Comité de
Solidaridad
Óscar Romero

ORACIÓN
Viernes, 10 de marzo de 2006

Jornada Mundial de Oración de las Mujeres
Oramos con las mujeres de Sudáfrica

Los signos de los tiempos

Bienvenida y llamada a la oración

Las mujeres cristianas de Sudáfrica os saludan como la familia de Dios. Saludamos cordialmente a nuestras hermanas y hermanos en todo el mundo.

La población sudafricana se conoce como la «Nación del Arco Iris». En 1994 se celebraron las primeras elecciones democráticas en nuestro país. Desde entonces vivimos en la era post-apartheid, una señal de la Gracia de Dios.

Con alegría sentimos la presencia liberadora y buena del Señor si trabajamos juntos para el Reino de Dios en toda su plenitud, hoy y en el futuro.

En la vida cotidiana nos importa mucho que la gente viva con dignidad, respeto mutuo y responsabilidad, y que se apoyen unos a otros según sus fuerzas.

Queremos celebrar nuestra nueva vida en Cristo, a pesar de todas las circunstancias vitales difíciles.

Oración de gracias

Omnipotente y clemente Señor, humildes estamos ante Ti. Te damos las gracias por haber creado la vida. Tu quieres que te pertenezcamos. Tú nos has creado para que hagamos buenas obras según Tu voluntad.

Te damos las gracias porque como un padre y una madre cuidas de Tus criaturas, protegiéndolas. Te damos las gracias porque has acompañado a la humanidad a través de los siglos, en tiempos de plenitud y alegría, pero también en tiempos de riesgo, de tentación y de desesperación.

Te damos las gracias, Señor. Tú nos mandas la fuerza del Espíritu Santo, el cual nos ayuda y consuela, nos enseña y nos guía. Nos capacita siempre de nuevo para cumplir tu voluntad y transformarnos para ser cada vez más semejantes a Tu Hijo Jesucristo.

Señor, Te damos las gracias porque en los retos de nuestro tiempo, nos das oídos para escucharte en medio del ruido del mundo, y ojos para verte a través de los brillos de las tentaciones. Te agradecemos que nos llames cuando somos perseguidos, estamos en dificultades o en penurias, para ser signos de esperanza, luz en la oscuridad de nuestro tiempo.

Confesión y súplica de perdón

Te confesamos que hemos obrado mal ante Ti y nuestros semejantes en pensamiento, palabras y obras, y en lo que hemos dejado de hacer consciente o inconscientemente.

Señor, pecamos por falta de fe y de confianza. Una y otra vez Te damos la espalda y permitimos que el espíritu del temor domine nuestras vidas.

Alabanza

Con inmensa alegría alabamos y loamos al Señor. Os invitamos a participar en nuestra canción sudafricana: «Todas las obras que ha creado Dios, alabadle y loadle y dadle gracias».

Todas las GRANDES cosas, alabad al Señor.
Todas las cosas MENUDAS, alabad al Señor.
Las cosas AGUZADAS, alabad al Señor.
Todas las cosas BLANDAS, alabad al Señor.
Todas las cosas DULCES, alabad al Señor.
Todas las RÁPIDAS cosas, alabad al Señor.
Todas las cosas LENTAS, alabad al Señor.
Todas las cosas RUIDOSAS, alabad al Señor.
Las cosas SILENCIOSAS, alabad al Señor.
Las ESPIRITUALES, alabad al Señor.
Todas las cosas CREADAS, alabad al Señor.

Señor, te adoramos con nuestra voz y nuestro silencio.

Lectura

Al final del evangelio de San Mateo (26, 1-2, 6-13), Jesús dijo a sus discípulos:

«Sabéis que dentro de dos días se celebra la Pascua, y el Hijo del Hombre será entregado para ser crucificado. (...) Y estando Jesús en Betania, en casa de Simón el leproso, se acercó a Él una mujer con un frasco de alabastro de perfume muy caro, y lo derramó sobre la cabeza de Él, mientras estaba sentado a la mesa. Al ver esto, los discípulos se indignaron y decían: ¿para qué este despilfarro? Porque esto podría venderse a gran precio, y haberse dado a los pobres. Dándose cuenta de ello, les dijo Jesús: ¿Por qué molestáis a esta mujer?, pues ha hecho conmigo una buena obra. Porque a los pobres los tenéis siempre con vosotros, pero a mí no siempre me tendréis. Pues al derramar este perfume sobre mi cuerpo, lo ha hecho con miras a mi sepultura. De cierto os digo que dondequiera que se predique este evangelio en todo el mundo, también se contará lo que ésta ha hecho, en recuerdo de ella».

Oraciones de intercesión

Escuchemos la llamada del que busca al verdadero Dios: «Tantas voces, ¿a cual debemos creer?

Todos: Señor, abre nuestros ojos para que reconozcamos la luz de Tu mensaje.

Escuchemos el grito de la Iglesia perseguida: «Concédenos valor y decisión para seguir divulgando la buena nueva».

Todos: Señor, llena Tu Iglesia con Tu Espíritu para que pueda llevar a todas partes la buena nueva que da esperanza y produce cambios.

Escuchemos el grito de una madre que tiene que educar sola a sus hijos. En muchos otros sitios también hay mujeres que gritan como ella: «Ya no tengo dinero, ni autoestima. ¿Cómo puedo mirar a los ojos de mis hijos hambrientos?

Todos: Señor, Tú escuchas los gritos de los pobres. Abre nuestros oídos y corazones, para que con generosidad y sabiduría contestemos a su llamada de socorro.

Escuchemos el grito de un niño de la calle drogadicto: «Hace tanto frío esta noche en la calle... Necesito dinero para comer y para comprar pegamento para esnifar».

Todos: Señor, haz que estemos alerta y procuremos que ningún niño se vea abandonado.

Escuchemos los gritos de la gente que en nuestros pueblos y ciudades desean vivir sin miedo: «¿Cúando tendrá fin la violencia, el crimen y la corrupción? ¿Cuántas personas en nuestras familias han de morir aún? ¿Tendremos que vivir siempre tras de alambradas para protegernos?

Todos: Dios es nuestro amparo y fortaleza, nuestro pronto auxilio en las tribulaciones.

El sida es una epidemia en nuestro país. Escuchad el grito de una muchacha que ha sido violada: «Qué vergüenza tengo. ¡Me siento tan dolida! ¿Estaré infectada por el sida? ¿Quién se ocupará de mí?

Todos: Señor, danos valor para que podamos tender nuestras manos hacia nuestras hermanas y hermanos que padecen sida. Danos la fuerza necesaria para ser la fuente de la que mane auxilio y confortación.

Señor, rogamos por los ancianos. Escucha los gritos de una viuda, cuyos hijos han emigrado: «Cómo me gustaría volver a ver a mis hijos y nietos. Estoy aquí completamente sola. El futuro se presenta muy oscuro».

Todos: Señor, mueve a Tu Iglesia a que ayude a todos los que tienen que llevar pesadas cargas, para que se aperciban de que son muy valiosos a Tus ojos.

Señor, Tú nos has encargado que oremos por todos los gobiernos y autoridades en todos los países. Ayúdales a luchar contra toda clase de violencia, abuso, engaño y corrupción, para que dominen la seguridad, la paz y la armonía en Sudáfrica y en todas las partes del mundo.

Todos: Señor y Dios nuestro, junto a Ti nos gobiernan otros señores, pero sólo a Ti y a Tu Nombre damos honor. Nosotros confiamos en Ti y Te aclamamos en nombre de Jesucristo.

Encomienda y bendición

Como manifestación simbólica y en recuerdo de la mujer de Betania, dibujemos con ungüento una cruz en la mano de la persona que tienes a tu derecha.

Cantamos durante la unción:
«Ameni, ameni,
amen,
amen, amen».

Que el Señor de la esperanza vaya ante nosotras para guiarnos, detrás de nosotras para protegernos, sobre nosotras para bendecirnos. Rogamos por ello en el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo.

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