféricos dentro del comercio mundial, pero obtienen menos porque venden lo que se paga menos, trabajando más, porque trabajan más horas y son muchos, gran parte de la población mundial que trabaja en fábricas, que trabaja en subcontratas, etc.

La periferia participa con un 35% en el comercio mundial, a veces con el 20% en términos ordinarios, pero siempre comercia con lo que vale menos, lo que se paga peor. Entonces, si así se produce y así circula ¿cómo se distribuye el resultado de estas actividades económicas? Pues con la desigualdad de los ingresos. Aunque ésta es difícil de medir, a mediados de los 90 casi todas las instituciones que se han atrevido a llevar a cabo estudios al respecto valoran que aproximadamente la diferencia de ingresos por países estaría en una proporción de 65 a 1 entre los países más ricos, los desarrollados, y los países más pobres, o sea, por cada dólar que va del producto mundial a los países más pobres van 65 a los desarrollados. Pero hay que tener en cuenta que esto son medias generales y que por lo tanto dentro de estos países hay unos más ricos y otros más pobres. Si consideramos entonces la distribución de ingresos entre clases sociales, grupos sociales, la diferencia entre los ricos y los pobres saldría, más o menos, de 150 a 1.

No ha habido nunca en la historia, que se sepa, ni siquiera por lo que se sabe de la economía en la época del Egipto de los faraones, ni en la China de las dinastías, ni en el feudalismo, ni en el imperio romano, nunca ha habido una división tan grande en la distribución. Nunca entre los ricos y los pobres la diferencia ha sido tan grande. De hecho, se piensa, en general, que en el feudalismo se daba una diferencia, como mucho, del 20 a 1 y ahora estamos hablando en términos agregados de 60 a 1 y en términos de grupos sociales del 150 a 1. Nunca el mundo ha sido tan desigual. Además el 20% de la población más pobre del mundo se supone que recibía en 1960, esto es una estimación, el 2,3% del ingreso. Al final de la década de los 80 ya ni siquiera el 2,3%, sino el 1,4%. Y ahora a finales de los 90, en pleno auge, cuando el Fondo Monetario está diciendo que la economía mundial está creciendo y va a seguir creciendo, cuando efectivamente hay un ciclo alcista de la economía mundial común a todos, es decir, globalmente, pues en esta década prodigiosa ya no se da el 1,4%, sino el 1,1%. O sea, el 20% de la población mundial más pobre recibe el 1,1% del ingreso. Si las previsiones del Banco Mundial se cumplen, este 1,1% va a bajar más. Así pues, la distribución es la que mejor expresa cómo la desigualdad se está agrandando, incluso en época de auge.

Y si miramos el consumo, en términos de productos y del consumo privado, las diferencias llegan a ser también del mismo orden, pues los países de bajos ingresos tienen hoy un consumo privado 80 veces inferior por habitante al de los países desarrollados, mientras que en el año 65 ese consumo en términos globales no era más allá de ocho veces menor. Esta desigualdad ha sido reproducida y agravada en la década de los 80 y 90 por las políticas que han implantado, que han obligado a adoptar, el Fondo Monetario y el Banco Mundial, las políticas englobadas en lo que decíamos antes de apertura para el comercio internacional que se supone que va a beneficiar a todos; desregularización para que el mercado arregle las situaciones; privatizaciones para que haya una gestión eficiente de los recursos que el gobierno antes, cuando estaba nacionalizado, no hacía. Y gracias a la apertura, la desregularización y la privatización hemos logrado aumentar la pobreza y la distancia entre el centro y la periferia.

 

III. Economía global

Por eso son gendarmes reproductores de la desigualdad. Pero esta apertura, esta desregularización y esta privatización, por otra parte, han permitido que en realidad se afiance la globalización en el discurso y en la política.

¿Por qué digo estas tres cosas de la globalización? Digo en la realidad, en la ideología y en la política porque cuando se habla de globalización conviene que tengamos en cuenta que hay que distinguir estas tres dimensiones. La globalización tiene una dimensión real, es decir, hay efectivamente toda una serie de interconexiones económicas, políticas, culturales, comunicacionales, que hacen que el mundo resulte más pequeño, que haya problemas globales a los que sólo se les puede dar respuestas globales; que económicamente la base material se haya extendido a todo el planeta y, por lo tanto, se puede invertir en cualquier parte del mundo, para producir en cualquier parte del mundo, para vender en cualquier parte del mundo, de tal manera que se consuma en cualquier parte del mundo un producto. Por lo tanto, el made in importa cada vez menos.

Esto es una realidad como es una realidad que la explotación de los recursos naturales ha llevado a una situación gravísima en la relación sociedad-naturaleza, que se ha hecho también global. Los problemas medioambientales se han hecho también globales. Hay una realidad ahí, no es un invento. Por lo tanto, la dimensión real de la globalización existe y hay que estudiarla, conocerla y, una vez diagnosticada, ver los problemas globales que genera, qué soluciones tienen, que también serán soluciones globales.

Ahí, en esta realidad, el Banco y el Fondo han invertido poco. ¿Por qué? Porque las inversiones del Fondo, en realidad, han disminuido, los créditos y los préstamos, la intervención en general del Fondo ha disminuido, sólo va a apagar fuegos, no va a crear desarrollo. Y las del Banco también han disminuido en lo que significa el desarrollo, porque el protagonismo de la realidad de la globalización la tiene el capital privado y el Banco y el Fondo sólo actúan en la globalización apagando fuegos, como en la crisis del 97 intentando prestar dinero o como en la crisis de la URSS y todos estos países. Pero sobre todo es para abrir o llegar allá donde el capital privado todavía no quiere llegar y en permitirle llegar.

Ahora, donde sí actúan es en la dimensión ideológica de la globalización. ¿Cuál es la dimensión ideológica de la globalización? Pues es ese discurso que dice que fuera de la globalización no hay salvación, que el que se oponga a la globalización, a la apertura, a la liberalización, el que se desenganche o no se enganche, allá él, queda condenado, se autodestruirá.

Ahora bien, el que haga caso, el que tenga claro que el futuro es global y por lo tanto entre en el proceso, se sienta a gusto, encuentre su sitio, ese será llevado, como se dice, a las alturas, es decir, con todos los demás. ¿Por qué? Porque el desarrollo del capital global, según esta teoría, acaba beneficiando al más subdesarrollado, hay un goteo. La teoría del desbordamiento sostiene que el desarrollo va goteando como si fueran las migas de la mesa que caen al suelo. Es decir se acaban beneficiando del progreso, incluso pueden tener algunas ventajas porque pueden pasar por "el salto de la rana" tecnológico. No hace falta pasar por toda la historia de la tecnología de los países desarrollados, sino que ya directamente pueden entrar en las nuevas tecnologías.

Esta es la ideología de la globalización, es el discurso que viene a decir que la globalización es absolutamente necesaria, ineludible y que lo que no quede comprendido por ella desaparecerá.

Distinto a esto es la tercera dimensión: la política. Lo que ésta se plantea es qué hacer y cómo para efectivamente enraizarse en la realidad de la globalización, es decir, cómo se hace la apertura, cómo se consigue que vengan los capitales, cómo se consigue en definitiva introducirse en la gestión global económica y, por lo tanto, cómo encontrar los nichos comerciales apropiados, cómo tienes que privatizar para que venga el capital y que monte sus empresas y aumente tu eficiencia. Porque tienes que dar posibilidades para que funcione el libre mercado que es el que te va a llevar efectivamente a la felicidad en el mercado global. Aquí es donde el Fondo y el Banco sí que actúan. O sea en la realidad poco, en la ideología bastante, en las políticas todo, porque además lo ponen como obligación. Si no sigues las recetas del Fondo, si no sigues el plan de ajuste estructural (PAE) entonces el capital privado no vendrá, entonces no tendrás los beneficios de esa globalización y entonces eres un paria de la economía global.

Los estudios de las universidades más vinculadas tradicionalmente a los intereses estratégicos de EE.UU. y el Pentágono, ya han acuñado el término de "Estados parias" y los vinculan con los "Estados terroristas" que son la otra parte. Estos son a los que no va a ir la inversión y en definitiva los que preocupan en el futuro de la estabilidad del sistema.

A los programas de ajuste estructural del Fondo se les ha acusado de todo, como todos sabemos, de que generan pobreza, de que no generan más crecimiento económico, de que a veces ni siquiera sirven para reducir la inflación o conseguir el equilibrio macroeconómico que se supone que van a conseguir. Pero tienen una lógica aparentemente aplastante. Un programa de ajuste estructural dice lo siguiente: Miren ustedes, dedíquense a exportar. Si hace falta devalúen (exportar a precios bajitos y por tanto con costes bajos para ser competitivos). De importar nada (si encima devalúan, poco van a importar), pues de lo que se trata es de que generen divisas para pagar la deuda. Y, además, al importar menos y tener el consumo más bajo, porque se dedica todo a la exportación, hay menos ingresos, esto redunda evidentemente en que se baja la demanda privada y por lo tanto así no hay presión a la inflación. Si además el gobierno privatiza, consiguiendo más fondos, y reduce gastos sociales (pero no en los armamentistas, nunca han dicho que gasten menos en policías y en ejército), la demanda pública cae y por tanto se supone que se va a estabilizar la inflación, o sea, que no va a haber una presión de la subida de los precios. Esta lógica es criminal, es como decir:

—Oiga, para no subir la inflación no consuma.

—Bueno, entonces hay productos sin vender.

—Expórtenlos ustedes.

O sea el papel de la periferia sigue siendo el de siempre: productora a precios bajos y no consumidora, porque el producto se consume en el centro y por las clases altas de la periferia y, por lo tanto, la periferia sigue siendo la periferia y lo seguirá siendo. ¿Para qué tenemos a tantos millones de personas? Para producir barato para el centro.

Por lo tanto, esta política es la que hace el Banco, aquí sí que está muy metido el Banco y el Fondo. El Banco viene detrás del Fondo a ocuparse de la pobreza, el medio-ambiente, etc., pero con políticas contradictorias que en definitiva sólo intentan parecer el policía bueno. Uno da el palo y el otro dice: bueno, ha aumentado la pobreza, vamos a ver que se puede hacer con los pobres.

Otra de las medidas que proponía el Fondo era la referida al buen gobierno. ¿Qué tiene que ver entonces las reivindicaciones del Fondo y del Banco sobre el buen gobierno y la lucha contra la corrupción, etc.? ¿Qué tiene que ver el nuevo amor por la democracia en la denuncia de las dictaduras que llevan a cabo los países desarrollados y EE.UU. etc., pretendiendo vender la democracia al mundo y ser sus principales valedores, cuando todos sabemos que han estado apoyando a dictadores, los han financiado, etc.? Yo pienso que todo el discurso del buen gobierno y la anti-corrupción que tiene el Fondo y el Banco es un discurso para sostener una política de desarme político de los países periféricos. Es decir, yo pienso que hay una política específica de gendarme, de debilitar políticamente los países, los estados, o sea, la política, los gobiernos de los países individuales periféricos. ¿Por qué? Porque evidentemente la globalización supone un menoscabo de la capacidad de los estados de hacer política, de hacer economía, de regular. También en los países desarrollados pasa esto. Pero claro, la globalización plantea un reto sistémico global. Como decía antes: faltan instancias reguladoras que sustituyan a estos estados nacionales que eran los que regulaban antes el sistema internacional. Unos con más fuerza, otros con menos, unos más hegemónicos, otros más subordinados. Eso está en crisis hoy. El problema es que en el sistema mundial actual no hay consenso, no hay hegemonías claras. EE.UU. es incapaz de imponer su hegemonía como lo hacía antes. Es cierto que manda la OTAN donde quiere, pero no exactamente donde quiere. Y ya no quiere ir solo, quiere mandar a la OTAN. Antes no mandaba a la OTAN, antes directamente gestionaba por medio del Pentágono o de los gobiernos títere. Ahora no está dispuesto a meterse en aventuras como antes, no tiene tan claro la hegemonía, ni la hegemonía económica. Darle un palo a Japón, como hizo en el 97, le ha costado una crisis. Parece como si quisiera decirle: vamos a frenar ya. Y probablemente hasta después de las elecciones no veremos cómo tienen que ajustarse los EE.UU. Pero ellos también necesitan un ajuste. No pueden ejercer la hegemonía como antes. Hay una crisis de hegemonía en el sistema mundial camino a la globalización. Y claro, en esta situación no se puede permitir ningún protagonismo periférico y, por lo tanto, antes de que se levante, alguien le hará que tenga la cabeza gacha.

El discurso del buen gobierno pretende esto: el debilitamiento de la capacidad política de los estados, de los gobiernos periféricos. Con esto no estoy diciendo que dichos gobiernos sean santos, ni mucho menos, pero es que independientemente de que sean democráticos o dejen de serlo, de lo que se trata es de que en la crisis o en la transición (si lo quieren ver así) hacia mecanismos reguladores globales, la periferia no puede levantar cabeza, por lo tanto y para responder a la pregunta que hacía al principio, yo creo que al sistema no le sirven especialmente ni el Fondo ni el Banco, pero bueno, son instituciones que, ya que están ahí, las puede seguir utilizando relativamente el G-7, que son sus amos.

Ahora, desde el punto de vista de una alternativa a esa transición hacia la regulación global, de pensar si va a poder seguir manteniéndose el capitalismo o no y, por lo tanto, ofrecer una alternativa reformista o rupturista, yo pienso que no se puede partir de este tipo de instituciones. El Fondo y el Banco no servirán para la reforma ni para la ruptura, por lo menos esta es mi opinión, y por lo tanto no es ya cuestión de denunciarlas por las políticas de ajuste estructural o por la hipocresía de sus discursos en el caso del Banco Mundial, sino simplemente habría que denunciarlas por inservibles, por inútiles. No sirven, no sirven a la humanidad para nada, incluso se equivocan, meten la pata.

Por todo ello, cabe recordar aquí y ahora aquel eslogan sobre su cincuentenario: ¡"cincuenta años bastan"! y reafirmar nuestra condena a estas instituciones.

Muchas gracias