Pobrecitos nuestros hermanos costeños

Sergio Simpson
Nicaragua, 11-9-2007

Es una de las expresiones que me irrita cuando la escucho. Los oradores presentan como invariable la condición de pobreza y raza. Doble tragedia de «nuestros hermanos costeños»: además de pobres son indígenas, negros; por indígenas y negros son pobres.

Con la desgracia producto del huracán Félix, el discurso predominante es de pesadumbre, limosna, y promesa de un futuro mejor, rogándole sobre todo a dios. El mismo cuento de siempre cuando sucede un desastre. Lo escuché después del terremoto en Managua, luego del huracán Joan, posterior al Mitch.

También las actuaciones son las mismas. Aprovechan la desdicha hábiles personajes, quienes van a obtener ganancia fabulosa, económica y política. Se presentan conmovidos en conferencia de prensa quienes piden donativos y calculan el porcentaje por gestión y administración.

Algunos influyentes llaman a sus contactos gubernamentales para indagar cómo van a mercadear la madera derribada. Otros comerciantes especulan con los precios de los productos para los damnificados y les ofertan comisiones a los funcionarios encargados de compras. Mientras los especialistas sacan copia de sus archivos, proponen a organismos internacionales programas de desarrollo sostenible, sustentable, multicultural, ecológico, con enfoque de género, para reconstruir las comunidades y, ahora sí, generar riqueza.

Como siempre, los políticos viajan en helicóptero con paquetes y discursos, rodeados de periodistas que ensalzan sufrimiento y solidaridad del líder. Declaran su dolor por la muerte, la miseria, la incomunicación, la insalubridad, el abandono en que se encuentran «nuestros hermanos costeños». Funcionarios público, cual héroes, transitan la zona de desastre para «responder a las demandas de los queridos hermanos costeños en este momento de dolor».

La desgracia es permanente

Sin embargo, la desgracia permanente ha estado allí, en toda la costa, dominando durante muchos años. La inversión privada ha sido para saquear y dar trabajo provisional, no crea progreso económico en el territorio. El panorama socio económico antes del huracán era el mismo desde que se firmaron los estatutos de autonomía. Ahora, claro, se acentúan los problemas. Incluso, después de la aprobación de la Ley de Autonomía (1987) los gobiernos nacionales han obviado a las autoridades locales.

Los líderes de los gobiernos regionales y municipales son enrollados por el vendaval de la política partidaria nacional con todos y sus vicios de corrupción y clientelismo.

Las concesiones para explotar los recursos naturales son firmadas por el gobierno nacional, y dejan destruido el medio ambiente. No se ha detenido la tala del bosque porque muchos políticos son madereros y demasiados funcionarios encargados de supervisar reciben soborno.

El tráfico de droga ha sido paliativo para mitigar la pobreza, aun con los estragos sociales que provoca. Por eso vimos casas de cemento en Sandy Bay y las denuncias persistentes de la población que no aguanta la violencia y degradación de los habitantes.

Para no llenarnos de números la miseria se puede ver rápido: Bilwi constante se queda sin energía eléctrica. El sistema de agua potable en Siuna es un desastre desde por lo menos hace 20 años, y son pocos los pobladores que reciben una vez a la semana y contaminada. Las Minas, durante el invierno quedan incomunicadas por el deterioro de las carreteras. No existe transporte colectivo en el río Wanky que beneficie a los habitantes. Perennes han sido las denuncias de hambre en las comunidades miskitas. La Región Autónoma del Atlántico Norte, (RAAN) por los costos de transporte y ganancia de los mercaderes, recibe caro la mercadería que proviene del resto del país, excepto la cerveza que no puede faltar. Por tales razones, cuando observo el espectáculo de la desgracia no creo en las promesas, en la solidaridad. Veo a cantidad de personas e instituciones dispuestas a sacar ventaja.

Como los periodistas de canales de televisión, anunciando con bombos y platillos que presentan la exclusiva imagen de muertos, exaltando que llegaron primero que las otras empresas de comunicación. Como los políticos que engavetaron la Ley de Autonomía, se han beneficiado de los recursos naturales, firmando concesiones o emprendiendo negocios, sin importarles ser cómplices de los desastres sociales y económicos.

Como en otras circunstancias desastrosas, ya verán, seguirán las promesas de «ayudar a los hermanos costeños» para que en el futuro vivan en mejores condiciones. Sólo verlo como ayuda es ofensivo teniendo ellos sus riquezas naturales. Y peor, como dije, cuando los miran como pobres indígenas y negros. Y los más detestables son aquellos que, conscientemente, emiten el discurso racial para llenarse los bolsillos por medio de la «ayuda solidaria con los desvalidos».