La Reforma Agraria pendiente

Jerónimo Aguado Martínez



Una de mis curiosidades personales, sobre todo cuando me toca preparar un artículo de estas características, es rebuscar documentación entre las decenas de kilos de papeles que vamos amontonando. Y en esta operación apareció entre mis manos un libro de R. Tamames (de cuando era rojo), donde trataba los «problemas fundamentales de la agricultura española».

Releyéndole de prisa y corriendo, sobre todo en el capítulo donde se habla de la distribución de la tierra, pude comprobar que la situación desde 1962 (censo que Tamames usó para publicar el libro) a las fechas de hoy, no ha cambiado tanto, donde el 1,8 % de los propietarios disponían del 54 % de la tierra...

Más bonito aún fue experimentar el gozo de leer las notas de a pie de página, como fruto de los pocos libros que manejábamos en aquellos momentos y lo mucho que disfrutábamos de ellos. En una de estas notas se decía:

PROPIEDADES DE LA GRANDEZA ESPAÑOLA

Duque de Medinaceli

74.146 Has.

Duque de Peñaranda

51.015
Duque de Vista Hermosa 47.203
Duque de Alba 34.455
Marqués de la Romana 29.096
Marqués de Comillas 23.719
Duque Fernán Núñez 17.732
Duque de Asión 17.666
Duque del Infantado 17.171
Conde de Romanones 15.171
Otros 89 propietarios 248.987

Bonito, ¿verdad? Hoy de los duques y los condes nadie se acuerda, porque la democracia formal ha tenido la sabia habilidad de disimular determinados problemas sociales escondiendo sus causas. Estar tratando en el año 2000 este tema, cuando en nuestra sociedad el valor de la propiedad privada es traducido a valor supremo, elevado al cubo, valor incuestionable jurídica y moralmente, no deja de ser un tanto paradójico.

Pero hay más. Entre los papeles posmodernos (reciclados o no reciclados), en la revista Tribuna (8/4/97) aparecía un interesante artículo bajo el título: «El latifundio saca brillo a su blasones», donde, entre otros, se hacían los siguientes comentarios:

«Lo esencial de la estructura latifundista, aunque haya habid cierto cambio de manos, permanece. En lo fundamental no ha cambiado nada. El siglo que está a punto de comenzar verá una estructura de la propiedad de la tierra tan feudal como seis siglos, atrás». «El 2 % de los propietarios posee el 60 % de la tierra, y si en 1932 las fincas mayores de 500 hectáreas sunonían alrededor del 30 % de la extensión total, en Andalucía o la Mancha, este porcentaje se ha elevado al 40 %».

Otra información que nos puede ofrecer (y ésta es más oficial) pistas sobre el proceso ascendente de la concentración de la tierra es el descenso constante de explotaciones agrícolas, pasando de 2.264.169 explotaciones en 1989, a 1.279.102 en 1995; y, donde el 57 % de las mismas son explotaciones con menos de 5 hectáreas, mientras que el 20 % son mayores de 100 hectáreas. Aun así, las pequeñas explotaciones agrícolas representan en torno al 80 % del total, pero sólo dispone del 37 % de la superficie agrícola útil-SAU.

A su vez, como resultado de este proceso, los grandes propierarios de nuestro país se convierten directamente en los mayores beneficiarios de la política de ayudas a la agricultura diseñada (reforma de la PAC 92/Agenda 2000) desde la Unión Europea, establecidas bajo el concepto de «acompañamiento a las rentas de los agricultores». Según un dictamen del Tribunal de Cuentas Europeo, el 4 % de los perceptores de dichas ayudas reciben el 40 % de las mismas, lo que en el Estado español viene a suponer la friolera suma de más de 360.000 millones de pesetas. El mecanismo de cobro está en función del número de hectáreas cultivadas, lo que supone que, el que más hectáreas tiene, más se beneficia de los fondos núblicos euroneos.

Podemos observar que la propiedad de la tierra en manos de grandes latifundistas ha dejado de ser un recurso ocioso, dedicado al montaje de las grandes cacerías de la Grandeza Española, para pasao a ser un instrumento de especulación con el dinero público. Las explotaciones agrícolas con superficies elevadas aparecen en estos momentos como la estructura productiva ideal para hacer de la agricultura un sector (y un negocio especulativo) competitivo, capaz de producir mucho y a bajos costes, para ser los primeros en los mercados internacionales.

Las consecuencias de estas prácticas son nefastas para con la sociedad y en especial para con el medio ambiente y el medio rural. El aumento de las prácticas de una agricultura intensiva, monopolizada principalmente por las grandes explotaciones agrícolas, está provocando permanentemente la desaparición de los agricultores menos competitivos, las agriculturas familiares más ligadas a la tierra y al territorio rural (en los últimos 14 años desaparecieron 1.000.000 de pequeños agricultores). Ello conlleva también el despoblamiento del medio rural (en los últimos 40 años han desaparecido 1.131 municipios) y el desmantelamiento de los servicios municipales que facilitan un mínimo de calidad de vida, sobre todo para las personas más desprotegidas (educación de los niños, personas mayores, etc.). El deterioro del medio ambiente es la última consecuencia de este modelo de agricultura (que cambia personas por tecnologías duras: máquinas pesadas, agroquímicos, bio-tecnologías) que sólo busca el productivismo ilimitado, sin respetar para nada los procesos y los ritmos de los recursos naturales, contaminando los suelos, las aguas, la atmósfera y los alimentos que consumimos.

En regiones como Andalucía y Extremadura la concentración de la tierra sigue agudizando el problema histórico del desempleo para un alto índice de trabajadores que durante siglos hicieron del temporerismo su único medio de vida. Hoy las migajas del PER (Plan de Empleo Rural) permiten frenar el éxodo temporal de miles de jornaleros, a los que el Estado (y los gobiernos de sus respectivas CC. AA.) les asegura unos mínimos (supermínimos) con una gran eficacia sobre el consumo y la desmovilización social. Paradójicamente en estas mismas regiones (y en todas donde se practican modelos de agricultura muy intensiva) se produce el efecto contrario del vivido hasta hace tan sólo unos años, convirtiéndose algunas de sus comarcas en receptoras de inmigrantesm para atender las demandas de mano de obra barata que permitirán que algunos cultivos (horticultura, fruticultura ... ) compitan en los mercados internacionales.

Este mismo proceso se vive en todo el mundo. La injusta distribución de la tierra y el uso que a partir de la revolución verde se le viene dando, es la causa fundamental del éxodo campolciudad, del hambre y del subdesarrollo en todos los países empobrecidos. Las políticas agrícolas son diseñadas en función de estrategias comerciales y nunca teniendo en cuenta las verdaderas necesidades alimenticias de la población. Todos los países del mundo, y especialmente los más empobrecidos, pierden independencia y soberanía en la adquisición de sus propios alimentos. La OMC es el organismo internacional con mayor implicación en todo este proceso, donde las grandes transnacionales agroalimentarias imponen sus reglas de juego, sin respeto alguno a la soberanía alimentaria de los Estados y de la sociedad civil.

La reforma agraria pendiente. Un nuevo concepto de uso de la tierra

Soy de los que opinan y reivindican la necesidad urgente de una reforma agraria, por muy pasado de moda que esté. Los Estados tendrían que legislar con urgencia impedir el proceso de concentración de la tierra cada vez en menos manos. Urge recuperar el valor de la tierra como propiedad colectiva, o de nadie, que sería la mejor forma de ser de todos. La tierra ha de ser reconocida como un bien social, y no como una mera mercancía para especular. La tierra ha de ser un recurso natural gestionado por los/as campasinos/as, por los/as agricultores/as que viven del arte y del esfuerzo de sacar de sus entrañas alimentos para la población. La tierra es fuente de riqueza vida y de creación de empleo. La tierra ha de gestionarse con criterios sociales, produciendo alimentos de calídad y en cantidad suficiente para cubrir las demandas de la población. La tierra hay que cuidarla, mimarla, cultivarla con criterios de sostenibilidad, durabilidad, como recurso que asegure la alimentación de todas las generaciones futuras.

La tierra es de nosotros y no del que tenga más.

 

DIFERENTES CONCEPTOS
Y USOS HISTÓRICOS DE LA TIERRA

  • «La tierra como fuente y medio de vida». El apego a la tierra de los campesinos, no a su propiedad.
  • «La tierra para quien la trabaja». Reivindicación histórica de los jornaleros, pocas veces conquistada y siempre arrebatada (la decadencia de las revoluciones o el triunfo de la contrarrevolución: República Española, Países del Este, Nicaragua ... ).
  • «La tierra como bien comunal». Fórmulas ancestrales que aún perviven en nuestros pueblos, como exponente de que ha sido posible usar este recurso comunitariamente.
  • «La tierra como bien patrimonial». Sólo se defiende la propiedad, por encima del uso, causa de la división de muchas familias en nuestros pueblos.
  • «La tierra como medio especulativo». Los nuevos propietarios, inversión con dinero fácil o negro, procedente de otros sectores: banca (Mario Conde como el mejor exponente), constructoras, etc.

 

 

LOS NUEVOS PROPIETARIOS
TIENEN CARA DE SOCIEDAD ANÓNIMA

 

Euroexplotaciones Agrarias, S.A.
Eurotécnica Agraria
Mundiarroz, S.A.
Dehesa Norte, S.A. 
Agrícola del Barbate, S.A.
Verduga, S.A.
Abecera, S.A. 
Explotaciones Agrícolas Laca, S.A.
C.ª de Transformación, y Exp. de Marismas, S.L. 
Arenales de la Maza, S.A. 
Ariza R. de Torres, S.A. 
José López Majuelos, S.A. (JOLMA)
Explotaciones Agrícolas Andaluzas, S.A. 
Hnos. Osuna Ostos, S.A. 
Agropecuaria del Este, S.A.
Fondo Explota. SV. CABALL. y R.
García Villegas CB
Torres Cárdenas CB 
Campos Peña y Hnos. CB 
M.ª Campos Peña y Hnos. CB 
Arteaga y Hnos. CB 
Bohorquez Escribano 

(De la revista Tribuna)

HECTÁREAS

2.881
2.508
908
6.320
3.134
977
1.164
1.514
1.127
2.545
1.751
2.402
1.319
1.647
2.530
2.794
2.655
1.788
2.120
2.248
5.781
2.093

MILLONES/SUBV.

204
169
100
230
199
103
110
403
117
127
133
157
215
138
110
138
102
120
122
124
331
101

 

Jerónimo Aguado Martínez
(presidente de Plataforma Rural),
publicado en:
Éxodo 53 (MARZO-ABRIL 2000) 40-42.