Conferencia

DESARME Y DESARROLLO
CLAVES PARA ARMAR CONCIENCIAS

Raül Romeva

(Resumen de Francisco Parra - Intermón/Murcia)

 

Con este título, el del libro que vino a presentar invitado por el Foro Ignacio Ellacuría e Intermón Oxfam, Raül Romeva Rueda profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Autónoma de Barcelona y miembro de la Cátedra Unesco de Paz y Desarrollo, el pasado mes de noviembre nos explicó por qué no puede haber desarrollo sin desarme, y por qué el desarme deber formar parte de toda política de desarrollo.

Nos acercó a esta conclusión desde una realidad dura: En el comienzo del nuevo milenio los conflictos siguen proliferando en el mundo y son el principal obstáculo de desarrollo para 250 millones de personas en África que por efecto de la guerra se ven privadas de hogar, desplazadas, mutiladas y muchas de ellas mueren en enfrentamientos directos. Además estas pérdidas humanas y materiales son tan grandes que los recursos que podrían destinarse a desarrollo terminan utilizándose en ayudas de emergencia y rehabilitación.

Ya Naciones Unidas lleva años dedicando esfuerzos en analizar las consecuencias económicas y sociales de los gastos militares, haciéndose patente en el informe "consecuencias económicas y sociales del desarme" de 1970, los costes profundos económicos y sociales de los gastos militares nacionales especialmente graves para los países en vías de desarrollo. Nos recordó también como en la "Conferencia Internacional sobre la relación entre desarme y desarrollo" de 1987 por consenso de los 150 países asistentes se concluía que: "el mundo puede continuar la carrera de armamentos con su energía característica o puede dar pasos conscientemente y con rapidez deliberada hacia un desarrollo más estable y equilibrado dentro de un orden político y económico internacional más sostenible, no puede hacer las dos cosas".

Después de esta introducción Raül Romeva apuntó, como explica en su libro, que el desarme no debe percibirse como un fin en sí mismo ni como el punto final de un proceso sino como una fase de transición en la resolución y prevención de los conflictos. Afirmaba esto en base a la necesidad previa, por eficacia y viabilidad de un cambio en las políticas de seguridad, y a la vez por un proceso de reconversión económica y de reinserción de los combatientes desarmados y desmovilizados en el marco de construcción de la paz de postguerra. Decía, apoyado con algún testimonio de su experiencia como mediador en los conflictos de los Balcanes, que solamente "en estas condiciones puede haber esperanzas para la consolidación no solamente de la seguridad, la confianza y la paz sino también del desarrollo".

El panorama tras la guerra fría no ha sido alentador ya que si bien había unas esperanzas en que el dividendo para la paz fuese abundante la realidad ha sido bien distinta y los gastos militares que disminuyeron levemente en términos globales a primeros de los noventa, siguen siendo desproporcionados en especial en investigación y desarrollo en armas de destrucción masiva y convencionales sin que en ningún caso se haya podido garantizar la paz y la seguridad en el mundo mas bien ha hipotecado en mayor medida la construcción de una auténtica cultura de la paz.

En este punto introdujo el análisis del concepto de seguridad, el cual trascendería su dimensión militarista y nos llevaría a entender este concepto en un sentido más amplio, desmilitarizándola y enfocándola desde un plano supraestatal.

Para Romeva debiéramos entender la seguridad humana como el "bienestar económico, social, humano, sanitario y educativo, el respeto a la identidad cultural en un marco intercultural y de defensa de los derechos humanos y las libertades fundamentales". Es especialmente interesante e ilustrativa la tabla que sobre la evolución de dicho concepto hace Vicenç Fisas y que el autor recoge en este libro.

Así, según el autor la seguridad hoy ya no puede plantearse en base a una militarización creciente ni a un enfoque estrictamente estatal, sino que debe basarse en la desmilitarización y el desarme por un lado y en ópticas regionales o incluso mundiales por otro debido a que los auténticos problemas que provocan inseguridad y por tanto conflictos son de origen socio económico.

Analizó con algunos ejemplos de África y los Balcanes cómo el armamentismo no era la única ni la primera causa de las privaciones del Tercer Mundo pero cómo a través de él gran parte del Tercer Mundo y buena parte del primero están en condiciones de desesperación. En palabras de Romeva es el "oxígeno que alimenta el fuego de la guerra". Insistió en el círculo de paz para el desarrollo y en la necesidad de éste para la paz, y cómo a su vez para que se de ésta debe llevarse a cabo un desarme, un desarrollo de los derechos humanos y de la democracia. Estos serían los nuevos retos de la seguridad que reclamarían más esfuerzos y recursos y no menos. Hoy más que nunca, decía, la mejor forma de gestionar los conflictos armados es evitar que lleguen a estallar; con la facilidad que tenemos de conocer sus raíces y posibles soluciones, es la falta de voluntad política de hacer frente a las causas de la violencia desde donde habría que exigir mayor responsabilidad. Afirmaba que esa voluntad política estaba hipotecada por unos gobiernos que no entienden que los problemas de hoy son mundiales y que éstos reclaman por tanto una aproximación mundial.

Por ello no basta el que la sociedad española se mueva al impulso compasivo de las grandes crisis humanitarias, no sería suficiente para construir una cultura de paz y superar así siete mil años de cultura de la violencia. Sería preciso por tanto que después del lamento viniese la acción exigiendo a nuestros gobiernos que asuman sus verdaderas responsabilidades.

Con una gran fuerza y optimismo dice que esa acción debe ser siempre sumando a través de campañas conjuntas, con objetivos claros y asumibles a corto, medio y largo plazo, concentrando esfuerzos y esparciendo motivación en positivo a favor de algo y en lugar de anti todo. Cooperando con quien debe legislar, sí, pero a cambio de resultados, legitimando el discurso de investigación, reflexión y análisis. Puso como ejemplo las campañas a favor de la transparencia, y de la adopción de un código de conducta, de la prohibición total de las minas antipersona, o del control de las armas ligeras, si bien dijo los éxitos son siempre relativos.

Se trataría de pasar de la caridad al compromiso político, de entender que detrás de cada catástrofe humanitaria, hay causas socio políticas y que son esas las que hay que cambiar. No vale pedir a la sociedad que sea solidaria con las víctimas del huracán Mitch cuando sabemos perfectamente que la desgracia hubiera sido menor con una política de ayuda al desarrollo coherente y pensada, no para enriquecer a algunos empresarios españoles sin escrúpulos, sino para fortalecer las infraestructuras de Centroamérica. No vale afirmar que se es la vanguardia en temas de la lucha contra las minas o de control del comercio de armas y luego ir a las reuniones internacionales sin propuestas constructivas e intentando que los acuerdos de desarme sean los más restrictivos posibles. Tampoco valdría decir que se está muy comprometido con la paz y presupuestar luego cien veces más recursos para la I+D militar en España que lo que dispone el programa mundial de Cultura de Paz de la Unesco.

Hoy más que nunca la sociedad civil cuenta, más de lo que muchos creen, y mucho más seguro de lo que unos pocos querrían, afirmó. Hoy sabemos más que ayer y esto nos permite actuar mejor. No bastaría por tanto con ser solidarios y solidarias, sino que habría que ser además la voz de la conciencia. No bastaría con ser humanitarios sino que habría que hacer política. Y ello no significa gobernar según Romeva ya que esa función corresponde a los que son elegidos para ello, pero sí significa opinar, recomendar, proponer y denunciar. En este papel las ONG tienen una importante misión y reconociendo su imperfección al igual que la de los gobiernos, pero reconociendo también que estas están aprendiendo y que los gobiernos lo saben, debiéramos aprovechar pues este aprendizaje a favor del desarme, del desarrollo y de la paz.

La presentación de este libro pretendió ser un pequeño esfuerzo más en positivo de construcción de una Cultura de Paz. Fue un grito al optimismo activista y a la movilización organizada frente al pesimismo desmovilizador. Una presentación de un pequeño libro con un gran contenido que tiene el propósito de "armar" con argumentos el trabajo a favor del desarme sostenible, para avanzar hacia un verdadero desarrollo sostenible.