LA EPIDEMIA DEL SIDA

Isabel Santamaría

(en: Página Abierta 118 (2001), p. 43)

 

Al hablar del sida, en términos generales, estamos hablando de un grave probelma de salud pública a escala mundial. Aproximadamente hay 34,3 millones de casos de VlH/sida en todo el mundo. El 95% de las personas con VlH/sida -32,3 millones de personas aproximadamente- viven en países pobres, y la mayoría de ellas no tienen acceso a los medicamentos que podrían prolongar su vida y mejorar su salud. Cada año mueren 2,5 millones de personas a causa de la enfermedad. En los países donde la epidemia está causando mayores estragos, los parámetros que habitualmente se utilizan para medir los niveles de salud están empeorando muy rápidamente. Por ejemplo, la esperanza de vida se ha acortado en 10 años con respecto a la situación anterior a la panderriía. La mortalidad infantil se incrementará más del doble en los próximos años.

Por otra parte, más de 13 millones de niños y niñas, en todo el mundo, han perdido a su madre o a sus dos progenitores víctimas del sida. La enfermedad también está diezmando las vidas de adultos jóvenes, con lo que esto supone para el futuro de sus países. Por ejemplo, en Malaui un tercio de los maestros de escuela están infectados por el VIH.

Se ha avanzado enormemente en la eficacia de los tratamientos contra esta enfermedad. En Estados Unidos hay datos que evidencian que con los nuevos tratamientos se ha logrado reducir la mortalidad relacionada con el sida en un 75% y la morbilidad en un 73% en los últimos tres años. Sin embargo, el precio de estos medicamentos es tan elevado que sólo los pacientes de los países ricos pueden ser tratados. El tratamiento anual de una persona cuesta entre 10.000 y 15.000 dólares. El PIB per cápita en las zonas más afectadas oscila entre 140 y 6.190 dólares.

En algunos estudios sobre la disponibilidad y los precios de los tratanúentos contra el sida -como los realizados por Médicos Sin Fronteras- se observa que los precios dependen, fundamentalmente, de la existencia o no de patentes, de la existencia o no de genéricos alternativos, y de si la que abastece de medicamentos es una institución pública o una ONG, o el abastecimiento se hace en el sector privado. Los precios bajan si el medicamento no está patentado, si existe fabricación alternativa de genéricos o si el abastecimiento se hace desde el sector institucional.

Se ha podido observar que los tratamientos más baratos -encontrados en algunos países donde existen alternativas a la patente- cuestan hasta el 90% menos que en Estados Unidos. Por lo tanto, en muchos casos, si los precios se redujeran en un 85% -tal y como han ofrecido algunas compañías farmacéuticas-, los genéricos de algunos países aún serían más baratos.

Para muchos tratamientos, las compañías venden el mismo producto a precios muy diferentes. La existencia de monopolios de mercado constituye un factor determinante en la diferencia de precios entre unos países y otros.

Argumentos de la industria farmacéutica

Las grandes compañías farmacéuticas argumentan que los elevados precios de los tratamientos contra el sida son necesarios para financiar la investigación y desarrollo de los nuevos y complejos fármacos. Sin embargo, los datos disponibles, obtenidos en diversos estudios, revelan que en 5 de los 6 antirretrovirales analizados en esos estudios, la financiación pública tuvo un papel significativo en el descubrimiento y en la investigación clínica. Se estima que la industria privada financia el 43% del desarrollo de medicamentos.

El papel de instancias nacionales se advierte bien en el hecho de que las patentes de importantes medicamentos contra el sida están en manos del Gobierno estadounidense.

Otro argumento que emplea la industria para justificar los altos precios es el tiempo que se tarda en dar las aprobaciones para sacar el medicamento al mercado. Sin embargo, los antirretrovirales son los medicamentos que menos tardan en ser aprobados: una media de 44,6 meses, la mitad del tiempo medio acostumbrado para otros fármacos, que suele ser de 87,4 meses.

En cuanto a los costes de los ensayos clínicos para estos medicamentos, que también sirven de argumento a la industria farmacéutica, quedan muy reducidos por estar patrocinados por los gobiernos: más de un tercio de los pacientes que participaron en ensayos clínicos, en Estados Unidos, lo hicieron en pruebas financiadas por el Gobierno.

Cualquiera que sea la verdadera inversión de la industria farmacéutica en la investigación y desarrollo de antirretrovirales, estos medicamentos han proporcionado a estas compañías ingresos consistentes. Entre 1997 y 1999 las ventas de Glaxo Welcomo para el AZT (Zidovudina), 3TC (Lamivudina) y Combivir (AZT más 3TC) fueron de 3.800 millones de dólares. Britol-Myers Squibb vendió d4T (Estavudina) y ddl (Didanosina) por más de 2.000 millones de dólares durante el mismo periodo.

La desconexión entre los costes de producción y los precios de los medicamentos se aprecia también en el hecho de que los fabricantes de genéricos, que también obtienen beneficios, pueden bajar, en ocasiones de forma llamativa, los precios de los fármacos.

Según Médicos Sin Fronteras, de acuerdo a la información obtenida de los productores de genéricos, sería factible que el precio de la terapia combinada en el tratamiento del VIH/sida se redujese a 200 dólares al año. Esto supondría que millones de personas tendrían acceso a medicamentos que les alargarían la vida.

Se trata de poner voluntad política para responder al imperativo ético de proporcionar tratamientos a los que lo necesitan.