Redes
contra la exclusión social
en Murcia

Antonio Galindo Lucas

 

En el ámbito de la exclusión social encontramos la ventana donde de manera más clara, cercana y agresiva se pueden ver los efectos de la denominada globalización económica dominada por los principios neo-liberales. Dice el francés Paugan que "la exclusión es el paradigma donde nuestra actual sociedad toma conciencia de ella misma y de sus disfunciones". Y vamos a empezar a analizar esta realidad. 

En nuestra Región el proceso que llevamos de creación del denominado Estado del Bienestar desde finales de los años 80, a partir de la edificación de una estructura de protección social pública, que en un principio despertó tímidas esperanzas, se vió truncado rápidamente por la ofensiva neo-liberal, transformando de manera decisiva el perfil de la marginación y de la exclusión, que en estos momentos poco tiene que ver con la realidad de la pobreza de hace 15 años.

Esta estructura pública se ha distanciado de la realidad de la exclusión, re-situándose como coartada política de que todo está bajo control más que como sistema de atención de las necesidades sociales, ayudando a consolidar una dualización social rápida y difícil de controlar. Esta nueva perspectiva del sistema de protección social funciona como alfombra que oculta las raíces de la marginación y el carácter conflictivo de la realidad social.

En muy pocos años las bases ideológicas de esta estructura de protección social han retrocedido a principios medievales, caritativos y benéficos; pasando por alto que los problemas sociales son también fruto de dialécticas estructurales socio-económicas. Nos situamos en un nuevo Darwinismo social: la exclusión es responsabilidad personal y culpa individual, es decir "cada cual está donde se merece". En una teórica sociedad con igualdad de oportunidades como la nuestra, cada cual decide donde quiere estar, por tanto, los auto marginados, los auto excluidos no merecen la atención ni la compasión de nadie. Un ejemplo reciente ha sido el de la muerte por frío de dos personas en las calles de nuestra ciudad, el mensaje: ellos no han querido ir al albergue, no podemos obligarlos a ir a dormir al albergue. La cuestión es porqué no se preguntan qué motivo tienen el 40 por ciento de las personas "sin hogar" a preferir dormir bajo cero que en el albergue. Con este argumento oficial la opinión pública da la razón a la Administración, ellos no han querido que se les ayude y nadie preguntará qué tipo de ayuda piden o necesitan estas personas. Al final, la sociedad se vuelve indiferente, "si, como defiende la prensa, el Estado tiene todos los medios para atender a los excluidos, nosotros tranquilos que son ellos los que no quieren que se les atienda".

Se nos refuerza así la idea de que la organización actual está fundamentalmente bien hecha, y aunque tenga algunas grietas, son livianas y fácilmente solucionables con la caridad individual:. Como podemos comprobar en los bonitos telemaratones, tenemos una sociedad ejemplarmente solidaria, fijaos cuánto, que hasta fumando evitamos el hambre en el mundo.

Y desde ahí nos introducimos en un debate en el que neo-liberalismo y la social democracia, desde diversas perspectivas, hacen argumento común y creo personalmente que es erróneo. Se postula que el crecimiento económico es en sí mismo inclusivo y que irá incorporando progresivamente a los excluidos. Creo que la pobreza económica es sólo una de las variables de las situaciones de exclusión, y que éstas son cada vez más complejas, teniendo sus raíces en los procesos de desvinculación e inadaptación social ante los ritmos de vida impuestos por el sistema económico.

Y ante este maremágnum social desde Traperos de Emaús intentamos situarnos, con una conciencia más o menos clara de los procesos excluyentes, e intentando posicionarnos en este momento en que nos ha tocado vivir; asumiendo las grandes contradicciones que se nos plantean en el día a día y siendo conscientes de que nuestra práctica puede utilizarse como argumento de la coartada de que todo va bien, y no es tarea fácil cuando sabemos que tras nuestra organización sobreviven, sobrevivimos personas que tendrían muy difícil encontrar otra salida para vivir dignamente.

Y este es nuestro verdadero filo de navaja, ser conscientes de nuestra responsabilidad con las personas que formamos Traperos, teniendo que sobrevivir en este entramado social, y asumir las causas que han generado que Traperos tenga que existir. Y no es fácil este camino cuando la práctica en la realidad más dura a veces te aleja de la escena global, existiendo el peligro de olvidar los objetivos principales de transformación de las causas de las desigualdades. Y es en este punto donde encontramos la mayor necesidad de crear, apoyar y sentirnos apoyados por las REDES o las coaliciones sociales.

Desde su misma creación, Traperos surge de la unión de esfuerzos personales y sociales. El embrión de nuestra Asociación aglutina a personas venidas de movimientos sociales, religiosos, sindicales y ecologistas. También económicamente fue una red de apoyo la que financió gracias a los Bonos Solidarios los primeros pasos de nuestro proyecto. Pudimos contar con dos millones de pesetas para la inversión inicial de manos de 95 personas y 26 colectivos que desde todo el estado español apostaron por nuestro proyecto apoyándolo económicamente.

Con esta ilusión colectiva comenzamos contactando con organizaciones sociales de distinto índole buscando la complicidad dentro de esta selva social; y nos encontramos también con la desilusión, la competencia, la guerra por las subvenciones y los intentos de monopolizar tras la marca de alguna ONG el trabajo con los pobres. Haciendo un intento sistematizador de esta presencia social en el ámbito de la exclusión, nos encontramos con tres tipos de respuestas en nuestra Región a la hora de clasificar a las organizaciones sociales atendiendo a sus posicionamientos ideológicos:

Como todos podemos advertir que este tercer grupo es minoritario en el mapa murciano de las organizaciones que trabajamos en las exclusión social y en este punto me gustaría resaltar nuestra experiencia con la Asociación contra la Exclusión social, más conocida como Plataforma de la Mendicidad. Nos encontramos con estos compañeros y compañeras con motivo de su campaña contra la ordenanza de la mendicidad del Ayuntamiento de Murcia, y creo que ha sido una de las experiencias de trabajo en red más interesantes de las que han surgido en nuestra Región, y sus peculiaridades bien pueden citarse como ejemplo de por dónde podrían ir las coaliciones sociales en su lucha contra la exclusión social. Así destacamos:

Para Traperos la participación en esta Plataforma ha abierto la posibilidad de poder desplegar nuestra acción de denuncia y reivindicación. Si ya anteriormente comentaba las dificultades que tenemos como grupo de mantener posturas de enfrentamiento debido a la responsabilidad vital con las personas que vivimos del proyecto, hemos podido decir gracias a la Plataforma lo que pensábamos sin los condicionantes mencionados.

También quiero mencionar otros espacios de coordinación en los que participamos y lo que supone para nosotros y nosotras:

Como podéis comprobar, nuestra presencia en redes es de lo más heterogénea, pero consideramos que es necesario estar y cuanto más activamente mejor en cada una de ellas, sin olvidar los objetivos fundamentales de transformación hacia una sociedad más justa y humana y asumiendo las contradicciones y los dolores de tripa que en ocasiones nos puedan acarrear.

Creo que en este tema de exclusión social, a la hora de establecer bases para un futuro más organizado es necesario plantearnos las diversas organizaciones el relativizar nuestras diferencias en aspectos particulares en pro de establecer objetivos y actuaciones conjuntas que permitan el apoyo mutuo y la reivindicación de soluciones radicales a los problemas que tenemos y tendremos. También es importante establecer vías de comunicación con otros colectivos reivindicativos como los de defensa de los derechos humanos, los ecologistas, con los grupos de solidaridad con los países empobrecidos, con el movimiento pacifista (interesante referente por su experiencia de red en la lucha por la insumisión y la derogación de los ejércitos), con los colectivos de ocupación que están dando una gran frescura a la lucha por el derecho a la vivienda, etc. En conclusión, entender que la globalización socio-económica nos obliga a entendernos y a globalizar nuestro pensamiento y nuestra acción.

Para terminar, volviendo al tema de exclusión social, hemos de mencionar que aunque estamos muy en mantillas, se están produciendo una serie de transformaciones interesantes que auguran interesantes perspectivas. Un ejemplo es que se están superando los viejos prejuicios que separaban a los grupos más enraizados en la práctica, casi siempre ligados a motivaciones religiosas, de los grupos más centrados en el pensamiento teórico, generalmente situados en organizaciones de izquierdas, creo que hoy tenemos en este Foro un ejemplo de este encontrarse y considero que supone un lugar privilegiado para invitar a reflexionar sobre nuestras posibilidades de trabajar conjuntamente. Quienes estamos más centrados en la práctica necesitamos de vuestra cercanía, vuestra reflexión, vuestra opinión e incluso vuestra voz para llegar donde y como nosotros no podemos. Y a quienes pensáis en un mundo más justo, también estaría bien que os hicierais partícipes de nuestras experiencias, que conocierais nuestras pequeñas galias murcianas construidas a contra corriente, que os acerquéis a escucharnos, a compartir con nosotros y con las personas que nos acompañan, que las escuchéis y las entendáis y seguro que os ayudarán a pensar de manera más real y cercana como puede ser ese mundo donde quepan todos los mundos posibles.

 

Antonio Galindo Lucas - Traperos de Emaús Murcia
Contribución a la Mesa Redonda "Global - Local:
Redes solidarias - Redes alternativas en Murcia"