Un Nobel para el Capitalismo. Reflexiones en torno a la concesión del premio Nobel de la Paz 2006 a Muhammad Yunnus

Carlos Ballesteros García

Profesor de la Universidad Pontificia Comillas

Nunca me han gustado mucho los Premios Nobel, pero la reciente concesión del Nobel de la Paz 2006 a Muhammad Yunnus me ha reafirmado en esta opinión. Reconozco que el señor Yunnus ha realizado una gran labor trabajando por los pobres y excluidos del mundo, y quizás sea mecedor de éste premio, como lo fue del Premio Principe de Asturias hace unos años y de tantos y tanto otros premios y reconocimientos, pero no me convence que se le otorgue el premio Nobel de la Paz a un economista que inventó un sistema que, actualmente, sirve para incluir a los pobres en el sistema neocapitalista y hacerles un engranaje más de la rueda del mercado.

Y no me convence por varias razones. La primera porque, como muy acertadamente señalaba hace unos días el profesor Luís de Sebastián en una carta al director del diario EL País, parece un premio de consolación. ¿Por qué le dan el de la Paz y no el Nobel de Economía?. Es como si los miembros de la academia sueca le dijeran que sus ideas económicas, señor Yunnus, no nos terminan de convencer, pero sus afanes caritativos sí. Si el microcrédito es tan maravilloso, si es la panacea que cura todos los males de mundo empobrecido, se merece usted uno de los premios de primera categoría. Si realmente el señor Yunnus inventó un sistema económico nuevo y una visión diferente de cómo hacer economía, cosa que no dudo, ¿por qué no haberle dado el premio que bajo ese epígrafe reconoce los avances en el campo de las finanzas y la macroeconomía? ¿es que el sistema de microcrédito no es tal avance? ¿es que el Nobel de economía está tradicionalmente copado por economistas neoliberales (Chicago's Boys), salvando honrosas excepciones (1998 Amartya Senn)? ¿Será (no hay más que ver la lista de galardonados) que el Nobel de Economía está reservado a teóricos de la economía pero no a los que buscan una aplicación práctica y cotidiana de la misma?

Yo creo que sí, que lo que Yunnus creó supuso (supone) una sacudida a los postulados del sistema crediticio en, fundamentalmente, algo que se suele olvidar cuando se habla de este sistema. A mi juicio, la principal revolución del invento de este bangladeshí es doble. Por un lado porque elimina las garantías y realza la etimología de la palabra crédito como «confianza». Mucho se habla de los aspectos técnicos del microcrédito: pequeñas cantidades de dinero, cuotas de devolución constantes y mínimas, tipos de interés por debajo del mercado pero a mi entender lo verdaderamente importante es que elimina las garantías reales y se fía y confía de/en las personas. Y por otro porque (y esto tampoco se suele contar) porque se fia y confía en los personas hasta tal punto que hace a los pobres propietarios y responsables últimos de las decisiones del Grameen Bank. O sea: que no hacen falta sesudos conocimientos financieros, sino humanos para conceder crédito a las personas. Y claro, eso es contrasistema. Al fin y al cabo el Nobel de la Paz es un premio distinto, que no se entrega junto a los otros en Estocolmo... pero darle un premio mayor a un economista que atenta contra los principios de propiedad capitalista de las empresas y otorga capacidad de decisión y título de propiedad a los zarrapastros es demasiado.

Y en segundo lugar no me convence por un planteamiento de tipo ideológico. Mientras que el microcrédito puede considerarse una herramienta más de la ayuda, con el objetivo de reducir la pobreza global, no es menos cierto que no parece ser un instrumento que plantee el combatir las causas últimas de la exclusión y la injusticia, sino actuar sobre sus consecuencias. Visto así, el microcrédito se puede considerar como el paradigma de la cooperación al desarrollo de inspiración neoliberal y no hay nada más que ver quienes son las instituciones y personalidades que más apoyan este tipo de herramientas. Es una solución individual para el valiente, para el emprendedor, para el que arriesga. Es una solución individual para el que, en buena lógica capitalista-protestante «se salva por sus obras». No sólo no sacude los cimientos del sistema consumista sino que inserta nuevos consumidores en el mercado, haciéndolo cada vez más grande, más numeroso.

El microcredito y el fenómeno conocido como «Banco de los Pobres» surge bajo la creencia de el crédito es una arma rentable para luchar pobreza y sirve como catalizador del desarrollo. Si los recursos financieros se ponen a disposición de la gente empobrecida en los términos y condiciones apropiadas y razonables, "estos millones de gente pequeña con sus millones de pequeñas iniciativas pueden sumarse hasta crear la maravilla más grande del desarrollo" ha dicho el propio Yunnus. Sin embargo el sistema no se pregunta por el origen del dinero que se presta ni por el destino que se le da, ni por el excesivo endeudamiento que implica. Es un sistema que se basa y perpetúa la lógica de mercado y enaltece al emprendedor privado. La verdadera lucha contra las causas de la exclusión y el empobrecimiento (verdadero objetivo del desarrollo) supone plantearse un cambio de paradigma económico del que el microcrédito está lejos de colaborar. Como bien ha dicho el profesor Carlos Gómez Gill

Su pretendida capacidad instrumental para eliminar la pobreza parece más encaminada a vaciar las responsabilidades políticas e institucionales que existen en su mantenimiento que en ofrecer transformaciones sustanciales que mejoren el acceso a bienes públicos globales por parte de los más desfavorecidos y aumenten el compromiso activo de los gobiernos y países más ricos con su eliminación.

El reconocimiento que se ha dado al microcrédito con la concesión del Nobel de la Paz a su creador supone por lo tanto un gran paso en la consolidación y afirmación del capitalismo global. Acerca al sistema aquellos que habitualmente están alejados de la globalización neoliberal y que suponen un gran mercado potencial que se le estaba escapándole. Pero así, a través de un producto diseñado específicamente para ellos consigue crear nuevos consumidores que buena falta hacen para perpetuar y consolidar el sistema.

Lo siento, pero no puedo felicitarle señor Yunnus. Le han dado un premio que no se merece. Y no porque usted no trabaje y dedique su vida a los excluidos, cosa encomiable y admirable, sino porque a usted le ha pasado quizás como a aquel creador que hoy da nombre al premio que le acaban de conceder: quizás su invento, señor Yunnus, haya caído en malas manos como aquella dinamita que inventó en su día Alfred Nobel.