COMISIÓN CÓDIGO DE CONDUCTA
COORDINADORA DE ONGD DE MURCIA

Emilio Martínez Navarro
 

 

¿Qué es, en realidad, una ONGD? ¿Qué características debería tener una organización para que podamos considerar que se trata de una ONG de Desarrollo? Cuando nos hacemos este tipo de preguntas, inmediatamente nos damos cuenta de que la respuesta no es nada fácil. Algunas ONG son bastante "gubernamentales" y en realidad deberían quitarse la "N" para llamarse sencillamente "OG". Otras son muy semejantes a las organizaciones con ánimo de lucro. Otras son un mero apéndice de organizaciones políticas, sindicales, religiosas, gremiales o de cualquier otra índole. Y en cuanto a la "D" de "desarrollo", algunas están más comprometidas con tareas humanitarias de emergencia y con otras tareas que no tienen una clara y directa relación con la ayuda al desarrollo propiamente dicha. Por supuesto, también hay ejemplos muy notorios de organizaciones que merecen ser llamadas "ONG de Desarrollo". Pero no podemos considerar a cualquier organización que se presente como ONGD como una auténtica ONGD por el sólo hecho de que ella se presente públicamente como tal. Es necesario disponer de unos criterios claros que nos permitan separar lo auténtico de lo falso, y el caso de las organizaciones solidarias no es una excepción.

Por esa razón, las propias organizaciones que hoy llamamos ONG de Desarrollo, comenzaron hace varios años un proceso de reflexión y debate que les llevó a fijar en común los requisitos mínimos que debería cumplir cualquier entidad que pretenda presentarse ante la sociedad como una ONGD. Dicho proceso tuvo un hito importante en el año 1998, cuando la Coordinadora de ONGD de España aprobó en Asamblea el Código de Conducta que las propias organizaciones solidarias han elaborado para expresar lo que son y lo que quieren ser. El texto completo del Código puede consultarse en la web de la Coordinadora: http://www.congde.org/codigo.htm

A mediados de 1999, la Coordinadora de ONGD de la Región de Murcia hizo suyo el texto aprobado en Madrid y comenzó a implementarse su aplicación práctica, empezando por reclamar a las organizaciones asociadas que ratificasen explícitamente el Código en sus respectivas asambleas y presentasen el acta de dicha ratificación en la Coordinadora Regional. El paso siguiente era cumplir una de las exigencias de este Documento, que indica que se ha de crear una "comisión de seguimiento del código de conducta" cuyas funciones serán "Fomentar la difusión y conocimiento del código de conducta. Promover su seguimiento por parte de las ONGD. Velar por el cumplimiento del código de conducta entre las ONGD suscriptoras. Interpretar el código y asesorar a las ONGD en su aplicación."

Muchas de las ONGD asociadas en la coordinadora murciana han cumplido este trámite formal, aunque no todas. Y no es que algunas se nieguen a cumplirlo, sino que la naturaleza de algunas organizaciones es muy peculiar, y a menudo descuidan esos aspectos formales como si fuesen una pérdida de tiempo. Sin embargo, si lo piensan detenidamente, se han de dar cuenta de que conocer el Código de Conducta y ratificarlo de buena fe, tiene muchas implicaciones prácticas. Por ejemplo, el Código compromete a las organizaciones firmantes a aclarar su posición ante cuestiones como la financiación trasparente, la actitud ante las personas a las que pretenden ayudar, la actitud ante las injusticias y la pobreza, la visión que puedan tener acerca de lo que significa "Desarrollo" y otras muchos asuntos relacionados con lo que debiera ser una organización solidaria que supuestamente trabaja por el desarrollo de los pueblos más desfavorecidos.

Mientras prosigue ese proceso de ratificación del Código por cada una de las organizaciones, la Coordinadora de nuestra región ha dado ya un paso más. En octubre del pasado año 2002 se crea la Comisión del Código de Conducta. La asamblea nombró a los cinco miembros que el propio Código establece: el Presidente de la Coordinadora, dos representantes de las ONGD asociadas, y dos personas externas a las ONGD que tengan un reconocido prestigio en el campo de la cooperación y hayan sido avaladas por al menos seis ONGD miembros. El presidente, que fue elegido en la misma asamblea, es José Villegas (miembro de Ingenieros Sin Fronteras y voluntario de Intermón-Oxfam). Los dos representantes de ONGD son: Nieves Albacete (también de Ingenieros Sin Fronteras) y Paco Blanco (de Ayuda en Acción). Y las dos personas externas son: Mario Crespo (periodista) y Emilio Martínez (profesor universitario). Este último es miembro de la actual Junta Directiva de la Coordinadora en calidad de "vocal de la comisión de seguimiento del código de conducta".

Para abreviar, a menudo se refieren muchas personas a esta comisión como "Comisión Ética", pero hay que señalar que esta denominación no es la que figura en el Código que la crea. Hay mucha confusión en torno a la palabra "ética", y no es cuestión de aumentarla aún más con denominaciones como esa. Los redactores del Código prefirieron en su momento llamarlo "Código de conducta" y recoger en el texto los principales elementos que se pretende que formen parte de la identidad y del funcionamiento efectivo de las organizaciones solidarias. En buena medida, dichos elementos son principios básicos para las buenas prácticas. Son principios orientadores de la acción recta. Son directrices generales sobre cómo debe ser y cómo debe comportarse cualquier organización que se presente ante la sociedad como "una auténtica ONGD". En adelante, si una organización "va por libre" y no suscribe ni cumple los principios establecidos en el Código, se le podrá poner en evidencia ante la sociedad. Se podrá decir de ella, por ejemplo, que es "una farsante", "un fraude", "una falsa ONGD", puesto que ahora ya existe el documento que permite aclarar cuáles son las características que definen lo que son y pretenden ser las organizaciones de este tipo.

La Comisión del Código de Conducta tiene encomendada, primordialmente, la tarea de ayudar a las organizaciones a conocer el código y animarles a llevarlo a la práctica, con el fin de que sus comportamientos sean los propios de organizaciones solidarias. La comisión tendrá algún éxito en su trabajo cuando consiga ser percibida como una aliada que asesora y anima a cada organización a ser cada vez más consecuente con ciertos valores y principios éticos que son los que dan sentido a la existencia misma de las ONG de Desarrollo. Habrá fracasado si es percibida como un comité fiscalizador, aunque también tiene algunas funciones de vigilancia que son de su competencia. Pero lo más importante, a nuestro juicio, es que la Comisión del Código de Conducta sirva para alentar a cada organización a ser más consciente de sus propias capacidades y cualidades positivas. Y desde ahí, avanzar juntos hacia la superación de las limitaciones. Si cada organización se conoce mejor a sí misma, podrá poner los medios para mejorar. Si todas las organizaciones pertenecientes a la Coordinadora se conocen mutuamente de un modo mucho más intenso, será posible un mayor apoyo mutuo. Y si todas las organizaciones mejoran internamente y en sus relaciones mutuas, la sociedad estará mucho más dispuesta a apoyarlas y concienciarse de los problemas de injusticia que padece nuestro mundo. Con algo de esfuerzo e ilusión, ese triple objetivo es perfectamente posible. Le hacemos un guiño a la esperanza.