Sentido social del Jubileo

José Cervantes



SUMARIO:
Con motivo del año 2000 se está celebrando en la Iglesia Universal el Gran Jubileo de la Encarnación. Es una ocasión propicia para acercarnos a las raíces bíblicas del Jubileo. Desde las tradiciones legales del Antiguo Testamento sobre los años santos, sabáticos y jubilares, en los libros del Éxodo, Deuteronomio y Levítico, y asomándonos al texto profético de Isaías 61,1-2, este artículo recorre los textos básicos de la Escritura poniendo de manifiesto el alcance social del año jubilar en todos ellos, culminando con el texto programático de Jesús en el Evangelio de Lucas (Lc 4,18-21).  

En este último se muestra el sentido universal de la liberación proclamada en todos los textos anteriores, pues en Jesús el año de gracia llega a su plenitud como Buena Noticia de salvación para los pobres, los endeudados, los ciegos y los oprimidos de toda la tierra.


Al son de trompeta cada cincuenta años debía dar comienzo en el antiguo Israel un año jubilar. En este artículo quiero presentar el origen bíblico del Jubileo y su evolución en el seno de las tradiciones del Antiguo Testamento hasta percibir su sentido cristiano desde la perspectiva del Evangelio, según la orientación que Jesús, el Mesías, dio al año de gracia. La interpretación bíblica del año jubilar permite destacar aspectos esenciales al mismo desde su origen profundamente religioso y su alcance prioritariamente social. El año jubilar era sobre todo una institución económica (C.J.H. Wright) que pretendía incidir periódicamente en la vida familiar, en la estructuración social y en la valoración religiosa de la propiedad de la tierra como un don de Dios.

1.El año sabático en el Código de la Alianza

El año sabático aparece formulado por vez primera en el Código de la Alianza (s. IX a. C.) del libro del Éxodo (Éx 20,22-23,19), que contiene las normas cultuales, judiciales, sociales y económicas más antiguas de las tribus de Israel, entre las cuales se encuentran las leyes sabáticas de la liberación de los esclavos (Éx 21,2-7) y la del descanso de la tierra (Éx 23,10-12). La primera de ellas declara la limitación temporal de la condición de esclavo entre los israelitas. Mientras que en la legislación de los pueblos del entorno sociocultural de Israel un esclavo es propiedad de su señor, en el ámbito bíblico un esclavo es también miembro del pueblo elegido y por tanto propiedad de Dios, su único Señor (Éx 19,5-6), que condujo al pueblo de la Antigua Alianza a la libertad. El estatuto religioso de hombre libre constituye la razón última teológica subyacente a la limitación del tiempo de la esclavitud entre los hebreos (Éx 21,2-4). Es probable que la esclavitud aquí considerada sea más bien la condición de marginalidad del hebreo "que ha perdido su libertad por motivos de pobreza, venta o castigo" (J. Guillén). Se supone que el motivo de la esclavitud no es la pertenencia de una persona a una determinada raza, tribu, etnia o clase social, sino su imposibilidad para saldar las deudas contraidas con un acreedor, independientemente de las circunstancias que propiciaran dicha incapacidad. Lo importante es el principio básico de esta ley sabática, a saber, que nadie en Israel puede ser esclavo para siempre, a no ser por voluntad propia como inmediatamente después indica el texto (Éx 21,5-6).

En este mismo código se aborda también el caso de la mujer convertida en esclava supuestamente por haber tenido que ser vendida por su padre ante la incapacidad de éste para saldar sus deudas. A pesar de que prevalecen diferencias de género importantes en el trato de la servidumbre, la consideración debida a la mujer esclava es significativa, pues ella es tratada en todo caso como una persona y no como un objeto de cambio. A ello apuntan las tres hipótesis allí abordadas (Éx 21,7-11).

La segunda de las leyes sabáticas es la del descanso de la tierra (Éx 23,10-12). Se trata de un año de liberación también para la tierra, que, sometida habitualmente a la explotación del ser humano, debe quedar un año en barbecho tras seis de producción, participando así también la tierra del descanso sabático prescrito para el hombre en el calendario lunar de ritmo septenario. En esta normativa se combinan por una parte la ley del barbecho del mundo agrícola y la ley sagrada del descanso sabático, y por otra el objetivo primordial de atención a los pobres, aspecto esencial de este código de la Alianza de la tradición Elohísta (cf. Éx 22,20-26; 23,6-9).

La legislación del año sabático expresa el ideal de un pueblo liberado y de una sociedad justa. Pretende la restauración del orden de la Alianza, la supresión de las diferencias sociales y el restablecimiento de la libertad social y económica para todos. Esta conmemoración recuerda y celebra el señorío de Dios sobre la tierra como único propietario de la misma, la igualdad de derechos de los seres humanos para aprovechar y disfrutar los dones de la tierra y la gran preocupación por los empobrecidos y marginados sociales. Las leyes sabáticas en el conjunto de las demás leyes del Código de la Alianza, revelan su carácter profundamente humano y el respeto hacia la persona como principio fundamental (G.Auzou).

2. El año sabático en el Código Deuteronomista

La legislación del libro del Deuteronomio (s. VII a. C.) sobre el año sabático pone de manifiesto la conexión, supuesta en los textos del libro del Éxodo, entre la esclavitud y las deudas que la originan, desarrollando ampliamente las leyes de la condonación de las deudas y de la liberación de los esclavos en virtud de su estrecha vinculación (Dt 15, 1-18). La esclavitud como consecuencia del impago de las deudas a los acreedores era un hecho frecuente: "El rico se hace amo de los pobres, y el que toma prestado, esclavo del que presta" (Prov 22,6). Éste es el testimonio de la literatura sapiencial, pero también se encuentran referencias en la literatura histórica (2Re 4,1) y profética (Am 8,6). Partiendo de este hecho se puede decir que el esclavo según la ley deuteronómica designa al pobre de solemnidad sumido en la miseria e insolvente para saldar sus deudas y cubrir sus necesidades básicas. El texto sabático del Deuteronomio desarrolla las pautas del Código de la Alianza y propone el ideal ético de una sociedad nueva constituida como un pueblo de hermanos y hermanas desde el reconocimiento de Dios como único dueño y soberano de toda la tierra. La propuesta del año sabático debía contribuir al restablecimiento periódico de una sociedad justa en la que, cada siete años, mediante la condonación de las deudas y la generosidad con los indigentes se hiciera posible la erradicación de la pobreza permanente (Dt 15,1-5). El préstamo del que se habla en el texto es el préstamo a favor del pobre y del necesitado, no el préstamo del negocio económico. Recordemos que el descanso de la tierra en el año sabático también redundaba en  beneficio de los pobres.

En coherencia plena con la condonación de las deudas se hace necesaria también la liberación de los esclavizados por endeudamiento (Dt 15,12-15). Estas leyes se proponen la transformación de la vida social de Israel, articulando mecanismos reguladores de las desigualdades y desajustes, circunstanciales y coyunturales, entre los hijos de un mismo pueblo. De este modo la propuesta de una amnistía en los años sabáticos y de la condonación de las deudas en virtud de la proclamación de la "remisión en honor del Señor" se convierten en medidas estructurales de cambio social con una motivación profundamente religiosa. 

3. El año jubilar en la Ley de Santidad

La legislación posterior sobre el año sabático se limita a regular un año de descanso para la tierra cada siete años. El núcleo originario del libro del Levítico es la Ley de Santidad (Lv 17-26), denominada así desde Klostermann en 1887, cuyo origen se puede remontar a los primeros años del s. VI a. C. en los círculos sacerdotales del templo de Jerusalén y cuya redacción final se puede datar en la última fase del destierro en Babilonia en las postrimerías del s. VI a. C. En este código legal la ley sabática queda restringida al proceso de producción agrícola (Lv 25, 1-7). Los sementeros han de permanecer en barbecho y las viñas sin cultivar para que la tierra participe en el descanso sabático en honor a la santidad del Señor. Las demás prescripciones relativas a la condonación de las deudas y a la liberación de los esclavos no se mencionan. 

El año jubilar, por el contrario, aparece ampliamente descrito en Lv 25,8-55. Es el año que sigue a siete semanas de años, en el cual con el sonido de la trompeta de "cuerno de carnero" (yobel) se inaugura un tiempo de liberación: "Declararéis santo este año cincuenta y proclamaréis la liberación para todos los habitantes del país. Será para vosotros año jubilar y podréis volver cada uno a vuestra propiedad y a vuestra familia; el año cincuenta será para vosotros año jubilar" (Lv 25,10-11). Partiendo del significado del año sabático y en estrecha relación con él los legisladores sacerdotales configuran una gran ley jubilar que tiene como finalidad última la celebración solemne de la santidad de Dios, como objetivo general la proclamación de una liberación plena para los israelitas y como objetivos específicos la activación de medidas particulares conducentes a la restauración de un nuevo orden social, legal y económico, que permita vivir la renovación espiritual, moral y religiosa. El contexto histórico más determinante de la ley del Jubileo es el final del destierro en Babilonia y el comienzo de la época persa (539 a. C.). La expectativa del retorno a la tierra tras el exilio y la necesidad de la reorganización de la vida social entre los que se quedaron en Palestina y los exiliados plantean la urgencia de tomar medidas de reconciliación y de concordia ordenadas a la cancelación de toda desigualdad económica, al reparto igualitario de la tierra y a la eliminación de la esclavitud. La escuela sacerdotal y los profetas postexílicos (Deuteroisaías, Ezequiel, Ageo, Zacarías) reflejan estos motivos en sus escritos. Después de casi cincuenta años de destierro (del 587 al 539 a. C.) todo Israel vive como un inicio nuevo de su historia en la libertad proclamada por la ley del Jubileo, que a partir de entonces está llamada a actualizarse cada cincuenta años.

Las medidas sociales recogidas en la ley del jubileo son las ya conocidas de los años sabáticos (el descanso de la tierra, la liberación de los esclavos y la condonación de las deudas), pero la más novedosa y significativa es la recuperación de la tierra perdida. El retorno a la propiedad y a la familia significa la restitución de la tierra a cada familia como signo de la posesión de la tierra prometida por Dios y heredada como una bendición suya. Es inherente al estatuto de personas libres la posesión relativa de la tierra, como posibilidad de sustento de una familia. De ahí que la readquisición de una parte de la tierra sea la consecuencia última de la liberación bien entendida, pues sólo así es posible rehacer de nuevo la vida. De este modo la ley jubilar mediante el reparto igualitario de la tierra como medio de producción y de subsistencia constituye el culmen de una legislación auténticamente liberadora incoada en las leyes sabáticas reproduce la primera distribución de las tierras que tuvo lugar entre las tribus de Israel con la entrada en la tierra de Canaán (Jos 13-24). Así esta oportunidad concreta de una medida reconciliadora, restablecedora de los desequilibrios y rehabilitadora de las personas y familias en el contexto del retorno de los desterrados, se eleva al nivel de ley y proyecta sobre Israel un ideal de sociedad libre, reconciliada, fraternal y justa.

No se sabe en realidad si esta normativa jubilar se llevó a efecto durante algún tiempo en Israel. Tanto el año sabático como el año jubilar debieron tener grandes obstáculos en la práctica para hacerse viables con todas sus atribuciones en la historia postexílica de Israel. Sin embargo no por ello disminuye su valor. De la experiencia religiosa del Dios de la Alianza emanan unos principios éticos fundamentales para una vida social basada en la justicia. La solidaridad con los desheredados de la tierra, la erradicación de todo tipo de esclavitud, la redistribución equitativa de la riqueza, de los medios de producción y de los bienes de la tierra, la condonación de las deudas de quien resulta insolvente para saldarlas, la superación de las clases sociales, y no en último lugar el respeto a la tierra y a sus recursos, a sus ritmos y posibilidades de producción sin una explotación abusiva, siguen siendo hoy grandes objetivos de la humanidad. 

4. El año de gracia en Isaías

De la tradición profética es referencia obligada para la consideración del año jubilar el Tercer Isaías (s. V a. C.) que proclama el año de gracia del Señor como un tiempo de liberación de los oprimidos y cautivos: "El Espíritu del Señor esta sobre mí, porque el Señor me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena nueva a los pobres, para curar los corazones desgarrados, y anunciar la liberación a los cautivos, a los prisioneros la libertad. Me ha enviado para anunciar un año de gracia del Señor y un día de venganza para nuestro Dios, para consolar a todos los afligidos, para alegrar a los afligidos de Sión; para cambiar su ceniza por una corona, su traje de luto por perfumes de fiesta, y su abatimiento por cánticos" (Is 61,1-3).

La misión del profeta es anunciar la buena noticia a los pobres, declarando un año de gracia que alude a los años sabáticos y jubilares, y cuyo contenido fundamental sigue siendo el anuncio gozoso de la libertad para los cautivos. Este magnífico oráculo destila la alegría de la liberación y del consuelo por el cambio de situación que ha de producirse en Israel de donde desaparecerá la injusticia, la opresión y la pobreza. Pero el profeta hace una contraposición sumamente llamativa entre el año de gracia y un día de venganza. El día de desquite o de venganza se identifica en los profetas con el día de Yahvé, un día de juicio de Dios y de confrontación del Señor con todos aquellos pueblos y personas, incluso israelitas, que se opongan al plan de justicia de Dios. Como el  faraón de Egipto en los tiempos del éxodo, así será la suerte de todos los que atentan contra los pobres, de los tiranos, los déspotas, los explotadores y los que independientemente de su identidad nacional, social, cultural o religiosa conculcan la justicia y el derecho. En este sentido podemos entender el día de venganza como una amenaza del mismo Dios que se hace eco del clamor de los que ya acallados apenas pueden gemir suspirando en la desolación, en la indigencia y en la desesperación. El juicio de Yahvé traerá una sentencia en defensa de los pobres, oprimidos y afligidos. Por éstos y por todas las víctimas se anuncia el desquite y la venganza de parte de Dios como gracia que libera del sufrimiento, restituye la dignidad de las personas y rehabilita para vivir en libertad. El año de gracia y el día del desquite implica la inversión del sistema que la injusticia genera en el mundo. Anunciar este tiempo del Señor, de gracia y de desquite es esencial en la actividad del profeta, de todos los profetas y en todas las épocas. Por eso son perseguidos.

5. El año de gracia en el Evangelio de Lucas

Jesús hace suyas aquellas palabras de Isaías para presentarse ante los suyos en Nazaret como portavoz de un año de gracia del Señor, consistente en el anuncio de la Buena Noticia a los pobres y de la liberación de los oprimidos: "El Espíritu del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar la buena noticia a los pobres; me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y dar vista a los ciegos, a libertar a los oprimidos y a proclamar un año de gracia del Señor" (Lc 4,18-19). Éste fue el objetivo prioritario de su mensaje y de su actividad mesiánica y profética.  

En el evangelio de Lucas Jesús hace una lectura algo diferente del texto de Is 61,1-2. Al insertar la frase"libertar a los oprimidos" de Is 58,6 y eliminar la de "un día de venganza" está dando una orientación más precisa a su misión evangelizadora, acentuando el sentido liberador y profético de su unción divina. "La primera mirada de Jesús no estuvo dirigida al pecado de los demás, sino al sufrimiento de los otros" – subraya J.B. Metz. Los cuatro grupos destinatarios y beneficiarios en primer lugar del año de gracia son personas con grandes sufrimientos, son aquellos cuya situación humana y social es de privación de algo esencial. Los pobres carecen de medios básicos para una vida digna, los cautivos son los endeudados carentes de recursos económicos para afrontar sus deudas y privados por ello también de libertad, los ciegos carecen de visión y los oprimidos de libertad. Con la combinación de textos isaíanos resalta el marcado carácter liberador de la interpretación de Jesús. Su intervención profética liberadora a favor de los pobres, de los cautivos por endeudamiento y de los oprimidos, delata la situación opresora de la que son víctimas. Se trata de una opresión económica no aceptable para Dios, y a la que por tanto el profeta escatológico, Jesús, el último y definitivo, ha de enfrentarse.

Tras su lectura en la sinagoga Jesús afirma solemnemente: "Hoy se ha cumplido ante vosotros esta profecía" (Lc 4,21). En su persona, en su interpretación de la Escritura, en su mensaje evangelizador se actualiza la intervención portentosa de Dios a favor de los empobrecidos de la tierra y en contra de los enriquecidos a costa de aquellos. La omisión evangélica del "día de venganza" anunciado en Is 61, 1-2 no elimina el sentido de juicio crítico del día de Yahvé ni del año de gracia. El juicio contra los poderosos, contra los ricos, los explotadores y los tiranos está presente en este evangelio con un énfasis especial. En el cántico de María al comienzo del Evangelio (Lc 1,46-55) se hace patente la confianza en el Dios que da pan a los hambrientos y despide de vacío a los ricos, que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes. Las bienaventuranzas lucanas a favor de los pobres (Lc 6,20-23) tienen la contrapartida y "el desquite" de las malaventuranzas contra los ricos (Lc 6,24-26). El juicio último de Dios sobre la historia humana revela su justicia y se manifiesta en la inversión de la situación social imperante, tal como cuenta la parábola de Lázaro y el rico (Lc 16,19-34); y la auténtica conversión a Jesús implica un cambio radical de la persona en el aspecto económico, de lo cual es un paradigma la figura de Zaqueo (Lc 19,2-10). Así pues la cancelación de las palabras de venganza en el texto programático de Lucas no se han de entender como una pérdida de radicalidad del sentido profético de la justicia social en el año de gracia, sino más bien con una orientación diferente del mismo. 

Los oyentes de la sinagoga reaccionan extrañados al oír las palabras de Jesús sin hacer referencia alguna al desquite. En el diálogo posterior con sus paisanos se pone en evidencia el rechazo de Jesús entre los nazarenos. ¿Por qué motivo? Éstos se han sentido provocados en realidad por el alcance universal de la liberación proclamado por Jesús con la lectura y encarnación en su persona del texto de Is 61, 1-2. En el contexto político de dominación romana de Palestina en la época de Jesús las expectativas de los nazarenos se orientaban hacia un mesianismo más político que profético. Ellos se consideraban los destinatarios exclusivos de la liberación anunciada en el año de gracia por su pertenencia al pueblo judío, mientras que los destinatarios del desquite y la venganza de Dios serían los otros pueblos, sobre todo el imperio romano al que estaba sometido el país de Palestina. El anuncio universal de liberación del que Jesús es portavoz resultaba inaceptable para los judíos; se lo impedía su espíritu nacionalista excluyente. Pero los ejemplos aducidos por Jesús y tomados del Antiguo Testamento muestran el carácter universal de la liberación proclamada por él en el año jubilar. Los beneficiarios del favor de Dios a los que Jesús se remite son dos extranjeros: la pobre viuda de Sarepta en el territorio de Sidón (1 Re 17,9) y Naamán el sirio leproso (2 Re 5,15). Jesús sorprende a sus paisanos al demostrar que los destinatarios de la liberación no son ellos por su pertenencia étnica o religiosa al pueblo de Israel, sino todos los necesitados, oprimidos y excluidos independientemente de su credo religioso y de su identidad cultural o étnica.

Cuando Jesús empezó a establecer estas prioridades en su misión evangelizadora, proclamando la primacía de los últimos, de los pobres y de los sometidos en el único tiempo aceptable de Dios, comenzó también su pasión, pues sus vecinos de Nazaret quisieron ya tirarlo por el barranco del pueblo. Sin embargo, en la situación paradójica del rechazo de Jesús por parte de los nazarenos, empezó con él un tiempo de gracia que trasciende los días y los años, y en el cual sus seguidores pueden vivir permanentemente movidos por su mismo Espíritu haciendo resonar proféticamente su palabra liberadora y su justicia rehabilitadora. 


CUESTIONES PARA EL DEBATE: Sentido Social del Jubileo

1.En qué medida se pueden abordar las grandes cuestiones sociales de nuestro tiempo a partir de los textos presentados sobre el sentido social del jubileo, especialmente el problema de la abolición de deuda externa de los países pobres respecto a los ricos.

2.Como creyentes guiados por la Palabra de Dios, qué estrategias se pueden adoptar para contribuir a una mayor concienciación y a una postura más eficiente en los distintos ámbitos sociales y eclesiales respecto al endeudamiento de los países empobrecidos.


3.En este año jubilar cómo se puede presionar a los gobiernos de los países ricos capitalistas para llegar a la abolición controlada de la deuda externa de los países pobres.

4.Cómo se puede presionar más y mejor a los gobiernos de los países ricos capitalistas para promover un orden económico internacional más justo que posibilite la erradicación de la pobreza estructural de nuestro mundo.
 

J. Cervantes Gabarrón
"Sentido social del Jubileo bíblico",
Reseña Bíblica 25 (2000) 52-58.