PROFETISAS CONTRA
 EL «DIOS FRONTERA»

Inmaculada Calderón Gutíerrez
Mujeres y Teología - Sevilla

 

Afirma Claudio Magris en su obra “Microcosmos” que “la frontera es un dios que a veces exige sacrificios de sangre” , terrible constatación que no puede menos que evocarnos el terrible drama de tantas personas, hombres, mujeres y, cada vez más, criaturas de corta edad, que sucumben a bordo de una patera una noche de levante en el Estrecho o malviven hacinad@s en la ciudad de Ceuta, convertida para ell@s en una amarga trampa donde dan al traste sus ilusiones de alcanzar en la orilla europea una vida más digna o un lugar donde el bebé que llevan en su vientre pueda nacer sin las privaciones que sus madres padecieron. Y continúa Magris: “tal vez el único modo de neutralizar el poder letal de las fronteras es sentirse siempre de la otra parte y ponerse siempre del lado de la otra parte”, pues eso y no otra cosa es lo que desde hace ya varios años vienen haciendo en Ceuta las hermanas Carmelitas de Vedruna en su trabajo cotidiano con l@s inmigrantes que consiguen atravesar el bunker de la frontera del Tarajal y llegan, la mayoría de las veces en penosas condiciones, a ese primer adelanto de Europa que de tierra de promisión pronto se les torna en infierno.

Sin embargo hay quienes desde oscuros intereses políticos quieren criminalizar lo que no es sino un trabajo solidario basado en la defensa de los más elementales derechos humanos e iluminado por la fe en el evangelio de Jesús que las hermanas profesan, y las hacen víctimas de una persecución a todas luces injusta, que, lo que es más grave, pone en peligro su permanencia en Ceuta y la continuidad de su labor a favor de hombres y mujeres que padecen una situación cada vez más dura y lamentable, situación que no puede menos que avergonzarnos a quienes creemos en la igualdad de todos los seres humanos.

No es la primera vez, y ojalá que fuera la última, que a las mujeres cuando plantamos cara a las injusticias del sistema patriarcal se nos intenta combatir y acallar, bien sea en nombre de la “ortodoxia” vaticana de la jerarquía eclesiástica, bien desde una “ortopráxis” política de obediencia a unas leyes (en este caso la Ley de Extranjería en vigor) inhumanas que anteponen a la persona les exigencias de pervivencia del propio sistema. Por eso es necesario que otras voces se alcen, que estas valientes mujeres que han hecho una opción clara por las víctimas inmoladas al, siguiendo con el símil de Magris, “dios frontera”, uno más entre los muchos ídolos cruentos del panteón del  patriarcado, sepan que no están solas, que la situación lacerante de tantas personas en Ceuta no  queda tan lejos de quienes vivimos en esta punta también fronteriza del mundo del consumo y el bienestar,  de los despachos en los que escriben  aquellos que no han dudado en apoyar al también injustamente perseguido Juan José Tamayo, con cuya causa nos solidarizamos profundamente, y que ahora tienen otra oportunidad de poner sus doctas plumas al servicio de la defensa de unas mujeres que son “peligrosas” por hacer vida el mensaje de Jesús.

Y a ellas, parafraseando el Evangelio, sólo nos queda decirles que “bienaventuradas las perseguidas por causa de la justicia, porque ellas son tan libres que sólo tienen al Dios Padre-Madre de entrañas misericordiosas por rey”.